Vuelvo el 1 de julio y me pongo al día con todas mis promesas.

Amigos:

Desde que me separé y luego me divorcié, no he sido yo. Lo sabéis bien. Como buen escritor, soy un tipo muy sensible y el fracaso de mi matrimonio, al que me entregué al completo, me pasó una factura anímica muy, muy grande. Me destrozó. En 7 años casado, publiqué 8 libros. En los dos últimos años, ni uno. Y eso que escribir es lo que más me gustaba hacer del mundo.

Algo se rompió dentro de mí. Escribir dejó de tener sentido.

He estado tratando de resurgir, de volver a ser yo… sin éxito. Lo he intentado hasta la desesperación. De todas las maneras que se me ocurrieron. Incluso volviendo a ser Sigmundo, como tanto me pedistéis. Probé, no me sentó nada bien. Comprendí que necesitaba ayuda urgente. Y me ayudasteis lo que pudistéis. Pero hasta que reapareció Peter en mi vida, no empecé a levantar cabeza de verdad. Él me dio seguridad y un cariño de amigo que me hizo ponerme de píe. Y ahora… ha aparecido ella. Julia.

Empezamos a hablar hace un mes y medio. La cosa fue creciendo más y más… hasta que no pude resistirme a tomar un avión e ir a conocerla en persona. Nunca olvidaré la primera vez que, cara a cara, la vi. Se bajó de su cochazo, un Audi inmenso, raspado por los lados. Llegó tarde al aeropuerto, por mi culpa (le dije mal la hora). Cuando se enteró de mi error, voló por la autopista. Al verme, esperándola en la parada del autobús, frenó en seco. Salió del coche y tuve la sensación de que, de pronto, yo formaba parte de una película de Tarantino o de una serie de detectives de los años 70, tipo Starsky y Hutch. Del coche, vi salir a una rubiaka vestida de negro, en botas. Menudas tetas, menudos ojazos azules, menuda melena. Un bajo funky, cañero, salía de su radio. Sólo le faltó sacar una Smith & Wesson Modelo 29 del bolso y dispararme en la frente, llamándome escoria.

Hubiera muerto feliz. Sonriéndole.

A los 5 minutos nos estábamos comiendo la boca dentro del coche, desesperados.

¿Sabéis? Creo que la solución a mis problemas no era cambiar, tratar de no volver a cometer mis mismos errores… no. La solución a mis problemas es no dejar de ser yo. Incluso, serlo aún más. Sin control. ¿Me gusta amar, cuidar, ayudar a brillar y darme al 100%? Pues voy a volver a hacer eso al 1.000%. El problema nunca pudo ser amar, entregarme, ser leal. El problema fue que lo he estado haciendo con personas que no estaban a la altura. Me he llenado de miedos y de fracasos que no eran ni mis fracasos ni mis miedos. Eran sus miedos y fracasos. Yo lo había hecho todo perfectamente bien. Mi mente decía que cambiara, que reprimiera mi corazón, que me volviera un hijo de puta frío, cobarde y vulgar: así podría sobrevivir en este mundo de subhumanos. Mi corazón, me pedía que lo dejara brillar, valiente.

Ha ganado mi corazón. Y ella tiene un corazón tan grande, o quizás más grande aún, que el mío.

Este martes, Anais y yo dejamos Requena, y nos vamos a vivir con Julia, a su casa, a Gijón, con su perra. Sí. Sólo hemos pasado dos noches juntos. Sólo dos noches. Sí, estamos seguros de que no nos equivocamos. Estamos locos de amor, somos valientes, adultos. Ahora somos una pareja de detectives muy duros.

¿Cómo la conocí?

Por el Facebook. Ella había leído mi blog. Me agregó una noche y, nada más ver su foto, dije en voz alta: “Esta es”. Nunca me había pasado algo así. Estaba seguro que era la persona que llevaba toda la vida esperando. Hasta vivía en Asturias (si eres fiel lector sabes que amo y me moría por volver a vivir en ese paraíso del que nunca quise irme). Me pareció un sueño hecho realidad.

¿Qué edad tiene?

Mi edad. Nacimos el mismo año (si eres fiel lector sabes que siempre deseé casarme con alguien de mi edad, no me atraen las jovencitas).

¿Cómo es ella por dentro?

Fantástica. Inteligente. Creativa. Fuerte. Cariñosa. Apasionada. Muy trabajadora. Valiente. Dulce. Sabe perfectamente lo que quiere.

¿Os vais a casar?

Sí. Dentro de 6 meses.

¿Estás loco?

No.

¿Y ella?

¡Tan loca como yo!

Os contaré más cosas dentro de un mes. Dadme este tiempo: tengo que ponerme al día con los dos libros que prometí publicar y que tengo casi a punto. ¡Se me cae la cara de la vergüenza! ¡Perdón! ¡Perdón! He estado inútil. Tengo que mudarme, asentarme. Encontrar mi equilibrio, mi sitio para escribir, de nuevo. Dadme este mes y, a la vuelta, os encontraréis en esta página al escritor de siempre: pero ultramejorado.

Os lo prometo.

P.D.-Cualquier duda, escribidme a mi email: ezcritor@gmail.com o chateadme por Facebook.

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Un espectáculo maravilloso
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Noche.

Estoy en un coche con una chica. Venimos de follar. Su hermano, con síndrome de down, le llama por teléfono. La chica, que está conduciendo, pone “el manos libres”.

—Por favor, Rafa, no hables —me pide—. No quiero que mi hermano le diga luego a mi padre que estaba con un hombre.

—Ok.

Esa chica de 38 años y su padre, tienen una relación enfermiza. Escucho la voz del hermano, de 35 años: por lo que cuenta tiene novia desde hace meses, la conoció en un centro de discapacitados: su novia también tiene síndrome de down. Le suplica a la hermana que, un sábado o un domingo, vayan los dos a verla a su casa, se lo ha pedido a su padre, éste le ha dicho que no… por cómo habla el hermano noto que ruega con el corazón: está super enamorado de su novia, supernecesitado de su compañía. Sabe que no puede tener una vida independiente pero le gustaría ver, de vez en cuando, a su novia fuera del centro. Sin ella, el finde se le hace asfixiante. La chica con la que estoy dice que sí, que ya veremos, su hermano le dice que lleva meses esperando, que siempre le dice que sí pero que luego nunca lo lleva.

—Si quieres, vamos este finde —le digo a la chica cuando cuelga.

—¿En serio?

—Sí. Podemos ir a un restaurante o algo. Yo invito.

—¿En serio? ¿Por qué?

Me imagino a su hermano. En casa, encerrado, enamorado. Empatizo con él, me recuerda a cuando yo era un niño y dependía de mis mayores. Me hubiera encantado que alguno me hubiera llevado hasta donde vivía la chica del colegio a la que amaba con locura, como sólo sucede en la infancia. Ese amor inocente, verdadero, es el que creo haber percibido en la voz del hermano. O, me imagino adulto, ahora: sin poder ver a la chica a la que amo. Encerrado en una casa, encerrado en el cuerpo de un enamorado. Sin poder salir. Aunque la gente no lo sepa por el disfraz que llevo de escritor maldito y degenerado, realmente soy un caballero del amor. Mi misión en la vida es el amor. ¿Vino? ¿Drogas? ¿Dinero? ¿Para qué? ¡Adormecen los sentidos! ¡Yo sólo quiero amor! ¡Quiero sentirlo! ¡Flipo con el amor!

—Porque me encantaría verlos juntos —contesto.

La chica llama al padre. Le cuenta mis planes. Al padre no le caigo nada bien. Le dice que hago todo eso para metérsela, para utilizarla, que mira las cosas que escribo en mis libros, que qué educación le ha dado para que se fije en un mierda como yo. Río para mis adentros: además de que, a su hija, ya se la he metido (agradablemente para ambos) por todos los lados, qué sabrá el padre de mí. Si él supiera lo que sentía por su hija, quién soy, me pondría una alfombra de flores bajo mis pies que él mismo tejería sin descanso, día y noche. Pero cree que soy la misma mierda que el resto de los hombres. Cree saberlo bien porque él es un hombre y nunca supo cómo dejar de ser una mierda.

