Ayudadla con amor y un consejo.

No es Marta. Pero está igual de buena.

No es Marta. Pero está igual de buena.

1

Siempre que quedo con una chica guapa, pienso igual:

—“Es demasiado guapa para mí”.

Luego, ella me acepta entre sus piernas, y veo que todo está en mi mente. Que mi complejo de inseguridad me hace pensar en esas cosas. Y yo caigo. Da igual cuántas modelos me haya follado. Siempre pienso que cualquier chica guapa es “demasiado” para mí. Siempre pienso que hay gato encerrado.

En esta ocasión, tristemente, fue así.

2

Cuando Marta, sin haberla conocido jamás en persona, comenzó a mandarme fotos desnuda y videos masturbándose, pensé:

—Es demasiado guapa para mí.

Marta es demasiado guapa y demasiado joven para mí.

Yo estaba acostumbrado a verla paseando por el Facebook. Con sus hijos, con su marido perfecto. Siempre en bellos restaurantes, haciendo yoga en playas paradisiacas y posturas imposibles, siempre vestidos con ropa cara. Su vida, en Facebook, era maravilloso. Yo deseaba ser como ellos. No algún día, sí en otra vida: porque ya sé que en esta vida estoy destinado a estar solo (aunque acompañado ocasionalmente).

3

Marta y yo, a escondidas de su esposo, comenzamos a hablar cada vez más. Ella, para aliviar el dolor que le causa su marido: es alcoholico (sé que en otros posts dije que era ludópata, mentí: por ocultar un poco su identidad, ahora necesito contar la verdad para que entendáis mejor su problema).

—Todo el dinero que trae a casa, se lo da su padre —me dice Marta—. Bueno, su padre me lo ingresa a mí porque si no él se lo gasta. Todo el dinero que él gana en la oficina se lo gasta en alcohol y sus vicios.

Marta me dice un día que está enamorada de mí.

Yo, estoy solo. Muy solo.

Vivo en un ático de dos plantas, de casi 200 metros cuadrados y tres terrazas. Me sobra espacio por todos lados. Realmente, vivo en una habitación. Pillé una casa tan grande para que mi perra tuviera una terraza donde tomar el sol… y porque me gusta vivir en casas grandes.

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Pienso: una mujer tan bella como ella caminando por mi casa. Con un par de niños, preciosos, que me comería a besos, con los que amaría jugar y hacer reír… ¿No es demasiada suerte para mí?

Cada vez que me siento solo, suena el wassap.

Siempre es Marta. Es la única que me escribe. Me envía una foto desnuda o unas cuantas palabras cariñosas.

Yo, se lo agradezco muchísimo.

4

Marta se abre cada vez más. Pasamos las madrugadas hablando. En secreto. Nos contamos todo.

—Un día le quité las llaves del coche, para que no se fuera al bar a beber —confiesa—. Me pegó un puñetazo que me tiró al suelo. Comenzó a estrangularme. Estaba segura de que iba a morir. No tuve otra que entregarle las llaves. Lo peor no fue el daño que hizo. Sino que mis hijos lo presenciaron todo. A la mañana siguiente, me prometió que dejaría la bebida. Me prometió que nunca más iba a volver a beber.

—¿No lo denunciaste?

—No. Sólo me ha pegado esa vez. Si lo volviera a hacer, sí. Por una vez, no quiero que metan al padre de mis hijos en la cárcel. Qué vergüenza. Lo que hice fue comenzar a engañarle. Al día siguiente, con los moretones, con los signos de violencia en mi cuello, me acosté con uno. Y luego con otro.

—Está enfermo. Debería de ingresar en una clínica o algo.

—Él dice que no hace falta. Que lo puede dejar cuando quiere…

—¿Lo ha hecho?

—Una vez sí, dos meses. Pero siempre recae.

—¿Cuánto tiempo lleva con el problema?

—Más de dos años. Nos pasamos los días discutiendo, enfadados.

—¿Se lo has dicho a su familia?

—Sí. Pero dicen que no exagere. Que sólo bebe un par de copas de vez en cuando, como todo el mundo en España… que sí, que le gusta la fiesta. Pero que es buen padre y nunca ha faltado a nada.

—¿Les contaste lo que te hizo?

