El día que me enfrenté a Stephen King

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Llevo más de un mes casi encerrado en casa, sin hablar con nadie cara a cara, escribiendo por fin. Si no recuerdo mal, la última persona con la que hablé fue con un joven del pueblo que, de vez en cuando, es tan amable de llevarme a jugar al fútbito al pueblo de al lado, ya que él va a jugar también y le viene de paso. Ese día me lesioné (joer, que tengo 45 años y me enfrento a chavales), he andado cojo una semana por un golpe que me dí yo mismo en el talón (contra el suelo) en un exceso de potencia y agilidad que no existe en mí pero que yo me empeño en tratar de sacar. Pero no me quejo, ¿eh? Encantado de la vida. Si hay que cojear una semana, se cojea. Para colmo el chaval, digo chaval porque tiene 19 ó 21 años, me pareció un gran tipo, me cayó super bien, me estuvo preguntado a qué me dedicaba, mientras nos contábamos algo de nuestra vida en una amigable y rutinaria charla en el coche. Así que le conté lo primero que le cuento a todo el mundo sobre mí en cuanto tengo oportunidad: estoy orgulloso y es lo que me define como ser humano:

—Soy escritor.

—¿Y vives de eso? —me preguntó.

—Bueno, ahora mismo bastante justo. Pero porque ando casi sin trabajar, bastante triste a causa del fracaso de mi matrimonio. No consigo salir de ahí. Los lectores que más me aprecian, hasta me ingresan limosnas. Estoy en la peor época económica (y más patética) de mi vida (pero sé que saldré de esta). Hace dos años que no saco ningún libro y eso es un suicidio para un escritor como yo, que vive de la autoedición. Cuando escribía todos los días no me faltaba de nada, era feliz y me sentía realizado y todas esas mierdas que se leen en los libros de autoayuda.

—A mí me encanta leer. Soy un lector increíble de Stephen King —me decía en el coche—. Me gusta mucho su literatura, aunque es muy fuerte.

Y claro, yo me revolví en el asiento del pasajero, pensando que él no sabía que era la literatura “fuerte”. Me refiero a esa literatura que te produce tanta rabia que te gustaría ir a buscar al autor a su casa para matarlo a patadas. Que te enfada tanto, y a la vez te horroriza tanto, que lees el libro a escondidas, pensando si lo que estás leyendo es legal. O que provoca que abras los ojos mucho y no pares de repetirte: “¿Cómo se ha atrevido a escribir algo así?”.

—A mí también me encanta Stephen —le dije—. He leído muchísimos libros suyos. El que más me gustó fue “Los ojos del dragón”. Un cuento de dragones y princesas. Es una novela encantadora.

—¡Ese lo tengo! Lo dejé aparcado por ahora. Aún tengo muchos libros en mi casa de él sin leer. Pero estoy estudiando y no tengo tiempo.

Ahí fue cuando vi la oportunidad de picarme con Stephen King. Pensé:

—“A este chico le gusta leer mucho. Y tiene libros de Stephen King, su autor preferido, en casa, aún sin leer. Alguno lo ha dejado a medias… ¿Qué pasará si se lee un libro mío? ¿Lo dejará a medias también?”

Cuando me dejó en el portal de casa, le dije que ya que me había llevado y traído un par de veces, iba a regalarle un ejemplar de alguno de mis libros…a pesar del miedo que me daba por si me juzgaba por su contenido, dejaba de hablarme y de llevarme a jugar al fútbol. Pero me pudo más el pique que yo mismo me creé en mi cabeza con Stephen King. Pensé qué libro regalarle. Los de Sigmundo son los más terribles. Quizás demasiado por el realismo que le dan las fotos pornográficas. Si le dejo “Diarios secretos”, “20 Polvos” o “El comedor de coños” quizá me retire la palabra. Recordé que él estaba estudiando criminología. Decidí regalarle “Prostituto de extraterrestres”. Tiene bastante de novela negra y también tiene ese punto de hijoputismo que tanto gusta a mis lectores… ¿Podría “Prostituto de Extraterrestre” contra los libros que él tiene apilados de Stephen King en casa? ¿Podría contra sus estudios de criminología?

Por supuesto que pude. Yo puedo contra cualquier escritor o ser humano. Estos son algunos de los mensajes que recibí del joven. Se lo leyó en 48 horas:

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Tengo claro que si mis libros los hubiera escrito Houllebecq o me los publicara Anagrama yo sería super ventas mundial. Y sería apedreado por la calle y por el Twitter. No porque lo merezca, sino porque mis libros son verdaderamente valientes, sinceros y la gente gilipollas e inculta. El arte, la recreación del mundo oscuro que detesto, ante todo. No cedo ante lo políticamente correcto, nunca. Pero como me autoedito y sólo tengo este blog para publicitarme, llego a poquísima gente y nadie me apedrea por la calle.

No hay mal que por bien no venga.

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