En el fin de semana siguiente, la pareja con síndrome de down, la chica y yo, almorzamos juntos en un bonito restaurante. El hermano de la chica, está radiante, guapísimo. Su novia lo mira con un amor infinito. Ella, por un problema que tiene en la mandíbula, no puede masticar bien la comida, así que se la aplasto con el tenedor hasta convertirla en papilla. Ambos son vírgenes. Ahí no hay ni sexo ni intereses económicos. Sólo amor. Por fin. Por fin lo vuelvo a ver. ¡Existe!

Antes del almuerzo, paseamos por el pueblo. Van de la mano. Me encanta verlos juntos. Me encanta cómo se miran. ¿Sabéis? A veces me enfado con el mundo y quiero dejar de vivir. Pienso que todo eso del amor romántico es una invención de Walt Disney para emocionarnos con sus películas. Para hacernos soñar con un ideal que no existe. Pero no. Si consigue emocionarnos el alma, si nos saca las lágrimas sin que nosotros podamos hacer nada por evitarlo, es porque sabemos que es real. Porque está dentro de nosotros, deseando salir. Sólo que, día tras día, hemos dejado que los subhumanos ganen la partida. Que maten el amor. Que lo sepulten bajo un montón de capas de mierda. Nos han convencido de que el dinero y el trabajo al que no nos gusta ir, es lo único por lo que vale la pena luchar. Que el amor es una ilusión. Que la única relación posible entre humanos es utilizarnos entre nosotros. No. No es así. El amor existe. Lo he vuelto a encontrar. Está ahí, delante de mí, paseando de la mano. Casi puedo tocarlo.

Brilla el sol.

Pero ellos brillan más.

Terminamos de almorzar, de dar otro paseo, llevamos a la novia del hermano de vuelta a su casa. Cuando la deja, cuando se cierra la puerta del hogar de su amor, tras despedimos de los padres de la muchacha, el hermano comienza a dar saltos de alegría: ha estado controlándose para comportarse como un caballero delante de su dama. Ahora es un niño. Está super feliz. Me abraza, sincero, me dice que nunca había hecho algo “así”, está tan feliz que se me escapan las lágrimas, de la emoción. Me da las gracias y yo se las doy a él.

En ese momento, yo sólo tenía 300 euros en la cuenta.

Tras el almuerzo, 210. Y, por esos días, no tenía ni ahorros ni un sueldo cada mes.

Ese mes lo pasé fatal para comer y poder pagar el alquiler pero… ¿sabéis?

Una vez más lo conseguí.

No dejé que mi falta de dinero venciera al amor.

Disfruté del espectáculo maravilloso en primera fila. Lo olí, lo sentí.

Volví a presenciar el amor verdadero, volví a ver que era real… y si esa pareja lo había encontrado a pesar de tenerlo todo en contra… ¿por qué no yo?

Sólo tengo que aguantar, día tras día. Con todas mis fuerzas.

Valdrá la pena.

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¡Divorciado!
En la notaría, esperando firmar los papeles del divorcio.

En la notaría, esperando firmar los papeles del divorcio.

Acabamos de firmar los papeles. Ya es oficial: estamos divorciados. Ha sido un acuerdo amistoso en el que ninguno le pide nada al otro. El acuerdo no llevaba ni al folio y medio. Por un momento se me pasó por la cabeza solicitar que me devolviera al gato (sigo soñando con él casi cada día) y mi equipo de edición y grabación (que está a mi nombre) para venderlo (ya sabéis que ando muy escaso de dinero) pero sé que ella lo sigue usando y, aunque seguro que puede comprarse otro sin problema porque no para de triunfar, preferí pasar página cuanto antes y no hacer un circo. Llevaba esperando firmar el divorcio desde octubre del año pasado. Mi cabeza lo necesitaba. Hoy por fin, paso página.

En la notaría sucedió algo gracioso: todo el mundo me miraba como queriendo leer mi cara. No encontraron nada. ¿Qué buscaban? ¿Tristeza? ¿Locura? ¿Angustia? Ellos sabían que estaban ante un momento especial de la vida de otra persona. Esperaban alguna reacción que les dijera cómo me sentía. Pero para mí, fue un trámite frío aunque necesario: todo había terminado hace mucho. El corazón me latió un poco deprisa al entrar en el despacho, se me pasó rápido. Estuve muy tranquilo y con una sonrisa paciente en la notaría. Como una planta. Creo que se sorprendieron y nos miraron con admiración por tener un divorcio tan amistoso y civilizado. Creo que no se lo creían.

Me había levantado de la cama feliz, cantando. No sé engañarme a mí mismo. Si me levanto feliz y contento es porque me sentía feliz y contento: sabía que hoy firmábamos, que había decidido lo correcto. No pelear, dejar pasar, olvidar. Ya me las arreglaré.

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Han sido 8 años junto a ella. Ha florecido, ha logrado su sueño, estoy orgullosísimo de ella y de haber sido parte de esa metaforfosis. Yo publique 8 novelas, logré cosas que no había logrado antes, me demostré lo que valgo, la fuerza que tengo y, los primeros años, ella me llenó de la energía que necesitaba. Es cierto que, tras dejarla, me ha costado un montón volverme a ponerme en marcha y que he sido bastante patético, caí en un pozo de tristeza, mi mundo se puso del revés. Tengo que volver a ponerme las pilas, renacer: me espera un montón de vida por delante, he de responder a los retos a no ser que prefiera vivir por siempre como un miserable y he de quererme más. Por supuesto que quiero volver a casarme. Valió la pena el sufrimiento y las decepciones finales. 8 años casado, 6 años maravillosos, 2 malos. Me salen las cuentas. Voy a seguir apostando por el amor porque es lo que soy. No disfruto siendo un golfo ni en el poliamor. Espero encontrar a mi compañera definitiva. Es maravilloso estar enamorado, vivir una rutina junto a alguien que amas, florecer juntos. He aprendido un montón de cosas, no volveré a caer en los mismos errores. Y si vuelvo a divorciarme pues… volveré a casarme.

Esta es la última vez que escribo sobre mi ex esposa. No, no escribiré ningún libro sobre ella a lo Sigmundo. Adiós, S, y GRACIAS. Te deseo todo el éxito, amor y salud del mundo. Si un día necesitas lo que sea, aquí me tienes.

¿Y ahora? Este viernes es clave. Ha llegado a mi vida alguien excepcional que está dispuesto a sacarme de mi pozo de miseria. Ya lleva dos semanas apoyándome y haciéndome de coach, tras rogárselo yo (porque no tengo fuerzas para salir solo de mi pozo de tristeza, siento decepcionaros). Está funcionando. Si todo sale como lo previsto, este viernes sabré si me voy a vivir a Madrid y si es el fin de mi mala época económica, ya que me ha ofrecido un trabajo allí (un trabajo que me permite seguir escribiendo novelas las 24 horas del día). No quiero adelantar nada, porque muchas veces las puertas, cerrándose, me han roto la nariz justo cuando pensaba que estaba entrando en un lugar increíble. Pero todo apunta que, esta vez, El Rey del Cosmos se ha puesto de mi lado. Que está cansado de verme tirado en el suelo, que quiere que regrese a Madrid, donde viví tantos años y me fue tan bien. Y, en esta ocasión, el Rey del Cosmos no soy yo. Es…

…¡os lo contaré pronto!

…¡os lo contaré pronto!

Otra cita de Tinder
Yo. Si me véis por ahí, pedidme un autógrafo.

Yo. Si me véis por ahí, pedidme un autógrafo.

1

Me llega un superlike por Tinder. Miro quién me lo ha dado…¿Quizás es la mujer de mi vida?:

—Mujer

—42 años

—Rubia

—Polaca

—Buenas tetas

—Alta

—Su cara me recuerda a la de un avestruz. Pero no es fea. Aunque tampoco guapísima.

—Ojos azules.

—No parece una vieja (muchas mujeres de 42 aparentan 68).

Su descripción, en el perfil del Tinder, está en inglés. Le gusta la espiritualidad y los mantras. ALARMA. Todas las chicas que, he conocido últimamente, que dicen que les gusta la espiritualidad y los mantras o son unas vagas o es una pose en la que ellas les gusta estar porque se ven bonitas y atrayentes. Normalmente, cuanto más vaga, con más ansias de consumismo y cerrada de mente es la chica, más espiritual me dice que es. De hecho, ésta se descubre enseguida, en el chat:

—¿Cuánto mides? —me pregunta.

