Soy un ser humano de segunda

Salón de la casa de Ramón.

Salón de la casa de Ramón.

La chica de Francia se ha gastado una pasta en un billete para conocerme el finde. Así que lo mínimo que puedo hacer es hospedarla. Me gustaría pillarle un airbnb de puta madre. Tratarla como se merece por pegarse tantas horas de viaje para conocerme. Sin embargo, este mes, estoy terriblemente mal de dinero. Sólo me quedan 60 euros hasta el día 31.

—Pero no importa —le digo a la chica de Francia—. A partir de febrero comienzo a cobrar 4.000 al mes. Me han contratado para un mega proyecto.

—Si quieres, pago yo un hotel si no te apetece que me quede en tu ático de Requena.

—No es eso. Es que, ya que sólo vas a estar poco más de 24 horas, es mucho mejor quedarse en Valencia cuidad. En Requena no hay mucho que ver. Salvo 3 fuentes y una catedral semiderruida. Espera… me acabo de acordar de una cosa. Además que por aquí hace mucho frío.

Recuerdo. Cuando la editorial Edisena me contrató para maquetar el libro de Ramón y hacerle un par de vídeos promocionales, Ramón, tras la entrevista, muy generosamente, me ofreció las llaves de su casa:

—Me marcho a Chile por un tiempo —me explicó— a escribir una novela. La casa va a quedarse vacía. Si alguna vez te apetece quedarte en ella, pídeme las llaves y te las hago llegar con mucho gusto.

Le di las gracias, aunque no hice demasiado caso a su ofrecimiento. Jamás pensé ser tan “cara”, aprovecharme de su bondad. Yo estaba allí trabajando, me estaban pagando muy bien. No obstante… ahora… todo cuadraba ¿Por qué decirle “no” a la vida cuando te ofrece en bandeja justo la solución que necesitas? Escribí un wassap a Ramón, a los pocos minutos tenía la contestación:

—Claro. Os podéis quedar allí. Mañana tienes las llaves, Rafa. Disfrútala. Luego te mando un wassap con las instrucciones de la casa.

El “finde” ya pasó. Mañana os contaré qué tal fue con la chica de Francia. Ahora, quiero contaros lo que sentí en la casa de Ramón.

Ramón, está soltero, como yo. Ha estado casado, como yo. Es escritor, como yo. Vive en su casa solo, como yo. Por eso, estar en su casa fue un poco como viajar en el tiempo hacia el futuro.

—Si sigues solo, esta podrías ser tu casa, tu vida, Rafa —me dije—. Cuando tengas 64 años como Ramón.

Paseé por la casa, sintiendo. Tiene muy buena energía, mucho más que mi ático, que está triste, solitario, frío. Sólo mi perra Anais lo llena de alegría. Me fijé que Ramón tenía dos “rascadores” en su dormitorio.

—Claro. No tiene nadie que le rasque la espalda, como yo.

Me rasqué la espalda un poco con su rascador de madera, con forma de mano, hasta que comprendí que tengo que comprarme un rascador urgentemente, en cuanto cobre mi primer sueldo. No sé cómo he podido sobrevivir todo este tiempo sin un rascador de madera. Es incomprensible.

De pronto, me di cuenta que no tener esposa, pareja no es tan malo. Lo malo, es no tener nadie que te quiera y aprecie. Estoy seguro que Ramón, por lo bueno que es, tiene las dos cosas. Así puede vivir sano. Por mi lado, sé que tengo miles de personas que me aprecian muchísimo. Mis lectores. Quererme, quererme de verdad, estoy seguro que no tengo a nadie. Intenté con todas mis fuerzas y con todas mis acciones que mi ex esposa me amara de verdad. No lo conseguí. Si, con todo lo que le amé y di, todo lo que la cuidé, todo lo que me sacrifiqué por ella durante 8 años, no conseguí que me amara de verdad, no lo voy a conseguir jamás con nadie.

No estoy diciendo que ella sea una ingrata. Lo que digo es que quizás, por la energía que desprendo o por cómo soy de asqueroso sin darme cuenta, o por la estructura de mis células, no merezco que nadie me ame.

Siempre seré un humano de segunda.

