¿Por qué mi página se llama El rey del Cosmos?

Mi primera página famosa la llamé “micabeza.com". La llamé así porque me prometí, a mí mismo, que todo lo que publicaría en esa web sería producto de mi cabeza. 100% original. Con gran éxito, comencé a publicar online los “Diarios secretos de sexo y libertad”. Cuando fui a la entrega de premios de un concurso que ganó, los lectores que me seguían, y que tan amablemente fueron hasta allí para verme, me decían:

—¡Es micabeza! ¡Es micabeza!

No me llamaban Rafa. Ni siquiera, Sig como el protagonista de los “Diarios…”. Me llamaban micabeza. Como si yo tuviera un cabezón enorme (que por otro lado, es verdad). En el momento en el que se acercaron esos lectores, me encontraba bebiendo un cubata en la barra, con una chica: me dio un poco de vergüenza cuando ella miró hacia mi cabeza, sin entender nada, como pensando: “pues no me había fijado que tuviera la cabeza tan grande”.

No me la follé.

Al tiempo abrí “¡Quiero ser eZcritor de éxito!”, en 20minutos.com. Por lo que deje de actualizar micabeza.com. La gente comenzó a llamarme “ezcritor” cuando me encontraban por la calle. Me gustaba. Escritor, pero a lo underground. A mis lectores le hacía gracia lo de la Z en lugar de la S. Me identificaban con la Z pero… la Z pertenece al Zorro. Jamás podría hacerle sombra a El Zorro. A los 3 años decidí irme de aquel maravilloso periódico y, para no perder tráfico, abrí ezcritor.com

El año pasado, yo estaba cansado de todo: hundido porque veía mi divorcio cada vez más cercano. Para colmo me entró un super virus chino a ezcritor.com y no pude luchar con él. Decidí cambiar a otro servidor más seguro. Me dije:

—¿Qué tal si dejo lo de “Ezcritor” atrás?

Ezcritor marcó una época maravillosa y gamberra de mi vida. Incluso, el personaje irrespetuoso del eZcritor, a veces, se había apoderado de mi persona. En algunas ocasiones, en la vida real, fui tan gamberro como él. Me apetecía reinventarme. Dejar algunas cosas atrás. Recordé que la gente que no me conoce bien del todo, cuando me ve por la calle, me llama como decido llamar a mi página web. Eso acaba de pasar. Por fin.

Hace un rato, estaba en las cajas de pago del super del barrio. Un señor, de unos 50 años, me reconoció. Vino hacía mí, emocionado. Delante de toda la cola… lo dijo:

—Perdona… ¿Tú no eres el Rey del Cosmos? —me preguntó.

—Sí. Soy yo —respondí con una sonrisa de satisfacción, ante la admiración de todos los presentes que alucinaron por la posibilidad de que estuvieran frente a la reencarnación de Dios en la Tierra: disfrazado de humano, comprando fruta en chandal.

Y efectivamente. Era así.

Y si no creéis que soy el Rey del Cosmos, mirad el paquete que tengo.

Y si no creéis que soy el Rey del Cosmos, mirad el paquete que tengo.

También recibo correspondencia con mi nuevo nombre.

También recibo correspondencia con mi nuevo nombre.