Mi relación “enfermiza” con mis lectores

Yo, en la casa de Ramón.

Yo, en la casa de Ramón.

El otro día, cuando hice el video sobre cómo vencí a mis ataques de pánico, se me olvidó decir una cosa que voy a desarrollar hoy en este post porque anoche pensé que es super injusto que no lo haya incluido.

Vosotros también me ayudasteis a acabar con ellos. Fuisteis clave.

Los ataques de pánico me daban porque, entre otros motivos, me sentía solo, desamparado ante la vida. No tengo familia, pareja y me paso el día solo, encerrado en una casa, escribiendo novelas, sin amigos. Si tengo un mal mes, una mala racha, si enfermo, no tengo a nadie en quién apoyarme o que me preste una cama o cuidados por unos días.

Hasta que me di cuenta que eso no es así. Desde que me hice escritor os tengo a vosotros. A mis lectores: mi familia.

Mucha gente que he conocido me ha dicho que mi relación con vosotros es enfermiza. Que os cuento “demasiado”, que os “muestro” cosas de mi interior y de mi vida que no debería mostrar. He perdido novias, trabajos y relaciones por vosotros. Mucho subhumano me ha mirado como si estuviera loco.

Nunca me ha importado.

Porque cuando he estado mal, sois vosotros los que me habéis levantado. Porque cuando he sacado un libro, sois vosotros los que lo habéis comprado. Porque cuando he necesitado ánimos, sois vosotros los que me habéis animado. Del otro lado, de la gente “sana y normal” sólo he recibido dolor, mierda y locura. Es como si esos subhumanos quisieran que dejara en cielo en el que vivo para arrastrarme a su vida mediocre e hipócrita. Nunca lo consiguen. Me confunden durante un mes o un ratito. Pero siempre termino alejándome de quien me hace mal. Porque es raro el día que no reciba un par de mensajes como este… y al final (si la cabeza te va bien) te quedas con quien te hace sentir de puta madre:

Desayuno y meriendo vuestras fuerzas. Dudo de mi supuesto talento y de pronto, como si me hubiérais escuchado dudar me escribís algo precioso.

Desayuno y meriendo vuestras fuerzas. Dudo de mi supuesto talento y de pronto, como si me hubiérais escuchado dudar me escribís algo precioso.

No sólo me animáis con palabras bonitas. También me apoyáis económicamente. No sólo para que escriba. Si no también para que me divierta. Anoche, por ejemplo, un lector de Suiza me mandó 250 euros de pronto, sin yo pedirle nada, sin escribirle un email. Abro mi email y me llega ese aviso de transferencia. Se acordó que el 15 de este mes es mi cumpleaños y que estoy fatal de pasta. En el concepto del ingreso escribió: “para que celebres tu cumpleaños”. Ese lector también me ha ayudado en más de una ocasión a imprimir libros que se me habían agotado… ¿Él qué sabe que me pasé la noche mirando mi cuenta bancaria con cierto nerviosismo de cómo lo haría este mes para seguir afrontando todos mis pagos?… Por supuesto no utilizaré ese dinero para divertirme, sino para que mi perra y yo comamos mientras sigo escribiendo mi novena novela:

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Sé que saldré adelante. Siempre salgo adelante. Si en 44 años de vida jamás he vivido en la calle, tampoco voy a empezar ahora que tengo 8 novelas publicadas que cada mes me dan dinero y que cuento con una red de contactos profesionales extraordinaria. Esta mala racha (en la que me metí yo mismo tras 3 años de bonanzas extraordinarias) terminará algún día. Pero anoche estaba mal. Extra mal. Me pasó algo injusto que me puso muy, muy triste. Lo conté en el Facebook. Enseguida, la lectora de Francia me escribió. Le conté. Sin dudarlo, se pilló un billete de avión y mañana viene a verme a Requena hasta el viernes. Joer… ¡cuánto necesito su cariño! ¿Qué familia es mejor que la mía? ¿Cuántos familiares pillarían un avión por ti? ¿Soy un desamparado o soy un tipo super cuidado y afortunado?

Así que gracias a vosotros, gracias a vuestras acciones desde que empecé a escribir aquel primer Diario Secreto, NUNCA he caído. NUNCA he estado desamparado. Mis miedos son absurdos. No tengo una familia de 20 personas. Tengo una familia de 2.000 lectores. Es increíble. La gente que me dice que mi relación con vosotros es “enfermiza” va y viene. Vosotros, siempre estáis ahí. No es una relación enfermiza. Sólo es una relación poco habitual. Vosotros me queréis y yo no dejo de escribir. Ese es el trato.

GRACIAS

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