Así escribí mi nueva novela (making of de "Sigue, como si estuvieras viva")

Estaba roto. Arruinado. Triste. Hundido. Me miraba en el espejo y no veía brillo en mis ojos: estaba muerto en vida. Mi sombra había ganado la partida.

Estaba roto. Arruinado. Triste. Hundido. Me miraba en el espejo y no veía brillo en mis ojos: estaba muerto en vida. Mi sombra había ganado la partida.

1

Decidí no salir de casa. En 4 días iba a despreocuparme de todo lo que no fuera escribir y cuidar de Anáis Nin. Hice una compra en el supermercado para 4 días: un montón de comida hecha. No iba a hacer nada que no fuera escribir y escuchar de fondo, “Radio Clásica” y “Radio 3”. Nada más. Ni siquiera ducharme o lavar los platos. Desconecté el wifi. Mi plan: escribir una novela corta en 4 días. Una novela que estuviera orgulloso de publicar: que no me hiciera perder lectores cuando la leyeran.

¿Por qué 4 días? Porque en 4 días terminaba el plazo para presentarse al concurso indie de Amazon 2019. Me gusta mucho el premio: de verdad que no por el dinero (5.000$), sino por la posibilidad que dan de convertir la novela ganadora en una serie o en una película. Los que me conocéis bien sabéis que uno de mis sueños es convertirme en guionista en Hollywood. Ganar un oscar al mejor guión. Algún día.

Para colmo, para presentarse al concurso, sólo pedían un mínimo de 25 páginas.

—Puedo escribir una novela corta y decente de 25 páginas. Estoy seguro —me dije—. Una novela que sea una divertida e imaginativa película digna de verse.

Las bases permitían hacer una pequeña “trampa”. Había que subir, al concurso, el primer borrador dentro del plazo. Luego, y hasta el final del concurso, se podían seguir subiendo correcciones y actualizaciones. Así que tenía 4 días para subir el primer borrador de la novela. Después, una semana para dejarla perfecta con ayuda de mis correctores y amigos: Mario, Bruno, Luismi y M.

—¿Y si pierdes, Rafa? —me decía mi sombra— ¡Qué vergüenza! Tus lectores dejarán de leerte, tus enemigos se reirán de ti.

—No te escucho. Voy a escribir —repuse a mi sombra.

—No lo hagas. Mejor escribe con tiempo. Relájate. Este plan es una locura.

—Eso llevo haciendo todo este tiempo y no termino nada. Eres capaz de cualquier cosa para que no escriba. En el proceso, siempre consigues que deje de creer en mí, me distraes, me entristeces, me haces tirarme en la cama, me metes miedo con mi economía, me enseñas recuerdos tristes, me traes chicas preciosas a la cama, me enamoras, me desenamoras, me quitas las ganas de vivir, me enfermas a Anáis… no. Ella no se va a ir de este mundo viéndome controlada por ti. Soy escritor. Eso me daba la felicidad y me lo has quitado por completo. Todo me iba bien hasta que dejé de escribir. Te vas a enterar. Voy a ganar ese concurso y encima me voy a reír en tu cara de ti.

—Ahí concursa mucha gente buena. En Amazon, sobretodo, tiene éxito la novela rosa. Tu literatura, Rafa, es sucia. Oscura. Muy de adultos. No tienes la más mínima probabilidad de ganar en 4 días ante escritores que se han dejado el alma escribiendo durante un año.

—No te escucho. Soy un gran escritor. Punto.

Decidí escribir una novela sobre mi sombra. Desvelar al mundo con lo que he vivido durante todo este tiempo. La novela corta que iba a escribir, serviría para que otras personas detectaran y derrotaran a su sombra… ¿Lo conseguiría? ¿La terminaría?

Estaba seguro que no.

Es imposible. Voy a intentarlo —me dije.

2

Mi teclado luminoso.

Mi teclado luminoso.

