Busco un nuevo "digno adversario" para mejorar en la vida

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Un método que he utilizado siempre, inconscientemente hasta hoy, para mejorar en mi trabajo de escritor o en otros asuntos de mi vida personal ha sido el de buscarme un “enemigo”, alguien a quien “odiar”.

Me corrijo: no alguien que odiar de verdad. Más bien un “digno adversario” al que tratar de igualar o superar. Ese “digno adversario” es una persona con la que me obsesiono en plan bien.

Me fijo donde está él o ella y me digo:

—Yo quiero llegar ahí. Yo quiero tener esa cualidad que él tiene.

No confundas esto con “envidia”. ¿Cómo odiar a alguien que te convierte en mejor persona o profesional? Sinceramente he apreciado y querido muchísimo a todos los dignos adversarios que he tenido hasta ahora. Nunca he tratado de hundirlos, robarles, acabar con ellos. Ellos han sabido llegar hasta un diamante antes que yo. Ellos han sabido hallar un camino antes que yo.

Así que me fijo mucho en ellos, hasta conseguir ese diamante, pero a mí modo.

Aquí van algunos de mis dignos adversarios del pasado:

1.-Henry Miller: dijo “adiós muy buenas” a la vida seria, a los trabajos dignos, a lo que la familia esperaba de él y se fue a París, a mal vivir. Lo único que le importaba era convertirse en escritor. Convirtió la literatura en el primer objetivo de su vida... ¡y era feliz! Yo hice lo mismo en el año 2001. Dejé mi trabajo serio en “El Corte inglés” y me centré en escribir, sin red de protección, sin importarme que un día o dos no tuviera para comer. Pensé que me iba a sentir como un desgraciado: pero en cuanto renuncié a toda la vida que tenía y le dije a la literatura que me guiara, me sentí increíblemente dichoso. Conseguido.

2.-Torbe: fue mi primer referente en internet. Lo leía antes de él meterse en el porno. De él quise “apropiarme” del desparpajo y gamberrismo políticamente incorrecto que derrochaba su web. Le daba igual todo. Yo, por aquel entonces (año 1999), tenía una web de literatura muy aburrida, a la que iba subiendo mis escritos, que también eran muy aburridos. Sin embargo, el diamante que tenía Torbe y yo quería para mí era otro: que te dé igual lo que los demás piensen de ti. Conseguir eso sería una liberación asombrosa. Te libera para el resto de tu vida de unas cadenas muy pesadas que no te permiten mirar a la gente a la cara, sin complejos. Hacer lo que quieres en la vida sin pensar en las consecuencias. Eso se lo vi a Torbe. Y lo aprendí. Conseguido.

3.-Hernán Casciari: lo descubrí al poco de empezar a escribir mi segundo libro. Me fascinaba su inteligencia, su simpatía, cómo llega a los lectores, cómo lo quieren tanto. Pero sobre todo que “viviera de escribir”, que se pasara el día en casa, trabajando en pijama. Escribía lo que le daba la gana y otros le pagaban. Conseguido. Pero, casi enseguida, Hernán volvió a convertirse nuevamente en “digno adversario”: empezó a vivir de autopublicarse. Un reto maravilloso que también conseguí y me hizo sentir repleto de felicidad.

Estos tres "dignos adversarios" tienen otras cosas, en sus vidas y personalidades, que no me gustan nada, en absoluto. Esas cosas las obvié. De Henry Miller no me gusta su egocentrismo, de Torbe que no se cuide esa barriga y quiera vivir siempre como un adolescente, de Hernán que haya roto su familia para formar otra enseguida (aunque la vida es así, lo sé, pero no me gusta). Digo esto con todo el respeto del mundo; conociendo, por supuesto, que yo también tengo cosas muy feas en mi personalidad y hago cosas feas en mi vida. Lo señalo para dejar claro que en personas que no me maravillan del todo, hay "diamantes" que han hecho mi vida mucho, mucho mejor.

Para mí, las personas son como supermercados. Tienen cosas dentro maravillosas que podemos "pillarles" como chocolate, fruta, etc. Y que mejoran nuestra vida, como las app. Otras, las dejamos en sus estanterías.

Ahora estoy en una mala época: me he quedado sin “dignos adversarios”. Me explico: he conseguido todo lo que quería en la vida. Me gusta ser quien soy, como soy, como escribo. Por supuesto que me gustaría tener la cuenta bancaria de Dan Brown, un hijo o el cuerpo y estado de forma de Usain Bolt. Pero esas cosas, tampoco me vuelven loco. Las quiero porque todo el mundo las quiere. Todo el mundo dice que es genial tenerlas. No las quiero porque verdaderamente yo las necesite. No crujo de emoción cuando me imagino viviendo en un castillo, con un hijo en los brazos y con unos abdominales de escándalo. Creo que esas cosas no me enriquecerían ni me alegrarían, verdaderamente. Actualmente lucho por ellas, pero realmente me la traen bastante floja. El ser que tengo dentro no ve nuevos campos verdes, nuevas metas que realmente quiera o necesite conquistar.

Esto me da miedo.

Por ello, ando buscando un nuevo “digno adversario” que me abra los ojos ante una nueva posibilidad de vida... ¿Tú conoces a alguien que me pueda servir? ¿Tú tienes algún "digno adversario" en tu vida? ¿Te apetece contarme qué le estás "robando" de su supermercado?

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