Así me van las cosas

Te quiero, enanita. Te siento a mi lado cada día.

Te quiero, enanita. Te siento a mi lado cada día.

No puedo quejarme en nada, la verdad. Una buena amiga me contó que los perros, cuando sienten que les ha llegado la hora (a no ser que sea por un accidente), no marchan al cielo hasta que saben que sus amos estarán, sin ellos, bien. Creo que mi amiga tiene razón. Estoy fuerte, feliz. Eso no quiere decir que no eche de menos, y muchísimo, a Anaís Nin. Cada día, lloro dos o tres veces, durante un minuto o dos. A traición, me atacan sus recuerdos. Paseo por el Mercadona, veo una sandía y lloro. Anáis flipaba con la sandía. Me da un ataque de lágrimas, dejo que salgan todas, la gente me mira raro y, al poco, me controlo. Sobre todo la echo de menos cuando la abrazaba a la hora de dormir. Escuchar su corazón, oler su pelo, me daba paz. También la echo muchísimo de menos cuando escribo. Ya no está a mi lado. Sólo el tubo de ensayo, con un poco de su pelaje en su interior. Lo he puesto al lado de mi iMac. Me parece un milagro poder seguir viendo ese poquito de ella, cada día.

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Cuando salgo a la calle —siempre, siempre— busco perros a los que acariciar y darles un beso en la cabeza. No regreso a casa hasta que acaricio a uno o dos. Y si no me los cruzo, voy hasta el parque de al lado de casa, que siempre hay bastantes, sueltos, jugando. Los perros están hechos de amor. Los dueños flipan conmigo: alguno seguro que creerá que me va la zoofilia. Desde aquí quiero comunicar a todos los vecinos de mi barrio que no, que estén tranquilos y pedir, por favor, que desconvoquen urgentemente la reunión que andan organizando para entrar a mi casa por la noche y ajusticiarme.

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Por Facebook me preguntan porque no tengo otro perro, ya. Sí, lo tendré más adelante. El jueves pasado renové mi pasaporte, miré y lo tenía caducado. Mi plan para este año y el siguiente es viajar fuera de España todo lo que pueda. En cuanto me recobre económicamente pillaré una mochila y vuelos a América, África y Asia. En los casi 16 años que vivió Anáis, casi no viajé. No me gustaba nada alejarme de ella. Pero dentro de mí late el corazón de un gran aventurero. Ya no tengo que cuidar de nadie. Bueno, al alquilar el piso en el que ahora vivo, heredé un cactus. Que jodan al puto cactus. Lo he puesto fuera de la ventana de mi dormitorio, le he comprado a un amiguito con dos cabezas para que charle con él y adiós. Eso todo lo que pienso hacer por ese cactus.

Cactus: menos mal que en Asturias llueve a menudo, si no estarías perdido.

Cactus: menos mal que en Asturias llueve a menudo, si no estarías perdido.

Anáis se fue porque sabía que yo ya estaba bien, que iba a poder soportar su marcha. Después de todo, en este año y pico que llevo divorciado, con todas las desgracias que he vivido, me he fortalecido un montón. Me siento indestructible. He aprendido a estar solo, por fin. Anáis vio cómo disfruto estando en casa, tranquilito, escuchando música, leyendo, cocinando, escribiendo. Vio como digo que no a un montón de chicas: ya no necesito pasar la noche con cualquiera. He encontrado mi equilibrio, me siento, por fin, super estable y super fuerte para conseguir lo que me propongo: volver a vivir de la literatura tras un año y pico en el que he estado (reconozco esto muy avergonzado) viviendo de mis mejores amigos.

Esta semana, gracias a las ventas de “Sigue, como si estuvieras viva”, me han llegado unos 400 euros. También se han reactivado un poco las ventas de mis ocho míticas novelas anteriores. En una semana mi trabajo creativo, en total, ha hecho 600 euros. Es un comienzo: este es el primer mes que no voy a tener que pedirle dinero a nadie.

Me he vuelto a encerrar en casa para escribir. Ayer hice esta compra en el Alimerka para cocinar lo menos posible y no tirar de la comida basura, como cuando escribí la novela de la sombra que me hinché a pizza del itailiano de debajo de mi casa, comida del chino y pille 2 kilos y medio que ahora ando tratando de quitarme.

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A medio día o antes de que caiga el sol, doy un largo paseo por la arena de la playa de San Lorenzo. Echo de menos el andar feliz de Anáis a mi lado. Mirarla a los ojos y verla feliz, sonriéndome. Pero, llamadme loco, aún la siento a mi lado. Creo que tengo una perrita fantasma.

Sobre el concurso:

¿Cómo voy? Ahora mismo, en destacados, estoy el puesto número 4. Por comentarios, estoy en el puesto número 12. Quedan 5 días para clasificarme o no, para la final. Si compras la novela antes del día 20 y dejas una buena valoración de la novela en Amazon, me ayudarías un mogollón a que el jurado tuviera en cuenta mi trabajo para la final. El día 1 de octubre saldrán los 5 finalistas. Sería maravilloso ser uno de ellos: me ayudarías a pillar un atajo enorme que me condujera de vuelta a vivir de la escritura. Pincha aquí para comprar la novela. GRACIAS.

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)