—1,81… ¿por qué?

—La altura es importante para mí.

—¿Pero no eres espiritual?

—La espiritualidad por un lado, lo material, por otro. ¿Trabajas?

—Sí.

Yo soy mucho más espiritual que todas las mujeres “espirituales” que he conocido últimamente. Y no lo pongo en mi perfil del Tinder. Jamás dejaría de salir con una chica porque fuera muy bajita, muy alta, o no tuviera trabajo. Estuviera gorda o no. Yo sólo busco una mujer que tenga sentido del humor y que no esté loca. Me he visto obligado a reducir muchísimo el número de mis requisitos. Aún así, lo tengo bastante crudo para encontrar a alguna. El 99,99 de las mujeres que he conocido en mi vida están locas. Rectifico. Muy locas. Y esto no es una afirmación machista. El 80%, me lo reconocen. El 19,99 no me lo reconocen pero hacen cosas raras como subirse a una silla y chillar sin razón, o están enganchadísimas a los porros y tienen paranoias o están en tratamiento psiquiátrico desde hace años o hablan en bucle todo el rato sobre lo mismo o se ponen a llorar o a reír de pronto. He estado un tiempo sin quedar con mujeres porque empezaron a darme miedo. Pero, qué diablos, es Semana Santa. Llevo dos meses (o quizás sólo un par de semanas) sin quedar con una mujer. Quizás Dios esté vigilando y me cuide. Me aburro mucho. Llevo un mes y medio (o quizás sólo un par de semanas) encerrado en mi casa. Comienzo a creer que el sexo es una leyenda mitológica o algo que sólo se hace mirando internet. Voy a aceptar la invitación de esta. Quizás sea la mujer de mi vida. Además, tiene el infrecuente detalle de invitarme a comer a donde yo quiera. En el Tinder suele ser alrevés. Hay muchas mujeres que se instalan el Tinder para comer gratis, todos los días, a expensas de los chicos que quieren quedar con ellas:

—Conozco un lugar en el barrio de Ruzafa que me encantó —le cuento—. Fui hace mucho y me sirvieron una hamburguesa vegana que ni la de carne de verdad en el VIPS. El lugar se llama “La más bonita”. ¿Te suena?

—No. Soy nueva en la ciudad. Llegué hace unos días. No hablo muy bien español.

—Podemos hablar en inglés si quieres.

—Vale.

Le mando la ubicación del local por Google. Quedamos a las 13:00, allí. La última vez que fui a ese local fue con una ex que estaba muy loca. Quiero dejar de asociar ese local con ella.

2

Me visto. Sé que no soy el tipo más guapo del mundo. Sé que mi cuerpo no es perfecto. Que me falta muscularlo, que tengo las tetas un poco caídas, etc. Pero aunque suene chulo: sé que soy lo suficientemente guapo, buena persona y magnético para que cualquier mujer quiera follarme una tarde en la que se sienta sola. Aunque sea por probar. Y si no tiene algo mejor a mano, por supuesto. Mis complejos e inseguridades de “casado” me han abandonado. Desde que me separé, un montón de mujeres abarrotan mi wassap. No estoy tratando de ser chulo. Cualquier hombre que se cuide y no sea idiota, cualquier mujer que se cuide (sea idiota o no), tiene el wassap repleto de personas que se la quieren follar. Estamos en un mundo con exceso de población, por Dios. No hay ningún mérito. Lo único que tienes que hacer para follar es no dar asco y quererte un poco tú mismo.

3

Llego puntual. Ella, 8 minutos tarde. Como es extranjera, del Este, me da la mano en lugar de los dos besos típicos españoles. Me lo esperaba, actúo con naturalidad. Le extiendo la mano con educación y entramos en el local. Me fijo en ella. En persona no tiene tanta cara de avestruz como en la foto.

Nos sentamos. Comienza a hablarme en inglés. Me habla de su trabajo, de sus inquietudes. La verdad es que desde que abrió la boca, ha dejado de gustarme. Tengo 45 años de vida. Creo haber conocido a todas las mujeres y hombres del mundo. Creo que, como mucho, hay 4 ó 5 tipos de personas, con pocas variables. Todo el mundo parece haber sido creado en una fábrica, con pensamiento único-preinstalado. El tipo de persona que es ella, no me interesa. Plano. No es interesante. Habla con frases y pensamientos hechos que he escuchado mil veces. No tiene discurso propio. No me abre los ojos a nada. No es interesante. Prefiero a una mujer que diga gilipolleces sin sentido mientras babea que a una mujer de pensamiento preinstalado. Ha pasado toda la vida trabajando en una oficina hasta que la echaron. Ni siquiera se fue ella por su propio pie. Subhumana. Ahora estudia español aquí, en Valencia. Vive sola en un apartamento que ha alquilado por unos meses. Supongo que se cansó de buscar el amor en Polonia y ahora lo anda buscando por aquí.

—Pues si en Polonia no te quiso nadie, tampoco te va a querer nadie aquí —me entran ganas de decirle.

Porque se nota a la legua que está buscando un príncipe azul que le de sentido a toda la vida que ha desperdiciado. No puedo estar con una mujer que no sea rebelde, emprendedora, valiente, feroz. Desprecio a las pasivas. A las oficinistas. Me caen bien las mujeres antipáticas. Me habla de su país, Polonia:

—He dejado Polonia porque somos un pueblo guerrero y eso me agota mucho, mentalmente. Ahora estamos peleándonos nosotros mismos. Nos encanta pelear.

—Bueno, menos cuando Hitler fue a invadiros. Ahí os rendisteis enseguida.

Me mira mal. Me deprimo. Le he dicho eso porque ella me da igual. Está bien para un polvo, pero para nada más. Me he prometido a mí mismo que nunca voy a utilizar a una mujer. Si se la meto a alguna será porque quizás, puede ser, que tenga futuro el asunto. Si no, prefiero pasar. Se me carga la conciencia de mierdas si se la meto a alguna por sólo follar. Sin embargo… sé que me queda poco de “juventud”. Tengo 45 años. No sé hasta que edad mi polla se me pondrá tiesa. Pero digamos que mi super poder de “gustarle a cualquier mujer, que no tenga a nadie mejor, en una tarde solitaria” va a desaparecer en 3,2,1. Tendría que hincharme a follar el poco tiempo de atractivo físico que me quede. Pronto no le gustaré a ninguna mujer con dos dedos de frente. Seré un viejo del parque más y, revolotearán a mi alrededor, como mosquitos incordiantes, el recuerdo de todos los chochitos a los que dije que no. Hay algo dentro de mí que me impide follar con quien sé que no tengo futuro. Desgraciadamente.

A la polaca esta le van los antipáticos o está más necesitada de sexo que yo. Hace caso omiso a lo que he dicho, me sonríe y es entonces cuando el karma me castiga:

—Lo siento, hamburguesas veganas no hacemos—me dice el camarero.

—¿No?

Me pongo tan, tan triste que la polaca se echa a reír. Pregunto por qué no hay. El camarero dice que el cocinero que las hace, no está hoy. Miro fijamente al camarero. Con odio sincero. Llevo 8 meses deseando regresar a este sitio para comerme esa puta hamburguesa vegana. La vida es una puta mierda. Ni mujer de mi vida ni hamburguesa vegana. La polaca no para de reírse. Pienso que la situación no es tan graciosa, que se ríe por crueldad: lo llevará en los genes: los nazis que violaron y dejaron embarazada a su abuela son los mismos que luego llevaban a los judíos a las cámaras de gas. Pienso:

—Debería darle por el culo. Por venganza. Sé que si me lo curro esta tarde y le pido sexo me va a decir que sí. Debería de vengar a los judíos. Follármela por detrás diciéndole “sí, avestruz, venga”… en caso de que no conozca la palabra avestruz.

Pedimos unas fajitas de mierda.

—¿Sabes? —me dice—Tienes cara de ruso.

—Soy mitad canario, mitad asturiano.

—¿Y tus abuelos?

—Canarios, asturianos… y cubana. Mi abuela era cubana.

—¿Blanca?

—Como la leche. Y con los ojos rasgados. Mis ojos de “chino” los heredé de ella.

—Por Cuba pasaron muchos rusos. A lo mejor, tienes algo de sangre rusa. Deberías de hacerte un test de esos de ADN que ofrecen por internet.

