Sucede

sucede.jpg

Hay un momento, en la vida de cada persona, en el que sucede.
Normalmente ocurre en la noche en la que decidimos traicionar a nuestros sueños de juventud. Esa noche en la que nos vamos a la cama con la decisión tomada: decididos a estudiar una carrera universitaria que ni nos va ni nos viene o tomar ese puesto de trabajo tan respetable, aconsejados por papá. La noche en la que renunciamos a convertirnos en las estrellas de rock que estábamos seguros que íbamos a llegar a ser.
En cuanto duermes, sucede.
Te desdoblas.

te desdoblas

En la cama queda acostado el futuro cadáver que hoy eres. Sigue dormido.
Frente a la cama, mirando el cadáver,  despidiéndose, el joven que serás: la estrella de rock que te prometiste ser.
Él se va al planeta donde nadie envejece: donde los sueños se cumplen.
Tú te quedas en la cama hasta que despiertas en la mañana.
Te levantas.
Crees que no ha pasado nada.
Pero tu vida ha pasado.
Y comienza la condena de hacerse viejo.
Cada día, cada minuto, cada segundo.
Y un cáncer, que se arrastra hacia tí: como un zombi sin piernas, lento. Aún a miles de kilómetros de distancia. Pero que te devorará entero.

A veces, en tu día libre, tomas la guitarra y cantas en el salón de tu casa.
Pero ya no disfrutas.
Ya no es lo mismo.
Ahora es un recuerdo.
Desafinas. Quizás porque cantas sentado sobre el sofá que elegiste aquella tarde de gritos, en Ikea, junto a una pareja a la que no amas. Esa chica que una noche también renunció a sus sueños y que te espera en una cama, pudriéndose, descomponiéndose.

Algunas noches, desde la realidad donde se cumplen los sueños imposibles, una joven estrella de rock te observa, horrorizado. Habla señalándote con un dedo:
—“Ese pobre viejo amargado pude ser yo”.
En el planeta de los sueños imposibles: todos cantan, todos tienen éxito, nadie envejece.
Todos tienen quince años.
Mientras tú te pudres entre la tierra. Sobre ese maldito sofá de Ikea.

Deja un comentario