Hablar con un tío no me suele entretener.

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Se está haciendo de día mientras escribo esto.

Acabo de desayunar, estoy feliz. Ahora voy a escribir este post que estás leyendo, luego voy a dar un paseo a Anais y por fin, me voy a zambullir en el mundo que estoy creando.

Es lo que me faltaba en la vida para volver a sonreír del todo. Escribir da sentido a mi existencia. Permite que me mire al espejo, sin sentir vergüenza por existir. Creo que por eso estaba tan triste. Me había convertido en “nada” y estaba buscando a alguien, una mujer, que me ayudara a volver a ser lo que soy/fui. No encontré a nadie que me ayudara como sí que yo he ayudado de forma desinteresada, dos veces, en mi vida a alguien a levantarse y realizarse (al argentino de los “Diarios Secretos” y a mi ex esposa). Pero es normal que no encontrara a nadie como yo en el pasado, porque yo soy la leche, un héroe. Irrepetible.

Llevo ya casi un mes escribiendo mi nueva novela infantil. Me levanto de la cama entusiasmado, con una sonrisa. Me sienta bien crear ese mundo. He dejado de ir al gimnasio. En el mes que llevo escribiendo, he engordado unos dos kilos y medio. No me importa. Lo único que me apetece ahora es escribir/crear. Y esa es otra de las reglas que tenía olvidadas, y que me hacían infeliz: hacer lo que me dé la gana cada día. Si hago trabajos de subhumano, el Cosmos me castiga y me hace mediocre. Si creo en mí, el Cosmos me envía regalos increíbles. También he dejado de “desear” lo que no tengo y disfrutar de lo que sí.

He sacado el amor de la ecuación de mi vida. Ya no lo busco aunque sigo creyendo en él. Pensé que era lo que necesitaba para empezar a reconstruirme, pero estaba equivocado. Lo que necesitaba era escribir y creer en mí. A veces, pienso que eso del matrimonio, o tener pareja es un cuento de la antigüedad que nos seguimos creyendo como párvulos en la actualidad. Lo pienso cuando, cada día, tengo cero responsabilidades: ni hijos, ni pareja absorbente, ni trabajo al que no me guste ir. Pero luego, recuerdo, los años maravillosos de los que estuve casado o, hace poco, los buenos momentos que pasé con mi última novia y pienso que sí: que estar en pareja es lo ideal, lo malo es que no vale cualquiera: que conectar con cualquiera en ese plano, para que valga la pena tantos sacrificios, es muy, muy complicado.

Aún así trato de quedar con alguien, una vez a la semana. Tomar un café.

Una mujer, principalmente.

Hablar con un tío no me suele entretener. Los conozco a todos. Sé lo que van a decir incluso antes de que abran la boca.

Una mujer, sí que me entretiene. Son rompecabezas.

Me gusta mirarlas, me gusta intuir lo que tienen dentro de la cabeza. Me gusta ver de qué van, como se contradicen, qué es lo que desean.

Y, luego, está la tensión sexual en el ambiente. Es agradable sentirla.

Aunque no follo con ninguna porque a mí sólo me gusta follar sin condón y eso no puede hacerse con cualquiera, hasta que pasa mucho tiempo, se ve que no hay peligro y hay confianza.

No suelo quedar con la misma chica más de dos veces porque todas me parecen vacías: aprisionadas por el sistema, súbditas subhumanas de la hipocresía. No quiero reproducir un ser vivo con ellas. Sería una pesadilla. Me tendría que meter dentro del sistema que tanto critico.

Con esto no quiero decir que yo sea un antisitema. Pago mis impuestos y creo en los bancos. En lo que no quiero entrar es en el sistema de la “muerte del ser humano”. Convertirme en uno de esos zombies que van al trabajo cada mañana y luego, cuando salen, regresan a un hogar que también los anula.

No he encontrado a ninguna mujer que valga la pena.

Aunque sé que la encontraré y que, de aquí a 4 años, volveré a casarme con una mujer espectacular en todos los sentidos.

La veo.

De dinero, cada día estoy un poquito mejor. A medida que siga escribiendo y publicando, mejor estaré. Aún así, todavía estoy muy, muy justo: aunque no en situación precaria. No me puedo dar ni un gustito, sigo contando euros. Lo peor que llevo es que, para comer sano (y rico), hace falta más dinero que para comer “guarro”. Pero sé que a medida que siga escribiendo, volveré a llegar al cómodo lugar que estaba antes de divorciarme. Ya no me doy plazos ni me hago ilusiones. Cada día escribo y punto. Eso es todo lo que tengo que hacer para salir de mi crisis económica. Perder tiempo planeando, preocupándome, me restaba energía, es inservible pues luego, la vida, hace lo que le da la puta gana. Mi única carta, es crear cada día. Pelear con el teclado. Escribir mis 5 páginas diarias, como mínimo. Y, gracias a el Rey del Cosmos, mi cabeza vuelve a funcionar: mi imaginación está mejor que nunca. Ayer por la mañana, por ejemplo, se me ocurrió una idea para una novela absolutamente increíble. Tan buena es la idea, que estuve toda la mañana flotando por mi casa, llegué hasta el techo. Cuando tocaron el timbre de mi casa, no pude bajar hasta la manilla de la puerta, para abrirla. Me llamaban por teléfono, y tampoco podía bajar del techo hasta la cama, para responder. La escribiré después de “Doctor Mente”. Se titula (provisionalmente): “Un hombre blanco cualquiera”. Y va sobre un ginecólogo que descubre la magia de la vida. Tengo en mente cuatro novelas para este año. Es un reto complicadísimo cumplirlo. No prometo que lo consiga (aunque dos de ellas, son de sólo 150 páginas, asunto que me resuelvo en 2 meses, pues soy una máquina de escribir). Pero si sigo encerrado en casa, escribiendo, tan concentrado como ahora, 10 horas diarias, puede ser que ocurra el milagro. Sería la leche para mí. Cuantas más novelas increíbles tenga, más oportunidades tengo de conseguir el best sellar que estoy predestinado a escribir. Esa novela que será eterna.

Ya lo veréis, es inevitable. Pasará cuando menos lo esperemos.

Y vuestro nombre, aparecerá dentro. Espero. Si no sois unos subhumanos egocéntricos y aún tenéis algo de olfato para apreciar la magia de la vida.

Por lo pronto, mi segunda novela infantil: “El fantasma… ¡con una pierna viva!” se va a imprenta el día 15 de abril. Si te apetece leer el adelanto gratuito de 44 páginas, pinchas aquí. Si te apetece convertirte en mecenas de la novela y que tu nombre, o el de tu hijo o sobrino, aparezca en los agradecimientos, pincha aquí y cómprala en preventa. Si ya la compraste y quieres ver si el nombre que me diste aparece correctamente dentro de la novela, chequea la imagen que aparece a continuación. Si no aparece el o tu nombre tal como deseas, escríbeme un email a ezcritor@gmail.com o chatéame por mi Facebook. Muchas gracias.

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