La chica peligrosa y extraña del fin de semana que empezó el jueves (tercera parte)

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La primera parte de esta vivencia-relato pinchando aquí.

La segunda parte de esta vivencia-vivencia-relato pinchando aquí.

1

Cuando empiezo a conocer a alguien siempre hay algo fingido, mecánico que odio: es ese camino tedioso que he recorrido mil veces con cada chica con la que he estado en mi vida: las mismas preguntas, las mismas dudas, los mismos momentos repetidos: escuchar el coñazo del daño que le han hecho los otros chicos con los que han estado: me miran con ojos asustados como si yo fuera ellos y les quisiera hacer lo mismo:

—Yo nunca te voy a hacer daño ni decirte una sola mentira —le aclaro a la psicóloga mientras nos besamos en la cama—. Yo estoy buscando a mi futura esposa, no engordar mi ego follándome a una tía buena más. Tengo casi 45 años. Nunca digo mentiras. Tampoco piadosas. Eso es de débiles e hipócritas. Quiero amor de verdad, pasión, estabilidad para escribir y momentos de calidad en mi día a día. No soy un subhumano. Quiero crear una familia…

—¿Una familia? ¿De verdad? —pregunta extrañada—. Una de las cosas que me atrajo de ti fue justamente que no tienes hijos y que contaste en tu blog que tienes no sé qué cosa en los cojones que te impide tenerlos a no ser que vayas a un hospital… ¿eso es verdad?

—Sí.

—A esta edad, no paro de conocer el lado malo de haber tenido hijos. Quedas con amigas, con hombres por el Tinder y todo el mundo está como desgraciado y atado a sus exs o maridos de los que les gustaría divorciarse o dejar de ver para siempre. Pero no pueden por haber tenido hijos con ellos… que ahora les llenan la vida de problemas y limitaciones.

—Es verdad —asiento.

—¿Aún así te gustaría tener hijos?

—Sí. Sé que, que no lleguen, también tiene su lado maravilloso. Pero daría mis dos brazos por tener un hijo junto a una buena mujer. Creo que sería un buen padre y que, la experiencia, me haría crecer como persona. Quiero vivir toda la vida, no sólo una parte.

2

Mi desayuno.

Mi desayuno.

Llevo 8 meses cuidando mi cuerpo al máximo. Como 4 ensaladas al día de lunes a viernes. Pescado y carne una vez a la semana. Fruta cada mañana. Me machaco en el gimnasio 5 días a la semana. Cada día corro 40 minutos. Perdí los 12 kilos que me sobraban en 4 meses, y ahora estoy tratando de abandonar para siempre mi cuerpo fofo de escritor para conseguir un cuerpo fuerte y potente. Sin embargo, la psicóloga, desayuna cada día como un camionero. Ama los fritos por la mañana. Jamás toma café o un té durante el desayuno. Odia las bebidas calientes. Desayuna Coca-Cola o Redbull. Fuma. Toma cerveza, porros y vino blanco. No entiendo cómo tiene un cuerpo tan atlético y perfecto. Cómo tiene un porte tan elegante. Ella podría pasar por profesora de aerobic. Es totalmente opuesta a las chicas que he conocido últímamente: todas veganas, amantes de la yoga y de la naturaleza.

Cada mañana desayunamos en un Vips que está a 8 minutos caminando de la casa de Ramón. Me sentiría ridículo, ante los ojos de ella, pidiendo una ensalada y un zumo de naranja, así que me salto mi régimen. Son sólo tres días los que pasaremos juntos. Quiero que estemos cómodos. Pido lo mismo que ella: tortitas con beicon, huevos y patatas fritas. Ya que estoy, le pongo chocolate a mis huevos fritos y patatas.

Ella me mira con asco.

—Amo el chocolate —trato de exlicarle.

—Pero es asqueroso.

—A mí me gusta mucho… ¿Tú no haces nada asqueroso?

—Sí. Soy adicta a ver videos en YouTube de granos expulsando pus —confiesa.

Tras el Vips nos desnudamos y metemos en la cama. Hacemos el amor. Nos pasamos el día y la noche mirando hacia la profundidad de nuestros ojos, abriendo nuestro corazón, contándonos nuestros secretos y miedos más profundos. Le cuento cosas que nunca le he contado a nadie. Le hablo de mi ex novia, del daño que me hizo ella y su familia:

—Algunas veces, aún sueño y espero que regresemos —le confieso.

—¿Quieres ser novio de alguien que no te ame?

—No.

