Un mes vegano

Este super modelo soy yo.

Este super modelo soy yo.

Empezaré por el dato que más interesará a los que andan en dieta eterna (como yo). He adelgazado 5 kilos en 3 semanas sin esfuerzo. Por fin estoy en mi peso ideal. Antes, para adelgazar 5 kilos, me tenía que pegar un machaque físico increíble durante un mes. Que si running, que si pesas, natación, horas de deporte y, como premio, comida insípida. Pilla sólo comida vegana y verás que vas a empezar a adelgazar rápidamente.

No es comida aburrida. Cada día como hamburguesas que imitan la carne a base de proteína de guisantes o qué se yo. Pollo hecho con lentejas. Tortilla sin huevos. Arroz caldoso a la mar, sin pescado o marisco. Salchichas que no son salchichas. Picadillo sin picadillo. Pizzas a la barbacoa. Chorizo a la sidra en el que no hay ni rastro de chorizo. Pasta. Mayonesa. Me alimento como si fuera un vivalavirgen pero todo lo que como es de origen vegetal. Buscad un restaurante o bar vegano en vuestra ciudad. O aprended a cocinar esa comida si queréis. Además es super barata. Si tienes más de 40 años, como yo, sabes que tienes que cuidarte, que todo lo que comes te engorda cantidad y que le pasa factura a tu corazón. Vivir la experiencia de un infarto no debe ser una experiencia agradable. Hace mucho que había dejado toda la comida “bestia”. Con el veganismo, toda esa comida ha vuelto a mi vida. Pero me adelgaza, me estoy librando de toda mi grasa sobrante y no pongo en peligro mi vida. Es como un sueño hecho realidad. Me levanto de la mesa, super saciado, como si me hubiera ido a celebrar mi cumpleaños en un VIPS, con mis amigos: pero sin sentirme hinchado y pesado como un cerdo. Me siento más ligero pero, a la vez, más fuerte.

La hamburguesa que comí ayer.

La hamburguesa que comí ayer.

Sí. Es cierto. Si te haces vegano has de tomar algunos complementos vitamínicos... ok. Si ese es el precio para dejar de usar a los animales como mercancía, hacerlos sufrir, acepto esa sencilla condena... os lo dice una persona que hace 4 años criaba pollos para el autoconsumo. Les daba una vida de puta madre: vivían al aíre libre, sueltos en un jardín, entre gallinas, con toda la hierba que deseaban. Era un Edén para ellos. Pero luego tocaba matarlos. Eso era horroroso. La noche antes de hacerlo dormía fatal, solía tener pesadillas. Al día siguiente los mataba enseguida, de un hachazo en el cuello. Era una absoluta mierda. Se me revolvía el estómago. Siempre sentí que no tenía el derecho a matarlos. Siempre sentí que estaba haciendo algo que estaba mal. Por mucho que intenté normalizarlo y mentirme. Si miras a los ojos de un animal, sabes que comérselos es de asesinos. De prehistóricos. He decidido no contribuir a tratarlos como mercancía. A dejarlos en paz. Y, el premio, a cambio es que me siento de puta madre por dentro y por fuera.

No deseo convenceros. Señalaros. Decir que soy mejor que vosotros. Sería ridículo. Vosotros comed lo que os salga de los huevos. Sólo os recomiendo que probéis un tiempo porque os vais a sentir mucho mejor y, si no conocéis esa comida, os estáis perdiendo algo grande y que quizás sea la solución a algunos de vuestros problemas. Antes, mi comida preferida era la italiana. Ahora, es la vegana.

Mis ex gallinas con mis libros y mis gatos.

Mis ex gallinas con mis libros y mis gatos.