¡Gané la guerra, subhumanos!

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Tuve graves problemas económicos el mes pasado pero finalmente se solucionaron, como siempre. Cuando sucedió, a parte de alegrarme muchísimo, me enfadé conmigo mismo: también muchísimo:

—¿Te das cuenta, Rafa? —me dije— ¿Te preocupas y angustias un montón y al final, NUNCA, nunca, te pasa nada malo? Al final siempre estás de puta madre.

Es verdad: nunca he dejado de pagar una factura a tiempo ni nunca he vivido en la calle. Pero cuando le veo las orejas al lobo dejo de vivir: sólo me preocupo y bloqueo. La verdad es que ya estoy cansado de preocuparme para que al final nunca me pase nada. Es como si de verdad viviéramos en un juego de simulación virtual. Pase lo que pase, nunca muero: me levanto de la cama como nuevo. Pase lo que pase, al final siempre se soluciona todo: por un nuevo libro que saco, por ventas, por grandes amigos, por encargos, por concursos, por lo que sea. Es como el oxígeno. A no ser que me meta en un lugar a posta donde no hay oxígeno, nunca voy a dejar de respirar. Si sigo escribiendo, trabajando, nunca, nunca, me va a faltar lo básico. Como siempre.

Me han pasado muchas cosas en la vida. He tenido suerte y mala suerte. Pero una cosa me ha salido bien. Una sola cosa. Y es incontestable:

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Hago cada día lo que me da la gana. Los lunes me dan igual. Los subhumanos perdieron. A este cabronazo no consiguieron meterlo en el redil. Es cierto que no soy rico, que no vivo en Hollywood, que no tengo un Oscar. Pero mi tiempo, cada día, es mío. No soy un esclavo. De nada ni de nadie.

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Estamos en el año 2019. Me lo repito cada día. Aún pienso que estoy en el 2018: entre todas las cosas malas que viví por mi divorcio:

—Rafa, y pronto vendrá el 2020. No vayas a perder otro año de tu vida. Escribe.

El Rey del Cosmos me puso para eso en la Tierra. Para escribir novelakas y hacer el amor. Llevo 25 días sin hablar con nadie, cara a cara. Desde que se fue la chica de Francia, no he vuelto a hacer el amor. Ella me escribe cada día, busca que seamos pareja, a mí me da miedo volver a tener pareja: para colmo quince años más joven y que vive tan lejos. Me paga los billetes a Francia: me apetece muchísimo porque me lo paso genial con ella, me hace sentir paz, amor, además nunca he estado en Francia y llevo mucho tiempo sin viajar fuera de España pero:

1.-Mi Anaïs Nin esta cada vez más débil de las piernas traseras. A veces la veo temblar. Ya tiene casi 15 años. Me da mucha pena dejarla 4 días sola… ¿y si le pasa algo? ¿y si me necesita? Conmigo está supertranquila. Ella es mi responsabilidad, soy su mundo y no puedo fallarle cuando me necesite.

2.-Por fin he vuelto a escribir. Como os conté, estoy recuperándome como escritor al fin. Cada día escribo un ratito más. Aún no consigo pasar 12 horas escribiendo al día, como antaño. Pero ya consigo estar 2 horas seguidas por la mañana y otras 2 por la tarde. Es como volver a aprender a caminar.

Llevo 25 días solo, cada vez me gusta más. No voy a caer en los extremos de “vivir solo es lo mejor del mundo” o “vivir en pareja es lo mejor del mundo”. Para nada. Las dos cosas son geniales y tienen sus momentos buenos y malísimos. Es indudable que, cuando aparece alguien, aparece y es absolutamente genial. Tampoco me apetece conocer a alguien y tener que estar explicándole que estoy muy justo de pasta, que no puedo, hasta que vuelva a publicar con regularidad, casi ni salir de casa o qu eme pague nada. Pero el avance es que ya no necesito estar con nadie simplemente porque sí, como un enfermo. Estoy tranquilo conmigo mismo, disfrutando: cada día me levanto a eso de las 10. Desayuno, le doy un paseo a Anaïs, hago ejercicio en la piscina del pueblo (he dejado las pesas por ahora porque empezaron a aburrirme mucho), me pongo a escribir 2 horas, almuerzo verduras al vapor, le doy otro paseo a Anais, me pego una siesta, trabajo otras dos- tres horas y sobre las nueve-diez de la noche, voy al super, leo, dibujo en la tablet, escucho música, me pongo una peli o a pensar sobre lo que estoy escribiendo. No me digáis que es mala vida. Es cierto que, por ahora, no voy a restaurantes, no me compro ropa, no voy al cine, no tomo cervecitas por ahí pero… estoy de puta madre y soy un privilegiado.

PD.- Si te apetece y lo tenías pensado, cómprame todos mis libros.

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