—Pues has de aprender algo. Si alguien te ama, si alguien quiere estar contigo, lo está o lo intenta. Si alguien te ama, no desaparece y se aleja. Por lo que me contaste de ella, además de tener un poco de síndrome de Electra y ser muy egocéntrica viene de una pérdida: por eso le costó tener lealtad a ti, a su nueva pareja/familia. La gente suele quedarse en lo conocido. En su zona de confort. Tú, también. Tú buscas estar solo y abandonado porque eso es lo que conoces, ¿verdad?

—Sí. En la soledad me siento como en casa. Se nota que eres psicóloga.

—Soy muy buena. Si quisiera, podría conseguir que alguien se suicidara. A veces creo que estudié psicología para tener ese poder.

Que sea retorcida me provoca una punzada de placer en la polla.

Me excito.

Nos besamos.

Me hace una mamada.

Acabo en su boca.

Y sigo contándole mis más oscuros secretos. Mientras lo hago, pienso que he encontrado a la mujer de mi vida. Aún no estoy enamorado de ella pero, sin duda, lo estaré pronto porque lo tiene todo… ¡Ojalá que ella se enamore también de mí!

3

Ella.

Ella.

La última noche, a eso de las 5 de la mañana, la psicóloga me despierta. Está vestida. De píe, frente la cama. Ha hecho su maleta. Incluso lleva su abrigo puesto. Me está mirando de forma extraña. Me sorprendo bastante. Pensaba que estaba a mi lado. Dormida. Desnuda, en paz, tranquila, como yo.

—¿Qué pasa? —pregunto, asustado.

Ella comienza a hablar. Las palabras más horribles y espantosas que me han dicho nunca. Habla y habla, cada vez con más dureza. Mis oídos comienzan a sangrar. Cuando voy a reponerle, a defenderme, me grita con autoridad:

—¡CALLA! ¡NO HABLES! ¡NO TE ATREVAS!

Me asusta. No me atrevo a no hacerle caso. Saca los peores miedos de mi mente. No voy a contaros qué me dijo. Es demasiado espantoso. No quiero que nadie me lo vuelva a repetir jamás. La psicóloga lleva tres días estudiándome. Me he abierto demasiado con ella. Sabe qué teclas tocar en mi mente para que mi corazón esté a mil, para que mi cabeza se llene de agua hirviendo. Dudo de mí… ¿Realmente soy el ser repugnante que ella está describiendo? Ella tiene estudios, yo no… yo sólo soy un estúpido que se cree escritor y no tiene ni donde caerse muerto ¿Si miro al interior de mis ojos sólo hay un psicópata monstruoso capaz de hacer los horrores que ella narra? ¿Soy responsable de lo que me culpa? Me quiero morir. Comienzo a tener un ataque de ansiedad. Hace 5 meses que no tenía uno. Comienzo a temblar, como un loco. Es entonces cuando tiene piedad de mí: detiene su discurso:

—Esto te lo mereces por haber sido encantador conmigo —me dice—. No tenías ningún derecho de tratar de enamorarme. ¡No tenías derecho a hacerme el amor así!

Y, dando un portazo, se marcha de la casa de Ramón.

Combato mi ataque post traumático. “Soy mi mejor compañero”, me digo. “Estoy aquí contigo, Rafa”. “Juntos hemos sobrevivido y superado todo”. “No eres culpable de nada”. Me digo las palabras que necesito escuchar. Al rato dejo de temblar. Me calmo. No obstante, estoy aterrado. Cierro la puerta de la casa de Ramón con llave. No quiero volver a verla jamás. Esto me pasa por estar quedando con desconocidas. Encerrarme en una casa durante tres días con una mujer que no conozco de nada. Nunca más lo haré. En mi wassap tengo un mensaje de la chica de Francia. No ha parado de escribirme cariñosos mensajes desde que se fue. Quiere que nos volvamos a ver. Viajar otra vez hasta Valencia, para verme. Yo le he estado dando largas, pero recuerdo las palabras que me dijo la psicóloga por la tarde:

“Tienes que aprender algo. Si alguien te ama, si alguien quiere estar contigo, lo está o lo intenta”.

Contesto a la chica de Francia: por eso y porque necesito urgentemente abrazar a alguien. La llamo, con lágrimas en los ojos:

—Ven, por favor —le pido.

Y le cuento lo que acaba de pasarme.

—Mañana estaré allí —contesta—. Pero yo no vuelvo a casa de Ramón. Donde has estado con “esa”. Yo quiero ir a tu ático del pueblo. Donde tú vives.

—Sí. Lo que quieras.

—Ahora mismo compro los billetes.

CONTINUARÁ

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