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Consejos (de un escritor) para una chica que quiere ser escritora
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Aviso.- Si en lugar de leer este post, deseas escucharlo, pincha aquí.

El otro día recibí este email:

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Así lo contesté:

"Hola Silvia:

Gracias por escribirme.

Es tu elección decidir a qué vas a dedicar tu día a día durante años: porque en eso es en lo que te vas a convertir cuando seas mayor. Yo di el paso de convertirme en escritor porque, de joven, el plan de vida que me proponían los adultos no lo veía lógico. Me parecía un plan miserable y cobarde eso de trabajar 8 horas cada día y tener sólo un día "libre" para mí. Una GRAN estafa y una falta de respeto a la vida.

Por no seguir ese camino, no te voy a ocultar que lo he pasado muy mal, viviendo a veces en la pobreza, solo, sin que nadie me entendiera, humillado, mendigüeando, machacado. De vez en cuando, llegaba a un oasis económico, de un año o tres máximo. Pero sabía que esos oasis iban a desaparecer: porque, sobre todo al principio, hasta que aprendes un par de trucos, la vida del escritor es todo menos rutinaria.

Como en cualquier profesión hay épocas en las que te dan trabajo y otras en las que no. Lo que pasa es que se necesita más a un mal trabajador de lo que sea que a un mal escritor. Un mal escritor no encuentra trabajo de escritor nunca. Por eso es muy importante que, si quieres dedicarte a esto, aprendas a darte trabajo a ti misma, que luches por encontrar a tu público, que puedas trabajar y ofrecerles tus escritos y creaciones, directamente. Pero sobre todo, que tu trabajo valga la pena. Que, con gusto, quieran pagar por él.

Este estilo de vida es muy solitario, muy incomprendido, normalmente muy humilde.

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De todas maneras, cuando te falten cosas, mira dentro de ti y verás que no te falta nada que necesites. Electricidad para tu portatil y algo de comida es todo lo que necesitas realmente: si eres escritor de verdad. Esas dos cosas son bastante fáciles de conseguir en el primer mundo. Además: si te entregas sin reservas a la escritura, causarás admiración y aparecerá mucha gente, muchos “hermanos”, que no  permitirán que comas mierda.

La gente ama a los escritores porque todos tenemos uno dentro que quiere salir.

Los subhumanos piensan que es mejor trabajar en lo que sea y luego, con el tiempo que te sobra, dedicarte a mejorar en lo que te gustaría dedicarte. No es así. Desde el principio, hay que centrarse en mejorar en hacer lo que más te gusta y no levantar cabeza ni distraerse con nada (mucho menos con un trabajo de 8-10 horas) hasta que lo consigas. Porque, de lo contrario, puede que no lo consigas jamás. Porque puede ser que te hagan falta décadas y décadas de vida para llegar al nivel que te permita vivir de ello. Porque, cuanto antes empieces, antes lo conseguirás. Las carreras universitarias de 4-6 años son para los débiles, para la manada de cabras. Convertirte en un buen escritor es una carrera de 2 ó 3 décadas, sin becas. Nunca te dan el título. Para colmo te ponen una pegatina en la cabeza que dice: “VAGO QUE NO QUIERE ESTUDIAR”.

Juega a tu favor que, esto no es como el fútbol: cuanto mayor seas, más viejo, mejor escribirás. Tu cuerpo se irá haciendo más débil pero tu talento más inmenso, seguro. Si no te falla la cabeza jamás querrás jubilarte. Si eres escritor de verdad, dejarás muchas obras por la mitad cuando te sorprenda la muerte. No es un sueño conseguirlo. Si te lanzas a él sin plan B, llegas a donde soñabas: la libertad en el día a día: poder dedicar cada segundo de tu vida a lo que más te gusta hacer, escribir. Te tiene que gustar más escribir que comer o follar (por lo menos la mayor parte del día). Si no, no eres escritor.

Llegas a vivir de escribir no por magia, sino porque si te pasas toda la vida luchando y tratando de mejorar en algo llega un momento en que eres demasiado bueno/a en ese trabajo. Entonces llegas a la “cima”: vives de ello. Allí sigues solo, sin que nadie te entienda. Seguramente, viviendo con lo justo o con mucho más dinero que lo justo si, además de artista, aprendes a ser profesional. Si encuentras un modo de escribir lo que te gusta, pero de forma comercial. No me refiero a “venderte”. Me refiero a escribir lo que te guste a ti, y que eso te de dinero. No te mientas: eres escritor profesional solo si la gente paga por leerte, y eso solo pasa si vale la pena lo que escribes. Si no te lee nadie, es porque eres mierda. No te desanimes nunca. Sólo mejora. Todos los grandes escritores fueron, en algún momento de su vida, una gran mierda.