—Si, claro. Para que luego el gobierno tenga mi ADN y puedan acusarme de asesinato cuando ellos quieran.

Para colmo, este patético y enfermizo cartel podía leerse en el local. Parece que creen que el amor es algo muy parecido a pillarse un perro.

Para colmo, este patético y enfermizo cartel podía leerse en el local. Parece que creen que el amor es algo muy parecido a pillarse un perro.

4

Tras la comida corriente (que me podría haber hecho yo mismo en casa, tras pasar por la sección de congelados del Consum), damos un paseo por el museo de las Ciencias. Fuera, en la puerta del museo, a alguien le ha parecido buena idea poner como 60 carteles de mujeres científicas. No hay ningún científico hombre. Mi cita del Tinder queda asombrada cuando ve que solo hay fotos de mujeres:

—¿Sólo mujeres? —pregunta riendo— ¿Sólo hay mujeres científicas?

Le cuento que en España hay una gran ola de feminismo. Que están reivindicando el papel de la mujer en la historia, oculto durante tantos años.

—¿Pero es un museo feminista? —pregunta.

—No. No. Bueno. Ya no sé. Hace mucho que no entro.

Para que vea como está el percal, le cuento que hace unos días, unas profesoras feministas prohibieron el cuento popular de Caperucita Roja en un colegio de Catalunya. Ella no da crédito.

—Era mi cuento favorito, en mi infancia —me dice.

—Pues es un cuento machista —río—. Has tenido suerte de no haberte quedado traumatizada.

Caminando por el parque vemos a unos niños dentro de unas burbujas de plástico, recorriendo una especie de lago artificial. Los envidio. Allí dentro están a salvo del machismo, que emanamos todos los hombres por los ojos y por la boca, y de los cuentos tradicionales infantiles que los quieren atraer hacia la falocracia.

—“Algún día seré rico y tendré mi propio lago y mi propia burbuja de plástico” —planeo.

Caminamos. Hace calor. Nos tomamos una Coca-Cola en una terraza. En la tele, sale Pablo Iglesias: bajo un cartel de “UNIDAS PODEMOS”, su partido político.

Este es el político Pablo Iglesías, para quien me lea de fuera de España. Por aquí estamos en campaña electoral.

Este es el político Pablo Iglesías, para quien me lea de fuera de España. Por aquí estamos en campaña electoral.

—¿Unidas? —pregunta— ¿En español no se usa el masculino para hombre y mujer? ¿Es un partido sólo de mujeres presidido por un hombre?

Paso de complicarme la vida y que se ría más en mi cara de nuestra España actual. Yo no tengo la culpa de nada.

—Lo que ves es una mujer. ¿No te das cuenta que lleva el cabello largo?

—No es una mujer, Rafael. Tiene barba y bigote.

—Es una mujer. De verdad. Sólo que está enferma. Es un caso muy conocido en este país. Le cortaron los pechos unos islamistas que la violaron. Y la pobre es fea. Sale por la tele y la gente la vota por pena. De verdad.

Ella mira a Pablo Iglesias, muy confundida. Gracias a Dios, quitan la imagen enseguida y pasan a otra noticia.

—¿Mujer enferma? ¿De verdad?

—Sí. Mucho.

—Pobrecita.

Y, la verdad, creo que no le mentí del todo. El feminismo es supernecesario pero creo que lo están ridiculizando bastante y eso es una noticia terrible para sus loables fines. Es culpa de ese feminismo sin sentido y de esa izquierda ridícula que un partido político tan peligroso como VOX ha pillado tanta fuerza.

5

Damos un largo paseo por el Turia. Charlamos mucho, no reímos nada. Le digo que si me da la mano, que estoy triste, que no tengo familia ni amigos por aquí. Vivo en un pueblo, solo. Estoy muy triste, muy dolido. Que realmente llevo mucho tiempo sin contacto físico. Que no quiero follar, que si me da la mano no la voy a “atacar”. Sólo quiero caminar un rato de la mano con alguien. Imaginarme que no estoy tan solo.

—No —contesta— No te conozco.

—Ok.

Me cae fatal. Yo no le negaría a nadie, que estuviera triste, un abrazo o la mano. Ni mi compañía. Sinceramente, no podría. Paseamos 30 minutos más. Me aburro, ya ni siquiera me cae un poco bien. No sé que hago aquí. Bueno, sí. Pasar el rato con alguien. Pero me siento peor con ella, que estando solo. Cuando la miro me recuerda la ilusión que tuve al quedar con ella: que quizás iba a conocer a la mujer que amaría hasta el final de mis días. Desilusión.

—Bueno, yo creo que ya es hora de irme —le digo.

Ella se sorprende. No le ha gustado lo que ha escuchado.

—¿No quieres dormir en mi casa? —pregunta.

Me sorprende su propuesta. No la entiendo. No quiere darme la mano pero me invita a su casa. En la que vive sola. ¿Por qué no me dio la mano antes? ¿Quizás para hacerse la difícil? ¿Ahora que me voy está desesperada?

—No. La verdad que no —digo con crueldad—. Prefiero irme a dormir a mi casa.

—¿Seguro? —me dice fría, mirando fijamente a mi boca.

El pico de la avestruz se lanza sobre mi boca. La esquivo.

—Espera… ¿Qué te pasa? Antes no quisiste darme la mano y ahora quieres besarme.

—Ahora te conozco.

Mentira. Entre mi petición de que me diera la mano y su intento de beso, sólo han pasado 30 minutos. Así que si no quiso darme la mano fue sólo por crueldad. Por un momento pienso en follármela, para vengarme. Pero, en mi mente, ya puedo leer los wassaps que me mandará al día siguiente, cuando no quiera volver a quedar con ella: “me utilizaste”, “cabrón”, “espero no me hayas dejado embarazada”, “eres un cerdo”. Todas esas mierdas que estoy cansado de leer. Tantas que se acuestan con cualquiera, una noche, y parece que realmente estaban firmando un contrato matrimonial unilateral que sólo ellas pueden romper.

Paso.

6

Camino sin rumbo por la ciudad. Veo una tienda de libros de segunda mano.

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Entro. Miro las montañas de libros, polvorientos.

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Me pongo aún más triste. Esos libros soy yo. Desubicados. Inútiles. Sin dueña. Con tanto amor que dar. Tengo tantas ganas de irme de Valencia.

7

Suena mi teléfono.

Es ella.

—Hola… ¿te caigo mal?

—No —miento.

—Entonces… ¿te importaría venir a mi casa? Yo también estoy muy sola, como tú. Aquí no conozco a nadie.

—Es que no sé si despues de esa noche, voy a querer volver a verte.

—¿Pero me deseas?

—Eso sí…

—Pues ven… me arriesgo…

—Mmm… de acuerdo, avestruz.

—¿Avestruz? ¿Qué es avestruz?

—Amor.

—Oh… qué precioso… ven.

Me da su dirección. Cuelgo. Tomo un taxi. Y me la follo con condón por el culo, llamándola avestruz mientras miles de judíos asesinados en campos de concentración me sonríen desde el Más Allá.

—Gracias por vengarnos, Rafael Fernández —me dicen— ¡Dale! ¡Dale a ese avestruz! ¡Tu bisabuelo ruso está orgulloso de ti!

Al día siguiente, tras desayunar con ella en un VIPS, me despido:

—No debiste llamarme avestruz —me dice—. Fue demasiado bonito y ahora estoy un poco avestruzada… avestruceada de ti… ¿Se dice así?

—Sí. Te avestruzo mucho. Es increíble.

Salgo del VIPS, me subo a un taxi, y hago esa mierda cruel y cobarde que hacemos todos, todas y todxs: la borro de mi Tinder, la bloqueo por mi wassap. Sé que, bloquear y borrar del Tinder, no es delito en la Tierra pero, sin duda, sí que lo es en el Cielo. Y el que esté libre de culpa que me tire la primera piedra (pero que me dé de lleno porque si me levanto, lo reviento).

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El día que Dios se puso de nuestro lado
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1

Andaba por casa, creo que ordenando un armario. Allí fue la primera vez que escuché esa voz femenina, tan familiar aunque a la vez, desconocida por completo.

—“Hola. Sé que estás ahí. Ojalá me escuches. Ojalá llegues pronto a mi vida” —me dijo.

