La chica peligrosa y extraña del fin de semana que empezó el jueves (primera parte)

Yo.

Yo.

Una querida lectora (me lee desde hace 12 años) quiere hacer de celestina, presentarme a su amiga:

—No sé —me chatea por el wassap— de pronto he tenido como un flash. Eso que piensas…: “conozco a dos personas maravillosas, qué tal si las junto a ver qué pasa”.

Me envía fotos de su amiga. Es psicóloga, 37 años, tiene su propia consulta. En caso de que sea verdad que es una persona maravillosa hay que añadir que está toda buena. Sin embargo, el recuerdo de lo que pasó la última vez que viví “eso” me hace cerrarme a querer conocerla. No quiero quedarme sin esa lectora. Que deje de hablarme. Perderla.

“Eso”: en septiembre del año pasado, una lectora me presentó a su amiga, una profesora de aerobic, que vino desde Navarra para conocerme. No me gustó: comencé a pillarle odio cuando me contó que tiene un perro al que hubo que amputarle la cola porque ella no se fijó en el momento en que la puerta del ascensor se cerró, aprisionando su cola… ya que ella estaba mirándose al espejo. El perro chillaba y sangraba mientras el ascensor le hacía un daño terrible: cortándole, desgarrándole la cola. Menudo ser repugnante, pensé, jamás podría tener como compañera de vida a alguien tan egocéntrico y descuidado: por eso sólo le permití que, durante su visita de 2 días, me hiciera una mamada y que se lo tragara.

Por culpa de mi justicia perruna, me quedé sin lectora. La profesora de aerobic se fue echando pestes de mí: llorándole a su amiga porque no quise volver a verla: porque la había utilizado.

No obstante, su perrito sufrió más. Ella merecía ese castigo por hija de puta. Por fin había sido juzgada y cumplido su condena. Bastante leve fue. Debería de haberle llenado la boca de mierda y no de semen. Nuestras mascotas nos tienen únicamente a nosotros. Confían en nosotros ciegamente. Por Dios… ¿Tan complejo es mantenerlas a salvo en el ascensor? ¿No te da la cabeza para eso?

La querida lectora me invita a que, los tres, hagamos una videoconferencia. Acepto. Cuando veo en directo a su amiga me gusta más que en las fotos. Es uno de esas personas que sabe añadirse encanto utilizando un sexy lenguaje corporal. Además, es elegante a la hora de hablar, culta… bastante pija. Mierda. Tiene pinta de ser una de esas mujeres que sólo buscan relacionarse con ejecutivos de éxito. No estoy seguro pero apostaría a que se ha operado la nariz y los labios. Eso ya es nivel de pijería extrema. Hablamos los tres durante un rato agradable hasta que comenzamos a hablar por hablar: no soporto hablar sin rumbo o sin construir algo: invento una excusa para salir por patas. Además: me he puesto nervioso: me he acomplejado. Sí, claro que me gustaría conocerla más. Estoy tan solo en este pueblo que, si tuviera bicicleta, me pondría ahora mismo a pedalear hasta Bilbao (desde allí me hacen la videollamada). Pero estoy semiarruinado. Llevo un par de meses viviendo con lo justo para comer y pagar las facturas. Últimamente no puedo ni ir a hacer la compra al supermercado hasta que alguien me compra un libro (gracias a El rey del Cosmos, no suelo esperar mucho tiempo, no os preocupéis). Pero por lo que realmente estoy acomplejado es porque, hace poco más de un mes, tuve una novia y su enfermizo padre la humillaba a ella utilizando el argumento de que yo no tenía dinero. No quiero volver a vivir el desprecio del clasismo. No porque me hicieran demasiado daño, sí porque me sentí asqueado: arcadas interminables. Estar entre gente casposa y mala daña el aura. Decidí que no voy a volver a intentar conocer a nadie hasta que me recupere económicamente. La vida es así de mierda. Hace muchas décadas que los subhumanos ganaron la partida. Si no tienes pasta, no puedes tener una chica. Los hipócritas con dinero se han adueñado del mundo. El amor sincero y desinteresado, el placer, los buenos momentos, las charlas profundas, las risas, la confianza, el compañerismo, los paseos sin rumbo, ser fiel, respetuoso y sincero te lo puedes meter por el culo que es una mierda ridícula hoy en día. Le mando este wassap a mi querida lectora:

wassap-pobre.jpg

Mi plan es encerrarme a terminar mi nueva novela: cuando la publique tendré dinero y volveré al mercado para buscar esposa. Enciendo mi iMac, me concentro, trato de terminar de escribir mi novena novela. Pero la sesión de escritura va fatal, no consigo hacer real las palabras que tecleo: que se transformen en imágenes tras escribirlas. No consigo escribir nada adictivo. Tras dos horas de trabajo, sigo sin lograrlo. Tiro mi trabajo a la papelera de reciclaje. Seguiré más tarde, ahora necesito que mis ojos descansen. Tengo que conseguir terminarla. Trato de tranquilizarme: me digo: “con mis anteriores novelas lo conseguí, lo volveré a conseguir con esta, tarde o temprano, sólo estás desentrenado”. Me tumbo en el sofá, tomo mi tablet: busco por el Facebook a la amiga psicóloga de mi querida lectora. La encuentro. Desde que se fue la bendita chica de Francia que acabó con mis complejos sobre mi vejez, llevo 12 días sin follar. Me masturbo mirando a una de las fotos de la psicóloga. Menudas tetazas que tiene la cabrona. Eyaculo. Como señal de agradecimiento le doy un “me gusta” a la foto que me ha hecho feliz.

La psicóloga pija está online. Ve el like. Me escribe. ¿Le contesto? Pienso: “puedo charlar un rato con ella al menos. Puedo imaginar que tengo dinero y que puedo charlar con ella de tú a tú”. Charlamos. La charla es muy larga, fluida, natural, cercana, interesante. No me parece que ella esté excesivamente dañada. Últimamente todas las mujeres que se me acercan lo hacen para que les salve de algo o alejarse de alguna relación tóxica, acostándose conmigo. Me utilizan (de la forma más agradable que se puede utilizar a un hombre) como para escapar, como para ver que hay un mundo mejor esperándolas: un buen chico que podrían tener de compañero para toda la vida. Hago lo que puedo, pero la situación es bastante patética. Se parece a esto:

El que está destrozado bajo la piedra soy yo. La serpiente suele ser un hombre tóxico que les está haciendo mucho daño. Y la mujer a la que trato de ayudar, suele ser una lectora.

El que está destrozado bajo la piedra soy yo. La serpiente suele ser un hombre tóxico que les está haciendo mucho daño. Y la mujer a la que trato de ayudar, suele ser una lectora.

A esta psicóloga creo que le gusto un poquito. Creo que, si le propongo que nos veamos, dirá que sí. Mejor pinchar el globo ya. Me he pasado. He sido cruel. He hablado demasiado tiempo con ella cuando no la merezco. Le escribo por el Messenger esto para que se ría de mí, me desprecie y se vaya aliviada, sin ser dañada:

franco y sin faltas de ortografía.jpg

Doce horas después la psicologa sexy pija está en Valencia. Ha venido a conocerme:

Ella, tras salir del tren.

Ella, tras salir del tren.