“Véndete” lo menos posible. Eso es una distracción de tu camino. No te dejes dirigir por otra persona que tenga menos talento que tú. No escribas nunca para una persona mediocre. Eso es una distracción en el camino y, normalmente, termina fatal. Aunque lo bueno de ser escritor, es que todo lo que te golpee y haga daño, mejorará tu escritura. Si te pegan una paliza al día siguiente escribirás mejor. Aprende sólo de los mejores. Los reconocerás nada más mirarles a la cara. Brillan que te cagas. No te despegues de ellos nunca. Porque son energía. Tenles siempre mucho respeto, no los traiciones nunca, dales todo lo que quieran porque ellos son los únicos que van a ayudarte, con su ejemplo, con sus trabajos, con sus consejos, a subir de nivel. Perdónales cualquier cosa. Repito: no los traiciones jamás.

No te creas mejor que nadie, habla con todo el mundo, con todas las clases sociales. Porque en cualquier momento, cualquiera de ellos, pueden inspirarte las páginas por las que entrarás en la historia.

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Termina todo lo que empieces, aunque de pronto ya no te guste, aunque no sepas cómo ni le veas una razón de peso. Es muy importante que le pongas “Fin” a todo lo que empieces. No te conviertas en una de esas personas ridículas que se pasan la vida diciendo que van a hacer algo y nunca lo hacen. Una de esas personas que dicen que quieren crear y trabajan vendiendo cosas por teléfono. Porque una de las peores enfermedad del creador es querer hacer algo y no terminarlo. Es como vivir en el limbo. Quítate esa enfermedad desde tu juventud como escritora. Cuando empieces a hacer algo, termínalo siempre. Ser escritor es lo mejor del mundo. Cada día de tu vida es solo tuyo.

Cada día de tu vida te escuchas, estudias por dentro. Reconoces los latidos de tu corazón. Olvídate de eso de no tener vida de lunes a viernes, olvídate de tener jefes y compañeros de trabajo subnormales. Olvídate de la depresión de los domingos por la noche. Dale la bienvenida a la depresión del que busca la perfección. Dale la bienvenida a la inseguridad del creador.

No hace falta que bebas alcohol. Hazlo si te apetece, pero destruirte el cuerpo y la mente no te va a ayudar a escribir mejor. Sólo te ayudará a escribir menos páginas y a comportarte de forma patética en las fiestas. Si puedes elegir, no busques pareja. Sólo folla mucho con mucha gente (tras follar la gente se abre y te cuenta cosas interesantes, follando se muestra tal cual son). Trata de no pillar ninguna enfermedad sexual (pero si la pillas, escribe sobre ella).

No te inscribas en talleres literarios ni pagues para que te publiquen. Escribe sobre cosas tuyas que te den vergüenza que se sepan y sobre cosas que te originen enemigos. Este camino es sólo para valientes. Este camino es para fuertes, que sepan hacer oídos sordos a las opiniones de los mediocres, para fuertes que sepan levantarse una y otra vez de todas las zancadillas que te van a poner los que les asusta tu gran talento y buscan tu destrucción para no sentirse tan pequeños cuando te miren a lo ojos.

Aprende a disfrutar del momento en que todo te va bien, y todo el mundo quiere un pedazo de ti, ser tu amigo. porque sales en los periódicos, la tele o te han dado un premio y aprende a disfrutar de cuando todo te vuelve a ir mal y la gente que te adoraba te desprecia y ni te contesta un email. Si quieres fidelidad, búscate un perro (y átalo a tu lado).

Para finalizar: no te preocupes nunca, realmente, mucho por nada. Porque este camino es para inmortales, por tanto, el tiempo juega siempre a tu favor.

Un abrazo".

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10 razones por las que no debes sacarte selfies si tienes 40 años o más
Basado en hechos reales.

Basado en hechos reales.

1.-Te sacas un selfie porque estás solo.

2.-Necesitas atención. Te gustaría sacarte una foto, tú solo, que al subirla a tus redes sociales despertara admiración, deseo, ganas de conocerte. Eso ya no va a pasar. Nunca.

