En el cine de mi pueblo viendo "Sin Rodeos"

 El cine de Requena.

El cine de Requena.

Una cosa maravillosa, que no esperábamos, de habernos mudado a Requena es el regalo de vida que ha supuesto para nosotros la familia a la que le alquilamos la casa ¡Nos han acogido como si fuéramos familiares! Todas las semanas nos invitan a algo: que si al bar a comer, a beber, a paellas en sus casas, a conocer ferias, pueblos, se desviven por nosotros para que estemos cómodos en la nueva casa y nos integremos en el pueblo.

Aunque Svieta y yo somos de trabajar mucho, de pasarnos los días encerrados en casa, en nuestro mundo interior y proyectos, no podemos decirles que no, casi nunca, pues los adoramos. Nuestro caseros son muy majos, gente elegante y sobre todo son una gran familia unida, que se quiere mucho y apoya: cosa que a Svieta y a mí nos llama mucho la atención, incluso de ciencia ficción, ya que ambos provenimos de familias desestructuradas.

También es cierto que la gente de Requena y de nuestro pueblo, San Antonio, es muy, muy maja. Requena cuenta con más de 20.000 habitantes.  San Antonio con unos 1.800 habitantes. Requena lo tenemos a 5 minutos en coche.  Lo que me gusta de Requena es que está llena de tiendas como las del siglo XX pero con un servicio del siglo XXI. Es decir, las tiendas de electrodomésticos o de ropa, por ejemplo, no tienen nada que envidiar a las grandes superficies como Mediamarkt o Zara. Entras en una tienda del pueblo y son modernas, están llena de dependientes, como si pertenecieran a una franquicia internacional. Los precios y calidades son exactamente iguales que las de las grandes cadenas. No hace falta salir del pueblo para encontrar nada.

Se lo tienen todo muy bien montado estos requenenses. Incluso tienen paradas de autobús con calefacción, para que la gente no pase frío mientras espera el bus. Paradas así no las vi ni cuando vivía en la capital de España.

Tras tantos años viviendo en pueblos sin cines, ahora tengo dos. Uno a 5 minutos de mi casa y otro en Requena.

El fin de semana pasado invité a mis caseros y a mi esposa a ver “Sin Rodeos”, la nueva película dirigida por Santiago Segura y protagonizada por Maribel Verdú. El cine se llenó:

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Fue maravilloso ver la película allí. Aunque el sonido no era perfecto, me di cuenta que, como creador, tengo que ir más al cine y ver menos cine en casa, solo. Mi cabeza iba apuntando cada reacción del público, cada comentario, cuándo se reían y cuando no. Se aprende mucho viendo la reacción de los espectadores.

Para los que no habéis visto “Sin Rodeos” (que os la recomiendo) tiene una primera parte semidramática, que dura unos 20 minutos, en la que se busca que el espectador se identifique con los males de Paz, la protagonista. Eso resulta muy fácil pues sus males son los de casi todos (ya seas hombre o mujer).

En esos primeros 20 minutos escuché alguna carcajada (cuando sale el psiquiatra, por ejemplo o la hermana del protagonista, una loca de los gatos), pero la verdad que el ambiente que se palpaba en la sala era de tristeza. Yo, por ejemplo, me sentí bastante humillado ya que me identificaba totalmente con el personaje del artista argentino, el que hace de marido de Paz. No obstante, a los 20 minutos pasa algo que da un vuelco a la situación de la protagonista y fui testigo de como el ambiente y la energía del público iba cambiando: escuchaba palabras y gemidos de alivio, muchísimas risas, frases como “vas a ver, vas a ver, prepárate” que se escapaban, sin darse cuenta, de los labios de los espectadores, que no paraban de vibrar.

Viendo la película entre toda esa gente, que la disfrutó de veras, entendí eso de que el cine es del pueblo, no de los críticos. Puede que para los gafapastas “Sin Rodeos” sea una película menor. Pero para el público que me acompañó en Requena fue una gran película. Un momento agradable de sus vidas. Sentí que vivieron una experiencia parecida a la de estar en una montaña rusa de emociones. Cuando terminó, se encendió la luz, la gente sonreía feliz, los ojos brillaban, pues la peli transmite muy, muy buen rollo. Además tiene un final distinto al que sale siempre en las películas románticas. Eso se agradece mucho.

Os recomiendo al 100% “Sin Rodeos”. Si la vais a ver al cine acompañados de mucha gente me lo agradeceréis. Ya veréis con qué buena energía salís todos. Si no me queréis creer a mí, hacedle caso a Boyero.

Me voy a abonar al cine de Requena, iré todas las semanas: me ayudará a ser un mejor creador.

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