El día que Dios se puso de nuestro lado
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Andaba por casa, creo que ordenando un armario. Allí fue la primera vez que escuché esa voz femenina, tan familiar aunque a la vez, desconocida por completo.

—“Hola. Sé que estás ahí. Ojalá me escuches. Ojalá llegues pronto a mi vida” —me dijo.

Me asusté. Estaba solo con mi perra frente a ese armario, en una habitación. Miré a mi perra: Anais, me devolvió la mirada, extrañada. No, por supuesto que ella no había sido quien me había hablado.

—“Por favor, ven a mi vida. Estoy harta de estar sin ti” —volvió a hablar la voz de mujer.

—¿Quién habla? —pregunté, asustado.

No contestó. Entendí que ella no me escuchaba.

Yo, sí.

Seguí escuchando su voz a lo largo de los días, mientras escribía este relato, sentado frente el ordenador, mientras abría un bote de café o me daba un baño caliente. La voz aparecía de pronto:

—“Estoy harta de estar con cualquiera. Te quiero a ti… ¿Existes?” —y luego callaba por horas o, incluso, días.

Me acostumbré.

Entendí que la voz pertenecía a una mujer que estaba sola. Una mujer que imploraba, que rezaba, que suplicaba por encontrar al amor de su vida. Pero yo no sabía quién era ella ni dónde estaba. ¿Y por qué tenía que escucharla yo? ¿Quizás la voz pertenecía a una vecina? Revisé las entradas de ventilación de mi casa. No. La voz no se colaba por allí. La voz la escuchaba junto a mi oído.

Posibles soluciones al enigma:

1.-Escucho una voz femenina porque finalmente, como predecían todos mis amigos, me he vuelto loco.

2.-La voz pertenece a un fantasma o a un diablo que vive en mi casa.

No.

No era ninguna de las dos cosas.

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Ella, a cambio, sentía mis manos. Mi polla.

Cuando harto de mi soledad, y por necesidad, me masturbaba en la cama de mi habitación, ella sentía como yo se la introducía.

A distancia. Mientras ella estaba en el baño, leyendo, frente su ordenador, trabajando, o abriendo un bote de café.

Y se corría a gusto.

De pronto, sin avisar, ella notaba mi polla entrando y saliendo de su coño. Le gustaba. Cerraba los ojos. Alentaba su cuerpo, a veces masturbándose a la vez que yo se la metía, otras simplemente mirando al techo con una sonrisa hasta que el orgasmo le invadiera.

—“¿Quién es el que me toca así? —pensaba (y yo la escuchaba)—. Quizás el amor de mi vida. Pero no sé quién eres ni dónde estás… ¿O eres un fantasma, un demonio o me estoy volviendo loca, tal como predecían todas mis amigas?”

No.

No era ninguna de las dos cosas.

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Así fueron pasando los días. Estamos solos, somos desconocidos. Yo aquí. Ella, no lo sé. Pero, cada día, ella me habla y yo, cada día le hago el amor.


4

Nos empezamos a ver. Un día, mientras me daba un baño caliente, la vi en el reflejo del agua de mi bañera. Fue la imagen de su rostro, como impresa en el agua, duró unos pocos segundos. Otra vez la vi, desnuda, en la bañera, de cuerpo entero, con los ojos cerrados.

Ella también se estaba bañando.

Era bellísima.

Otro día, fue ella quien me vio a mí por vez primera durante unos pocos segundos: mi rostro apareció en el reflejo de la cucharilla de su desayuno, cuando la agarró para revolver el azúcar de su café. Aparecí mirándola fijamente, durante unos segundos.

Nos sonreímos.

Empezamos a saludarnos: cada mañana, durante el desayuno, y a la hora del baño.

Entendimos que Dios nos estaba enseñando. Se las estaba ingeniando. Nos estaba presentando de esa forma tan curiosa. Dios, nunca supe por qué motivo, había decidido saltarse las leyes del raciocinio y de la lógica.

Por nosotros.

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Llegó el día. Encontré un sobre azul en el buzón de mi casa:

“Felicidades. Su poema “Mister gato” ha sido elegido. Usted ha ganado un viaje, con todos los gastos pagados, a Praga. Allí podrá asistir al famoso concierto de música clásica del Solsticio de Invierno. Atentamente, la dirección del concurso”

Sonreí.

Yo no he escrito un puto poema en mi vida.

Tengo dignidad.

Jamás he concursado en una competición de poemas.

Aquello era cosa de Dios.

Enseguida, sentí que a ella también le había llegado una invitación para el mismo concierto.

Que nos sentaríamos juntos.

Y así fue.

Cuando llegué, al concierto del Solsticio de Invierno, en Praga, allí, sentada en la butaca numerada, estaba la mujer que tantas veces había aparecido reflejada en el agua de mi bañera. Allí apareció el hombre que tantas veces vio reflejado en las cucharillas de sus desayunos.

—Mi hombre soñado —me dijo.

—Mi mujer soñada —le dije.

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Así fue como nos conocimos.

Llevamos 20 años juntos.

La verdad no se la podemos contar a nadie porque, nadie, absolutamente nadie, nos creería. Cuando nos preguntan, “cómo coño os conocistéis", siempre contamos la misma mentira:

—“Por Tinder”.


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Muchas gracias
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Hoy le he pedido ayuda a El Rey del Cosmos:

—Quiero volver a ser escritor. Ayúdame a volver a concentrarme.

Recuerdo por qué empecé a escribir. Deseaba que me quisieran. Escribí mi primer relato en 1996. Ganó un premio regional. La gente que me rodeaba empezó a mirarme de forma diferente. Me gustaba cómo me miraban. Una chica de mi instituto me hizo una mamada en el baño. Sólo por ganar el premio. Por ser especial. Esa fue mi primera mamada.

—Quizás, si me convierto en escritor encontraré a alguien que me quiera —me dije.

Me convertí en escritor. Conseguí muchas mamadas más. Hasta que me di cuenta que lo que yo perseguía de verdad era el amor.

En Asturias, en una bonita casa de campo, publiqué 8 novelas. Lo hice por amor. Para ayudar a mi compañera. Por luchar por una meta conjunta. Una meta que, finalmente, me di cuenta de que no existía. Que era una frase de mi cabeza. Nos enamoramos de los recuerdos, de las ilusiones, de las mentiras que nosotros mismos nos inventamos. Pero el amor no existe. Es una droga que termina desapareciendo del cuerpo. La gente sólo se ama a sí misma. Tienes que aceptar eso. Tengo que aceptarlo.

Y, ahora, no le encuentro sentido a mi vida. Ni a la escritura.

Sé que puedo escribir los libros más increíbles de la historia. Pero no creo que la humanidad los merezca ni me merezca.

Aún así, desde hace poco menos de dos meses, cada día he conseguido levantarme de la cama. Durante unas horas, he escrito. Unas pocas horas de luz en las que aún he tenido esperanzas de que mi plan, mi búsqueda, funcione. Tras casi 2 años sin fuerzas para publicar, por fin voy a volver a sacar un nuevo libro. Pequeñito. Infantil. Pero es un primer gran paso. (Además, el libro es fabuloso).

El día 15 de mayo me llega de la imprenta mi segunda novela infantil. La primera tras mi divorcio. Muchas gracias a las 35 personas que me ayudaron:

En el libro aparecerá esta página de agradecimientos, pero más bonita, de una forma especial.

