En absoluto.

Fotografía de  Marietta . Y, a continuación, lo que imagino para no sentirme solo cuando despierto por las mañanas:

Fotografía de Marietta. Y, a continuación, lo que imagino para no sentirme solo cuando despierto por las mañanas:

Cada noche sucede la magia. Por eso se hace oscuro. Porque el universo necesita de toda su energía para poder encender la lámpara de la magia.

Cierro los ojos. Duermo pensando en mi exnovia. Mi exnovia, duerme pensando en mí. Ambos estamos separados por unos cuantos cientos de kilómetros. Sin embargo, ahí estamos, abrazados en mi y en su cama. Queriéndonos. ¡El abrazo se siente tan bien!

Dejamos de pensar el uno y en el otro: nuestro amor no es posible. Quedo solo en la cama hasta que Ana, la chica que hace unos días besé en un parque, piensa en mí y yo en ella. Nos abrazamos en nuestras camas, sopesando si debemos volver a vernos o nos olvidamos. Ella es muy joven para mí, yo soy muy lejano para ella. Sin embargo… ¡el abrazo se siente tan bien!

Nos dejamos de pensar, la cama vuelve a hacerse fría.

Me tocan en el hombro, me doy la vuelta, descubro a Marta. Es tímida, está desnuda. Le digo que está loca por haber venido hasta aquí así, con el frío que hace, me dice que le encanta estar desnuda, la abrigo con mis mantas, nos abrazamos. Me cuenta cosas sobre su triste infancia, momentos que nunca nadie debería vivir, me cuenta que, ahora, su marido le pega. Nos abrazamos mientras lloramos y nos consolamos, mientras también le confieso cosas horribles que me pasaron a mí cuando era niño. Hasta que su marido, en la lejanía, le grita, la llama. Marta me dice que se tiene que ir, no sea que él nos descubra y no tenga ningún lugar al que escapar. Me apena que se vaya… ¡el abrazo se sentía tan bien!

Quedo solo hasta que decido ir a casa de mi ex esposa. Esta noche duerme sola, con el gato. La miro con amor, pensando en todo lo que pudo ser y no fue. Le va bien, no me necesita, me ha olvidado: sonrío; justo cuando voy a marcharme, ella se incorpora: pronuncia mi nombre con dulzura, me llama a su cama; dormimos abrazados, como antes, cuando todo iba bien y el mejor momento del día era cuando nos abrazábamos: cuando los abrazos se sentían tan bien.

Apagan la lámpara de la magia.

Llega el día. Olvido.

Abro los ojos. Estoy solo en mi cama. Me maldigo.

Pero no entiendo porqué no me siento solo ni olvidado.

En absoluto.

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