Me asusté. Estaba solo con mi perra frente a ese armario, en una habitación. Miré a mi perra: Anais, me devolvió la mirada, extrañada. No, por supuesto que ella no había sido quien me había hablado.

—“Por favor, ven a mi vida. Estoy harta de estar sin ti” —volvió a hablar la voz de mujer.

—¿Quién habla? —pregunté, asustado.

No contestó. Entendí que ella no me escuchaba.

Yo, sí.

Seguí escuchando su voz a lo largo de los días, mientras escribía este relato, sentado frente el ordenador, mientras abría un bote de café o me daba un baño caliente. La voz aparecía de pronto:

—“Estoy harta de estar con cualquiera. Te quiero a ti… ¿Existes?” —y luego callaba por horas o, incluso, días.

Me acostumbré.

Entendí que la voz pertenecía a una mujer que estaba sola. Una mujer que imploraba, que rezaba, que suplicaba por encontrar al amor de su vida. Pero yo no sabía quién era ella ni dónde estaba. ¿Y por qué tenía que escucharla yo? ¿Quizás la voz pertenecía a una vecina? Revisé las entradas de ventilación de mi casa. No. La voz no se colaba por allí. La voz la escuchaba junto a mi oído.

Posibles soluciones al enigma:

1.-Escucho una voz femenina porque finalmente, como predecían todos mis amigos, me he vuelto loco.

2.-La voz pertenece a un fantasma o a un diablo que vive en mi casa.

No.

No era ninguna de las dos cosas.

2

Ella, a cambio, sentía mis manos. Mi polla.

Cuando harto de mi soledad, y por necesidad, me masturbaba en la cama de mi habitación, ella sentía como yo se la introducía.

A distancia. Mientras ella estaba en el baño, leyendo, frente su ordenador, trabajando, o abriendo un bote de café.

Y se corría a gusto.

De pronto, sin avisar, ella notaba mi polla entrando y saliendo de su coño. Le gustaba. Cerraba los ojos. Alentaba su cuerpo, a veces masturbándose a la vez que yo se la metía, otras simplemente mirando al techo con una sonrisa hasta que el orgasmo le invadiera.

—“¿Quién es el que me toca así? —pensaba (y yo la escuchaba)—. Quizás el amor de mi vida. Pero no sé quién eres ni dónde estás… ¿O eres un fantasma, un demonio o me estoy volviendo loca, tal como predecían todas mis amigas?”

No.

No era ninguna de las dos cosas.

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3

Así fueron pasando los días. Estamos solos, somos desconocidos. Yo aquí. Ella, no lo sé. Pero, cada día, ella me habla y yo, cada día le hago el amor.


4

Nos empezamos a ver. Un día, mientras me daba un baño caliente, la vi en el reflejo del agua de mi bañera. Fue la imagen de su rostro, como impresa en el agua, duró unos pocos segundos. Otra vez la vi, desnuda, en la bañera, de cuerpo entero, con los ojos cerrados.

Ella también se estaba bañando.

Era bellísima.

Otro día, fue ella quien me vio a mí por vez primera durante unos pocos segundos: mi rostro apareció en el reflejo de la cucharilla de su desayuno, cuando la agarró para revolver el azúcar de su café. Aparecí mirándola fijamente, durante unos segundos.

Nos sonreímos.

Empezamos a saludarnos: cada mañana, durante el desayuno, y a la hora del baño.

Entendimos que Dios nos estaba enseñando. Se las estaba ingeniando. Nos estaba presentando de esa forma tan curiosa. Dios, nunca supe por qué motivo, había decidido saltarse las leyes del raciocinio y de la lógica.

Por nosotros.

5


Llegó el día. Encontré un sobre azul en el buzón de mi casa:

“Felicidades. Su poema “Mister gato” ha sido elegido. Usted ha ganado un viaje, con todos los gastos pagados, a Praga. Allí podrá asistir al famoso concierto de música clásica del Solsticio de Invierno. Atentamente, la dirección del concurso”

Sonreí.

Yo no he escrito un puto poema en mi vida.

Tengo dignidad.

Jamás he concursado en una competición de poemas.

Aquello era cosa de Dios.

Enseguida, sentí que a ella también le había llegado una invitación para el mismo concierto.

Que nos sentaríamos juntos.

Y así fue.

Cuando llegué, al concierto del Solsticio de Invierno, en Praga, allí, sentada en la butaca numerada, estaba la mujer que tantas veces había aparecido reflejada en el agua de mi bañera. Allí apareció el hombre que tantas veces vio reflejado en las cucharillas de sus desayunos.

—Mi hombre soñado —me dijo.

—Mi mujer soñada —le dije.

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6


Así fue como nos conocimos.

Llevamos 20 años juntos.

La verdad no se la podemos contar a nadie porque, nadie, absolutamente nadie, nos creería. Cuando nos preguntan, “cómo coño os conocistéis", siempre contamos la misma mentira:

—“Por Tinder”.


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Muchas gracias
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Hoy le he pedido ayuda a El Rey del Cosmos:

—Quiero volver a ser escritor. Ayúdame a volver a concentrarme.

Recuerdo por qué empecé a escribir. Deseaba que me quisieran. Escribí mi primer relato en 1996. Ganó un premio regional. La gente que me rodeaba empezó a mirarme de forma diferente. Me gustaba cómo me miraban. Una chica de mi instituto me hizo una mamada en el baño. Sólo por ganar el premio. Por ser especial. Esa fue mi primera mamada.

—Quizás, si me convierto en escritor encontraré a alguien que me quiera —me dije.

Me convertí en escritor. Conseguí muchas mamadas más. Hasta que me di cuenta que lo que yo perseguía de verdad era el amor.

En Asturias, en una bonita casa de campo, publiqué 8 novelas. Lo hice por amor. Para ayudar a mi compañera. Por luchar por una meta conjunta. Una meta que, finalmente, me di cuenta de que no existía. Que era una frase de mi cabeza. Nos enamoramos de los recuerdos, de las ilusiones, de las mentiras que nosotros mismos nos inventamos. Pero el amor no existe. Es una droga que termina desapareciendo del cuerpo. La gente sólo se ama a sí misma. Tienes que aceptar eso. Tengo que aceptarlo.

Y, ahora, no le encuentro sentido a mi vida. Ni a la escritura.

Sé que puedo escribir los libros más increíbles de la historia. Pero no creo que la humanidad los merezca ni me merezca.

Aún así, desde hace poco menos de dos meses, cada día he conseguido levantarme de la cama. Durante unas horas, he escrito. Unas pocas horas de luz en las que aún he tenido esperanzas de que mi plan, mi búsqueda, funcione. Tras casi 2 años sin fuerzas para publicar, por fin voy a volver a sacar un nuevo libro. Pequeñito. Infantil. Pero es un primer gran paso. (Además, el libro es fabuloso).

El día 15 de mayo me llega de la imprenta mi segunda novela infantil. La primera tras mi divorcio. Muchas gracias a las 35 personas que me ayudaron:

En el libro aparecerá esta página de agradecimientos, pero más bonita, de una forma especial.

En el libro aparecerá esta página de agradecimientos, pero más bonita, de una forma especial.

¿Qué es ser un hombre?
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1

Un hombre tiene que aguantar. Si no, no es un hombre. Enséñame tu corazón, ábretelo, muéstrame el dolor que soportas. Si tu corazón no está al rojo vivo, ardiendo y en tu rostro veo una mueca de llanto o de dolor: no eres un hombre. ¡Tienes que soportarlo todo! No eres digno de la familia que deseas tener. ¡Marica!

Te casaste con ella. Aguanta lo que venga. Soporta cada una de sus locuras. Ella es tu reina. Y calla. Si no, no eres un caballero. ¡¿Cómo no vas a querer ser un caballero?! ¡SER UN CABALLERO ES LO MÁXIMO!

A cambio tendrás un plato de sopa caliente… ¡Y todas sus facturas y excesos que pagar! ¡Eres afortunado! ¡No caerás en vergüenza delante de tus familiares, amigos y vecinos! Porque eso es a lo que se reduce ser un caballero según la gente envenenada: trabajar en lo que no te gusta para mantenerla, comer, cuidar a la prole inocente que tuviste con ella y callar. ¡Eres afortunado!

No es ese el hogar que deseo.

Un caballero, tal como yo imagino a los caballeros, no se queda ni busca un hogar así.

