Lo único que no entiendo de las reivindicaciones feministas

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Entro en la web de blablacar. Viajo a menudo por ahí, lo prefiero al bus o al tren: más cómodo, más barato y de paso hablo con alguien con quien no hubiera hablado nunca. Así puedo volver a hablar con alguien de mi tristeza, de la que no me canso de hablar como un pesado. Pillo un blablacar que me lleve de Valencia al pueblo en el que vivo actualmente, Requena. Llego al punto de recogida: una gasolinera, con 10 minutos de antelación. Son las 19:20.

Espero.

Espero.

Espero.

Es la primera vez que un blablacar me falla. Llamo por teléfono al conductor:

—Sí. Estoy cerca. En 10 minutos llego —me dice.

Pasan los 10 minutos. Espero que pasen 20 para hacer la segunda llamada. No me gusta ser exigente ni que lo sean conmigo. Relax en la vida para todos. Le llamo:

—Cuando puse en Blablacar que pasaría por ahí a las 19:30 me refería a una hora aproximada—contesta, hablando en mal tono—. Estoy cerca.

Y cuelga.

Me enfado. Pero ya no tengo opciones para regresar a mi pueblo que no sea ese blablacar. Al último bus no llego. Quizás haya un AVE, pero tendría que pagar unos 20 pavos y caminar una hora. En Taxi, me sacan 90 euros. Así que me lo tomo con filosofía, espero.

A las 20:15 vuelvo a llamar. Ahora mi tono de voz no es tranquilo. El conductor, me dice que me promete que llegará dentro de 15 minutos.

Aparece a las 21:00 horas. Suena mi teléfono.

—Estoy aquí —me recrimina— ¿Dónde estás que no te veo?

—Yo también estoy aquí. No le veo.

—Es un coche rojo. Voy a poner los intermitentes.

Miro. No lo veo. No llevo las gafas puestas. Ni las lentillas. Me cago: o se ha equivocado de gasolinera o aún no está y quiere seguir toreándome o yo no lo veo.

—¿Puedes salir del coche? —pido—. ¡No te veo!

—¿Salir? Hace frío.

—Ya. Y yo llevo una hora con este frío esperándote. ¡Oh! ¡Ya veo tu coche!

Es un coche del año 90. Rojo. Un Fiat con los intermitentes encendidos.

—Siento haberme retrasado 30 minutos —me dice el muy cabrón con una sonrisa.

No le replico ni mú. Es un tipo de casi 2 metros y de unos 150 kilos de peso. Su puño es del tamaño de mi cabeza. Lleva el cabello largo. Tendrá unos 50 años. Es andaluz o gitano.

—“Ya me vengaré de ti en la valoración de blablacar” —planeo cobardemente en mis pensamientos mientras me siento en el asiento del copiloto—. “Te daré la peor nota posible y contaré todo lo que me hiciste esperar. Ahora lo que me interesa es regresar de una puta vez a mi pueblo”.

El tipo arranca su coche. Se supone que tiene que ir a mi pueblo directamente, pero empieza a meterse por calles cada vez menos concurridas y oscuras. Pongo el gps de mi móvil. Compruebo que sí: está conduciendo en dirección contraria a mi pueblo.

—Vas mal, ¿eh? —le digo asustado.

—Que no, hombre. Soy conductor profesional. Sé lo que me hago.

Pienso: no debería de haberme subido a un coche de un tipo que no conozco por la noche. ¿Qué hago? Decido bajarme la próxima vez que el coche se detenga en un semáforo. Lo hace. Miro. Estoy en mitad de la nada. Aparecen dos tipos. Tienen una pinta terrible. No son más altos que yo, ni más corpulentos. Pero como saquen una navaja me cago. Abren el coche. Se sientan en los asientos de atrás. También son gitanos o andaluces.

—Hola, José Alberto —le dicen.

—¿Cómo estás, quillo?

Hago recuento. En la mochila llevo mi tablet Pro. La necesito para terminar de dibujar la novela infantil con la que estoy tratando de desatascar y reanudar mi carrera de escritor. En la cartera no llevo más de 7 euros. ¿Qué más de valor tengo? Mi culo. El agujero de mi culo. Pueden violarme. No debería de haber adelgazado tanto ni muscularme en el gimnasio. Bajé a Valencia para cortarme el cabello. Me he puesto guapísimo para ellos, incluso me puse colonia. Ahora la virginidad del agujero de mi culo es un valor añadido a las cosas que me pueden quitar. Me veo en un descampado, haciéndole mamadas a todos para que me dejen vivir. Luego, para tapar su vergüenza por ser gitanos maricones, me matarán. Pienso en las feministas. Pienso en ese adorable y achuchable señor que salió fotografiado en todos los medios de comunicación, en la última manifestación del día de la mujer:

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Si ese señor se mete en los garitos a los que van sus hijas por la noche (con un buen reloj, una buena cartera)… ¿podría regresar a casa caminando tranquilamente? ¿Por qué cree que la maldad humana puede arreglarse con el feminismo? Le entendería si el mensaje de ese cartel fuera dirigido a Dios. Quizas, si existe, podría resolver algo. Si yo voy caminando por un barrio chungo a las tantas de la madrugada, puede pasarme algo horrible. Da igual que no sea mujer. Es cierto que hay muchísimos más casos de mujeres violadas que de hombres violados. Pero en las manifestaciones lo que las feministas reivindican es que las mujeres puedan caminar a cualquier hora por cualquier sitio y no les ocurra nada. Eso es imposible: tanto si eres hombre como si eres mujer. Esta reivindicación es la única cosa que no entiendo del movimiento feminista actual: movimiento que aplaudo y que veo supernecesario. ¿Se acaba con la maldad humana con la educación? Por mucho que le razones o le repitas a una persona malvada: no hagas el mal, va a terminar haciéndolo.

