Fracasé en el concurso indie de Amazon

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Estoy en Berlín, Alemania. Os escribo desde el hall del hotel en el que me estoy quedando. Joer las ganas que tengo de escribir un nuevo libro de Sigmundo  con todo lo que me ha pasado desde que me divorcié. A veces, cuando imagino lo que voy a escribir (alterado, metarmofoseado, para que nadie me denuncie), se me ponen los pelos de punta. Es una historia increíble. Si para algo sirvió mi divorcio es para ver todo el mundo y todas las locas que me estaba perdiendo, además de para aprender un montón de cosas.

Lo más jodido que he aprendido es que la humanidad está acabada, podrida. Lo vi en New York, lo vi en Berlín, lo veo en Madrid y en cada ciudad a la que voy. Esto es un sálvese quien pueda. La gente caminando por las ciudades, sin sentido. Parece que tienen una razón para existir o un motivo pero no es así. Hace tiempo, un genio de mal inventó el dinero, un virus mortal que está a punto de acabar con el hombre. Con toda su humanidad y con todas las cosas buenas que teníamos para ofrecer. Nos ha convertido en idiotas infelices. Preparáos. Cuanto más nos alejaron del auto consumo y del trueque, más nos jodieron. ¿Para qué vivir 125 años si hemos de vivir siendo esclavos del puto dinero? ¿Para pelear por la independencia de Catalunya? ¿Para patear fascistas? ¿Para animar a un equipo de fútbol? ¿Para no parar de crear ciudades franquicias y repetitivas en las que gastar y gastar dinero en cosas que no necesitamos y que nos quitan nuestro tiempo de vida por conseguirlas? Pobres imbéciles. Todos utilizados por quienes manejan el dinero. Todos somos esclavos. Y damos nuestras vidas por sus nuevas cruzadas/negocios. Sí, vivimos más años gracias a los adelantos médicos… ¿pero para qué? ¿para ser sus esclavos por más tiempo? ¿para ver más tiempo Netflix?

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O no me hagáis caso. Acabo de beberme una cerveza en el bar del hotel y ando escribiendo este post borracho porque yo nunca tomo alcohol a no ser que me obliguen con una pistola o con los labios de una mujer. Esta noche estoy triste. Fracasé en el concurso de Amazon. Si, lo que queráis. Volví a escribir, maté a mi sombra, la novela está de puta madre (la seguí corrigiendo hasta el final, si tenéis la primera versión descargáos la última versión). Pero fracasé. Esperaba llegar a la final y no ha sido así. Por supuesto, respeto de veras a los demás concursantes y felicito, de corazón, a los que han conseguido ser finalistas. Pero, en Berlín, estoy muy jodido esta noche. Parece que mi sino es la autoedición en papel. Montármelo siempre por mí mismo. No sé si habéis visto la última película de Eddie  Murphy, de Netflix. “My name is Dolemite”. Me sentí súper identificado. 

Mi plan es seguir escribiendo hasta que muera o me metan en la cárcel. Me da igual el resto. Es lo único que me gusta de vivir (además de follar). Tras pasar el duelo por mi divorcio y la muerte de mi perra, mi cabeza vuelve a fluir claramente como agua de un arroyo de montaña. Sé lo que quiero. Escribir, hacer deporte, comer rico, reír y follar es lo único que tiene sentido para mí. El día 15 de noviembre, salvo broma macabra, viene a vivir conmigo, a Gijón, desde New York, mi futura esposa. También es escritora. También está loca como yo y sólo quiere escribir y escribir. He encontrado otro raro espécimen acuario loco/escritor. Me voy a encerrar en casa con ella a hacer eso y lo otro. Si todo sale bien, si no hay trampas, los próximos años sacaré más libros que nunca. Y ella también. Voy a terminar de una vez el infantil y Doctor Mente, que los dejé a la mitad porque me recordaban a mi exesposa y dolor,  y luego me pongo con el nuevo de Sigmundo, que es el que me muero de verdad por escribir. Pero primero voy a sacar esos dos, que cada vez que me escribís preguntando por cuando salen, se me cae la cara de la vergüenza pensando que creéis que soy un estafador en lugar de un ser humano que ha sufrido un montón y que ha tenido que reinventarse para sobrevivir.

Mi futura esposa. Sí. Habéis leído bien. Nos vamos a casar dentro de dos meses. Si en un año nos va bien, iremos a por un niño. Aunque se me da bien el ligoteo, (sobre todo cuando salgo de viaje, que las chicas se me acercan sin yo decirles nada) lo único que quiero además de escribir es tener alguien a quien amar/que me ame en casa, un hogar. Y si sale mal... pues volveré a divorciarme y a volver a intentarlo. Otra cosa que aprendí de mi divorcio es que la vida nunca termina de darte oportunidades para estar mejor mientras sigas con salud y no te encierres en una habitación. Mientras no te conformes y digas “hasta aquí” hay vidas increíbles esperándote. Y coños. Vaya si hay coños.

Pues vamos a por mi siguiente vida. Aceptar los errores y fracasos pasados y volverme a dar una nueva oportunidad para triunfar en el amor y en la literatura. Como si nada hubiera pasado. Como si nunca hubiera fracasado.

Voy para allá. Te veo allí si quieres y tienes huevos.

Gracias de corazón a todos los que comprasteis la novela que presenté al concurso y a los que dejasteis una crítica. A los que no, que os den por culo muy fuerte.

Gracias de corazón a todos los que comprasteis la novela que presenté al concurso y a los que dejasteis una crítica. A los que no, que os den por culo muy fuerte.

Rafael Fernández (Rey del Cosmos)