En el libro aparecerá esta página de agradecimientos, pero más bonita, de una forma especial.

¿Qué es ser un hombre?
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Un hombre tiene que aguantar. Si no, no es un hombre. Enséñame tu corazón, ábretelo, muéstrame el dolor que soportas. Si tu corazón no está al rojo vivo, ardiendo y en tu rostro veo una mueca de llanto o de dolor: no eres un hombre. ¡Tienes que soportarlo todo! No eres digno de la familia que deseas tener. ¡Marica!

Te casaste con ella. Aguanta lo que venga. Soporta cada una de sus locuras. Ella es tu reina. Y calla. Si no, no eres un caballero. ¡¿Cómo no vas a querer ser un caballero?! ¡SER UN CABALLERO ES LO MÁXIMO!

A cambio tendrás un plato de sopa caliente… ¡Y todas sus facturas y excesos que pagar! ¡Eres afortunado! ¡No caerás en vergüenza delante de tus familiares, amigos y vecinos! Porque eso es a lo que se reduce ser un caballero según la gente envenenada: trabajar en lo que no te gusta para mantenerla, comer, cuidar a la prole inocente que tuviste con ella y callar. ¡Eres afortunado!

No es ese el hogar que deseo.

Un caballero, tal como yo imagino a los caballeros, no se queda ni busca un hogar así.

Un caballero es valiente, sale sin nada de su casa. Sin gritos. Con pena y con remordimientos por el desgraciado destino de la bruja que deja atrás, que ríe ante un cofre de monedas de oro sin saber que un día acabará. Desnudo. Le guía una estrella que realmente no existe. Escucha una voz que se inventa.

—Es la voz de un hada —se miente.

Y camina por la calle, buscando al hada, solo, pidiendo limosna. Come frutos secos y frutas que va robando por el campo. No tiene miedo. Y lo hace por su futura familia. Es ahí cuando empieza a amar a la familia que un día tratará de tener. A fortalecerse. Un día, mirará a los ojos de su verdadera mujer al verdadero amor de su vida, a los ojos de sus hijos y ellos verán, en la profundidad de su mirada, todo lo que sufrió. Pero también, toda la felicidad, que valió la pena. Porque al final, lo consiguió.

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Así es la vida de todo el mundo. Es una mierda la mayoría del tiempo. Pero nos lo ocultamos. Nos hemos convertido en especialistas en ocultar cómo de mierda es nuestra vida. Hay una zona especial en nuestro cerebro que se encarga de ocultarnos la verdad, día y noche. Trabaja muy, muy duro para que no nos suicidemos o para que no nos volvamos locos y salgamos desnudos a la calle: a gritar, robar, violar y a matar salvajemente con un hacha.

¿Tú no tienes la sensación de que vas a morirte pronto? ¿Que son tus últimos meses o días en la Tierra? Yo sí. No sé si es así como se forma el cáncer: a causa de todo por lo que he pasado estos años. Putada tras putada desde que nací, con algunos meses de vacaciones en oasis de felicidad que, siempre, siempre, se los ha terminado sepultando una ola que no supe predecir que venía.

Todas las mujeres que se han acercado a mí me han utilizado, torturado. Desde aquella que fingió haberse quedado embarazada de mí y hacerme sentir culpable por su aborto, pasando por aquella que acabó con todo mi dinero y tiempo durante años hasta que dejó de necesitarme y empezó a tratarme como una mierda o, la última, que me rompió el corazón y que me dejó por ser pobre y poca cosa ante los ojos de sus padres. Que me llamó “inestable” cuando quise defenderme ante sus padres. Sabiendo que sólo me fijo en las peores mujeres, no paro de buscarlas. No paro de buscar un amor que no existe y que sólo vi, de niño, en las imaginativas películas de Disney, cuando quizás, todo lo que tendría que hacer para ser feliz es correr en dirección contraria a las mujeres y de la humanidad en general. Cuando sintiera necesidad sexual (por culpa de las leyes de la naturaleza), acostarme con putas, y después dedicarme a hacer lo segundo que más me gusta de la vida: escribir novelas.

Y comer bien.

Y hacer deporte.

A veces pienso en cómo sería esa vida ideal que empezaría tras, por fin, asegurarme de que el amor no existe.

Me compraría una bonita casa en Asturias. En mitad de una montaña, sin vecinos a mi alrededor. Allí tendría un par de gatos, un par de perros y algunas gallinas. Montaría un gimnasio en la planta baja. Me compraría un buen televisor que tuviera Netflix.

La casa de mis sueños.

La casa de mis sueños.

Una vez a la semana bajaría a la ciudad. Me acostaría con una puta. Durante un par de horas.

Luego volvería a mi bonita casa: a escribir y a cuidar de mis animales y de mi cuerpo.

Un amigo me dice que el día que me acueste por primera vez con una puta, veré por primera vez a una mujer sin careta. Me dice que eso es lo que son todas. Hay que pagarlas por tener sexo, siempre. A las putas oficiales con dinero por hora. A las putas no oficiales, con tu vida y con tu salud mental.

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Aún así, sigo sin haberme ido de putas nunca, tratando de ser un buen chico. Un caballero. Un gilipollas. Encontrar a una mujer que me dé la mano y en quién pueda confiar. Cada vez me cuesta más confiar. Elijo mal. Lo sé. Ahora me fijo en alguien y pienso:

—Esta también me la va a jugar.

La chica de Francia. Tiene 30 años. La semana pasada me invitó a Madrid. Todos los gastos pagados. Ella sabe que estoy en la ruina. Aún así le importa un pito. Me quiere a toda costa. ¿Es amor verdadero o un plan elaborado para volver a dejarme sin huevos, triste, moribundo, desnudo, escuchando voces de hadas que no existen?

—Rafa, ella no te rechaza por tu mala racha económica que estas pasando —me digo— A ella no le importa el dinero. Dice que sólo le importas tú. Le encanta estar entre tus brazos, pasear a tu lado.

A veces, pienso que estar tan de mal de pasta es una oportunidad. Es genial que una mujer se me acerque ahora. Eso significa que no todo está perdido. Que todas no son unas putas interesadas, como dice mi amigo. Sueño con conocer al amor de mi vida en este momento. Porque sé de sobra que, tarde o temprano voy a resurgir. Siempre lo he hecho aunque ahora me esté costando demasiado. Y cuando vuelva a estar bien de dinero, esa chica que conocí estando en la ruina, no resultará sospechosa para mí.

La chica de Francia no me necesita para nada. Es más: sólo le doy problemas, soy una carga económica para ella. Además de pagarme este viaje, hace dos meses, me envió 200 euros para que pudiera terminar de afrontar mis gastos. Llevo casi dos años (los mismos que llevo sin publicar) sin poder vivir al 100% de mis libros. Así que ella podría ser el amor de mi vida… la putada: que no la amo. Nada. Me cae de puta madre, es una chica genial. Desea tener un hijo conmigo ¿Hay mayor cumplido para un hombre que ese? Pero la chispa del amor no se enciende.

¿Quizás por mi culpa? ¿Por todos los golpes que me han dado las mujeres? ¿Estoy tan asustado que no quiero volver a amar a nadie? ¿O quizás no siento nada de amor por ella porque es demasiado joven para mí? 15 años es una gran diferencia. De mentalidad, de madurez.

