¡Viviendo en Gijón!

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Como os conté en el post anterior, he dejado Requena (que para mí ha sido como vivir en un hospital en el que he estado restableciéndome) y me he marchado a Gijón. En principio, iba a irme a vivir con una chica pero al final, mejor no, y ahora vivo solo.

Hay dos tipos de personas: los que van a algún lado y los que no van a ninguno, afirman en una de mis canciones preferidas. Finalmente, me he dado cuenta, de que pertenezco al segundo grupo. No tengo “hogar”. Me veo el resto de mi vida vagando por España, con mis libros a cuestas. Por cosas que me pasaron en la infancia desprecié a mi familia y seguí mi camino solo. De adulto, todas mis relaciones amorosas han terminado: en cuanto he dejado de sentirme querido he tomado la puerta pues, la única razón por la que puedo soportar la vida de “casado” es por amor. Si no hay amor, prefiero estar solo. El amor, quizás sea una quimera, pero es lo único que me interesa. A la mierda el oro y la fama. El amor es mi droga, mi meta. Quizás ese sentimiento sea una ilusión, o algo que no perdura para siempre, pero prefiero vivir buscando esa ilusión, viviendo en la pasión, que conformarme con una vida mediocre y reprimida.

O quizás yo no merezca que me amen… Y ya me da igual. Lo he aceptado y me descojono del infierno. Aprovecho los momentos buenos y listo.

Gijón me flipa. Vivo cerca de la playa, que me recuerda (salvo por el frío del agua) a mis Las Canteras, de mi Gran Canaria natal. Cada día me la recorro un par de veces, con Anaïs.

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Ella se ha adaptado genial al cambio. Cuando alguien me dijo por Facebook que Gijón era una ciudad en la que los perros son muy bienvenidos, pensé que exageraba. No es así. Puedo entrar en casi todos los comercios con ella y la gente no para de sonreírla por la calle, pararme para preguntarme por ella. Aquí casi todo el mundo tiene un perro. Esto esta lleno de perros felices. Me paso el día con ella.

Más adelante, volveré al campo porque vivir en la naturaleza es la segunda cosa que más me flipa. Pero este año y quizás el próximo, Gijón centro, será mi base de operaciones. Asturias me da paz, la gente me cae genial, siento que encajo, el clima me maravilla y, en esta “tierrina”, siempre tengo ganas de escribir.

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