Un caballero es valiente, sale sin nada de su casa. Sin gritos. Con pena y con remordimientos por el desgraciado destino de la bruja que deja atrás, que ríe ante un cofre de monedas de oro sin saber que un día acabará. Desnudo. Le guía una estrella que realmente no existe. Escucha una voz que se inventa.

—Es la voz de un hada —se miente.

Y camina por la calle, buscando al hada, solo, pidiendo limosna. Come frutos secos y frutas que va robando por el campo. No tiene miedo. Y lo hace por su futura familia. Es ahí cuando empieza a amar a la familia que un día tratará de tener. A fortalecerse. Un día, mirará a los ojos de su verdadera mujer al verdadero amor de su vida, a los ojos de sus hijos y ellos verán, en la profundidad de su mirada, todo lo que sufrió. Pero también, toda la felicidad, que valió la pena. Porque al final, lo consiguió.

2

Así es la vida de todo el mundo. Es una mierda la mayoría del tiempo. Pero nos lo ocultamos. Nos hemos convertido en especialistas en ocultar cómo de mierda es nuestra vida. Hay una zona especial en nuestro cerebro que se encarga de ocultarnos la verdad, día y noche. Trabaja muy, muy duro para que no nos suicidemos o para que no nos volvamos locos y salgamos desnudos a la calle: a gritar, robar, violar y a matar salvajemente con un hacha.

¿Tú no tienes la sensación de que vas a morirte pronto? ¿Que son tus últimos meses o días en la Tierra? Yo sí. No sé si es así como se forma el cáncer: a causa de todo por lo que he pasado estos años. Putada tras putada desde que nací, con algunos meses de vacaciones en oasis de felicidad que, siempre, siempre, se los ha terminado sepultando una ola que no supe predecir que venía.

Todas las mujeres que se han acercado a mí me han utilizado, torturado. Desde aquella que fingió haberse quedado embarazada de mí y hacerme sentir culpable por su aborto, pasando por aquella que acabó con todo mi dinero y tiempo durante años hasta que dejó de necesitarme y empezó a tratarme como una mierda o, la última, que me rompió el corazón y que me dejó por ser pobre y poca cosa ante los ojos de sus padres. Que me llamó “inestable” cuando quise defenderme ante sus padres. Sabiendo que sólo me fijo en las peores mujeres, no paro de buscarlas. No paro de buscar un amor que no existe y que sólo vi, de niño, en las imaginativas películas de Disney, cuando quizás, todo lo que tendría que hacer para ser feliz es correr en dirección contraria a las mujeres y de la humanidad en general. Cuando sintiera necesidad sexual (por culpa de las leyes de la naturaleza), acostarme con putas, y después dedicarme a hacer lo segundo que más me gusta de la vida: escribir novelas.

Y comer bien.

Y hacer deporte.

A veces pienso en cómo sería esa vida ideal que empezaría tras, por fin, asegurarme de que el amor no existe.

Me compraría una bonita casa en Asturias. En mitad de una montaña, sin vecinos a mi alrededor. Allí tendría un par de gatos, un par de perros y algunas gallinas. Montaría un gimnasio en la planta baja. Me compraría un buen televisor que tuviera Netflix.

La casa de mis sueños.

La casa de mis sueños.

Una vez a la semana bajaría a la ciudad. Me acostaría con una puta. Durante un par de horas.

Luego volvería a mi bonita casa: a escribir y a cuidar de mis animales y de mi cuerpo.

Un amigo me dice que el día que me acueste por primera vez con una puta, veré por primera vez a una mujer sin careta. Me dice que eso es lo que son todas. Hay que pagarlas por tener sexo, siempre. A las putas oficiales con dinero por hora. A las putas no oficiales, con tu vida y con tu salud mental.

3

Aún así, sigo sin haberme ido de putas nunca, tratando de ser un buen chico. Un caballero. Un gilipollas. Encontrar a una mujer que me dé la mano y en quién pueda confiar. Cada vez me cuesta más confiar. Elijo mal. Lo sé. Ahora me fijo en alguien y pienso:

—Esta también me la va a jugar.

La chica de Francia. Tiene 30 años. La semana pasada me invitó a Madrid. Todos los gastos pagados. Ella sabe que estoy en la ruina. Aún así le importa un pito. Me quiere a toda costa. ¿Es amor verdadero o un plan elaborado para volver a dejarme sin huevos, triste, moribundo, desnudo, escuchando voces de hadas que no existen?

—Rafa, ella no te rechaza por tu mala racha económica que estas pasando —me digo— A ella no le importa el dinero. Dice que sólo le importas tú. Le encanta estar entre tus brazos, pasear a tu lado.

A veces, pienso que estar tan de mal de pasta es una oportunidad. Es genial que una mujer se me acerque ahora. Eso significa que no todo está perdido. Que todas no son unas putas interesadas, como dice mi amigo. Sueño con conocer al amor de mi vida en este momento. Porque sé de sobra que, tarde o temprano voy a resurgir. Siempre lo he hecho aunque ahora me esté costando demasiado. Y cuando vuelva a estar bien de dinero, esa chica que conocí estando en la ruina, no resultará sospechosa para mí.

La chica de Francia no me necesita para nada. Es más: sólo le doy problemas, soy una carga económica para ella. Además de pagarme este viaje, hace dos meses, me envió 200 euros para que pudiera terminar de afrontar mis gastos. Llevo casi dos años (los mismos que llevo sin publicar) sin poder vivir al 100% de mis libros. Así que ella podría ser el amor de mi vida… la putada: que no la amo. Nada. Me cae de puta madre, es una chica genial. Desea tener un hijo conmigo ¿Hay mayor cumplido para un hombre que ese? Pero la chispa del amor no se enciende.

¿Quizás por mi culpa? ¿Por todos los golpes que me han dado las mujeres? ¿Estoy tan asustado que no quiero volver a amar a nadie? ¿O quizás no siento nada de amor por ella porque es demasiado joven para mí? 15 años es una gran diferencia. De mentalidad, de madurez.

Si accediera a ser su novio, sentiría que estoy ocultándole algo. Sé cosas de la vida que ella no sabe. No son secretos, cualquier persona que tiene más de 40 años las sabe, las aprende inconscientemente. Lo bonito es que ella descubra esas cosas, esas mierdas de la vida, de forma inocente, con alguien de su edad. No con alguien que conoce esas mierdas y se las calla, las disimula. De eso se trata la vida. De descubrir las mierdas juntos. De querer morirse. Si estuviera con ella, como pareja, estaría sintiendo que hago trampa. A mí me han quitado mucha vida las mujeres, y me quejo. Lo que no voy a hacer es quitarle yo, vida a nadie. Ni dinero. No me va la venganza.

No me apetece ir a Madrid a verla. Sé que no tenemos futuro. Que ella debe ahorrar para un viaje que tiene que hacer a Argentina. Pero me insiste mucho. Y yo estoy tan solo. Me lo paga todo. Si antes de divorciarme, mi perra Anais se hubiera erguido sobre sus dos patas y me hubiera dicho que una chica como la de Francia me pagaría un viaje a Madrid para que me la follara durante dos noches, y que desea, con todo su corazón, que fuéramos novios, no me habría costado nada separarme. Ahora, que lo tengo: no lo quiero.

Quiero amor.

Eso que no existe.

Quiero amar.

Sentir esa ilusión es lo más bestial y lo mejor del mundo.

Acostarse con alguien, temblando de la emoción.

Mirarse a los ojos, durante horas. Sin querer hacer nada más.

Soñar juntos: imaginar que nos casamos, que vivimos en un bonito lugar, que nos comprendemos y nos apoyamos. Que reímos y, por qué no, que tenemos una hijita, quizás.

Que sabemos que tenemos nuestros errores, nuestras malas costumbres, que no somos perfectos: pero en la balanza pesan más las cosas buenas que las malas.

En la vida real: nunca nos fallamos.

Tengo que intentarlo.

Tengo que ser ese caballero, ventrílocuo, que dice escuchar una voz de hada que él mismo emite.

Vale más, vivir en el camino, sin nada, pero buscando, que en una casa donde todo se acabó.

Así que voy a Madrid y la recojo en el aeropuerto.

Está guapísima.

Ha venido con una chupa de cuero y unos vaqueros que le quedan muy bien.

Ella sabe que tiene un buen culo, lo explota.

