El día que Marta me dejó

 Recuerdo aquel día como si fuera ayer.

Recuerdo aquel día como si fuera ayer.

Marta me dijo que me dejaba: que se iba de la casa en la que llevábamos viviendo tres años y medio.

—He conocido a otra persona mejor —me confesó sin piedad.

Lloré.

Desconsolado.

—Eres la única persona a la que amaré en mi vida —le dije: con mil patéticas lágrimas en los ojos.

—¡Estas vivo, maldita sea, deja de ver eso como un castigo! —contestó—. ¿No te das cuenta de que vivímos en el paraíso de la pasión? ¿En el cielo del folleteo? Somos más de 7.610.047.986 personas en el mundo de las cuales más del 49,6% somos mujeres. ¿Cómo voy a ser yo la única persona con la que más vas a ser feliz en la Tierra, Rafa? ¡Por pura lógica habrá más de mil millones de mujeres que te harán más feliz que yo!

—¡La vida no son matemáticas!

—La vida es lógica. Es normal que tarde o temprano, a no ser que me quedara para siempre encerrada contigo en esta casa, conociera a alguien mejor que tú.

—¡Me estás desgarrando el corazón! —le informé.

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—¿Por qué? También hay alguien mejor que el chico por el que te dejo ¡Y tarde o temprano lo conoceré y también lo dejaré a él por alguien mejor! Mira, Rafa… para la mayoría de las personas tener pareja es caer en la demencia. Crean una ilusión, en sus cabezas, de que que esa persona con la que están es la única persona en el mundo que le puede hacer feliz... ¡Ja, ja, ja, ja!  Eso es una soberana estupidez que no puede sustentarse de ninguna forma lógica o matemática. Formar familias estaba bien en la Edad Media, cuando había que trabajar el campo para no morirse de hambre y se necesitaban muchas manos para cuidar de las cosechas y tener suficiente madera para pasar el invierno.

—¡Estás loca!

—¿Loca? ¡Loco tú!… ¿Qué más quieres? Hemos estado encerrados en esta casa durante tres años y medio… ¡Me has follado todo lo que has querido! ¡Hasta cansarte de mí! ¡Ya casi nunca me tocas! ¿No crees que es hora ya de que vuelvas a encontrar un cuerpo que te apasione? ¿Por qué te empeñas en hacerle el amor a este cuerpo que para ti está podrido?

—Soy demasiado viejo —le dije—. A esta edad es más difícil encontrar a un mujer…

—¡Nunca eres viejo, Rafa! ¡Sólo eres viejo si te empeñas en mezclarte y buscar pareja entre la gente más joven que tú! ¡Hay millones de personas de tu edad! Si te relacionas con esas personas: jamás serás viejo… ¡Incluso volverás a ser joven si buscas entre las mujeres que son mayores que tú! ¡Otra vez joven! ¿No es fantástica la vida? ¡Parece ciencia ficción!

—Es que tú no pareces que tienes 42 años —le dije—. Tú pareces que tienes 30. La mayoría de las mujeres de 42 años parecen que tienen 80 años.

—¿Te gustaría hacértelo con una jovencita? ¿Eso me dices?

—Hombre... a nadie le amarga un dulce.

Marta caminó hasta el recibidor de nuestra casa: que ya caía sobre nuestras cabezas. Tomó su bolso: sacó 8 billetes de 50 euros y me los puso sobre la mano:

—Pues vete de putas —ofreció—. Aquí tienes el dinero. Hay un montón de putas guapísimas y jóvenes que se matarían por poner tu buena polla entre sus tetas gigantes y jóvenes.

—¡No! —le grité, horrorizado—¡Eso está mal! ¡Eso es explotar a la mujer, cosificarla!

—No me seas maricón, Rafa. No te creas la propaganda. Hay millones de mujeres que utilizan sus armas de mujer para ganar dinero y ascender en sus empresas o conseguir un buen marido que les mantenga. Al fin y al cabo, tener sexo es sólo hacer gimnasia. Si hace cientos de años la iglesia judeocristiana se hubiera fijado en la comida en lugar de en el sexo, lo que estaría prohibido ahora, entre las parejas, es almorzar o cenar con otra persona que no fuera tu esposa o prometida.

—¡Nunca me iré de putas! Si tú me dejas… pasaré la vida solo —le dije, poniéndome de rodillas.

—Esto del amor es una excusa barata para dejar de hacer un montón de cosas en la vida. Esto del amor es un garaje donde aparcas, para siempre, un Lamborghini último modelo, que eres tú. El amor se acaba enseguida y empieza la comodidad, la responsabilidad con otras personas que te absorben... con hijos, si te descuidas. ¡Dios! Dejas de existir. Y lo que es peor… de divertirte en la vida.

—Tus palabras son tan crueles, Marta. No te reconozco. Pensé que nos íbamos a casar.

—Rafa, si quieres, te ofrezco que seamos hermanos. Hermanos para toda la vida. Tendrás mi consejo, mi compañía, mi sexo, mi dinero cuando te haga falta. Me gustas, has sido bueno conmigo, me caes bien. Lo único que te pido: es que te enamores de otras, de muchas mujeres que valgan la pena, con las que te lo pases genial y, que cuando termines con ellas, las conviertas también en tus hermanas y amigas eternas: así hasta que formes la familia más grande del mundo o estalles de felicidad y de placer… ¿Qué te parece mi propuesta?

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