Sobre mi economía

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Recientemente, recibí varios ataques anímicos por parte de una familia perversa y clasista, a causa de la baja economía por la que pasé estos últimos meses. Sólo espero que esa familia nunca pase por un aprieto económico como el que yo pasé para que nadie los haga sentir tan mal como ellos me hicieron sentir a mí.

Soy escritor; normalmente eso va asociado a no tener ni un euro. No es mi caso aunque tampoco presumo (por ahora) de ser millonario o de ganar tanto dinero como un ginecólogo de más de 60 años pero sí gano más que un auxiliar de enfermería de 50. Es verdad que, al principio, cuando no sabía escribir bien, o cuando mantuve a mi ex esposa durante años, ayudándola a sacar adelante su proyecto (que le va divinamente) o en algún momento puntual, las pasé realmente canutas. Pero ya desde hacía años que aprendí a vivir de lo mío, tengo una gran red de clientes, lectores y de amigos que han evitado que nunca me haya faltado trabajo. Cuando uno se convierte en un escritor de puta madre, le va bien. Del mismo modo que si te conviertes en un gran cirujano o fontanero. Por fortuna, ser escritor no es como ser futbolista, que se te acaban los días de gloria a los 40 años, sino que a mayor que te haces, mejor eres escribiendo, más obras acumulas y, por lo tanto, más dinero ganas. Lo único: tienes que trabajar. Inventarte tu propio trabajo cada día y reinventarte cada 3 meses. Para un funcionario, vivir así debe ser una pesadilla. Pero los autónomos tenemos la mente funcionando día y noche. Y me gusta mucho no vivir como un subhumano.

2018 fue un año de mierda para mí. Decidí divorciarme. Caí en el victimismo, en la tristeza (nunca en la depresión) . Estuve 11 meses sin trabajar, como un gandul, viviendo de mis ahorros, el apoyo de un gran amigo y de las ventas de mis libros que, a pesar de que no actualizaba casi este blog, me proporcionaban unos 400-600 euros cada mes. Sé que hice muy mal por caer en el victimismo y es algo que no me perdonaré en la vida, por mi culpa perdí un año de trabajo de mi vida. Rafa… muy, muy mal. Fuiste un verdadero gilipollas.

Cuando me quedaban 2.000 euros en la cuenta, enciendo el iMac para ponerme a trabajar al fin, terminar mi nuevo libro y El Rey del Cosmos me castiga… va y me rompe el iMac.

—¿Ahora quieres crear? —me preguntó El Rey del Cosmos— ¡Pues ahora no puedes! ¡Ni maquetar, ni hacer videos! ¡A la puta mierda te vas! ¡Te quedas sin brazos creativos! ¡11 meses tuviste el iMac apagado, imbécil! ¡Aprende que el tiempo no regresa!

Tuve que elegir: comprarme otro iMac para volver a empezar a trabajar (la reparación era muy cara y no aseguraba su funcionamiento por un mes más) o ahorrar ese último dinero que me quedaba para pasar los próximos dos meses de manera más honrosa. Me compré el iMac sin dudar

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¿Sabéis? Una de las formas en que conseguí acabar con mis problemas de ansiedad/pánico fue al darme cuenta que, si yo tuviera que elegir a una persona entre todas las que hay en el mundo, para que fuera mi salvador, mi acompañante, para pasar una mala época a su lado… me elegiría a mí. He estado metido en mil líos, he sido un niño sin padres en el dormitorio de un pedófilo, he salido de las más bajas cotas de la mierda hasta donde estoy en la actualidad: con un alma preciosa, un corazón heroico, justiciero y puro. Sigo siendo cariñoso, dulce, sensible. No han podido acabar con mi sonrisa. No he parado de ayudar a la gente que me rodea. Soy el mejor hombre que he conocido en mi vida. Vivo en el cuerpo de un superhéroe.

Y luego está que “mamá naturaleza te lo da”, como dice la canción… o quizás mi difunta madre no para de ayudarme desde el Cielo. Cuando peor estoy, siempre me llegan encargos, como este que me hizo el gran Ramón (maquetar su libro, encargarme de la imprenta y hacerle un par de videos promocionales).

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Por cierto. Tengo que confesar algo. Cuando veía que me estaba quedando sin dinero, me hice un curriculum. Lo presenté en un montón de lugares de subhumanos… ¡No me llamó absolutamente nadie! De verdad que hubiera trabajado “hasta” en un supermercado (¡hubiera matado por trabajar en el Mercadona!). Donde fuera. Por mil euros o por menos. Mi capacidad creativa estaba bajo cero. No podía escribir. Bloqueado. Me hubiera apoyado en cualquier tipo de trabajo para poder retomar el vuelo. Pero tras tantos años repudiando a los subhumanos, estos no quisieron (lógicamente) echarme una mano.

Ahora no hace falta. Mi inmenso talento y red de contactos (para eso sirve trabajarse las redes sociales cada día) han hecho que actualmente todo me vuelva a ir bien económicamente. Con mi dinero volveré a ayudar a la gente que lo necesita y a hacer magia en mi vida.

Así que un mensaje para esa familia clasista que me juzgó: QUE OS JODAN.

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