3.-Te sacas un selfie porque sientes que nadie te quiere. Posiblemente porque nadie te quiere ni te desea en la realidad. Sí. Realmente nadie te quiere ni desea en la realidad.

4.-Sonríes falsamente a NADIE. Al objetivo de tu cámara. Dentro de ese objetivo sólo hay un circuito, un chip sin vida. Estás sonriendo al vacío, a la oscuridad, a tu muerte. Eso es muy angustioso.

Sin embargo, la realidad de lo que maquinas en el interior de tu cerebro es más patética aún: estás sonriendo a esa persona que imaginas que es tu media naranja y te hará feliz si no fuera porque esa persona no existe porque ya eres demasiado viejo para excitarle a nadie y morirás triste y solo. Las personas viejas sólo son queridas por las mascotas que quieren que no te mueras nunca para que las mantengas por siempre y por esos hombres que sin piedad, bien vestidos, tocan por la mañana en tu casa para tratar de engañarte y cambiarte de compañía de gas y electricidad.

5.-Ves el selfie que acabas de sacarte. Te ves viejo. Es porque estás viejo. La gente de 50 años te dirá que no eres viejo porque son ellos los que se creen que tienen el verdadero derecho de llamarse viejos. Los de 60 años animan a los de 50 años diciéndoles que aún no son viejos. La realidad es que a partir de los 40 años todos somos viejos. Tenemos más dinero, más libertad de movimientos: pero deberíamos de vivir sin espejos o con una bolsa de papel que cubriera nuestro rostro, con pequeños orificios para poder ver, respirar y hablar.

6.-Te sacas otro selfie pero sin sonreír: esperando que así no se te vean las arrugas. Tras sacarte el selfie verás que pareces triste. Eso es porque estás triste. ¿Cómo no estar triste si ya eres un viejo?

La única manera de salir "interesante" en un selfie cuando tienes más de 40 años es:

a) Arrugando el ceño.

b) Sacándote la foto desde lo más arriba que puedas: cuanto más alto pongas el teléfono, mejor.

Lo malo es que todo el mundo sabe porqué te has sacado la foto así (para que no se te vea la papada y porque cuanta más frente saques menos espacio hay en la foto para que aparezcan las arrugas de tu cara). Todo el mundo sabe que no eres un científico y que nunca has dicho nada interesante en tu puta vida:

Ejemplo de lo que digo.

Ejemplo de lo que digo.

7.-Esperabas que el selfie fuera un antes y un después en tu vida. Que al sacarlo, lo subirías al Instagram, te haría súper popular y las marcas te ofrecerían dinero para publicitarse con tu imágen. Lo único que has conseguido es constatar que tu tiempo en la vida ha pasado y que deberías cerrar tu Instagram antes de que te conviertas en una de esas patéticas personas que sólo suben fotos de sus mascotas y sobre lo que comen... ¿o es demasiado tarde?

8.-Tras pasarte un buen rato sacándote selfies, decides borrarlos todos porque te da demasiada vergüenza saber que existen. Preferirías que algún vecino te pillara tocándote con una foto de Pedro Almodovar que alguien viera la colección de selfies que acabas de sacarte.

9.-Piensas en apuntarte a un gimnasio. Tu cara ya no tiene solución. Tu cuerpo, sí. Te has convertido en una gamba: lo único que puede tener algún valor de ti, es tu cuerpo.

10.-Te pones el chandal, vas al supermercado, compras un par de pizzas congeladas, algo de helado y regresas a casa para pasarte la noche —junto a tus mascotas que no quieren que te mueras— en el videoclub de las películas malas y de las personas solitarias: Netflix

Busco un nuevo "digno adversario" para mejorar en la vida
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Un método que he utilizado siempre, inconscientemente hasta hoy, para mejorar en mi trabajo de escritor o en otros asuntos de mi vida personal ha sido el de buscarme un “enemigo”, alguien a quien “odiar”.

Me corrijo: no alguien que odiar de verdad. Más bien un “digno adversario” al que tratar de igualar o superar. Ese “digno adversario” es una persona con la que me obsesiono en plan bien.

Me fijo donde está él o ella y me digo:

—Yo quiero llegar ahí. Yo quiero tener esa cualidad que él tiene.

No confundas esto con “envidia”. ¿Cómo odiar a alguien que te convierte en mejor persona o profesional? Sinceramente he apreciado y querido muchísimo a todos los dignos adversarios que he tenido hasta ahora. Nunca he tratado de hundirlos, robarles, acabar con ellos. Ellos han sabido llegar hasta un diamante antes que yo. Ellos han sabido hallar un camino antes que yo.