Si accediera a ser su novio, sentiría que estoy ocultándole algo. Sé cosas de la vida que ella no sabe. No son secretos, cualquier persona que tiene más de 40 años las sabe, las aprende inconscientemente. Lo bonito es que ella descubra esas cosas, esas mierdas de la vida, de forma inocente, con alguien de su edad. No con alguien que conoce esas mierdas y se las calla, las disimula. De eso se trata la vida. De descubrir las mierdas juntos. De querer morirse. Si estuviera con ella, como pareja, estaría sintiendo que hago trampa. A mí me han quitado mucha vida las mujeres, y me quejo. Lo que no voy a hacer es quitarle yo, vida a nadie. Ni dinero. No me va la venganza.

No me apetece ir a Madrid a verla. Sé que no tenemos futuro. Que ella debe ahorrar para un viaje que tiene que hacer a Argentina. Pero me insiste mucho. Y yo estoy tan solo. Me lo paga todo. Si antes de divorciarme, mi perra Anais se hubiera erguido sobre sus dos patas y me hubiera dicho que una chica como la de Francia me pagaría un viaje a Madrid para que me la follara durante dos noches, y que desea, con todo su corazón, que fuéramos novios, no me habría costado nada separarme. Ahora, que lo tengo: no lo quiero.

Quiero amor.

Eso que no existe.

Quiero amar.

Sentir esa ilusión es lo más bestial y lo mejor del mundo.

Acostarse con alguien, temblando de la emoción.

Mirarse a los ojos, durante horas. Sin querer hacer nada más.

Soñar juntos: imaginar que nos casamos, que vivimos en un bonito lugar, que nos comprendemos y nos apoyamos. Que reímos y, por qué no, que tenemos una hijita, quizás.

Que sabemos que tenemos nuestros errores, nuestras malas costumbres, que no somos perfectos: pero en la balanza pesan más las cosas buenas que las malas.

En la vida real: nunca nos fallamos.

Tengo que intentarlo.

Tengo que ser ese caballero, ventrílocuo, que dice escuchar una voz de hada que él mismo emite.

Vale más, vivir en el camino, sin nada, pero buscando, que en una casa donde todo se acabó.

Así que voy a Madrid y la recojo en el aeropuerto.

Está guapísima.

Ha venido con una chupa de cuero y unos vaqueros que le quedan muy bien.

Ella sabe que tiene un buen culo, lo explota.

Salimos del aeropuerto, paseamos por Madrid. Bebemos, me invita a cenar, se mete con mi corte de pelo, me dice que me queda fatal. Pero yo sé que me lo dice porque nota que estoy por encima de ella: ya sabéis: el que ama, siempre está por debajo, el que no ama, se la suda todo.

Y así estoy yo: me la suda todo.

Enseguida sé que es mala idea haber venido.

Que he de dejarle ir, volar.

Hacer sus cosas.

Que el amor no existe.

En el hotel se desnuda, hace posturitas. Me invita a grabarla en vídeo, sabe que eso me excita mucho.

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A mí se me baja.

Es que no quiero utilizarla.

Correrme dentro de ella sabiendo que no voy a darle lo que quiere.

Yo ya sé que lo nuestro no puede ser.

Que estoy roto.

He perdido la confianza: en mí y en el amor de las mujeres.

Mejor que esté solo.

Que escriba. Eso me gusta mucho hacerlo, todavía.

Siento que voy a morir.

O, quizás, lo único que siento es que me estoy muriendo.

Como todos.

Deja un comentario si quieres.

 

¡¡ÚLTIMO DÍA!!

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Nota para mis lectores: el día 15 de abril (mañana) envío por email a imprenta mi segunda novela infantil. Me encantaría me acompañaras en mi primera novela postdivorcio. Si deseas aparecer en la lista de mecenas, cómprala en preventa. Si deseas leer gratis las 44 prímas páginas, pincha aquí. Si tu nombre (o el de tus hijos) no aparece en la lista o no sale cómo deseas, escríbeme un email: ezcritor@gmail.com o un chat por mi Facebook personal. Gracias.

La espantosa verdad sobre la foto del agujero negro
Jim P. G. Melinnsky

Jim P. G. Melinnsky

Jim P. G. Melinnsky, se despierta al escuchar el vibrador de su iPhone. Son las 3 de la madrugada. Se incorpora de su lado de la cama y dirige rápidamente su mirada a quien duerme a su lado: Barbara Wallace, su amada esposa durante más de 30 años. Ella descansa plácidamente: no ha escuchado, no le ha despertado el vibrador de la llamada telefónica. Sigue borracha. Jim, toma su iPhone, sale del dormitorio matrimonial y responde, mientras baja los escalones que conducen a la planta baja de su elegante casa familiar en Houston:

—¿Sí?

—¡Por fin! ¡Los tenemos, señor! —dice una voz, que no hace ningún esfuerzo por disimular su emoción, al otro lado del teléfono—. Los 8 archivos, de los 8 radiotelescopios, acaban de llegar encriptados.

—Bien —responde Jim P. G. Melinnsky sin emoción alguna—. Mándamelo a mi email y me encargaré de desencriptar los archivos que originarán la foto.

—Ya tiene allí los archivos, señor.

—Ok. Dentro de un rato os mando la foto resultante.

—¿En un rato? Señor… ¿no podría…

Jim cuelga el teléfono. No quiere prisas ni mentir. Sabe que, en el laboratorio, están ansiosos por ver, tras doce años de trabajo, errores y expectaciones, la foto de un agujero negro… ¡por primera vez en la historia de la humanidad! Jim P. G. Melinnsky es el líder del Event Horizon Telescopio, proyecto capitaneado por la NASA en el que, por medio de ocho radiotelescopios, a través de la interferometría, han conseguido obtener los datos necesarios para lograr fotografiar un agujero negro. Hasta hoy, nunca existió la tecnología necesaria para poder ser fotografiado. Jim dispone, por fin, ahora mismo, de todos los datos necesarios, esperándole en el iMac de su despacho. No tiene que hacer más que unos cuantos clics para que los archivos se desencripten y los datos finales de los 8 telescopios se unan gracias a un sofisticado software de inteligencia artificial que les ha llevado una década crear para así poder mostrar al mundo la fotografía jamás vista.

Pero Jim ha perdido la ilusión.

Por los agujeros negros y por todo.

Hace un rato, se enteró de que su esposa, Barbara Wallace, ejerció la prostitución en su juventud. Y que él no es el verdadero padre de William, un respetado abogado en la actualidad, el único hijo que se supone han tenido juntos. El pequeño William… la razón por la que Jim se casó con Margaret, al hacerle creer ella que se había quedado embarazada de él. La propia Margaret se lo confesó hace unas horas, sólo Dios sabe presa de a qué repentinos remordimientos, durante la cena, tras beberse dos botellas de vino.

—Toda mi vida ha sido una mentira —no para de repetirse Jim desde entonces.

Jim baja al garaje, se monta en su elegante y caro automóvil familiar. Conduce hacia Chinatown, al suroeste de Houston. Elige para aparcar un lugar de la calle en el que las farolas no funcionan. No quiere que nadie lo descubra allí. Durante casi una hora mira a las putas hacer su trabajo. Piensa en su mujer. Ella, en algún momento de su vida, trabajó así, se comportó así: como ellas.

