No nos vamos a divorciar nunca

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Tras cuatro días sin hablarnos, yo dormía, en un cuarto de la casa, solo.
Ella abrió la puerta.
Se sentó a los pies de mi cama. Me miró.
Abrí los ojos, la miré...¿Qué hacía allí?... ¡Lo entendí!
Lloramos.
Nos abrazamos y nos besamos.
Decidimos que aún no habíamos llegado a nuestro “tope”. Estábamos seguros de que sí, pero tras ese muro que nos parecía el último que existía, descubrimos una puerta abierta. Y mirando a través de esa puerta vimos que había un montón de campo, espacio, kilómetros y amor aguardándonos.
Estar casado no es fácil siempre. De vez en cuando toca un monstruo en la puerta de casa y si lo dejas entrar y acomodarse en lugar de echarlo en seguida se pagan las consecuencias. Si le escuchas y te dejas convencer por él, estás perdido.
Nos amamos muchísimo. A veces nos sacamos de quicio porque los dos tenemos una personalidad muy fuerte, de líder de la manada. Tendremos que seguir aprendiendo a convivir con esto. Y a tomarnos las cosas menos a la tremenda.
Hay vida ahí fuera, esperándonos. Nuevos amores, nuevas relaciones, nuevas comunidades
autónomas, nuevos trabajos. Pero, con todo el respeto del mundo, que le den a todo esto.
Vamos a seguir encerrados en casa: haciéndonos mayores, amándonos, trabajando duro en lo que nos da la gana, potenciándonos entre nosotros y pagando o disfrutando de las consecuencias.
La vida es un viaje de dos. Sólo cuando tenemos cuatro patas, dos cabezas, dos corazones, cuatro manos, somos seres maravillosos y completos.
Localizamos al monstruo: estaba debajo de la mesa del garaje. Escondido como un cobarde. Ella con un cuchillo de cocina, yo con mi hacha, lo matamos y metimos en el container de basura que tenemos delante de casa.

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Queremos aprender y atrevernos a amarnos más. No ser unos cobardes. Porque empezar una nueva relación y cagarla con el tiempo es muy fácil. En eso somos especialistas todos. Pero en mantener una relación, hacerla fuerte, grande, verdadera, válida, indestructible... eso: no lo sabe hacer cualquiera. Sólo sabéis hacer eso los que tenéis un corazón tan grande que no os cabe en el pecho. Y unos huevos tan grandes que no os dejan caminar tranquilos.
Que solo el Rey del Cosmos pueda separarnos.