La chica peligrosa y extraña del fin de semana que empezó el jueves (segunda parte)

Ella.

Ella.

La primera parte de este relato-vivencia puede leerse pinchando aquí.

1

La chica de Bilbao va a pegarse un viaje de 4 horas en tren hasta Valencia capital. Sólo para que nos conozcamos. Me da pena meterla en un bus de una hora hasta mi pueblo en el que además hace un frío de muerte. Un bus que, además, no sale hasta dentro de 3 horas. Hacerla esperar en la calle o en un bar no es sexy. Además me la quiero follar cuanto antes. Psicóloga. 95 en tetas. Demasiado bien puestas. Cuerpo perfecto. A la mierda el mundo... ¿Querrá ser mi futura esposa? ¿Tener hijos conmigo? ¿Será ella por fin con la que pueda tener un hogar lleno de paz mientras yo llevo un batín y nuestros hijos ríen felices saltando sobre mis rodillas? Con gran vergüenza, decido volver a pedirle la casa a Ramón. Él sigue en Chile escribiendo una novela para una universidad. Su piso está justo al lado de la estación de tren. En la capital. Y allí hace mucho menos frío. Estaríamos más a gusto que en mi casa. No sé cómo se lo va a tomar Ramón si le vuelvo a pedir su casa para conocer super afondo a una lectora. Hace 14 días follé allí con una que vino de Francia. Con ella no funcionó. Vivimos demasiado lejos. Si tuviera dinero alquilaría un airbnb para nuestro encuentro de 3 días. Pero sólo me quedaban 120 euros en la cuenta. Algún almuerzo o cena me tocará pagar. Escribo a Ramón. Me va a mandar a la mierda:

—¿Te crees que mi casa es un picadero? —me va a decir.

No. No me dice eso. Me dice que por supuesto. Que su casa es mi casa. Que es una casa para escritores. Que pille las llaves de donde ya sé y que nos divirtamos mucho. Le doy las gracias, emocionado. Ramón tiene el extraño hábito de, cuando le pides un favor, hacerte creer que eres tú quien le está haciendo un favor. Pero lo que me desvela esta vez, me deja de piedra:

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Se refiere a que hace mucho tiempo, cuando estaba bien de pasta, doné 3.000 euros a un orfanato. Ramón fue el encargado de volar hasta Colombia para que se gastara justamente mi donación y otro dinero que una asociación benéfica con la que él colaboraba altruistamente había conseguido reunir.

La vida es así. Donde las dan, las toman. Todo lo que haces bueno o malo en la vida, te lo encuentras de cara en algún momento. Pagas el precio por ser un miserable o te da un abrazo por ser genial.

2

Ella, pidiendo nuestro almuerzo.

Ella, pidiendo nuestro almuerzo.

En la casa de Ramón pillo a la psicóloga por la cintura, nos besamos con pasión. La pongo de espaldas contra la pared. Quiero hacerla mía cuanto antes. Salir de esa casa de su mano, orgulloso del pibón que acabo de follarme. Todo el mundo con el que nos crucemos va a percibir, en la piel, en nuestra cara, el subidón del primer encuentro sexual. Follar ya es lo mejor para que nos conozcamos de verdad. Hasta que no me follo a una tía no puedo hablar con ella tranquilo, de forma sincera. Hasta que no me la follo no puedo ser yo. Hasta ese momento me siento en un examen: tengo que dar las respuestas correctas o me suspende y se va.

—¿Sabes que una de cada tres mujeres tiene sexo sin desearlo? —me habla con dureza mientras le estoy bajando los pantalones y el tanga— ¿Quieres eso? ¿Que te deje follarme para que únicamente tú te sientas bien? ¿Que me sienta obligada a follar para que tengamos buen rollo estos días, para no caerte mal ahora?

—No. No —contesto—. No quiero eso. Quiero que me folles porque me deseas.

—Aún no te deseo —me dice ella.

Me subo los pantalones, avergonzado. Ella los suyos. De reojo, me despido de su culo. De su coño peludo. Mi erección desaparece. Me invita a almorzar en un italiano:

—Sé que no tienes ni un euro —me dice—. A mí me da igual eso. Yo invito a todo estos días.

Pido pizza. ¡Comida gratis durante 3 días! ¡Y conversaciones con una tía cañera! ¡Gran plan! Aunque si no me desea… todo al final será una puta mierda.

Me comí la pizza enterita. Ella pidió un risotto.

Me comí la pizza enterita. Ella pidió un risotto.

3

Tras el restaurante, la psicóloga me plantea comprar una botella de vino blanco. Para que nos la tomemos en el salón de la casa de Ramón. Caminando nos topamos con un Mercadona por casualidad. Me encanta el Mercadona. Le pido que nos saquemos una foto en la frutería.

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—¿Por qué en la frutería? —me pregunta.