Salimos del aeropuerto, paseamos por Madrid. Bebemos, me invita a cenar, se mete con mi corte de pelo, me dice que me queda fatal. Pero yo sé que me lo dice porque nota que estoy por encima de ella: ya sabéis: el que ama, siempre está por debajo, el que no ama, se la suda todo.

Y así estoy yo: me la suda todo.

Enseguida sé que es mala idea haber venido.

Que he de dejarle ir, volar.

Hacer sus cosas.

Que el amor no existe.

En el hotel se desnuda, hace posturitas. Me invita a grabarla en vídeo, sabe que eso me excita mucho.

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A mí se me baja.

Es que no quiero utilizarla.

Correrme dentro de ella sabiendo que no voy a darle lo que quiere.

Yo ya sé que lo nuestro no puede ser.

Que estoy roto.

He perdido la confianza: en mí y en el amor de las mujeres.

Mejor que esté solo.

Que escriba. Eso me gusta mucho hacerlo, todavía.

Siento que voy a morir.

O, quizás, lo único que siento es que me estoy muriendo.

Como todos.

Deja un comentario si quieres.

 

¡¡ÚLTIMO DÍA!!

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Nota para mis lectores: el día 15 de abril (mañana) envío por email a imprenta mi segunda novela infantil. Me encantaría me acompañaras en mi primera novela postdivorcio. Si deseas aparecer en la lista de mecenas, cómprala en preventa. Si deseas leer gratis las 44 prímas páginas, pincha aquí. Si tu nombre (o el de tus hijos) no aparece en la lista o no sale cómo deseas, escríbeme un email: ezcritor@gmail.com o un chat por mi Facebook personal. Gracias.

La espantosa verdad sobre la foto del agujero negro
Jim P. G. Melinnsky

Jim P. G. Melinnsky

Jim P. G. Melinnsky, se despierta al escuchar el vibrador de su iPhone. Son las 3 de la madrugada. Se incorpora de su lado de la cama y dirige rápidamente su mirada a quien duerme a su lado: Barbara Wallace, su amada esposa durante más de 30 años. Ella descansa plácidamente: no ha escuchado, no le ha despertado el vibrador de la llamada telefónica. Sigue borracha. Jim, toma su iPhone, sale del dormitorio matrimonial y responde, mientras baja los escalones que conducen a la planta baja de su elegante casa familiar en Houston:

—¿Sí?

—¡Por fin! ¡Los tenemos, señor! —dice una voz, que no hace ningún esfuerzo por disimular su emoción, al otro lado del teléfono—. Los 8 archivos, de los 8 radiotelescopios, acaban de llegar encriptados.

—Bien —responde Jim P. G. Melinnsky sin emoción alguna—. Mándamelo a mi email y me encargaré de desencriptar los archivos que originarán la foto.

—Ya tiene allí los archivos, señor.

—Ok. Dentro de un rato os mando la foto resultante.

—¿En un rato? Señor… ¿no podría…

Jim cuelga el teléfono. No quiere prisas ni mentir. Sabe que, en el laboratorio, están ansiosos por ver, tras doce años de trabajo, errores y expectaciones, la foto de un agujero negro… ¡por primera vez en la historia de la humanidad! Jim P. G. Melinnsky es el líder del Event Horizon Telescopio, proyecto capitaneado por la NASA en el que, por medio de ocho radiotelescopios, a través de la interferometría, han conseguido obtener los datos necesarios para lograr fotografiar un agujero negro. Hasta hoy, nunca existió la tecnología necesaria para poder ser fotografiado. Jim dispone, por fin, ahora mismo, de todos los datos necesarios, esperándole en el iMac de su despacho. No tiene que hacer más que unos cuantos clics para que los archivos se desencripten y los datos finales de los 8 telescopios se unan gracias a un sofisticado software de inteligencia artificial que les ha llevado una década crear para así poder mostrar al mundo la fotografía jamás vista.

Pero Jim ha perdido la ilusión.

Por los agujeros negros y por todo.

Hace un rato, se enteró de que su esposa, Barbara Wallace, ejerció la prostitución en su juventud. Y que él no es el verdadero padre de William, un respetado abogado en la actualidad, el único hijo que se supone han tenido juntos. El pequeño William… la razón por la que Jim se casó con Margaret, al hacerle creer ella que se había quedado embarazada de él. La propia Margaret se lo confesó hace unas horas, sólo Dios sabe presa de a qué repentinos remordimientos, durante la cena, tras beberse dos botellas de vino.

—Toda mi vida ha sido una mentira —no para de repetirse Jim desde entonces.

Jim baja al garaje, se monta en su elegante y caro automóvil familiar. Conduce hacia Chinatown, al suroeste de Houston. Elige para aparcar un lugar de la calle en el que las farolas no funcionan. No quiere que nadie lo descubra allí. Durante casi una hora mira a las putas hacer su trabajo. Piensa en su mujer. Ella, en algún momento de su vida, trabajó así, se comportó así: como ellas.

Se horroriza y se excita. A la vez.

—Y yo, jamás —se recrimina— me he ido de putas. Jamás. Tratando de ser un buen chico. Tratando de no aprovecharme sexualmente de nadie por su necesidades económicas o por sus problemas mentales. He pasado toda mi vida sin entregarme a esos placeres sin saber que, en la realidad, estaba con una de ellas. Sin enterarme de la mitad de la película. Toda mi vida ha sido una mentira… ¡Se acabó eso de ser bueno! ¡A partir de ahora voy a vivir en el desenfreno! ¡En el infierno!

Arranca su coche familiar, lo conduce hasta situarlo al lado de una prostituta de color. Gorda. Muy gorda.

—¿Por cuánto?

—Por 100 dólares te hago todo lo que quieras, guapo.

—¿Todo?

—Todo menos que me rajes el cuello.

—Quiero sexo anal. Jamás lo tuve en mi vida. Por respetar a mi esposa.

—A mí no hace falta que me respetes, viejito simpático.

La prostituta sube al coche y le hace indicaciones para llegar a un solar próximo, oscuro. Una vez allí, la prostituta se pone de rodillas en el asiento del copiloto, asoma la cabeza por la ventanilla a la vez que se sube la falda. Entonces, Jim lo ve. El agujero de su culo está cubierto por un aro luminoso, rojo, fosforescente:

—¿Qué es eso que tienes metido ahí?

—¿Nunca has visto uno?

—No. No sé nada de la vida. Es la primera vez que contrato los servicios de una profesional.

—Es un “butt plug”, un tapón anal —responde la prostituta—. Me lo dejo puesto dentro para tener el agujero del culo bien abierto por si lo necesita un cliente…

—¿Por qué es rojo, fosforescente?

—Lo elegí en Amazon… ¿No te gusta?

—Al contrario… me encanta… ¿Podría fotografiarlo… por favor? Me pone barbaridad.

—Si te van esas cosas y no me sacas la cara en la foto, de acuerdo. Has pagado por el todo incluido y yo soy una puta legal.

Jim, con su iPhone, saca una foto al tapón anal del culo de la negra. Mira la foto. Por la falta de luz, ha salido bastante desenfocada, pero no encuentra tiempo para repeticiones. Excitadísimo, rabioso, le quita el tapón anal a la gordísima prostituta de color y se la mete. Cuando eyacula, enseguida, ella sale del coche, se marcha: sin despedirse ni mirar atrás.

Aún con la polla fuera de su pantalón y jadeando de placer, Jim recibe un wassap. Se lo mandan los alegres compañeros del proyecto Event Horizon Telescopio:

—¿Has desencriptado la foto ya? —preguntan, ansiosos— No vamos a regresar a casa hasta que nos la enseñes. ¡Doce años de trabajo, por Dios, Jim! ¿Por qué tardas tanto? ¡No te la quedes para ti solo, granuja! ¡Mándanosla! ¡Te estamos esperando con el corazónen la mano!

Es entonces cuando a Jim se le ocurre la idea. Desde su iPhone envía la fotografía desenfocada que acaba de sacar al tapón fosforescente anal de la mujer. Cuando, en el laboratorio de la NASA, reciben la foto todos gritan:

—¡Hurra! ¡Lo hemos conseguido!