Se horroriza y se excita. A la vez.

—Y yo, jamás —se recrimina— me he ido de putas. Jamás. Tratando de ser un buen chico. Tratando de no aprovecharme sexualmente de nadie por su necesidades económicas o por sus problemas mentales. He pasado toda mi vida sin entregarme a esos placeres sin saber que, en la realidad, estaba con una de ellas. Sin enterarme de la mitad de la película. Toda mi vida ha sido una mentira… ¡Se acabó eso de ser bueno! ¡A partir de ahora voy a vivir en el desenfreno! ¡En el infierno!

Arranca su coche familiar, lo conduce hasta situarlo al lado de una prostituta de color. Gorda. Muy gorda.

—¿Por cuánto?

—Por 100 dólares te hago todo lo que quieras, guapo.

—¿Todo?

—Todo menos que me rajes el cuello.

—Quiero sexo anal. Jamás lo tuve en mi vida. Por respetar a mi esposa.

—A mí no hace falta que me respetes, viejito simpático.

La prostituta sube al coche y le hace indicaciones para llegar a un solar próximo, oscuro. Una vez allí, la prostituta se pone de rodillas en el asiento del copiloto, asoma la cabeza por la ventanilla a la vez que se sube la falda. Entonces, Jim lo ve. El agujero de su culo está cubierto por un aro luminoso, rojo, fosforescente:

—¿Qué es eso que tienes metido ahí?

—¿Nunca has visto uno?

—No. No sé nada de la vida. Es la primera vez que contrato los servicios de una profesional.

—Es un “butt plug”, un tapón anal —responde la prostituta—. Me lo dejo puesto dentro para tener el agujero del culo bien abierto por si lo necesita un cliente…

—¿Por qué es rojo, fosforescente?

—Lo elegí en Amazon… ¿No te gusta?

—Al contrario… me encanta… ¿Podría fotografiarlo… por favor? Me pone barbaridad.

—Si te van esas cosas y no me sacas la cara en la foto, de acuerdo. Has pagado por el todo incluido y yo soy una puta legal.

Jim, con su iPhone, saca una foto al tapón anal del culo de la negra. Mira la foto. Por la falta de luz, ha salido bastante desenfocada, pero no encuentra tiempo para repeticiones. Excitadísimo, rabioso, le quita el tapón anal a la gordísima prostituta de color y se la mete. Cuando eyacula, enseguida, ella sale del coche, se marcha: sin despedirse ni mirar atrás.

Aún con la polla fuera de su pantalón y jadeando de placer, Jim recibe un wassap. Se lo mandan los alegres compañeros del proyecto Event Horizon Telescopio:

—¿Has desencriptado la foto ya? —preguntan, ansiosos— No vamos a regresar a casa hasta que nos la enseñes. ¡Doce años de trabajo, por Dios, Jim! ¿Por qué tardas tanto? ¡No te la quedes para ti solo, granuja! ¡Mándanosla! ¡Te estamos esperando con el corazónen la mano!

Es entonces cuando a Jim se le ocurre la idea. Desde su iPhone envía la fotografía desenfocada que acaba de sacar al tapón fosforescente anal de la mujer. Cuando, en el laboratorio de la NASA, reciben la foto todos gritan:

—¡Hurra! ¡Lo hemos conseguido!

Esa foto es la culminación a 12 años de trabajo. Celebran, dichosos, con gritos desenfrenados y champan el éxito más grande que tendrán en sus vidas de científicos. Sus vidas, valen la pena. Al día siguiente, orgullosos, todos los medios de comunicación reproducen la fotografía en la portadas de sus periódicos. Una foto que da la vuelta al mundo causando asombro y admiración en la población mundial. Una foto que enorgullece a la especie humana.

La foto enviada por Jim al Event Horizon Telescopio.

La foto enviada por Jim al Event Horizon Telescopio.

Y Jim, sonríe.

Ahora, no es el único tonto del universo.

Al día siguiente, a media tarde, tras beberse una botella entera de coñac y mientras fuma un porrillo de marihuana en el despacho de su casa y sin que lo nadie lo sepa, desencripta los verdaderos archivos en su iMac. Al ver el resultado, al ver por primera vez un agujero negro real, llora de emoción. La piel se le eriza. Es increíble. Gracias al milimétrico trabajo profesional de Event Horizon Telescopio, o gracias a cierto poder sobrenatural, el agujero negro se ve nítido, perfectamente claro y, en su interior, se distingue perfectamente un ojo humano de gran tamaño, mirando fijamente, a la vez, al objetivo de los ocho telescopios. Algo imposible que sólo podría hacer…

No puede ser otra cosa que el ojo de Dios.

El mismísimo ojo de Dios.

Dios eligió ese momento para mostrarse a los humanos por primera vez.

Jim sonríe. Selecciona la foto y los archivos encriptados. Los arrastra hasta la papelera de reciclaje de su iMac. Los elimina totalmente.

Para siempre.

—Jódete, maricón —dice Jim—. Esta vez, la verdad, sólo la sabré yo.

————

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¡ Y atención, mis lectores!

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Nota para mis lectores: el día 15 de abril envío a imprenta mi segunda novela infantil. Me encantaría me acompañaras en mi primera novela postdivorcio. Si deseas aparecer en la lista de mecenas, cómprala en preventa. Si deseas leer gratis las 44 prímas páginas, pincha aquí. Si tu nombre (o el de tus hijos) no aparece en la lista o no sale cómo deseas, escríbeme un email: ezcritor@gmail.com o un chat por mi Facebook personal. Gracias.

Así me van las cosas:
El otro día estuve en Madrid y me ligué a Batman. Y me batmanvioló.

El otro día estuve en Madrid y me ligué a Batman. Y me batmanvioló.

¡Amigos!

Siento muchísimo no estar actualizando como hasta hace poco pero ando terminando de escribir y de dibujar mi segunda novela infantil, que espero mandar a la imprenta el día 15 de este mes. ¡No puedo actualizar el blog y escribir el libro cada día! Y creo que ya toca que saque libro para volver a poner de pie, de verdad, esta pagina y mi vida.

También, este mes, escribí los primeros 25 minutos de una película de humor. Estaba leyendo la prensa tan tranquilito y, tras leer una noticia internacional curiosa, se me ocurrió una gran idea que me puse a escribir en el acto. Tres días después, mandé el primer borrador del guión (15 páginas) a un productor amigo, le gustó la idea y se la reenvió al actor que imaginé como protagonista. Estoy a la espera de la contestación. Ojalá salga bien en esta ocasión y termine de una vez esta crisis-penitencia-infernal económica en la que me metí yo solito. Ojalá comience de una vez mi carrera en el cine: sabéis que llevo años deseando meterme en ese mundo pero, sinceramente, nunca lo he peleado de verdad. He empezado muchos guiones que no he terminado o que he tirado a la basura, desilusionado, tras escuchar el primer “no”. Esta vez voy a pelear, no voy a dejar mis ideas flotando en el plano abstracto, voy a terminar ese guión, voy a moverlo aunque al principio reciba una colección de “noes”, porque de verdad que creo que la comedia que tengo entre manos es perfecta para el cine español.

