Mi primera aventura en el Tinder

 Yo, leyendo el periódico.

Yo, leyendo el periódico.

El 90% de las personas creen que es mentira lo de nuestro divorcio. Supongo que es lo normal. Unos días cuento en este blog que mi casa estaba endemoniada, otras que mi gato fue resucitado por extraterrestres.

El tiempo os hará ver que, desgraciadamente, no miento en esta ocasión.

No es una historia más.

Quiero volver a casarme. No voy a volver a convertirme en Sigmundo, en un porreta y en un infiel. Me gusta la vida de casado. Me gusta estar solo con una mujer, ser fiel, volcarme en ella, que juntos nos ayudemos a convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos. Potenciarnos hasta el máximo. Conseguir vivir bien. No hay nada más precioso ni que demuestre más de lo que estás hecho y que no eres un cobarde que entregarse completamente a otra persona. Y si un día termina la relación, mirarnos a los ojos repletos de lágrimas y decirnos:

—La despedida es muy triste. Pero, joder, esta relación ha valido muchísimo la pena.

Es lo que nos está pasando ahora. Nos vaciamos el uno en el otro. Somos mejores que cuando nos conocimos. Llegamos a nuestro tope juntos. Sólo hay agradecimientos. Y abrazos.

Quiero volver a tener una relación. No en seguida y con cualquiera: no estoy desesperado. Pero sí de aquí a un año. ¿Es demasiado pronto? Tengo 44 años. A veces me da miedo mi edad. Ir a una hipotética cita y que me miren las mujeres como un viejo. No obstante, recuerdo que siempre, siempre, todos nos consideramos demasiado mayores para el momento en el que estamos viviendo, que nos faltan cosas para poder disfrutar de nuestra edad sin complejos. A los 15 años yo ya decía: “es que ya tengo 15 años, ya soy muy mayor”. La realidad es que hay un montón de mujeres de más o menos mi edad que buscarán a alguien como yo. Millones de mujeres. En teoría es imposible fracasar pues al fin y al cabo estamos en la Tierra para relacionarnos los unos con los otros.

Gracias a Dios existe Tinder. Es un gran invento. En esa red social se supone que se inscribe quien busca pareja y quiere recibir ofertas. Es un wallapop humano. Te descargas a tu nueva pareja de internet. Cuando yo era soltero, que recuerde, Tinder no existía. Es maravilloso porque te ahorra tener que ir a discotecas a buscar pareja. Yo ya no puedo ir a una discoteca a buscar pareja porque tengo la misma edad o más que el dueño de la discoteca. Creo que ese es el límite para ir a discotecas. Creo que sería ridículo ir a buscar una esposa a una discoteca. E ir preguntando a mis contactos del Facebook si están libres y quieren probar algo conmigo es demasiado patético. Incluso podría denunciarme alguien por acoso. Ya no hablo de acercarme a una mujer por la calle. Impensable.

Así que Tinder es genial. Voy a centrar la búsqueda de mi nueva esposa por allí.

Mi primera comunicación con alguien del sexo opuesto ha sido un poco extraña. De pronto, una chica de ventipocos años me hace un match.  Son las 3 de la madrugada. Me extraña mucho. En mi perfil tengo puesto que tengo 44 años de edad. ¿Le gustan los viejos? ¡Vamos a lanzarnos a la vida! ¿Una aventura? Le escribo. Esto es lo que pasó a continuación:

aventuras tinder 1.png

aventuras tinder 2.jpg

Tras esta conversación la desagregué. Al rato me arrepentí. Debería de haber investigado más. Soy escritor, es mi obligación. ¿Realmente ella pretendía lo que decía? ¿O que acudiera a la cita, en un descampado, pegarme un golpe en la cabeza y robarme? ¿O era un salido haciéndose pasar por una chica joven para que le mandara fotos de mi miembro en su esplendor? ¿O un chantajista? Dios... ¡Qué duro es volver a ser soltero! ¡Mi vida corre peligro! ¿Y si me castro como a mi gato?

Nota.- Estoy recibiendo un montón de emails bonitos, muestras de apoyo. Este precioso email, por ejemplo, es obra del escritor Javier Busquets... ¡Muchas gracias!

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