La soledad llegó ayer por la noche y la estoy echando del local

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El local en el que vivo, temporalmente (espero), está al lado de un bar. Entre semana, no hay mucho movimiento. Así que cada noche quedo dormido escuchando los preciosos silbidos que mi  hijo vencejo canta mientras sueña. Pero el viernes noche y el sábado, esa bendita tranquilidad marcha. Ya no puedo dormirme escuchando los sueños del vencejo. Aunque cierro la persiana metálica oigo las voces, las risas de los clientes del bar de al lado.

Esas risas de alcohol, de juerga, me asustan. Desde que era un adolescente.

Proceden de un mundo al que nunca perteneceré. Un mundo semi animal vacío de palabras y conversaciones insustanciales e hipócritas. Un mundo en el que nada vale nada, salvo un gramo o lo que va en el interior de la copa. Un mundo para el que soy algo ridículo: un escritor que sólo quiere a su lado sentimientos verdaderos y sueña con escribir un libro que le guste a todo el mundo. Quién me creo que soy. Esas risas, esa gente que acude a los bares son el 99,9% de las personas que me rodean. Por eso me siento tan solo. Soy de este mundo pero al ver como era, decidí excluírme de él.

Encerrado en el local, con la persiana bajada, escondido, en silencio, me siento como el protagonista de “Yo soy leyenda”: ese científico que ha de ponerse a salvo de los zombis asesinos cada noche. Y, aunque rechazo ese mundo, aunque sólo tendría que ponerme una camiseta limpia, subir la persiana, dar unos pasos e invitar a alguien a una copa para convertirme en su mejor amigo o amiga, durante una noche, gracias a mi palabrería y el buen rollo que sé desprender cuando me apetece, paso. Jamás lo volveré a hacer en mi vida. Me sentiría tremendamente triste tener que fingir, tener que mentir disfrazado de alguien que no soy para no pasar una noche solo o echar un polvo. No quiero volver a actuar en el plató de la vida. Por lo menos esa gente que ríe, con esas risas que a mi parecer están muy cerca del llanto y de la desesperación, no están solos. Están con quien necesitan: hablando un idioma común que me niego a asimilar. Están con seres de su misma especie.

Yo, eso no lo he conseguido y posiblemente no lo consiga jamás. Algo está "mal" dentro de mí. Algo que no quiero arreglar porque la solución, transformarme en uno de ellos, no la quiero por nada del mundo. Creo que ser lo que soy es lo correcto para mí. Lo único que me falta es ser más indestructible. Aún más indestructible.

No pensé que el primer ataque de la soledad, esa serpiente venenosa que me hace temblar,  consiguiera colarse tan rápidamente dentro del local y reptara hasta llegar a mi cama. Pensé que estaba inmunizado contra el dolor de la soledad por mucho más tiempo.

Quizás porque hay un hueco dentro de mí que siempre he soñado que otra persona, como yo, rellene. Quizás es hora de que me lo rellene yo solo, dar con el método, para dejar de sentir el dolor y desamparo que causa la soledad. Quizás es hora de cerrar, mucho mejor, la persiana del local.

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