Sea lo que sea que pase, Rafa el escritor, ha vuelto. Hasta me he tenido que comprar un corrector de lumbares para aguantar los maratones de escritura que vuelvo a meterme cada día. He perdido la costumbre de pasar sentado tanto tiempo. Son casi dos años sin dar ni golpe, viviendo de las rentas de mis libros y de la generosidad de algunos pocos pero grandes amigos. Ya sabéis que me costó un huevo reunir el valor necesario para divorciarme de quién, hasta la fecha, fue el gran amor de mi vida y, tras irme de casa, caí en un pozo de tristeza que me llevó a la ruina y al borde del suicidio. Sin exagerar. Perdí la confianza, dejé de creer en mí mismo como autor y, de paso, dejé de creer en la humanidad. Si hubiera tenido a mi alcance el botón rojo de las bombas nucleares del Pentágono, lo hubiera pulsado sin dudar.

Paso los días solo en casa: escribiendo y comiendo frutos secos.

Paso los días solo en casa: escribiendo y comiendo frutos secos.

Gracias a el Rey del Cosmos, todo eso ha quedado atrás. Si antes pasaba los días en la cama, como una víctima, ahora los paso escribiendo, como un genio. Poco a poco consigo volver a escribir humor, antes no me salía ni un puto chiste. Tengo tantas ideas para relatos, libros, películas, videos, que he de luchar con esas ideas, ponerlas en fila, prometerles que tendrán su oportunidad, decirles que esperen su turno porque si no, empiezo con todas pero no termino ninguna. Para mí, esa es la peor enfermedad para un autor: hacer mucho, no terminar nada. Una enfermedad que también he sufrido durante estos dos últimos años.

Mi plan literario para este año es:

1.-Día 15 de abril: mandar a la imprenta mi segunda novela infantil: “El fantasma que tiene… ¡una pierna viva!”

2.-Día 20 de junio: mandar a la imprenta “Doctor Mente”.

3.-Día 1 de julio: terminar el guión de la película de humor que se me ha ocurrido.

4.-Día 15 de noviembre: sacar un nuevo libro de Sigmundo: “Chocho World”. Tengo un huevo de ganas de escribirlo. Me han pasado un montón de cosas estos meses. Me arden los dedos de ganas por escribirlo ya pero, he de terminar primero “Doctor Mente” que los lectores de ese libro llevan mucho tiempo esperando por él.

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Sigo sin arrepentirme de haberme divorciado. Son más los días buenos que los malos. Ahora me siento protagonista de mi vida y no un esclavo. Pasar por el divorcio me ha fortalecido como persona y hecho vivir muchos momentos increíbles. ¡Recomiendo el divorcio a todo el mundo! Sin embargo, no voy a ocultar que echo muchísimo de menos a mi ex esposa y a mi ex gato. Me encantaría poder visitarlos de vez en cuando, charlar con ella, jugar con él, pero mi ex no lo desea. ¡Ni me contesta al teléfono! Me toca respetar. No quiero volver con ella: pero comprendedme. Estuvimos 8 años juntos, viéndonos las 24 horas del día. La siento como mi única familia, mi única amiga… y la he dejado, asunto que le habrá jodido por lo menos en un primer momento: me toca aguantarme. No puedo recibir todo lo que desee en la vida.

Por último: aquí os dejo el .jpg de los agradecimientos del libro de “El fantasma que tiene…¡una pierna viva!”. Ya sabéis que pinchando aquí podéis leer más de 40 páginas gratis y que pinchando aquí (y comprándolo en preventa) podéis salir en los “Agradecimientos” del libro. Vuestro nombre o el de vuestros hijos o sobrinos, lo que prefiráis. Si me he equivocado escribiéndolos o lo habéis comprado y no aparece vuestro nombre, tiradme de las orejas vía email (ezcritor@gmail.com) o por el chat de mi Facebook personal. Recordad que tenéis hasta el día 15 de abril para corregirme y convertiros en mecenas (o arderéis en el infierno de los subhumanos). Gracias, de corazón, por apoyar mi pasión, mi trabajo y mi estilo de vida:

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Por ahora son sólo 28 mecenas extraordinarios. Antes me apoyaban unos 200 por libro. Ojalá llegue a 100 en esta ocasión. Sería super bonito pero no sé si lo merezco por tantos años sin sacar nada, por haberos fallado tanto. Es más, estoy seguro que no voy a llegar. Misión imposible. Pero sea el número que sea, será bienvenido: he vuelto, estoy mejor que nunca, el nuevo libro infantil es increíble y eso es lo importante. Esta vez son sólo un puñado de mecenas-aliados. Algún día, serán cientos de miles.

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Hablar con un tío no me suele entretener.
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Se está haciendo de día mientras escribo esto.

Acabo de desayunar, estoy feliz. Ahora voy a escribir este post que estás leyendo, luego voy a dar un paseo a Anais y por fin, me voy a zambullir en el mundo que estoy creando.

Es lo que me faltaba en la vida para volver a sonreír del todo. Escribir da sentido a mi existencia. Permite que me mire al espejo, sin sentir vergüenza por existir. Creo que por eso estaba tan triste. Me había convertido en “nada” y estaba buscando a alguien, una mujer, que me ayudara a volver a ser lo que soy/fui. No encontré a nadie que me ayudara como sí que yo he ayudado de forma desinteresada, dos veces, en mi vida a alguien a levantarse y realizarse (al argentino de los “Diarios Secretos” y a mi ex esposa). Pero es normal que no encontrara a nadie como yo en el pasado, porque yo soy la leche, un héroe. Irrepetible.

Llevo ya casi un mes escribiendo mi nueva novela infantil. Me levanto de la cama entusiasmado, con una sonrisa. Me sienta bien crear ese mundo. He dejado de ir al gimnasio. En el mes que llevo escribiendo, he engordado unos dos kilos y medio. No me importa. Lo único que me apetece ahora es escribir/crear. Y esa es otra de las reglas que tenía olvidadas, y que me hacían infeliz: hacer lo que me dé la gana cada día. Si hago trabajos de subhumano, el Cosmos me castiga y me hace mediocre. Si creo en mí, el Cosmos me envía regalos increíbles. También he dejado de “desear” lo que no tengo y disfrutar de lo que sí.

He sacado el amor de la ecuación de mi vida. Ya no lo busco aunque sigo creyendo en él. Pensé que era lo que necesitaba para empezar a reconstruirme, pero estaba equivocado. Lo que necesitaba era escribir y creer en mí. A veces, pienso que eso del matrimonio, o tener pareja es un cuento de la antigüedad que nos seguimos creyendo como párvulos en la actualidad. Lo pienso cuando, cada día, tengo cero responsabilidades: ni hijos, ni pareja absorbente, ni trabajo al que no me guste ir. Pero luego, recuerdo, los años maravillosos de los que estuve casado o, hace poco, los buenos momentos que pasé con mi última novia y pienso que sí: que estar en pareja es lo ideal, lo malo es que no vale cualquiera: que conectar con cualquiera en ese plano, para que valga la pena tantos sacrificios, es muy, muy complicado.

Aún así trato de quedar con alguien, una vez a la semana. Tomar un café.

Una mujer, principalmente.

Hablar con un tío no me suele entretener. Los conozco a todos. Sé lo que van a decir incluso antes de que abran la boca.