—“Si salgo con vida de esta —pienso— escribiré un post en mi blog sacando el tema para ver si alguna feminista me lo explica”.

Los gitanos (o andaluces) comienzan a hablar conmigo:

—¿Y a dónde vás?

—A Requena.

—Pero tú no eres de aquí, eres sudamericano.

—No. Soy canario. Tenemos una forma de hablar parecida a la de los caribeños. Hace siglos, los puertos del archipiélago canario eran escala obligada para las expediciones que iban a la conquista a América. Eso provocó que muchos canarios fueran y vinieran. Después, a partir de 1860, se dio un aumento importante de la migración canaria a Cuba y a Venezuela. Así que por eso tenemos más acento de allá que de acá.

—No diferencio tu acento al de un colombiano.

—Normal. Yo no diferencio el acento de un andaluz al de un gitano.

Los gitanos (o andaluces) ríen.

—¿Y cómo es que terminaste en Requena? —siguen preguntándome.

—Vivía en otro pueblo, decidí divorciarme de mi esposa y, como no tengo coche, me fui a vivir al pueblo de al lado, que la mudanza me salía barata.

—¿Y qué tal?

—Ahora estoy empezando otra vez de cero. Bueno, llevo 9 meses así y aún no levanto cabeza. Me fui de casa de mi ex sin nada. Y, joer, lo que me está costando a veces hasta poder comer. Por la tristeza y desilusión que siento me cuesta horrores ponerme a trabajar. Estoy en una mala racha que no sé cuando va a terminar.

—Pero por lo menos te la follaste —me dice un gitano.

—¿Cómo? –pregunto extrañado.

—Es lo que pienso siempre cuando termino una relación. Da igual que haya terminado bien para mí o mal. ¿Se va? ¿Me deja? Me da igual: porque por lo menos me la follé. Pienso en eso y así no me hundo ¡Por lo menos me la follé!

—¿Es lo único que te importa? —le pregunto.

—Es con lo que me consuelo —me dice— ¿Tú te has fijado? Las mujeres cuando terminan contigo, te bloquean de las redes sociales. ¿A qué sí?

—No siempre —contesto.

—Me refiero a las chicas con las que has estado mucho tiempo y tú las has dejado. No un rollo. Esas te dejan ahí por si un día surge la posibilidad de una segunda parte. Todavía no han perdido al 100% la esperanza contigo.

—Es verdad que casi todas las novias a las que yo he dejado me tienen bloqueado —contesto—. Sólo he tenido 5 novias en mi vida y sólo una me ha dejado **(aunque yo continuaba con ella por pena). Por mucho que trato de ser amigo de ellas, me bloquean de Facebook ***(sólo hay una que no me tiene bloqueado y que me sigue felicitando por mi cumpleaños… por si está leyendo esto, un abrazo P.)

—Nos bloquean a todos. ¿Sabes por qué?

—No.

—Porque no quieren verte. Eres un fracaso para ellas. Te estuvieron follando durante meses o años y te escapaste. Ese es el peor insulto que puedes hacerle a una mujer: que no te las quieras volver a follar jamás. Que elijas eso. Así que te bloquean para no verte el careto que les recuerda que su belleza es un anzuelo, pero el anzuelo no funciona eternamente. Eso les jode muchísimo. Porque por muy buenas que estén, siempre terminamos cansándonos de ellas. Por eso todas las mujeres casadas son unas amargadas. Cuando son jóvenes, se ven con un superpoder. A medida que van creciendo, se van dando cuenta que el superpoder que tienen, lo tienen todas y que cada vez, el superpoder va menguando.

—A mi ex esposa no me cansé de follármela —digo, sincero—. Me gustaba la rutina con ella, el día a día. Es normal que la pasión (por los dos lados) va bajando pero, cuando surgía, era estupendo. Lo que pasa es que simplemente llegué a la conclusión de que no era una buena compañera para lo que me quedara de vida y tuve que ser valiente: aspiro a vivir feliz y en paz.

—Todas las tías tienen un lado puta—dice otro gitano—. Utilizan el sexo para capturarnos. Saben que es nuestra droga. Es el gran arma del que disponen. Y cuando no les funciona o les deja de funcionar, se suben por las paredes de la rabia. Sobre todo porque han estado follándote durante meses o años para al final, quedarse sin recibir la paga y los beneficios de tenerte capturado en casa.

Seguimos hablando. No sé si lo que dicen esos gitanos será verdad. Supongo que no. Yo tengo el sexo más normalizado. A mi no me “caza” con sexo nadie. Por eso de que soy un escritor algo conocido, no me cuesta casi nada conseguirlo. Realmente me cuesta mucho más que una lectora me compre un libro que acostarme con ella. Pero, por lo menos, estos gitanos o andaluces no son ni ladrones ni violadores de hombres. El conductor un poco caradura pero qué le vamos a hacer. Allá él con su forma de hacer las cosas. Tendrá que vivir, de por vida, con mi mala review en blablacar por impuntual. A la hora, llego a Requena. Con el culo intacto. Ellos siguen para Albacete.

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Nota.- Sé que no es un buen post para anunciar mi segunda novela infantil (que mando a imprenta el 15 de abril). Pero qué le vamos a hacer: necesito llegar a 40 mecenas antes de que termine este mes. Si quieres leer 44 páginas gratis, pincha aquí. Si quieres hacerte mecenas y salir en los agradecimientos, cómprala en preventa pinchando aquí (te llegará en papel, a color, en abril). Si eres mecenas y quieres ver si tu nombre (o el de tu hijo) sale correctamente, a continuación tienes la lista. Si no sale correctamente, escríbeme un chat por Facebook o un email a ezcritor@gmail.com GRACIAS.

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