Último capítulo

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Pasan los días. Los 100 euros se acaban.

A Mongolito también se le acaba el dinero: no puede pagarme, quiere que siga trabajando gratis para él, que siga yendo a su productora cada mañana. Pero esta mañana tengo una entrevista de trabajo con María Lapiedra. María es una mujer que se acuesta con famosos para salir en la tele. La conocí cuando hice un video de humor titulado “A otra perra con ese hueso”, le pedí que hiciera un cameo, me dijo que sí e hicimos buenas migas durante la grabación.

El video de humor funcionó muy bien en visitas, alcanzó 400.000 reproducciones en pocos días. Eso le gustó. Todo lo que le dé publicidad le pone un montón. Ahora necesita grabar un video musical porque se ha echado un novio que sale en “Gran Hermano” y que pretende comenzar una carrera musical. Me ha pedido precio: le he hecho un presupuesto bajísimo para que nadie me quite la oportunidad de tener lo mínimo para vivir un mes más: 600 euros, le he pedido. Sólo tengo que ir a verla, convencerle con mi idea para su video y conseguir que me dé la mitad del dinero como señal.

Así podré seguir respirando un poco más.

La reunión es en el centro de Madrid. No quiero llegar a la reunión con María apestando a sudor, así que no he de ir caminando.

Cuento el dinero que me queda.

El Metro vale 1,50.

Tengo 1,40.

Tendré que regresar de la reunión caminando.

No me importa.

Mi única opción es pedirle los 10 céntimos que me faltan a Charito. Me da mucha vergüenza. Es la primera vez en mi vida que le voy a pedir dinero a Charito. Así que lo hago a través de la puerta del baño, mientras me ducho: justo antes de que ella vaya a salir de casa para irse a trabajar, le grito desde la ducha:

—¡Amorcito! —le grito con voz dulce— ¡Por cierto! ¡Antes de que te vayas! ¡Por favor déjame 10 céntimos en la mesilla que te los devuelvo luego!

Silencio.

Charito no responde.

Silencio.

Mi corazón se acelera.

Me temo lo peor.

Charito entra en el cuarto de baño.

Corre la cortina.

Ella no es consciente pero me está haciendo un remake que te cagas de la escena de la ducha de “Psicosis”.

En lugar de utilizar un cuchillo me apuñala con insultos de que soy una basura, de que no sirvo para nada, que me vaya a pedir limosna a la calle.

Me defiendo, aunque sé que no va a servirme para nada: le digo que cuando yo tenía pasta la cuidaba y trataba como si fuera una reina que, incluso, hace unas cuantas noches la invité a cenar al VIPS, que como puede ser tan egoísta, que sólo son 10 céntimos de euro, por Dios. Que no le debo ni un euro.

—¡SEGURO QUE A LA NORUEGA CON LA QUE ME LA PEGABAS TAMBIÉN LA INVITABAS! —me machaca— ¡NO SABES LO QUE ME ALEGRO DE HABER ABORTADO TU HIJO! ¡ME PUSISTE LOS CUERNOS MIENTRAS ESTABA EMBARAZADA DE TI!

Gracias a Dios Charito no tiene mucho tiempo para gritarme: ha de irse a trabajar.

Se va.

Me levanto de debajo de la ducha.

Salgo de casa.

No puedo colarme en el Metro: hay vigilantes en la entrada.

Pido limosna fuera del Metro:

—“Me faltan 10 céntimos, me faltan 10 céntimos”.

A la primera persona que se los pido... me los da. No me mira como si fuera un drogadicto ni un mentiroso. Simplemente, mete su mano dentro de su bolsillo y me da una moneda de 2 euros, con una sonrisa.

Un desconocido me ayuda.

Con mucho gusto.

La puerca, por la que sufro, me humillo y a la que cuido, me trata como un excremento que no sirve para nada.

Llego puntual a la reunión de María Lapiedra.

Expongo mi idea para su videoclip, la convenzo. Dice que tenemos trato: me dará los 300 euros por adelantado, por transferencia bancaria. Ahora necesito encontrar un pequeño equipo para grabar y editar el videoclip. Llamo a Mongolito:

—Oye, he conseguido un curro con María Lapiedra. Me da 600 euros por hacer un videoclip. ¿Podemos hacer un trato? Tú me dejas gratis un día tu cámara y me dejas tu iMac otras 24 horas para editar el videoclip y yo trabajo para ti el resto del mes, gratis.

—No. No. Eso no es así —responde Mongolito, muy serio—. Mi equipo se alquila por 1.000 euros al día. Yo no voy a bajar el precio.

—¡Pero si no te contrata nadie!

—Te lo dejo en 800 ¿Lo tomas o lo dejas?

—Lo dejo. Y olvídate de mí, por imbécil.

—¿Cómo que lo dejas? ¡Trabajas para mí! ¡Esos 600 euros me pertenecen! ¡Ese contrato con María Lapiedra lo has conseguido mientras trabajabas para mí! ¡Me pertenece!