Una mujer, sí que me entretiene. Son rompecabezas.

Me gusta mirarlas, me gusta intuir lo que tienen dentro de la cabeza. Me gusta ver de qué van, como se contradicen, qué es lo que desean.

Y, luego, está la tensión sexual en el ambiente. Es agradable sentirla.

Aunque no follo con ninguna porque a mí sólo me gusta follar sin condón y eso no puede hacerse con cualquiera, hasta que pasa mucho tiempo, se ve que no hay peligro y hay confianza.

No suelo quedar con la misma chica más de dos veces porque todas me parecen vacías: aprisionadas por el sistema, súbditas subhumanas de la hipocresía. No quiero reproducir un ser vivo con ellas. Sería una pesadilla. Me tendría que meter dentro del sistema que tanto critico.

Con esto no quiero decir que yo sea un antisitema. Pago mis impuestos y creo en los bancos. En lo que no quiero entrar es en el sistema de la “muerte del ser humano”. Convertirme en uno de esos zombies que van al trabajo cada mañana y luego, cuando salen, regresan a un hogar que también los anula.

No he encontrado a ninguna mujer que valga la pena.

Aunque sé que la encontraré y que, de aquí a 4 años, volveré a casarme con una mujer espectacular en todos los sentidos.

La veo.

De dinero, cada día estoy un poquito mejor. A medida que siga escribiendo y publicando, mejor estaré. Aún así, todavía estoy muy, muy justo: aunque no en situación precaria. No me puedo dar ni un gustito, sigo contando euros. Lo peor que llevo es que, para comer sano (y rico), hace falta más dinero que para comer “guarro”. Pero sé que a medida que siga escribiendo, volveré a llegar al cómodo lugar que estaba antes de divorciarme. Ya no me doy plazos ni me hago ilusiones. Cada día escribo y punto. Eso es todo lo que tengo que hacer para salir de mi crisis económica. Perder tiempo planeando, preocupándome, me restaba energía, es inservible pues luego, la vida, hace lo que le da la puta gana. Mi única carta, es crear cada día. Pelear con el teclado. Escribir mis 5 páginas diarias, como mínimo. Y, gracias a el Rey del Cosmos, mi cabeza vuelve a funcionar: mi imaginación está mejor que nunca. Ayer por la mañana, por ejemplo, se me ocurrió una idea para una novela absolutamente increíble. Tan buena es la idea, que estuve toda la mañana flotando por mi casa, llegué hasta el techo. Cuando tocaron el timbre de mi casa, no pude bajar hasta la manilla de la puerta, para abrirla. Me llamaban por teléfono, y tampoco podía bajar del techo hasta la cama, para responder. La escribiré después de “Doctor Mente”. Se titula (provisionalmente): “Un hombre blanco cualquiera”. Y va sobre un ginecólogo que descubre la magia de la vida. Tengo en mente cuatro novelas para este año. Es un reto complicadísimo cumplirlo. No prometo que lo consiga (aunque dos de ellas, son de sólo 150 páginas, asunto que me resuelvo en 2 meses, pues soy una máquina de escribir). Pero si sigo encerrado en casa, escribiendo, tan concentrado como ahora, 10 horas diarias, puede ser que ocurra el milagro. Sería la leche para mí. Cuantas más novelas increíbles tenga, más oportunidades tengo de conseguir el best sellar que estoy predestinado a escribir. Esa novela que será eterna.

Ya lo veréis, es inevitable. Pasará cuando menos lo esperemos.

Y vuestro nombre, aparecerá dentro. Espero. Si no sois unos subhumanos egocéntricos y aún tenéis algo de olfato para apreciar la magia de la vida.

Por lo pronto, mi segunda novela infantil: “El fantasma… ¡con una pierna viva!” se va a imprenta el día 15 de abril. Si te apetece leer el adelanto gratuito de 44 páginas, pinchas aquí. Si te apetece convertirte en mecenas de la novela y que tu nombre, o el de tu hijo o sobrino, aparezca en los agradecimientos, pincha aquí y cómprala en preventa. Si ya la compraste y quieres ver si el nombre que me diste aparece correctamente dentro de la novela, chequea la imagen que aparece a continuación. Si no aparece el o tu nombre tal como deseas, escríbeme un email a ezcritor@gmail.com o chatéame por mi Facebook. Muchas gracias.

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Lo único que no entiendo de las reivindicaciones feministas
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Entro en la web de blablacar. Viajo a menudo por ahí, lo prefiero al bus o al tren: más cómodo, más barato y de paso hablo con alguien con quien no hubiera hablado nunca. Así puedo volver a hablar con alguien de mi tristeza, de la que no me canso de hablar como un pesado. Pillo un blablacar que me lleve de Valencia al pueblo en el que vivo actualmente, Requena. Llego al punto de recogida: una gasolinera, con 10 minutos de antelación. Son las 19:20.

Espero.

Espero.

Espero.

Es la primera vez que un blablacar me falla. Llamo por teléfono al conductor:

—Sí. Estoy cerca. En 10 minutos llego —me dice.

Pasan los 10 minutos. Espero que pasen 20 para hacer la segunda llamada. No me gusta ser exigente ni que lo sean conmigo. Relax en la vida para todos. Le llamo:

—Cuando puse en Blablacar que pasaría por ahí a las 19:30 me refería a una hora aproximada—contesta, hablando en mal tono—. Estoy cerca.

Y cuelga.

Me enfado. Pero ya no tengo opciones para regresar a mi pueblo que no sea ese blablacar. Al último bus no llego. Quizás haya un AVE, pero tendría que pagar unos 20 pavos y caminar una hora. En Taxi, me sacan 90 euros. Así que me lo tomo con filosofía, espero.

A las 20:15 vuelvo a llamar. Ahora mi tono de voz no es tranquilo. El conductor, me dice que me promete que llegará dentro de 15 minutos.

Aparece a las 21:00 horas. Suena mi teléfono.

—Estoy aquí —me recrimina— ¿Dónde estás que no te veo?

—Yo también estoy aquí. No le veo.

—Es un coche rojo. Voy a poner los intermitentes.

Miro. No lo veo. No llevo las gafas puestas. Ni las lentillas. Me cago: o se ha equivocado de gasolinera o aún no está y quiere seguir toreándome o yo no lo veo.

—¿Puedes salir del coche? —pido—. ¡No te veo!

—¿Salir? Hace frío.

—Ya. Y yo llevo una hora con este frío esperándote. ¡Oh! ¡Ya veo tu coche!

Es un coche del año 90. Rojo. Un Fiat con los intermitentes encendidos.

—Siento haberme retrasado 30 minutos —me dice el muy cabrón con una sonrisa.

No le replico ni mú. Es un tipo de casi 2 metros y de unos 150 kilos de peso. Su puño es del tamaño de mi cabeza. Lleva el cabello largo. Tendrá unos 50 años. Es andaluz o gitano.

—“Ya me vengaré de ti en la valoración de blablacar” —planeo cobardemente en mis pensamientos mientras me siento en el asiento del copiloto—. “Te daré la peor nota posible y contaré todo lo que me hiciste esperar. Ahora lo que me interesa es regresar de una puta vez a mi pueblo”.

