Mi novia me dejó

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La primera vez que no derramo ni una lágrima. Sólo sufrí un dolor, como si hubiera perdido de pronto 400 euros. Estaba preparadísimo, lo veía venir desde hace semanas. Cuando me fui de su casa de Navarra, para regresar a mi hogar en Valencia, algo me hizo pedirle, con una excusa, las llaves que le di cuando me vino a ver: para que volviera sin avisar cuando le apeteciera. Yo le había prometido que jamás iba a dejarla. Nunca me hubiera bajado del barco, hubiera luchado con todos los problemas que venían desde casa de sus padres (su padre es juez, su madre trabaja en una joyería), aguantando insultos e injustas descalificaciones por el contenido de los libros que he escrito, mi humor en mi Facebook y mi baja economía actual. A sus padres yo no les gustaba, llevan 2 meses echando mierda, haciéndola llorar: ella, desesperada, tratando de hacerles ver que había mil diferencias entre Sigmundo, mi personaje en mis libros, y servidor. A la legua, en mi última visita, ya veía que sus padres habían ganado la partida. Ella eligió (jamás se lo pedí, todo lo contrario: siempre le pedí que no se alejara de ellos).

En fin, me mandó un wassap con su decisión, le di las gracias por los momentos vividos y enseñanzas, me disculpé por si en algún momento le había molestado (sin pretenderlo) y le dije adiós. La verdad es que me quedé bastante frío. Quizás mañana o pasado me entre el bajón pero no creo: aunque, hoy, de vez en cuando, he sentido unos pinchazos en el corazón, he seguido trabajando como si no los sintiera, con bastante buen ánimo. La situación no ha podido conmigo… no porque yo sea un psicópata o un follador en serie (que para nada). No me afecta mucho porque, como escribí en este post, vi que el camino que ella y su familia pretendían que yo siguiera, no era un camino que condujera a la felicidad (más bien lo contrario). No me ha afectado tanto porque, mi conciencia está reluciente: siempre la quise, la traté lo mejor que pude. No me ha afectado porque llevo todo el 2018 sufriendo: ya no tengo espacio en mi disco duro para más dramas.

Llevo actualizando el blog, sin faltar un solo día, desde el 31 (antes me daba miedo actualizar por si escribía algo que molestara a esa familia), estoy trabajando a toda vela en Doctor Mente y en un proyecto que tengo con un amigo. Me levanto de la cama cada mañana con energía. Algunos días me entran ganas de quedarme quiero, ahogarme en el charco de la tristeza. Pero en el 2018 aprendí que eso no debe hacerse. Que cuando un pensamiento negativo o tóxico llega a mi mente, no he de darle alojamiento, comida, mimos y cama. Eso conduce a convertirse en alguien inútil y amargado. Alguien con quien nadie quiere estar o comprarle un libro. Este año 2019 voy a actuar, no voy a dejarme vencer por el dragón de la tristeza.

Y creo que el 2019, o el Rey del Cosmos, me está premiando.

Primer miedo:

Ayer, a las 8 de la mañana, hacía menos dos grados en Requena. Antes, por los ataques de ansiedad/pánico que sufría y que mi enferma cabeza había conectado con el frío (creo que ya aprendí a superarlos, pronto haré un video que espero que ayude a los que sufren esto) me hubiera quedado en la cama, asustado. Sin embargo, me levanté, salí a la calle, tomé el bus a Valencia. Había quedado con un escritor para hacerle una entrevista. Dije sí a la vida, no al miedo. Por supuesto no me dio ningún ataque de ansiedad/pánico de camino a la parada del bus y eso que, como canario que soy, nunca me había enfrentado a un frío tan grande. He aprendido a superar esa mierda.

Primer (posible) premio:

El primer premio lo recibí en ese mismo bus. Me llegó un wassap de mi mejor cliente para un posible trabajo. La última vez que me contrató esta persona me pagó muchísimo dinero. Es muy generoso. Si llego a un trato con él, mi economía resurgirá.

Segundo miedo:

Tras grabar la entrevista al escritor, había quedado con una lectora de mi Facebook. Me había escrito hace unas semanas, pero como yo estaba con novia no le había dicho nada de quedar. Ayer le dije que si le apetecía tomar una cerveza sobre las 12:15, tuve la suerte de que me dijera que sí. Sin embargo, en el bus, me entraron ganas de anular la cita con un wassap. La prejuzgué: que no me iba a gustar, que ella o yo lo iba a pasar fatal, que iba a ser otra más que me iba juzgaría por los libros que escribo. Me boicoteé: pensé que sería más de caballero quedarse en casa encerrado, sin ver el sol, castigado. ¿Por qué quedarme en casa sufriendo por alguien que no me valora cuando puedo reír y darle otra oportunidad a la vida? Le dije sí a la vida. No al miedo, al aburrimiento y a la soledad. Tengo que respetar mi tiempo en la vida.

Segundo premio:

A la hora nos estábamos besando, en el jardín botánico de Valencia, como monos borrachos. Con pasión, sin estar enamorados, pero con muchísimo cariño, sinceridad y felicidad. Con flores en la piel, mientras nos espiaban las palomas. Nos reíamos de todos nuestros problemas, no me juzgó, no parábamos de imaginar historias sobre las cosas que nos rodeaban. Ella me iluminó el día. De pronto, todo lo que me había estado atormentando, me importaba un pito. Es asqueroso sentirse juzgado por gente, que no te conoce de nada, cuando no has hecho nada malo. Es asqueroso ver cómo hacen daño a quien quieres, utilizándote a ti. Es asqueroso ver que no puedes hacer nada por evitarlo. Pero de pronto, yo estaba donde tenía que estar. Había salido de esa mierda. No me faltaba absolutamente de nada. No era culpable de nada. Porque la vida está aquí: para mí, para ti, para quien la quiera disfrutar.

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¡¡¡ATENCIÓN!!!

Esta espectacular señorita disfruta de mis libros y usted... pues no... porque usted es un rata: https://elreydelcosmos.com/tienda/

Y por supuesto no fue con esta lectora con quien quedé en Valencia. Esta maravillosa mujer que me ha ayudado a publicitar mis libros, está casada… ¡lo siento, amig@s!

Y por supuesto no fue con esta lectora con quien quedé en Valencia. Esta maravillosa mujer que me ha ayudado a publicitar mis libros, está casada… ¡lo siento, amig@s!