Nos vamos a divorciar

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Este es el mayor fracaso de mi vida: jamás había puesto tanto de mí en un proyecto ni trabajado tanto. Me voy de esta relación muy inseguro, aterrorizado, pero con paso firme. Svieta y yo hemos decidido divorciarnos.
 
No por infidelidades.
No por violencia doméstica.
No por mentiras.
No por dinero.
No por éxitos/fracasos.

Simplemente porque ambos aspiramos a ser más felices. Ambos queremos ser más “yo”. Juntos no podemos ser lo que queremos ser, sino un ente diferente que no nos conviene ni nos satisface.
A lo largo de estos 7 años de relación los dos nos hemos potenciado muchísimo. Todos estos años no han sido un desperdicio. Ambos hemos despegado profesionalmente. Han sido 7 años en que lo único que hemos tenido es el uno al otro: de forma sincera y plena. Quizás tener que estar siempre ocupados, superando problemas tapó nuestra infelicidad. No lo sé. Lo que es cierto: ninguno de los dos quiere dar más. Hemos llegado a nuestro tope.

Quizás todo sea por culpa de la herencia de familias problemáticas y desetructuradas de las que ambos provenimos. Nunca tuvimos un buen ejemplo, no hemos podido aprender nosotros solos.

Escribo este post con lágrimas en los ojos. Espero que Svieta siempre esté bien. Siempre podrá contar con mi ayuda y apoyo aunque de sobra sé que no le irá nada mal en la vida: lo tiene todo para triunfar.

A mis 44 años veo algunas cosas de mi futuro bastante negras. Gracias a Dios, o al Rey del Cosmos, podré refugiarme, hasta el fin de mis días, en lo que nunca me abandona: mis ganas por crear para vosotros.

Quería irme ya de esta casa a esta otra, empezar una nueva vida cuanto antes, pero Svieta me ha hecho ver que lo mejor para los dos es aguantar dos o tres meses más viviendo bajo el mismo techo. Un tiempo que necesitamos ambos: ella para ganar un poco más de dinero con su canal de YouTube y yo para poder terminar una nueva novela.

Lo más seguro es que ella se quede en esta preciosa casa y yo marche. No sé a dónde. Ni siquiera a qué comunidad autónoma. Aunque seguramente regresaré a Madrid o a Asturias que son los lugares que considero mi casa. O, quizás, me vaya a un lugar totalmente nuevo, que no me traiga ningún recuerdo ni levante ninguna expectativa. No sé.

Hoy vinieron los caseros de esta nueva casa que alquilamos. A invitarnos a comer con su familia.

Yo me excusé, diciendo que tenía que trabajar. Realmente, quería que Svieta fuera sin mí. En este pueblo la gente es muy amable, ella se está integrando muy bien, haciendo muy buenas relaciones con todos. Hay mucha gente. Creo que es un pueblo ideal para que ella comience una nueva vida.

Cuando pase ese tiempo, me iré con Anais y Doctor Amor (si Svieta me lo permite, el gato “es” de los dos y supongo que ella también querrá tener a alguien que le haga compañía) a algún lugar tranquilo.

Siempre nos recordaré así:

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Un saludo a todos.