El tipo arranca su coche. Se supone que tiene que ir a mi pueblo directamente, pero empieza a meterse por calles cada vez menos concurridas y oscuras. Pongo el gps de mi móvil. Compruebo que sí: está conduciendo en dirección contraria a mi pueblo.

—Vas mal, ¿eh? —le digo asustado.

—Que no, hombre. Soy conductor profesional. Sé lo que me hago.

Pienso: no debería de haberme subido a un coche de un tipo que no conozco por la noche. ¿Qué hago? Decido bajarme la próxima vez que el coche se detenga en un semáforo. Lo hace. Miro. Estoy en mitad de la nada. Aparecen dos tipos. Tienen una pinta terrible. No son más altos que yo, ni más corpulentos. Pero como saquen una navaja me cago. Abren el coche. Se sientan en los asientos de atrás. También son gitanos o andaluces.

—Hola, José Alberto —le dicen.

—¿Cómo estás, quillo?

Hago recuento. En la mochila llevo mi tablet Pro. La necesito para terminar de dibujar la novela infantil con la que estoy tratando de desatascar y reanudar mi carrera de escritor. En la cartera no llevo más de 7 euros. ¿Qué más de valor tengo? Mi culo. El agujero de mi culo. Pueden violarme. No debería de haber adelgazado tanto ni muscularme en el gimnasio. Bajé a Valencia para cortarme el cabello. Me he puesto guapísimo para ellos, incluso me puse colonia. Ahora la virginidad del agujero de mi culo es un valor añadido a las cosas que me pueden quitar. Me veo en un descampado, haciéndole mamadas a todos para que me dejen vivir. Luego, para tapar su vergüenza por ser gitanos maricones, me matarán. Pienso en las feministas. Pienso en ese adorable y achuchable señor que salió fotografiado en todos los medios de comunicación, en la última manifestación del día de la mujer:

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Si ese señor se mete en los garitos a los que van sus hijas por la noche (con un buen reloj, una buena cartera)… ¿podría regresar a casa caminando tranquilamente? ¿Por qué cree que la maldad humana puede arreglarse con el feminismo? Le entendería si el mensaje de ese cartel fuera dirigido a Dios. Quizas, si existe, podría resolver algo. Si yo voy caminando por un barrio chungo a las tantas de la madrugada, puede pasarme algo horrible. Da igual que no sea mujer. Es cierto que hay muchísimos más casos de mujeres violadas que de hombres violados. Pero en las manifestaciones lo que las feministas reivindican es que las mujeres puedan caminar a cualquier hora por cualquier sitio y no les ocurra nada. Eso es imposible: tanto si eres hombre como si eres mujer. Esta reivindicación es la única cosa que no entiendo del movimiento feminista actual: movimiento que aplaudo y que veo supernecesario. ¿Se acaba con la maldad humana con la educación? Por mucho que le razones o le repitas a una persona malvada: no hagas el mal, va a terminar haciéndolo.

—“Si salgo con vida de esta —pienso— escribiré un post en mi blog sacando el tema para ver si alguna feminista me lo explica”.

Los gitanos (o andaluces) comienzan a hablar conmigo:

—¿Y a dónde vás?

—A Requena.

—Pero tú no eres de aquí, eres sudamericano.

—No. Soy canario. Tenemos una forma de hablar parecida a la de los caribeños. Hace siglos, los puertos del archipiélago canario eran escala obligada para las expediciones que iban a la conquista a América. Eso provocó que muchos canarios fueran y vinieran. Después, a partir de 1860, se dio un aumento importante de la migración canaria a Cuba y a Venezuela. Así que por eso tenemos más acento de allá que de acá.

—No diferencio tu acento al de un colombiano.

—Normal. Yo no diferencio el acento de un andaluz al de un gitano.

Los gitanos (o andaluces) ríen.

—¿Y cómo es que terminaste en Requena? —siguen preguntándome.

—Vivía en otro pueblo, decidí divorciarme de mi esposa y, como no tengo coche, me fui a vivir al pueblo de al lado, que la mudanza me salía barata.

—¿Y qué tal?

—Ahora estoy empezando otra vez de cero. Bueno, llevo 9 meses así y aún no levanto cabeza. Me fui de casa de mi ex sin nada. Y, joer, lo que me está costando a veces hasta poder comer. Por la tristeza y desilusión que siento me cuesta horrores ponerme a trabajar. Estoy en una mala racha que no sé cuando va a terminar.

—Pero por lo menos te la follaste —me dice un gitano.

—¿Cómo? –pregunto extrañado.

—Es lo que pienso siempre cuando termino una relación. Da igual que haya terminado bien para mí o mal. ¿Se va? ¿Me deja? Me da igual: porque por lo menos me la follé. Pienso en eso y así no me hundo ¡Por lo menos me la follé!

—¿Es lo único que te importa? —le pregunto.

—Es con lo que me consuelo —me dice— ¿Tú te has fijado? Las mujeres cuando terminan contigo, te bloquean de las redes sociales. ¿A qué sí?

—No siempre —contesto.

—Me refiero a las chicas con las que has estado mucho tiempo y tú las has dejado. No un rollo. Esas te dejan ahí por si un día surge la posibilidad de una segunda parte. Todavía no han perdido al 100% la esperanza contigo.

—Es verdad que casi todas las novias a las que yo he dejado me tienen bloqueado —contesto—. Sólo he tenido 5 novias en mi vida y sólo una me ha dejado **(aunque yo continuaba con ella por pena). Por mucho que trato de ser amigo de ellas, me bloquean de Facebook ***(sólo hay una que no me tiene bloqueado y que me sigue felicitando por mi cumpleaños… por si está leyendo esto, un abrazo P.)

—Nos bloquean a todos. ¿Sabes por qué?

—No.

—Porque no quieren verte. Eres un fracaso para ellas. Te estuvieron follando durante meses o años y te escapaste. Ese es el peor insulto que puedes hacerle a una mujer: que no te las quieras volver a follar jamás. Que elijas eso. Así que te bloquean para no verte el careto que les recuerda que su belleza es un anzuelo, pero el anzuelo no funciona eternamente. Eso les jode muchísimo. Porque por muy buenas que estén, siempre terminamos cansándonos de ellas. Por eso todas las mujeres casadas son unas amargadas. Cuando son jóvenes, se ven con un superpoder. A medida que van creciendo, se van dando cuenta que el superpoder que tienen, lo tienen todas y que cada vez, el superpoder va menguando.

—A mi ex esposa no me cansé de follármela —digo, sincero—. Me gustaba la rutina con ella, el día a día. Es normal que la pasión (por los dos lados) va bajando pero, cuando surgía, era estupendo. Lo que pasa es que simplemente llegué a la conclusión de que no era una buena compañera para lo que me quedara de vida y tuve que ser valiente: aspiro a vivir feliz y en paz.

—Todas las tías tienen un lado puta—dice otro gitano—. Utilizan el sexo para capturarnos. Saben que es nuestra droga. Es el gran arma del que disponen. Y cuando no les funciona o les deja de funcionar, se suben por las paredes de la rabia. Sobre todo porque han estado follándote durante meses o años para al final, quedarse sin recibir la paga y los beneficios de tenerte capturado en casa.