Todo este tiempo odié mi teclado. Luminoso. Lo compré porque, el original, se me perdió en la mudanza. No estoy nada bien de pasta, así que compré este compatible en la tienda del barrio por 15 euros. El original de Apple vale 100. Durante todo este tiempo, cuando me iba a poner a escribir una novela, mi sombra me decía:

—No puedes escribir con ese teclado, por Dios. Hace ruido. Te daña la vista. Es de gamer. ¡Qué pesadilla! ¡Eres pobre! ¡Eres pobre! ¡No puedes comprar un teclado decente! ¡Ja, ja, ja! ¡A tus 45 años y estás arruinado! ¡No tienes nada! ¡No tienes nada!

Esta vez no la escuché. Me puse a escribir. No quería que Anáis muriera viéndome ridículo, horrorizado, vencido por un ridículo teclado con luces. Si lo razonaba, era superestúpido. He abandonado trabajos muy bien pagados que me habrían dado una vida supercómoda. He roto relaciones con chicas increíbles porque no me dejaban dedicarme a escribir. Por escribir he pasado frío y hambre. Y, ahora, no escribía porque mi teclado era luminoso.

—Sombra hija de puta, menuda mierdas me has metido en la caza y yo sin darme cuenta —le dije esta vez—. Quizás no gane ese concurso. Pero te juro que voy a terminar esta novela. Y voy a recuperarme económicamente. Cuando lo haga, te juro que nunca, nunca, voy a comprar otro teclado. Con este, voy a escribir mil novelas. Y, cuando se me rompa, compraré otro exactamente igual.

3

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¡Hora de empezar a escribir! La novela la protagonizaría Sigmundo, mi alter ego y protagonista de 4 novelas. “Sigmundo contra su sombra”, decidí que ese sería el título. Utilizando a Sigmundo, vendería más ejemplares. Pero recordé a una chica del Tinder con la que estuve enrollado un par de semanas. Era fotógrafa, artista. Me recomendó que lo próximo que escribiera no tratara sobre mí. Que saliera de mí.

—Pero un escritor ha de escribir sobre lo que conoce bien. Si no, falla –repuse.

—Estás demasiado absorbido por ti mismo. Sal de ti —me recomendó.

Recordé a otra chica del Tinder. Una astróloga que me echó el tarot. Me dijo que yo no triunfaba en la literatura, a lo bestia, por mi oscuridad. Porque todo lo que escribía era muy sucio y duro.

—Tienes una luz preciosa dentro de ti —me dijo—. Escribe con ella.

Mi sombra tenía razón cuando señaló que en Amazon España triunfa sobre todo la novela rosa. Decidí hacer un poco de caso a la fotógrafa, a la chica del tarot y hasta utilizar los miedos con los que mi sombra intentaba que siguiera bloqueado. Esta vez, yo no sería el protagonista de esta novela. Sería una chica. El nombre me vino enseguida a la cabeza. Natalia. Y habría un romance.

—No puedes escribir como una chica o sobre una chica porque no eres una chica —me dijo mi sombra.

—No lo haré —repuse—. La narradora de la novela serás tú, hija de puta. A ti sí que te conozco bien. Llevas un año y tres meses dándome el coñazo.

Mi novela trataría sobre algo que conozco demasiado bien: el bloqueo creativo, lo complicado que es realizarse personalmente en esta sociedad: lo que te hace agachar la cabeza y convertirte en un subhumano. El más allá que está acá pero que no vemos: las energías intangibles. En mi cabeza, la sombra me dijo que el resultado sería un híbrido entre “El alquimista” de Coelho y una novela rosa con un pirata musculoso, en la portada, que enamorado besa a una chica que acaba de secuestrar y que terminará siendo la feliz madre de sus hijos. ¡Horrible! No. Escribiría una historia oscura, muy mía, pero con mi luz. Y sin Sigmundo.

Escribí.

