¿Alatriste no echaría una mano?

 Hay gente que vive muy bien y no necesita de nadie. Brindo por vosotros, majetes.

Hay gente que vive muy bien y no necesita de nadie. Brindo por vosotros, majetes.

Hay cosas que no entiendo de este nuevo mundo que de pronto llegó. Cada día, trato de abrir los ojos, reciclarme no sea que llegue el momento, me mire al espejo y no sólo me vea viejo por fuera, si no también por dentro. Más que viejo: carca, casposo. Lo de viejo es inevitable y hasta precioso porque tiene su aquel que tu cabello se convierta en plata. No obstante, lo de vivir en el tiempo actual con un pensamiento antiguo es doloroso, enfermizo, de desubicados.

No entiendo al movimiento feminista (a ver si alguien me lo explica en los comentarios) cuando, por ejemplo, hablan del derecho de poder volver a casa caminando vestida con una minifalda, en la madrugada, sin sentir peligro. No les entiendo porque cada noche, salgo a pasear con mi perra, a eso de las 3 de la madrugada y, si se me pone un hombre detrás ( o peor, un grupo de hombres en silencio... que al final sólo van camino del trabajo) también estoy alerta, inseguro. A mí, sin minifalda, también me puede matar, robar o violar una manada. Vivimos en un mundo en el que existe la maldad y la violencia. Es parte de nuestra naturaleza y sociedad, tristemente. El día que alguien pueda extinguirlas, no creo que sea gracias a un movimiento de género, sino más bien espiritual, allá por el año 5.000, cuando sea completamente habitual viajar a otros planetas y hablar con seres de otras galaxias.

Me encanta (salvo cuando juzgan y apedrean injustamente, como a Woody Allen o el caso Torbe, en España) cuando el movimiento del #metoo señala a un depredador sexual y le quitan el trabajo, la posición económica y el estatus social. Sí que reconozco que los hombres nos hemos permitido unas licencias, ante las mujeres que nunca debimos de tomarnos. El hombre que esté libre de culpa que me tire la primera piedra.

Sí entiendo al movimiento feminista y a las pequeñas minorías cuando solicitan a la RAE un lenguaje inclusivo, por mucho que la letra T de dicha academia se eche las manos a la cabeza y grite "¡Qué barbaridad, caballeros, qué barbaridad!". Me costó mucho tiempo y esfuerzo entenderlos. Pero estoy al 100% con las minorías que piden el cambio.

Entiendo, así me lo enseñaron en la escuela, que el uso del genero masculino en la lengua incluye a todos los géneros, a todo tipo de persona. Todos somos todos. Desde el punto de vista del conocimiento, no hace nada de falta eso de “todos, todas y todes”, en el orden que sea. Pero me cago en dios. Recuerdo al inigualable Gabriel García Márquez ¡Quién pudiera escribir realismo mágico como él! En 1997, en el Congreso Nacional de la Lengua Española habló sobre el inmenso poder que tiene la palabra. Vale la pena ver el video:

“Nuestra contribución no debería ser meter a la lengua en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros formativos para que entre en el siglo XXI como Pedro por su casa. Humanicemos sus leyes”.

Humanicemos sus leyes.

Es cierto que no se necesita el “todes”. No es lógico. No hace falta... No hace falta para ti, para mí, que somos hombres y todo está hecho a nuestra imagen y semejanza. ¡Todo es tan cómodo para nosotros! ¿Pero y si hay más personas en el mundo a quién sí que le hace falta aunque sea de forma temporal? ¿Por qué la RAE no puede unirse a algo bonito, a algo humano y vivo? ¿Por qué la RAE ha de mantenerse al margen y no echar una mano, en este momento histórico para que las minorías se sientan incluidas en la sociedad? Creo que las organizaciones, las sociedades que tienen verdadero poder son las que más deberían de echar una mano a quien lo necesite. “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad” reflexionaba ese héroe de comic ante la dramática muerte de su tío Ben. Señor Reverte... ¿Su héroe Alatriste no echaría mano? Yo creo que sí.

No echar una mano, cuando se puede, es de mamonazos e insensibles. De arrogantes y psicópatas.

Imagina que eres trans. Imagina todo lo que sufres por lo que sientes en tu interior, en el colegio, en la calle, en las relaciones. Por la incomprensión. Eres un bicho raro para un montón de gente. Tienes que vivir con eso cada día, cada segundo.

De repente, un día la RAE acepta el “todes”. Los funcionarios y políticos comienzan a utilizarlo desde los ministerios y organismos públicos. Lo escuchas, día tras día. Los que te rechazan lo escuchan, día tras día. Comienzas a sentirte un poco más parte de la sociedad. Ellos también lo sienten. Es sólo un granito de arena, o quizás un puñado, pero ya es algo. Por supuesto hay otros caminos mucho más importantes para que estas personas se sientan mejor en el día a día. Por supuesto: que se sientan mejor en los campos que requieren no es sólo tarea de la RAE. También es un trabajo personal, psicológico, de educar a la sociedad, etc. Pero... ¿Por qué la RAE no puede ayudar? ¿Por qué pueden realizar cambios incomprensibles a la lógica como normalizar que no se acentúe “sólo”(cuando es necesario), incluir el “descambiar” (para cambiar una compra) y no incluir el “todes” en el puto diccionario? ¿Quién es el tonto, inhumano, aleatorio, demente y casposo que dirige la RAE? ¡Díganmelo, que me lo cargo!

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