Seguimos hablando. No sé si lo que dicen esos gitanos será verdad. Supongo que no. Yo tengo el sexo más normalizado. A mi no me “caza” con sexo nadie. Por eso de que soy un escritor algo conocido, no me cuesta casi nada conseguirlo. Realmente me cuesta mucho más que una lectora me compre un libro que acostarme con ella. Pero, por lo menos, estos gitanos o andaluces no son ni ladrones ni violadores de hombres. El conductor un poco caradura pero qué le vamos a hacer. Allá él con su forma de hacer las cosas. Tendrá que vivir, de por vida, con mi mala review en blablacar por impuntual. A la hora, llego a Requena. Con el culo intacto. Ellos siguen para Albacete.

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Nota.- Sé que no es un buen post para anunciar mi segunda novela infantil (que mando a imprenta el 15 de abril). Pero qué le vamos a hacer: necesito llegar a 40 mecenas antes de que termine este mes. Si quieres leer 44 páginas gratis, pincha aquí. Si quieres hacerte mecenas y salir en los agradecimientos, cómprala en preventa pinchando aquí (te llegará en papel, a color, en abril). Si eres mecenas y quieres ver si tu nombre (o el de tu hijo) sale correctamente, a continuación tienes la lista. Si no sale correctamente, escríbeme un chat por Facebook o un email a ezcritor@gmail.com GRACIAS.

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La aventura de escribir un libro infantil para renacer y subsistir
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La bibliotecaria de mi pueblo pensará que soy un padre ideal: cada dos días saco un librito infantil para niños de “a partir de 7 años”. No sabe que vivo solo, que mis hijos son imaginarios o que mis hijos son todos los vuestros. Mi primer libro infantil lo escribí sin hacer un estudio primero. Simplemente traté de conectarme con mi niño interior. Fue bien, ya lo leen en las aulas de los colegios: a los profes les gusta porque normalizo cosas como el divorcio. No hay muchos libros que sean actuales, que hablen de las cosas a las que los niños se enfrentan hoy en día y que, además, les enganchen:

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El segundo libro que estoy escribiendo ahora es de fantasmas. Me preocupa, sobre todo, escribir algo inapropiado para un niño: algo que le haga daño dentro de su cabecita o le asuste demasiado. Por ejemplo, en la primera línea de uno de los libros que saqué de la biblioteca, leo la palabra “ahorquen”:

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Yo jamás escribiría esa palabra. No me apetece que un padre que esté leyendo un libro mío a su hijo, tenga que detener la lectura para aclararle la duda:

—¿Qué es ahorquen, papá?

Y se lo tenga que explicar con una sonrisa sádica:

—Pues hay gente mala a la que le ponen una cuerda por el cuello hasta que…o gente que se mete en un armario mientras se masturba y se ahorca con un cinturón para…

Cada día saco libros de la biblioteca para ver cómo los autores de los libros infantiles se enfrentan, en la narración, a momentos como un asesinato o la muerte de un ser querido. Mi conclusión es: con naturalidad y sin cuidado. Recordad el cuento de Caperucita Roja, por ejemplo. Allí se leen palabras como “devoró” a su abuela, se la “comió”. O, al lobo, le llenan el estómago de piedras y lo tiran al río hasta que se ahoga. Son imágenes e ideas impactantes, violentas, pero que, por lo visto, los niños aceptan sin necesidad de tener que ir al psicólogo.

En mi segundo libro infantil hay una parte en la que un fantasma tira a dos hombres lobos a las vías del tren, para que el tren pase por encima de ellos. Pensé mucho si escribir esa parte o no. ¿Demasiado bestia? Al final me dije:

—Lo subo en el adelanto del libro. Si es demasiado bestia, ya me tirará de las orejas algún padre.

Pues bien, hace un rato recibí este entrañable audio de uno de los padres que leyeron el adelanto de mi segundo libro infantil a su hijita:

¡Fue lo que más le gustó! ¿Os fijáis como dice la palabra “muchísimo”? ¡Viva! Su madre, además, me contó algo más que me alegró: los dibujos que estoy haciendo para ilustrar la novela le gustaron mucho a su hija:

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Me quitó otro peso de encima. Sé que no dibujo bien, que con un profesional de las artes, el libro quedaría mucho mejor. Pero como no tengo dinero para contratarlos y paso de estar pidiendo favores o aprovechándome de los artistas, me puse yo mismo a ilustrarlo. Tras ver las ilustraciones del libro que saqué ayer de la biblioteca y las palabras de la niña, se me quitaron los complejos.

Ilustrar más frío, soso y con menos vida, no es posible. Mis ilustraciones son mucho mejores y no me dedico a ello.

Ilustrar más frío, soso y con menos vida, no es posible. Mis ilustraciones son mucho mejores y no me dedico a ello.

Trato de fijarme en todos los detalles. Por ejemplo, cuando lo maqueto no justifico el texto a ambos márgenes. Eso es un handicap de lectura para los niños disléxicos.

Por cierto, antes de empezar a escribir mi segunda novela infantil: “El fantasma que tiene… ¡una pierna viva!” hice una exhaustiva búsqueda por internet para ver si alguien había escrito algo parecido sobre un fantasma así por si le estaba pisando la idea a algún autor infantil y me metía en líos legales. No encontré nada. Pero ayer, sí. Por lo visto, en la mitología tailandesa hay una leyenda que habla de un ser formado por una sola pierna, que salta mientras grita: “¡Gong Goi! ¡Gong Goi!”. Alguien lo grabó hace poco.

Por fortuna, no tiene nada que ver con lo que yo he imaginado.

¡Pues eso ha sido casi todo lo que tengo que contarte por hoy! Si te apetece leer el adelanto de 44 páginas de mi segunda novela infantil te aseguro que, aunque seas un adulto, te hará pasar un buen rato. Estas 44 páginas han sido mejoradas, un poquito, respecto a las que subí el otro día:

1.-Situé los Jardines de Sabatini dentro de la acción.

2.-El moco Juanillo hace una breve aparición antes de que Pilar entre en la Estación del Príncipe que Pía en busca de su hermana.

3.-Corregí algunas erratas y mejoré un poco algunos párrafos. Ya sabéis que hasta el día 15 de abril estaré mejorándolo todo para que llegue a manos de vuestros hijos (o a las vuestras) de forma sobrasaliente.

4.-Borré la palabra “Cielo”. No quiero que mis libros infantiles tengan referencias a ninguna religión. La educación religiosa que le déis a vustros hijos, es asunto vuestro. Yo hubiera preferido criarme sin ir a misa ni saber nada de los sacerdotes. Los “cuentos” de la Biblia son maravillosos. Sin embargo, algunos curas los utilizan para culpabilizarnos, limitarnos y amaestrarnos.

¡IMPORTANTE! Recordad que busco mecenas para esta novela que saldrá el día 15 de abril. Por ahora sólo tengo 13 mecenas. La lista, actualizada, sale al final del pdf. Si piensas hacerte mecenas, hazte ahora por favor. Te necesito. Ojalá llegue a 40 mecenas antes de que termine el mes para poder enfrentarme a todos mis gastos el día 1 de abril y pueda seguir creando tranquilo sin tener que endeudarme. Si eres mecenas, baja el pdf y mira, en la última página, si tu nombre o el de tu hijo, sale como me has indicado. Si no es así, escríbeme a ezcritor@gmail.com o chateame por Facebook.

Puedes hacerte mecenas de mi segunda novela infantil, pinchando aquí.

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