Sin embargo, paseando por casa de Ramón, mientras este finde charlaba profundamente con la chica de Francia, me contaba lo mal que le va con su novio, mientras reíamos, bebíamos, nos abríamos el corazón con un cuchillo para ver qué encontrábamos y follábamos, pensé:

—Ser un humano de segunda, tampoco es tan triste. Puedo ir sobreviviendo con fines de semana como este.

La chica de Francia y yo, ayer en Valencia.

La chica de Francia y yo, ayer en Valencia.

Para terminar, un corta y pega. Las instrucciones escritas por Ramón para los amigos y familiares a los que les apetezca quedarse en su casa. Me gustó el texto, es muy bello y entrañable. Pedí permiso a Ramón para subirlo a este blog. Me lo dio aunque él no entiende porqué me gusta tanto su texto:


N O R M A S E I N S T R U C C I O N E S PARA EL USO DE LA VIVIENDA

“Gracias por venir a la casa, cuidarla en mi ausencia y llenarla de buenas vibraciones.

Para evitar problemas y gastos innecesarios he dejado cortados todos los suministros: Agua, luz y gas.

Los interruptores de la luz están justo detrás de la puerta de entrada. Sólo tenéis que subirlos. No se os ocurra pasar frío o calor. Encended lo que necesitéis para calentaros o refrescaros. El frigorífico también se queda apagado pero, por supuesto, lo podéis enchufar mientras estéis en la casa.

La llave del paso del agua está justo debajo del poyo de la cocina, en la primera puerta. Allí también está la general del gas. Las del agua son dos: una de entrada y otra de salida, una a cada lado del contador. Abrir las dos (y cerrar las dos al marchar). Del gas, tanto el calentador como la cocina tienen su propia llave. La del calentador está a la vista, justo debajo de él; la de la cocina está debajo del poyo, justo enfrente al entrar: se ve enseguida.

El calentador se enciende sólo con la presión del agua. No necesita fuego ni apretar ningún botón. No hay mucha presión y a veces le cuesta un poco, pero va bien: Está recién arreglado.

La ropa de las dos camas pequeñas está en el armario que hay allí mismo: en la tabla de arriba para la cama que es un poco más ancha, y en la segunda tabla para la más estrecha. Las toallas están todas en el armario de mi habitación, en la primera puerta. Se ven. Pero la ropa de la cama grande está en el baúl de la habitación. Hay también mantas y edredones a la vista (en el armario de una y en el baúl de la otra). Pero también en el armario gigante de la habitación trastero. En la parte alta de en medio, hay mantas y edredones. Que nadie pase frío.

Los utensilios de cocina se encuentran enseguida… No os de corte abrir armarios o cajones. Los paños de cocina, manteles, delantales, etc. están en el baúl del comedor, debajo de la ventana. Debajo de esa ventana hay una mesa plegada, que se puede levantar para leer con la luz de la tarde.

Hay secador de pelo debajo del lavabo, plancha en el armario central del trastero, pinzas colgadas en una bolsa de tela… Encontraréis todo lo que necesitéis para tener una estancia cómda.

Para encender el ordenador hay que encender primero el interruptor de la regleta que está detrás. Podéis abrir sesión como “invitado”

Todo lo que hay en la casa que se pueda comer o beber está a vuestra disposición. Y no es necesario reponerlo. Cogedlo con confianza. En el taquillón de la entrada, en el cajoncito de la derecha, también hay dos tarjetas de transporte urbano. Una que lleva dibujado un tren la utilizo para cargar los viajes de metro y la otra para los del autobús. No sé cuantos viajes tienen, pero los podéis gastar o utilizarlas para cargar los que necesitéis sin tener que comprar una tarjeta donde hacerlo.

Cuando vengáis hacedme el favor de subir el correo que podáis encontrar en el buzón, regar un poco las plantas de los balcones (pero no mucho, pues todas son de poco agua), dejarlo todo como está, para que lo encuentren en las mismas condiciones otros familiares o amigos que puedan venir después de vosotros y, si es posible, no fuméis en la casa.

Llamadme siempre antes de venir. No porque yo quiera controlaros, sino para que no os vayáis a encontrar la casa ocupada por alguien que haya llegado antes.

Y ante cualquier duda o problema que surja, me llamáis por WhatsApp (nunca por teléfono que nos saldría muy caro tanto a mí como al que llame).

Espero que estéis cómodos en la casa y que disfrutéis de ella y de Valencia”.

MUCHÍSIMAS GRACIAS, RAMÓN

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