Mi primer superfiestón de divorciado en Valencia

divorcio primera salida.jpg

Un conocido (de con los que quedo para jugar al fútbol) me llama por teléfono para salir esta noche de juerga:

—Aún no puedo —le respondo.

—¿Es por dinero? —me pregunta— Yo te pago las copas, joder.

—No. No es eso. Es que aún tengo mirada de recién divorciado, de "Dios mío, que triste lo que me ha pasado”.  Además sólo llevo una semana yendo al gimnasio. Aún no tengo mis tetas del todo en su sitio, me veo algo de papada. No estoy a gusto con mi cuerpo. Me miro al espejo y me veo superviejo. Nunca me he visto tan viejo ni feo en la vida. Cuando estaba casado me miraba al espejo y me veía superjoven, superbien. En los 72 días que llevo separado de mi ex, he envejecido 5 años.

—¿Estás contando los días?

—Sí. ¿Por qué?

—Es raro.

—¿Raro? ¿Por qué?

—¿Me estás diciendo en serio que no quieres salir de juerga esta noche porque te ves papada? ¿Cómo puedes ser tan superficial? ¿Es que eres una adolescente virgen?

—Sí. Y con la regla. Es como si volviera a ser virgen. Me siento superinseguro en todo. Paso de salir de noche sintiéndome tan mal. Me duele hasta el alma.

—No digas tonterías, Rafa.

—Es verdad ¿Tú crees que va a ser divertido para mí salir y que ni una chica de buenos genes me mire? ¿Tú crees que alguna chica va a querer hablar conmigo cuando la mire a los ojos con trauma, dolor y desesperación a causa de mi divorcio? Cuando regrese a mi oficina, ese lugar patético en donde vivo, borracho, solo, con dolor de cabeza y deprimido me corto las venas seguro.

—Joder Rafa. Déjate de tonterías. Que te pago las copas, coño. Y el taxi de vuelta si ligo ¡Quiero conocer a alguna!

—Tío. Si quieres que salga de discotecas con mis mis pintas de divorciado, no me vas a comprar pagándome las copas. No me gusta beber. Sólo bebo cuando estoy con un cliente y no quiero que sepa que soy un tipo raro que desprecia a los que bebéis alcohol. O, bebo, cuando una chica se me pone a tiro y hay que meterse en ese rollo de subhumanos autoenvenenándose el cuerpo para conectar con ella. Y esto último no va a pasar mientras yo tenga esta mirada triste de loco divorciado resentido con la vida y papada.

—¿Qué es lo que quieres?

—Casarme. Volver a casarme. Con una mujer que me dedique un ratito de tiempo y cariño cada día.

—¡No! Me refiero a cambio de acompañarme a la disco.

—Que me pagues por acompañarte. 20 euros la hora. Por adelantado que más de una vez he visto que te escaqueabas pagando la cancha. Más las copas y el taxi de vuelta si no ligas. Y que me planches una camisa y un pantalón.

—¿20 pavos la hora? ¿Pero estamos locos?

—Para mí, salir por la noche es un puto trabajo. Algo tan agradable como trabajar cavando zanjas en estiércol bajo una tormenta de mil demonios.

—Vete a tomar por el culo, Rafa.

—No. Vete tú a tomar por culo. A mi no me utilices.

Y me colgó el teléfono.

A las dos horas me llamó:

—De acuerdo. Te contrato por 3 horas. Quizás 4. ¿Tenemos trato?

—Bufff. Si no hay más remedio...

Deja un comentario.

Rafael Fernández (Rey del Cosmos)