Así que me fijo mucho en ellos, hasta conseguir ese diamante, pero a mí modo.

Aquí van algunos de mis dignos adversarios del pasado:

1.-Henry Miller: dijo “adiós muy buenas” a la vida seria, a los trabajos dignos, a lo que la familia esperaba de él y se fue a París, a mal vivir. Lo único que le importaba era convertirse en escritor. Convirtió la literatura en el primer objetivo de su vida... ¡y era feliz! Yo hice lo mismo en el año 2001. Dejé mi trabajo serio en “El Corte inglés” y me centré en escribir, sin red de protección, sin importarme que un día o dos no tuviera para comer. Pensé que me iba a sentir como un desgraciado: pero en cuanto renuncié a toda la vida que tenía y le dije a la literatura que me guiara, me sentí increíblemente dichoso. Conseguido.

2.-Torbe: fue mi primer referente en internet. Lo leía antes de él meterse en el porno. De él quise “apropiarme” del desparpajo y gamberrismo políticamente incorrecto que derrochaba su web. Le daba igual todo. Yo, por aquel entonces (año 1999), tenía una web de literatura muy aburrida, a la que iba subiendo mis escritos, que también eran muy aburridos. Sin embargo, el diamante que tenía Torbe y yo quería para mí era otro: que te dé igual lo que los demás piensen de ti. Conseguir eso sería una liberación asombrosa. Te libera para el resto de tu vida de unas cadenas muy pesadas que no te permiten mirar a la gente a la cara, sin complejos. Hacer lo que quieres en la vida sin pensar en las consecuencias. Eso se lo vi a Torbe. Y lo aprendí. Conseguido.

3.-Hernán Casciari: lo descubrí al poco de empezar a escribir mi segundo libro. Me fascinaba su inteligencia, su simpatía, cómo llega a los lectores, cómo lo quieren tanto. Pero sobre todo que “viviera de escribir”, que se pasara el día en casa, trabajando en pijama. Escribía lo que le daba la gana y otros le pagaban. Conseguido. Pero, casi enseguida, Hernán volvió a convertirse nuevamente en “digno adversario”: empezó a vivir de autopublicarse. Un reto maravilloso que también conseguí y me hizo sentir repleto de felicidad.

Estos tres "dignos adversarios" tienen otras cosas, en sus vidas y personalidades, que no me gustan nada, en absoluto. Esas cosas las obvié. De Henry Miller no me gusta su egocentrismo, de Torbe que no se cuide esa barriga y quiera vivir siempre como un adolescente, de Hernán que haya roto su familia para formar otra enseguida (aunque la vida es así, lo sé, pero no me gusta). Digo esto con todo el respeto del mundo; conociendo, por supuesto, que yo también tengo cosas muy feas en mi personalidad y hago cosas feas en mi vida. Lo señalo para dejar claro que en personas que no me maravillan del todo, hay "diamantes" que han hecho mi vida mucho, mucho mejor.

Para mí, las personas son como supermercados. Tienen cosas dentro maravillosas que podemos "pillarles" como chocolate, fruta, etc. Y que mejoran nuestra vida, como las app. Otras, las dejamos en sus estanterías.

Ahora estoy en una mala época: me he quedado sin “dignos adversarios”. Me explico: he conseguido todo lo que quería en la vida. Me gusta ser quien soy, como soy, como escribo. Por supuesto que me gustaría tener la cuenta bancaria de Dan Brown, un hijo o el cuerpo y estado de forma de Usain Bolt. Pero esas cosas, tampoco me vuelven loco. Las quiero porque todo el mundo las quiere. Todo el mundo dice que es genial tenerlas. No las quiero porque verdaderamente yo las necesite. No crujo de emoción cuando me imagino viviendo en un castillo, con un hijo en los brazos y con unos abdominales de escándalo. Creo que esas cosas no me enriquecerían ni me alegrarían, verdaderamente. Actualmente lucho por ellas, pero realmente me la traen bastante floja. El ser que tengo dentro no ve nuevos campos verdes, nuevas metas que realmente quiera o necesite conquistar.

Esto me da miedo.

Por ello, ando buscando un nuevo “digno adversario” que me abra los ojos ante una nueva posibilidad de vida... ¿Tú conoces a alguien que me pueda servir? ¿Tú tienes algún "digno adversario" en tu vida? ¿Te apetece contarme qué le estás "robando" de su supermercado?

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