Pedro María Aliseda Cerrato

Pedro y yo

Pedro y yo

Por el tema de mi divorcio, llevo un año y pico que no soy yo. Perdí mi característico optimismo y confianza a pruebas de bombas, las ganas de vivir… me avergüenza muchísimo reconocer que pasé un año tumbado en la cama, sin fuerzas para levantarme. Desgraciadamente soy un tipo muy sensible. Me gustaría cambiar eso. Trabajar, he trabajado muy poco. Mi trabajo depende de lo bien que tenga la cabeza: me es imposible crear, concentrarme, estando triste o pensando que para qué: que nada tiene sentido. Busqué, por primera vez en mi vida, trabajos mecánicos, de subhumano. No conseguí ninguno.

—¿Cómo vamos a darte un trabajo en una fábrica si sólo sabes escribir? —me dijeron en la empresa de trabajo temporal.

Y es así como se me fue acabando la pasta que tenía ahorrada. Cuando quise levantar cabeza, volver a escribir, volver a ser quien era, simplemente no pude. Seguía mal. Me da muchísima vergüenza reconocer públicamente que, mes a mes, he tenido que estar pidiendo de 200 a 300 euros a grandes amigos. Con mis libros (no saco uno nuevo desde hace dos años) gano unos 700-800 euros al mes (frente a los 2.500-3.000 que ganaba antes) . No ser independiente, no saberme valer por mí mismo tras tantos años consiguiéndolo, (y ayudando a alguien más), fue minando mi moral y mi espíritu, pensando que mi tiempo había pasado, dándome mucho asco. Cada día que pasaba sin escribir me sentía más y más mierda. Agarrotado, presionado (pasaba los días mirando mi cuenta bancaria, sin saber cómo resolver mis números). Cada día, estaba mas avergonzado de mí mismo, en peligro: con ganas de quitarme de en medio.

En esto apareció Peter. En la puerta de mi casa. Sin avisar. Me sorprendió muchísimo.

Peter es Pedro María Aliseda Cerrato. Es un empresario nacido hace 36 años en Bilbao. Casado, con un hijo. Lo conozco de hace años. Ayudó muchísimo a mi editorial cuando la fundé. Mi tercer libro: “Un bebé” lo financió él. Pagó casi 5.000 euros a los dibujantes que lo ilustraron. Luego, desapareció. Ahora, volvía a aparecer: en la puerta de mi casa:

—Estoy hasta los cojones de tus amiguitos del Facebook —me dijo—. Todos diciéndote “ánimo”, “te queremos”, etc. ¡Putos hipócritas! ¿No ven que de verdad estás mal? ¿No ven que de verdad necesitas ayuda? Creo que la hipocresía más grande es todas esas personas que te desean lo mejor, pero saben que estás en la mierda y no actúan. No sé, supongo que son como esas personas que ven a un perrito abandonado por la calle pasando hambre, y aún teniendo espacio en casa, solamente le sacan una foto y la comparten por las redes sociales.

Me subió a su cochazo. Me llevó a Madrid. Estuvimos 2 días de juerga. Cuidado. Juerga para Peter es comer hasta la extenuación en restaurantes de puta madre, ir al cine y charlar mucho.

—Yo estuve en la ruina en 2015 —me contó Peter—. Mi novia me engañó, mi contable me traicionó, mis mejores amigos se llevaron mi cartera de clientes. Perdí todo mi dinero. Estaba como tú. Perdí las ganas de vivir. La alegría. No me podía levantar de la cama. Un día, hasta me hice un corte en el brazo, para suicidarme. Por fortuna, me lo hice mal: no me desangré. Pero, mientras mi brazo chorreaba sangre, vi mi reflejo en el espejo… ¿y sabes qué pasó? Dejé que se apoderara de mi cuerpo una parte dura, perversa, fuerte, valiente… Mi versión cabrón. El Peter bueno, dulce, no podía con su vida. Así que le di las riendas a mi parte mala. Le llamo Cracke. Cracke me sacó de la ruina. En 9 meses, había ganado casi 900.000 euros. Ahora, soy millonario. Rafa: tú también tienes a un alter ego: Sigmundo. Deja que él te controle un tiempo. Que haga lo que tú ahora no tienes cojones de hacer y que necesitas.

Por internet, se leen muchísimas cosas malas de Peter. La mayoría son un corta y pega de la misma persona: un tipo que está obsesionado con él porque dejó de pagar su dominio (a una de las empresas de Peter) y, como hacen todos los proveedores de dominios, su empresa lo vendió a un tercero. Culpa a Peter de eso y se ha dedicado a llenar internet de falsos testimonios contra él. O el caso de una empresa de telefonía que, Peter fundó, hizo que funcionara genial hasta que la vendió por un millón de euros. Los nuevos propietarios no hicieron su trabajo bien y las críticas, denuncias e insultos fueron a parar de nuevo al bueno de Peter.

Digo bueno de Peter porque, a parte de lo que ha hecho por mí (me ha llenado de ánimos, de cariño, de cuidados, me ha dado suficiente dinero para que pase 5 meses sin preocuparme de absolutamente de nada salvo de volver a escribir) le he visto cuidar de un montón de personas. Le he visto comprar prótesis (piernas) para gente que no se la puede permitir, extender cheques a la beneficiencia, pagar el alquiler o deudas a un montón de amigos y amigas que le llaman por teléfono, todo el rato.

—En internet sólo se habla de lo malo de mí —me cuenta Peter— pero de las cosas buenas que hago cada día, nadie habla. Incluso mis amigos: cuando echan la vista atrás, sólo recuerdan el día que les dejé de dar dinero. Nunca recuerdan todo lo que les ayudé mientras lo consideré necesario. La gente es desagradecida. Una mierda. Por eso, cada día que pasa, ayudo más y más a los animales y menos a las personas.

Y por eso he escrito este post.

No quiero ser un desagradecido de esos.

Gracias a Peter he vuelto a escribir y dentro de 15 días sale mi primer libro, uno infantil, tras dos años. Se lo he dedicado a su hijo.

Y tras ese libro, en julio, saldrá el segundo: “Doctor Mente”, por fin.

Ya estoy resurgiendo. GRACIAS A PETER.

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