La aventura de escribir un libro infantil para renacer y subsistir

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La bibliotecaria de mi pueblo pensará que soy un padre ideal: cada dos días saco un librito infantil para niños de “a partir de 7 años”. No sabe que vivo solo, que mis hijos son imaginarios o que mis hijos son todos los vuestros. Mi primer libro infantil lo escribí sin hacer un estudio primero. Simplemente traté de conectarme con mi niño interior. Fue bien, ya lo leen en las aulas de los colegios: a los profes les gusta porque normalizo cosas como el divorcio. No hay muchos libros que sean actuales, que hablen de las cosas a las que los niños se enfrentan hoy en día y que, además, les enganchen:

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El segundo libro que estoy escribiendo ahora es de fantasmas. Me preocupa, sobre todo, escribir algo inapropiado para un niño: algo que le haga daño dentro de su cabecita o le asuste demasiado. Por ejemplo, en la primera línea de uno de los libros que saqué de la biblioteca, leo la palabra “ahorquen”:

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Yo jamás escribiría esa palabra. No me apetece que un padre que esté leyendo un libro mío a su hijo, tenga que detener la lectura para aclararle la duda:

—¿Qué es ahorquen, papá?

Y se lo tenga que explicar con una sonrisa sádica:

—Pues hay gente mala a la que le ponen una cuerda por el cuello hasta que…o gente que se mete en un armario mientras se masturba y se ahorca con un cinturón para…

Cada día saco libros de la biblioteca para ver cómo los autores de los libros infantiles se enfrentan, en la narración, a momentos como un asesinato o la muerte de un ser querido. Mi conclusión es: con naturalidad y sin cuidado. Recordad el cuento de Caperucita Roja, por ejemplo. Allí se leen palabras como “devoró” a su abuela, se la “comió”. O, al lobo, le llenan el estómago de piedras y lo tiran al río hasta que se ahoga. Son imágenes e ideas impactantes, violentas, pero que, por lo visto, los niños aceptan sin necesidad de tener que ir al psicólogo.

En mi segundo libro infantil hay una parte en la que un fantasma tira a dos hombres lobos a las vías del tren, para que el tren pase por encima de ellos. Pensé mucho si escribir esa parte o no. ¿Demasiado bestia? Al final me dije:

—Lo subo en el adelanto del libro. Si es demasiado bestia, ya me tirará de las orejas algún padre.

Pues bien, hace un rato recibí este entrañable audio de uno de los padres que leyeron el adelanto de mi segundo libro infantil a su hijita:

¡Fue lo que más le gustó! ¿Os fijáis como dice la palabra “muchísimo”? ¡Viva! Su madre, además, me contó algo más que me alegró: los dibujos que estoy haciendo para ilustrar la novela le gustaron mucho a su hija:

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Me quitó otro peso de encima. Sé que no dibujo bien, que con un profesional de las artes, el libro quedaría mucho mejor. Pero como no tengo dinero para contratarlos y paso de estar pidiendo favores o aprovechándome de los artistas, me puse yo mismo a ilustrarlo. Tras ver las ilustraciones del libro que saqué ayer de la biblioteca y las palabras de la niña, se me quitaron los complejos.

Ilustrar más frío, soso y con menos vida, no es posible. Mis ilustraciones son mucho mejores y no me dedico a ello.

Ilustrar más frío, soso y con menos vida, no es posible. Mis ilustraciones son mucho mejores y no me dedico a ello.

Trato de fijarme en todos los detalles. Por ejemplo, cuando lo maqueto no justifico el texto a ambos márgenes. Eso es un handicap de lectura para los niños disléxicos.

Por cierto, antes de empezar a escribir mi segunda novela infantil: “El fantasma que tiene… ¡una pierna viva!” hice una exhaustiva búsqueda por internet para ver si alguien había escrito algo parecido sobre un fantasma así por si le estaba pisando la idea a algún autor infantil y me metía en líos legales. No encontré nada. Pero ayer, sí. Por lo visto, en la mitología tailandesa hay una leyenda que habla de un ser formado por una sola pierna, que salta mientras grita: “¡Gong Goi! ¡Gong Goi!”. Alguien lo grabó hace poco.

Por fortuna, no tiene nada que ver con lo que yo he imaginado.

¡Pues eso ha sido casi todo lo que tengo que contarte por hoy! Si te apetece leer el adelanto de 44 páginas de mi segunda novela infantil te aseguro que, aunque seas un adulto, te hará pasar un buen rato. Estas 44 páginas han sido mejoradas, un poquito, respecto a las que subí el otro día:

1.-Situé los Jardines de Sabatini dentro de la acción.

2.-El moco Juanillo hace una breve aparición antes de que Pilar entre en la Estación del Príncipe que Pía en busca de su hermana.

3.-Corregí algunas erratas y mejoré un poco algunos párrafos. Ya sabéis que hasta el día 15 de abril estaré mejorándolo todo para que llegue a manos de vuestros hijos (o a las vuestras) de forma sobrasaliente.

4.-Borré la palabra “Cielo”. No quiero que mis libros infantiles tengan referencias a ninguna religión. La educación religiosa que le déis a vustros hijos, es asunto vuestro. Yo hubiera preferido criarme sin ir a misa ni saber nada de los sacerdotes. Los “cuentos” de la Biblia son maravillosos. Sin embargo, algunos curas los utilizan para culpabilizarnos, limitarnos y amaestrarnos.

¡IMPORTANTE! Recordad que busco mecenas para esta novela que saldrá el día 15 de abril. Por ahora sólo tengo 13 mecenas. La lista, actualizada, sale al final del pdf. Si piensas hacerte mecenas, hazte ahora por favor. Te necesito. Ojalá llegue a 40 mecenas antes de que termine el mes para poder enfrentarme a todos mis gastos el día 1 de abril y pueda seguir creando tranquilo sin tener que endeudarme. Si eres mecenas, baja el pdf y mira, en la última página, si tu nombre o el de tu hijo, sale como me has indicado. Si no es así, escríbeme a ezcritor@gmail.com o chateame por Facebook.

Puedes hacerte mecenas de mi segunda novela infantil, pinchando aquí.

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