El director de orquesta

Este no es el director de orquesta del que hablo en este post.

Este no es el director de orquesta del que hablo en este post.

La maravillosa chica de Francia (que realmente no vive en Francia, vive en uno de los países más caros del mundo… siempre cambio datos para que nadie sepa sobre quien escribo en este blog) me cuenta que, al trabajar de enfermera, ha visto morir a pacientes en varias ocasiones.

—Recuerdo, por ejemplo, a un director de orquesta —me cuenta—. Sólo tenía 62 años. Era gay. Ingresó en la residencia de ancianos en la que yo trabajaba por aquel entonces. Normalmente no tenemos gente de esa edad en la residencia. Pero él sabía que iba a morir. Tenía sida y un montón de cosas más. A veces, él salía por la noche. Lo llevaba y traía un chofer. Era la única persona con quien lo vi. Era su empleado. De esas juergas siempre llegaba superborracho. Nos llevábamos bien. Cuando ya estaba postrado en la cama, esperando la muerte, le preguntamos si quería que avisáramos a alguien. Nos dijo: “No, no tengo a nadie”. “¿Algún amigo, quizás?”, le preguntamos. “No, tampoco”, contestó. Una mañana, mientras le inyectaba su morfina, me miró como un perro que pide una caricia. Me dijo que no me marchara aún, que si me podía sentar a su lado un rato. Hice caso. A los pocos minutos, murió.

Por algo así he roto con la chica de Francia (que no vive en Francia). No puedo irme a vivir a su país por seguir conociéndola. Vivo de las ventas de mis libros en papel. Gano entre 10 y 12 euros por libro vendido. Si los mandara por Correos desde su país, no ganaría absolutamente nada. O tendría que subir tanto el precio de mis libros que no me los compraría casi nadie. Me vais a hablar de Amazon o de otras plataformas de ventas de libros. Recordad que ya las he probado: a través de ellos gano 5 veces menos (aún tengo libros a la venta por allí). Mis lectores quieren mis libros firmados por mí, en papel, para conservarlos. Para mí es un grandísimo honor.

La chica de Francia propone vernos un par de veces al mes, o que me vaya a vivir con ella y ya nos buscaremos la vida. Sólo la conozco de 24 horas maravillosas. Sé que ella es increíble: tiene un corazón valiente y está llena de amor puro por mí. Pero no me conoce de verdad, es demasiado pronto para dejar todo aquí por ella: demasiados gastos mudarme a su país. No estoy nada bien de pasta en la actualidad, tengo que ser responsable con mi perra y con los contratos que he firmado. Nunca he permitido que ninguna mujer me mantenga, no por machismo, sino porque yo no soy así. No me gusta detener el paso ni bajar la calidad de vida de nadie. Tampoco puedo estar solo tanto tiempo. No tengo ni idea sobre qué fecha mi economía mejorará, cuándo volverá a ser como antes. En el pueblo en el que vivo no tengo a nadie: ni amigos, ni familia. Desde que la chica de no-Francia se marchó, hace casi 15 días, no he hablado con nadie cara a cara. Estar tanto tiempo solo no es bueno para mí. Me gusta estar solo, vivir en mi mundo, escribir, pero no todo el día. Echo de menso alguien con quien reír, tomar un té, ver una película, ir al gimnasio o pasear a Anais. Quiero formar una familia. Quiero dormir acurrucado a alguien a quien ame cada noche. He vivido la vida promiscua y la vida de casado. Me quedo con la de casado. Quiero cuidar y sentir que alguien me ama.

—“Espera. Danos tiempo” —me dice.

Pienso en mi ex esposa. Los dos últimos años los pasé esperando a que cambiara. Ella me decía que lo iba a hacer. Me lo prometía una y otra vez para que no la dejara. Yo esperaba. Nunca cambió. Incluso al final me echó en cara que yo le pidiera que cambiara ¿?. Supongo tendrá razón pero “el malentendido”, me hizo perder dos años de mi vida. Si no llega a ser por sus promesas, me hubiera largado de ese matrimonio hace dos años. Tengo 44 años, el próximo día 15 de febrero cumplo 45 años. No me siento un viejo. Me miro en el espejo y me veo más o menos bien para la edad que tengo. ¿Quizás aparento 38 ó 40?. Además, estar con esa enfermera de 29 años, me ha rejuvenecido. Bebí su sangre, me alimenté de su alma. La novia que tuve, por dos meses, en Navarra, tenía 35 años. Con ninguna de las dos me sentí viejo. A las dos les mantuve el ritmo en la cama o caminando por el monte. Bebiendo, es cierto que no. No quiero estar esperando otros dos años a que una situación cambie. Mi matrimonio ya me hizo dejar de vivir muchísima vida. Vivir el futuro en lugar del presente, es una mierda. Una mentira. Una falta de respeto al presente. Quiero vivir ahora. No puedo estar esperando un tiempo infinito por nadie. Un “ya veremos”. Quiero vivir el presente. Construir. Tengo que seguir buscando el amor. Ahora. No voy a esperar que simplemente aparezca en mi vida o que las estrellas se pongan en posición y me señalen con el dedo para darme ese gran regalo.

Mi amor. No sé quién eres. Pero voy a salir ahí fuera a buscarte. Como un guerrero.

Conozco, por medio de una lectora que hace de celestina, a una amiga suya. Es de Bilbao. Cree que podemos funcionar juntos. Habló con su amiga. Nos caemos bien. Mañana toma un tren desde Bilbao-Madrid-Valencia. Mañana nos encontraremos en mi pueblo. Por mis muertos, no voy a morir como ese director de orquesta. Voy a darlo todo. Hasta el último aliento.

P.D.- Y a las 2:45 de la madrugada me pasó esta magía.

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