Esa foto es la culminación a 12 años de trabajo. Celebran, dichosos, con gritos desenfrenados y champan el éxito más grande que tendrán en sus vidas de científicos. Sus vidas, valen la pena. Al día siguiente, orgullosos, todos los medios de comunicación reproducen la fotografía en la portadas de sus periódicos. Una foto que da la vuelta al mundo causando asombro y admiración en la población mundial. Una foto que enorgullece a la especie humana.

La foto enviada por Jim al Event Horizon Telescopio.

La foto enviada por Jim al Event Horizon Telescopio.

Y Jim, sonríe.

Ahora, no es el único tonto del universo.

Al día siguiente, a media tarde, tras beberse una botella entera de coñac y mientras fuma un porrillo de marihuana en el despacho de su casa y sin que lo nadie lo sepa, desencripta los verdaderos archivos en su iMac. Al ver el resultado, al ver por primera vez un agujero negro real, llora de emoción. La piel se le eriza. Es increíble. Gracias al milimétrico trabajo profesional de Event Horizon Telescopio, o gracias a cierto poder sobrenatural, el agujero negro se ve nítido, perfectamente claro y, en su interior, se distingue perfectamente un ojo humano de gran tamaño, mirando fijamente, a la vez, al objetivo de los ocho telescopios. Algo imposible que sólo podría hacer…

No puede ser otra cosa que el ojo de Dios.

El mismísimo ojo de Dios.

Dios eligió ese momento para mostrarse a los humanos por primera vez.

Jim sonríe. Selecciona la foto y los archivos encriptados. Los arrastra hasta la papelera de reciclaje de su iMac. Los elimina totalmente.

Para siempre.

—Jódete, maricón —dice Jim—. Esta vez, la verdad, sólo la sabré yo.

————

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¡ Y atención, mis lectores!

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Nota para mis lectores: el día 15 de abril envío a imprenta mi segunda novela infantil. Me encantaría me acompañaras en mi primera novela postdivorcio. Si deseas aparecer en la lista de mecenas, cómprala en preventa. Si deseas leer gratis las 44 prímas páginas, pincha aquí. Si tu nombre (o el de tus hijos) no aparece en la lista o no sale cómo deseas, escríbeme un email: ezcritor@gmail.com o un chat por mi Facebook personal. Gracias.

Así me van las cosas:
El otro día estuve en Madrid y me ligué a Batman. Y me batmanvioló.

El otro día estuve en Madrid y me ligué a Batman. Y me batmanvioló.

¡Amigos!

Siento muchísimo no estar actualizando como hasta hace poco pero ando terminando de escribir y de dibujar mi segunda novela infantil, que espero mandar a la imprenta el día 15 de este mes. ¡No puedo actualizar el blog y escribir el libro cada día! Y creo que ya toca que saque libro para volver a poner de pie, de verdad, esta pagina y mi vida.

También, este mes, escribí los primeros 25 minutos de una película de humor. Estaba leyendo la prensa tan tranquilito y, tras leer una noticia internacional curiosa, se me ocurrió una gran idea que me puse a escribir en el acto. Tres días después, mandé el primer borrador del guión (15 páginas) a un productor amigo, le gustó la idea y se la reenvió al actor que imaginé como protagonista. Estoy a la espera de la contestación. Ojalá salga bien en esta ocasión y termine de una vez esta crisis-penitencia-infernal económica en la que me metí yo solito. Ojalá comience de una vez mi carrera en el cine: sabéis que llevo años deseando meterme en ese mundo pero, sinceramente, nunca lo he peleado de verdad. He empezado muchos guiones que no he terminado o que he tirado a la basura, desilusionado, tras escuchar el primer “no”. Esta vez voy a pelear, no voy a dejar mis ideas flotando en el plano abstracto, voy a terminar ese guión, voy a moverlo aunque al principio reciba una colección de “noes”, porque de verdad que creo que la comedia que tengo entre manos es perfecta para el cine español.

Sea lo que sea que pase, Rafa el escritor, ha vuelto. Hasta me he tenido que comprar un corrector de lumbares para aguantar los maratones de escritura que vuelvo a meterme cada día. He perdido la costumbre de pasar sentado tanto tiempo. Son casi dos años sin dar ni golpe, viviendo de las rentas de mis libros y de la generosidad de algunos pocos pero grandes amigos. Ya sabéis que me costó un huevo reunir el valor necesario para divorciarme de quién, hasta la fecha, fue el gran amor de mi vida y, tras irme de casa, caí en un pozo de tristeza que me llevó a la ruina y al borde del suicidio. Sin exagerar. Perdí la confianza, dejé de creer en mí mismo como autor y, de paso, dejé de creer en la humanidad. Si hubiera tenido a mi alcance el botón rojo de las bombas nucleares del Pentágono, lo hubiera pulsado sin dudar.

Paso los días solo en casa: escribiendo y comiendo frutos secos.

Paso los días solo en casa: escribiendo y comiendo frutos secos.

Gracias a el Rey del Cosmos, todo eso ha quedado atrás. Si antes pasaba los días en la cama, como una víctima, ahora los paso escribiendo, como un genio. Poco a poco consigo volver a escribir humor, antes no me salía ni un puto chiste. Tengo tantas ideas para relatos, libros, películas, videos, que he de luchar con esas ideas, ponerlas en fila, prometerles que tendrán su oportunidad, decirles que esperen su turno porque si no, empiezo con todas pero no termino ninguna. Para mí, esa es la peor enfermedad para un autor: hacer mucho, no terminar nada. Una enfermedad que también he sufrido durante estos dos últimos años.

Mi plan literario para este año es:

1.-Día 15 de abril: mandar a la imprenta mi segunda novela infantil: “El fantasma que tiene… ¡una pierna viva!”

2.-Día 20 de junio: mandar a la imprenta “Doctor Mente”.

3.-Día 1 de julio: terminar el guión de la película de humor que se me ha ocurrido.

4.-Día 15 de noviembre: sacar un nuevo libro de Sigmundo: “Chocho World”. Tengo un huevo de ganas de escribirlo. Me han pasado un montón de cosas estos meses. Me arden los dedos de ganas por escribirlo ya pero, he de terminar primero “Doctor Mente” que los lectores de ese libro llevan mucho tiempo esperando por él.

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Sigo sin arrepentirme de haberme divorciado. Son más los días buenos que los malos. Ahora me siento protagonista de mi vida y no un esclavo. Pasar por el divorcio me ha fortalecido como persona y hecho vivir muchos momentos increíbles. ¡Recomiendo el divorcio a todo el mundo! Sin embargo, no voy a ocultar que echo muchísimo de menos a mi ex esposa y a mi ex gato. Me encantaría poder visitarlos de vez en cuando, charlar con ella, jugar con él, pero mi ex no lo desea. ¡Ni me contesta al teléfono! Me toca respetar. No quiero volver con ella: pero comprendedme. Estuvimos 8 años juntos, viéndonos las 24 horas del día. La siento como mi única familia, mi única amiga… y la he dejado, asunto que le habrá jodido por lo menos en un primer momento: me toca aguantarme. No puedo recibir todo lo que desee en la vida.

Por último: aquí os dejo el .jpg de los agradecimientos del libro de “El fantasma que tiene…¡una pierna viva!”. Ya sabéis que pinchando aquí podéis leer más de 40 páginas gratis y que pinchando aquí (y comprándolo en preventa) podéis salir en los “Agradecimientos” del libro. Vuestro nombre o el de vuestros hijos o sobrinos, lo que prefiráis. Si me he equivocado escribiéndolos o lo habéis comprado y no aparece vuestro nombre, tiradme de las orejas vía email (ezcritor@gmail.com) o por el chat de mi Facebook personal. Recordad que tenéis hasta el día 15 de abril para corregirme y convertiros en mecenas (o arderéis en el infierno de los subhumanos). Gracias, de corazón, por apoyar mi pasión, mi trabajo y mi estilo de vida:

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Por ahora son sólo 28 mecenas extraordinarios. Antes me apoyaban unos 200 por libro. Ojalá llegue a 100 en esta ocasión. Sería super bonito pero no sé si lo merezco por tantos años sin sacar nada, por haberos fallado tanto. Es más, estoy seguro que no voy a llegar. Misión imposible. Pero sea el número que sea, será bienvenido: he vuelto, estoy mejor que nunca, el nuevo libro infantil es increíble y eso es lo importante. Esta vez son sólo un puñado de mecenas-aliados. Algún día, serán cientos de miles.

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