—No. Me da pena. Mi familia no volvería a hablar con él. Él se avergonzaría demasiado delante de sus padres. Esto sólo te lo he contado a ti.

5

Dejé de masturbarme con las fotos y videos de Marta. Es una víctima. Ella realmente no quería sexo conmigo. Ni que nos casáramos, como me hacía soñar. Lo que quería era ayuda. Ella ya tiene a su hombre perfecto, al padre de sus hijos. Sólo que se le ha estropeado. Si se había acercado a mí era porque habría leído mis libros, pensaría —como todo el mundo— que soy un hijo de puta cabrón follador. Que soy Sigmundo. Busca que la use para así “vengarse” otra vez de su marido. No me puedo follar a una chica con moretones en la cara y signos de violencia en el cuello. Por muy buena que esté. Por mucho que yo mire para otro lado o se le hayan borrado los moretones.

6

—¡Hola guapo!, ¿qué tal? —me escribe Marta hoy por wassap— Oh, qué raro, te escribo a las 1:11…

Al rato me vuelve a escribir.

—Oye, es que me acordé que el video que te mandé ayer, masturbándome, duraba 1:11… también. Desde que hablo contigo me pasa mucho eso. Me encuentro con ese número por todas partes… ¡Y hoy es 11 del 1! He estado buscando por el Google y me ha salido esto:

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Cuando lo leo, no puedo más. Le digo que:

1.-Que respete su tiempo en la vida. Por ella y por sus hijos. Que habrá escuchado un montón de veces que el “presente” es un regalo. Si lo ha escuchado tantas veces es porque es una gran verdad. Eso de estar siempre esperando un futuro mejor, que el próximo año va a ser mejor, todo eso es una de las mayores mentiras que nos podemos decir a nosotros mismos. Sacrificar tu presente por la esperanza de vivir en un futuro mejor, es una mierda. Porque el “ahora”, casi sin darse cuenta uno, de pronto se convierte en “años”: los años que lleva tu marido bebiendo. Los años que llevas esperando a que eso cambie, tragándote sus mentiras.

2.-Cuando tu marido se marche a trabajar, pilla a los niños, lo que necesites y vete a casa de tu madre.

3.-Nada más entrar por la puerta cuéntale a tu madre, lo que tu marido te hizo. Después, llama a los padres de tu marido, explícales lo equivocado que están: que su hijo no bebe sólo un par de copas, sino que es un alcoholico que pega a su esposa delante de sus hijos, que estén en su casa cuando él llegue y le cuenten que su esposa se ha ido con los niños, el porqué y que no volverá hasta que él vaya a una clínica de desintoxicación. Y que tú estarás ahí para apoyarle.

4.-Si no lo haces, tus hijos van a seguir mamando el terror en el hogar. Puede ser que alguno tome, cuando sea mayor, la forma de ser del padre. Los niños forman su personalidad en los primeros 7 años de su vida.

5.-Si no haces esto: tú eres cómplice del daño que él hará a vuestros hijos. Y una víctima de lo que él te hará a ti.

6.-Habla todo esto con un profesional.

7

Ya no he vuelto a saber nada más de Marta. Ojalá esté recapacitando. Ojalá, los lectores de mi blog, en los comentarios, le den mejores consejos que el que le di yo, que al fin y al cabo no soy nadie. Se lo conté a un buen amigo por teléfono y me dijo:

—Lo normal es que no vuelvas a saber de ella. No por haberte metido en su vida y haberle dicho lo que tiene que hacer. Sino porque conocerte es peligroso. Haces que la gente dude de sus dogmas y se enfrenten, cara a cara, a sus demonios. Mejor no conocerte, mejor tranquilitos en sus casas, con su falsa seguridad y su falsa realidad.

Puede ser que mi amigo tenga razón. He puesto aquí lo que me dijo porque soy un poco egocéntrico.

Me he quedado, como mínimo, sin un polvo. Como máximo, quizás sin el amor de mi vida. Nada, si lo comparo con que unos niños nazcan sanos. Junto a una madre… viva. Y, quizás, junto a un buen padre que sólo necesita un toque de atención por parte de sus seres queridos (además de ayuda profesional).

Ojalá que esos niños tengan lo que yo no tuve.

Ánimo, Marta. Sé el héroe de tu vida. Rompe la cadena mental que te une a la desgracia.

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