—Me resulta muy sexy estar aquí—contesto—. Llegar a la frutería del Mercadona con pareja es el culmen de una relación. Significa que vivimos juntos y que tenemos hábitos saludables. Que la tontería del alcohol, las drogas, las juergas y las distracciones superfluas han terminado. Empieza el conocimiento, la lógica. Por fin tenemos pareja y podemos potenciarnos, concentrarnos en nuestro trabajo y en el placer: sacar lo mejor de nosotros mismos, ayudarnos hasta realizarnos…

—Estás gilipollas…. ¿Dónde venden el vino aquí? Necesito emborracharme.

Encontramos el pasillo de los vinos.

4

Esa noche no follamos. Sólo hablamos hasta las 3 de la madrugada. Nos lo contamos todo. Lloramos. Reímos. Supongo que por culpa del alcohol pasa algo raro: se pone a hablar de un libro de Eduardo Mendoza como si lo hubiera escrito yo. Mezcla el argumento de “Sin noticias de Gurb” con mi libro “Prostituto de extraterrestres”. No la saco de su error no sea que se avergüence y me quede sin follar. Pero me río mucho por dentro. No para de hablar del fragmento ese en el que el extraterrestre toma la forma humana de Marta Sánchez. Pienso que a lo mejor se cree que está con Eduardo Mendoza.

—¿Cómo me llamo? —le pregunto.

—Rafa.

—¿Seguro? ¿O quizás me llamo Eduardo?

—¿Estás borracho?

—Noooo. No estoy borracho.

Llega la hora de despedirse. No hay suerte. Quiere dormir sola. Ella va hasta la habitación de Ramón. Le ofrezco entrar para ponerle un rato el aire acondicionado, para que no se muera de frío. Dice que no hace falta, que ya se lo pone ella. Maldita puta. Se olió que la iba a tirar sobre la cama para metérsela a lo bestia. No tengo más opción que irme al cuarto de los invitados con mi erección entre mis patas de diablo: no me va a dejar dormir…

—“Cállate, polla, cállate” —le digo.

Pasa una hora. Sigo sin poder dormir. Me la meneo un poco, haciendo cero ruido. No consigo correrme. La tengo tan dura que parece que estoy tocando una barra de hierro.

—Dios mío, lo que se está perdiendo esta mujer —pienso— ¿Por qué no quiere follar si le va a encantar? ¡Es estúpida! ¡Qué manía tienen todas con perder el tiempo en la vida!

Me entran ganas de entrar en su dormitorio, colarme en su cama. ¿Y si la asusto? ¿Y si se cree que la quiero violar? Mejor me quedo en mi cama, quietito. Me pongo a pensar en la ola de frío que ha puesto a algunas zonas de EE. UU. en jaque mate. ¡Se registran temperaturas de hasta -40 grados! ¿Y si esa ola de frío viene para Europa y no nos quieren decir nada para que nos pille desprevenidos? ¿Y si desean que muramos todos para así paliar el problema de la sobrepoblación en el mundo? Toda la población europea muerta al instante. Congelada. Nuestro territorio se lo reparte China, EE.UU y Rusia. Lo veo. Se me baja la erección pensando en mi muerte. Si tuviera dinero compraría un par de calefactores de gas extras, por si acaso. Quedo dormido.

Sale el sol.

Me despierto.

¿Estará despierta?

Le mando un wassap:

—¿Estás despierta?

—Ven —contesta enseguida.

Follamos.

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5

Subo esta foto con su autorización. Nunca subo fotos de nadie sin permiso. También subo esta foto con mi autorización.

Subo esta foto con su autorización. Nunca subo fotos de nadie sin permiso. También subo esta foto con mi autorización.

Cuando se la meto (con preservativo), la miro: asustado.

—¿Qué te pasa? —pregunta.

—No lo puedo creer. ¡Lo tienes!

—¿El qué?

—Hace 15 años, cuando era camarero en una discoteca, tuve como novia a una vietnamita-sueca. Tenía el coño super estrecho. Meterlo ahí era correrse enseguida… En 15 años no he vuelto a encontrar un coño así. He soñado con él mucho, mucho tiempo… pero nunca lo había encontrado.

—¡Bingo!

Un coño estrecho. ¡No puedo creer la suerte que tengo! Me la follo 5 veces.

—Soy una zorra insensible —confiesa—. No te vayas a enamorar de mí.

—Ok —contesto—. Eso haré.

Antes, por mi autoboicoteo mental, por mi complejo de inferioridad, me daba cosa follarme a tías buenas como esta. Pensaba que no las merecía. Que yo era demasiado feo y pobre para ellas. Sufría humillantes gatillazos si me enfrentaba a sus cuerpos desnudos perfectos. Ahora sé que tengo algo que no tiene el tío más guapo del planeta. Ni el más millonario. Brillo. Más que el Sol. Soy el último humano del mundo. La humanidad entera se ha convertido en subhumana. No os preocupéis. Yo os salvaré.

—“Estar divorciado —pienso cuando ella se la mete en la boca— está de puta madre”.

Ella. Este relato-vivencia continuará (cuando tenga tiempo de escribir la tercera parte)

Ella. Este relato-vivencia continuará (cuando tenga tiempo de escribir la tercera parte)