—¡Yo no estoy trabajando para ti! ¡No me estás pagando!

Cuelgo el teléfono. Todos los productores, da igual el color de su piel, son unos hijos de puta.

Cuando Charito llega a casa me dice que tenemos que hablar:

—Oye Sig, lo siento. Hemos terminado.

Disimulo mi alegría. Aprieto los puños con fuerza hasta hacerme daño con mis uñas para así lograr esconder mi sonrisa: agacho la cabeza.

—¿En serio? —contesto sorprendido.

—Sí. Nunca vas a llegar a nada. No quiero seguir viviendo contigo.

—Tienes razón.

Entro en el cuarto de baño. Cierro la puerta. Elevo mi puño al cielo, en señal de triunfo y ahogo un grito de alegría. Comienzo a llorar de felicidad. Me miro al espejo...

—¡Lo has conseguido, Sig! ¡Lo has conseguido! —me digo.

De pronto parece que he rejuvenecido 15 años. Me lavo la cara. Salgo del baño.

—¿Cómo lo hacemos? —le pregunto.

—Dentro de dos semanas es fin de mes. Para el día 1 quiero que estés fuera de esta casa. No te soporto más.

—De acuerdo.

Esa noche ella duerme en nuestra cama (un colchón de matrimonio que tenemos en el suelo),  yo en el incómodo, por pequeño, sofá de la salita. Ella me ha dicho que podemos seguir durmiendo juntos, en la cama: pero le he mentido: le digo que dormir con ella, sabiendo que nos separamos, me partiría el corazón. Realmente no duemo con ella porque temo que me convenza para hacer el amor por última vez: cuando terminábamos de hacer el amor ella siempre lloraba de ilusión: es cuando único deja de comportarse como una loca: es cuando dice que siempre vamos a estar juntos y que vamos a superar nuestro problema. Tras hacer el amor siempre estaba bien un par de días.

¡No, por favor!

Estoy en el sofá, tratando de encontrar el sueño. Tengo los cascos puestos, escucho una selección que he hecho de música. La estoy disfrutando muchísimo. De pronto, toda la música que escucho está repleta de vida, cada canción me regala un mensaje. Cada canción me avisa de que no me preocupe, que me va a ir bien, que me esperan grandes aventuras y grandes amores. Que el mundo es un lugar precioso, que todos mis sueños se cumplirán.

Vuelvo a “sentir”.

Vuelvo a estar vivo.

Sí: en el pasado fui mala persona. Pero tan malo como cualquiera. ¿Quién no ha engañado a su pareja siendo joven, famoso, super viril y guapísimo? ¡Cada día tenía una lista de mujeres haciendo cola que se me regalaban!

 Sigmundo, cuando cobraba 3.000 euros al mes.

Sigmundo, cuando cobraba 3.000 euros al mes.

Si he hecho algo malo en mi vida, vivir con Charito estos dos años ha sido el purgatorio.

He pagado por todos mis pecados.

Ahora, el cielo me espera.

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¿Qué fue de...

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Charito...? Se casó con el empleado de una gasolinera. Tuvo dos hijos preciosos. Cada noche grita a su esposo, recriminándole el bajo sueldo que trae a casa y que vive en la vergüenza porque sus amigas tienen una vida más lujosa que la que vive ella. Charito sigue trabajando en la misma tienda de ropa. Pronto, será la encargada.

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Mongolito...? Regresó a Venezuela. Allí abrió una frutería. Se casó con una mujer con tres hijos. Es rematadamente infeliz y aún escribe emails a Sigmundo, culpándolo de su vida desgraciada y por haber escrito los "Diarios Secretos de sexo y libertad".

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Sigmundo...? Nunca alcanzó un éxito interplanetario pero se convirtió en escritor de éxito. Se casó y vive en el amor que pensó no existía. Jamás le puso los cuernos a su esposa. Nunca tuvo hijos. Nunca mató a ningún taxista.

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Nota.- Si te ha gustado este relato que sepas que he escrito 4 novelas de éxito (novelas largas, no relatos) con el personaje semiautobiográfico de Sigmundo. Me encantaría las leyeras. Si te apetece que te las mande personalmente por Correos Certificado puedes comprarlas todas juntas en esta oferta especial de Semana Santa precio España  (este martes termina la oferta) Precio para envíos al resto del planeta, o cada novelaka por separado, pinchando aquí. Cualquier duda escríbeme un email a ezcritor@gmail.com o escríbeme un chat por Facebook. Muchas gracias.

 Las cuatro novelas protagonizadas por Sigmundo: "Diarios secretos de sexo y libertad", "20 Polvos - Edición Especial", "El comedor de coños" y "El peor amigo del mundo".

Las cuatro novelas protagonizadas por Sigmundo: "Diarios secretos de sexo y libertad", "20 Polvos - Edición Especial", "El comedor de coños" y "El peor amigo del mundo".