Buscando esposa

Recuerdo que uno de los miedos que tenía antes de divorciarme, era que me sentía demasiado viejo a mis 44 años. Estaba seguro de que ninguna mujer iba a fijarse en mí, “demasiado arrugado”, “demasiado fofo”, me decía… perdonen ustedes la tristeza. Estaba seguro que las únicas personas que podían sentir amor y pasión “de verdad” eran los que tenían menos de 40 años. Que a los 44 enamorarse como un colegial, excitarse como un adolescente imberbe que ve unas tetas por primera vez, iba a ser completamente imposible. Me daba mucha pena que nadie me volviera a amar y yo no volver a amar a nadie.

Qué equivocado estaba.

Llevo 7 meses separado. Desde el minuto uno he estado recibiendo peticiones de mujeres para vernos. La más joven, 21 años. La más mayor, 54. Sucede no porque sea superguapo ni super rico. Es que la vida de los solteros es así. Si estás en el mercado, sabes utilizar el Tinder, las redes sociales y te cuidas un poco cada día, gracias a El rey del Cosmos, recibes ofertas. Es lo normal y corriente. Algunas chicas me han contado que con Tinder y los pretendientes que les piden citas por allí, almuerzan y cenan gratis cada día… ¡No es mal plan!

Me he acostado con cuatro mujeres desde que abandoné mi hogar de casado. Una de 29, otra de 38, otra de 43 y otra de 35. He desechado a unas 70 mujeres. No he follado con más porque, con las que sí, he estado un tiempo, tratando de ver si podíamos tener una relación que fuera a más. No busco ser un follador en serie. Realmente, me muero por volver a casarme. Me gusta la rutina, la estabilidad, la vida de casado. Aún sueño con poder formar una familia feliz. He tenido las dos vidas (la de follador y la de casado), me quedo sin lugar a dudas con esta última. Es bonito construir juntos, tener una persona a la que amar cada día: ver como el amor crece, coleccionar vivencias juntos. Lo de follar por follar, es más efímero, superficial, humo. De verdad que disfruto más follándome a alguien por vigésima vez que sólo una.

Una de los aspectos que busco en mi futura esposa es que sea más inteligente que yo. No es imprescindible, el amor es lo único imprescindible, pero puestos a elegir, prefiero vivir junto a alguien que sea más inteligente que yo. Así que, al rato de que una pretendienta entre en mi casa, como si no fuera un momento crucial para lo que pasará en nuestras vidas, la conduzco gentilmente, como por casualidad, frente a un cuadro que tengo colgado en el salón. A continuación, les hago la siguiente pregunta. Si acierta, me la follo (si ella quiere, claro). Si no acierta, hablábamos un rato y no la vuelvo a ver nunca más.

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—¿Ves este cuadro, cariño? —les pregunto—. Fíjate bien en él. Lo he colgado aquí porque es un enigma para mí. Si no, jamás tendría un cuadro de un cowboy matando indios en mi salón. Pero me dije que no lo quitaría de esta pared hasta que resolviera el enigma.

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—¿Qué enigma?

—Te cuento. El cowboy apunta con su arma a uno de los indios… o a algo. Su caballo ha sido derribado por una flecha. Así que no es amigo de los indios. Tres indios, que se vea, están rodeándolo… pero… ¿te fijas? ¡Ninguno le está apuntando! Todos están super tranquilos… ¡Y eso que, supongo, que está apuntando a uno de los suyos! ¿O a qué o a quién apunta? ¿Por qué no le están disparando sus flechas o lanzas con urgencia y le permiten apuntar a uno de los suyos? ¿O a qué está apuntando él para que se rindan?

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¿Lo sabes tú, lectora o lector? Si lo sabes… ¡te hubieras follado a Rafael Fernández y este hubiera intentado tener una larga relación contigo! Si no… habrías salido por la puerta de su casa para siempre, super húmeda y te hubieras hecho un dedo en tu coche.

…Si no das con la solución… pincha aquí y te la digo.

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