Escribía 6 horas, dormía 2 y volvía a ponerme a escribir.

Todo fluía.

Aunque me costaba un huevo dar a cada tecla.

Por supuesto mi sombra hacía de todo para que no escribiera. No paraba de repetirme que lo que estaba escribiendo era una mierda, que no valía la pena. Que comiera. Que estaba muy cansado. Que me iba a pasar algo. Que renunciara a mi proyecto suicida. Que era por mi bien. Que me buscara un trabajo de verdad.

Me daba igual.

El plan era: escribir durante 4 días.

Y eso iba a hacer.

Además, los personajes de la novela tenían vida. No eran de cartón. Eso era indudable.

Había vida en mi novela.

No era una farsa.

Eso es lo más difícil.

Incluso, una vez que encendí el móvil, vi en Tinder un mensaje. Era de una tía que está buenísima. Quería quedar conmigo, tras mucho tiempo dándome largas.

Le dije que no. Que estaba trabajando.

Pobrecita. Estoy seguro que mi sombra la había manipulado para que ella me propusiera eso. Mi sombra empezaba a desesperarse. Incluso, ese mensaje del Tinder, me inspiró un episodio de la novela.

4

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A los dos días no podía más. Me fui a dormir, no tenía fuerzas para levantarme de la cama. Dormí 12 horas seguidas. Al despertar, quería seguir en la cama. Inmóvil. Inútil. Sin hacer nada. Viendo mis días pasar. Empezar a pudrirme otra vez:

—Has ganado, sombra —dije—. Lo que estoy escribiendo es pura mierda. Demasiado apresurado. No tengo fuerzas. No me da tiempo. Es imposible que gane. No puedo terminarla. Además, si la subiera al concurso, tendría que vender mil ejemplares en 10 días para que el pre-jurado de Amazon se fijara en mi novela. Hay más de 2.000 novelas presentadas. Es completamente imposible que lo consiga. Mis lectores me han abandonado. Si antes, este blog tenía 16.000 visitas diarias, ahora sólo tiene 200 ó 300.

Decidí dejar otra novela más a medias. Y ya serían 3.

Otro fracaso.

Mi sombra había ganado.

Ahora es cuando vais a pensar que estoy loco. Justo en el momento en el que renuncié vino una voz a mi cabeza. Sonó alta y clara. Era una voz de mujer. Dijo:

—“Rafa. Levanta. Alguien tiene que asombrar al mundo”.

No sé quien dijo eso. ¿Mi madre muerta? ¿Anáis? ¿Mi ángel de la guarda? ¿Mi cabeza sufriendo una paranoia y segregando un delirio de grandeza para que siguiera adelante y no me rindiera?

¡Os juro que escuché la voz perfectamente! Y me inyectó tanta fuerza que me levanté de la cama como un cohete. Me puse a escribir con más fuerzas que antes. No. Lo que estaba escribiendo era bueno. Mierda de la buena. Era genial. Y necesario. Seguro que ayudaría a alguien.

Dos días más tarde, me senté a escribir el borrador del último capítulo de la novela. Bastaban 25 páginas, pero escribí 72. Puse la cámara. Decidí grabar ese momento. ¡Por fin terminaría otra novela! El fin de mi bloqueo de escritor:

Comencé a llorar de felicidad. La terminé. Había recuperado mi poder. ¡Volvía a ser escritor! Volvía a tener brillo en los ojos. Volvía a estar vivo. Y Anáis Nin seguía a mi lado.

—Por si no lo sabes, Anaís —le dije con voz dulce—. Vuelvo a ser escritor.

Me miró como diciendo:

—Nunca dudé de ti. Sabía que lo ibas a volver a conseguir.

Tres días después, murió.

Lee, pinchando aquí, 44 páginas gratis de mi nueva novela.

¡Compra mi nueva novela y ayúdame a ganar el concurso! Ahora depende de ti solo, que pase a la final o no.

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)