Así es cada mañana de mi vida de escritor autoeditado

 Yo, dedicando uno de mis 9 libros.

Yo, dedicando uno de mis 9 libros.

En España hay poquísima gente que vive de escribir. Los que lo consiguen, son porque también tienen contratos como columnistas en importantes periódicos para decir sandeces todos los días o porque son best seller por derecho propio: como Ruiz Safón,  Reverte, etc.

Y luego estoy yo, que vivo sin grandes lujos pero libre y feliz. Sobreexplotándome en busca de la realización personal.

El único secreto para vivir de escribir es: crear textos diferentes que atrapen al lector y emplearse a fondo con cada folio. Si no escribes bien, no comes. O te contrata elpais.com para que entretengas a sus lectores a golpe de clickbaits y titulares que llamen la atención duela a quien duela.

El hambre y la miseria ha sido siempre mi mejor profesor de literatura. Mis casi 7 años viviendo de mis libros me ha hecho ver que vivir de escribir no es una quimera: cada año vivo un poco mejor que el anterior. A veces igual, o sólo un poquito mejor y otros un montonazo mejor.

No desprecio los lujos. Sé que algún día escribiré un libro del que se venderán millones de ejemplares. Pero para conseguir eso, tengo que escribir todos los días, esforzarme como un atleta que se prepara para las olimpiadas. Ese libro no lo voy a escribir sin querer. Ese libro surgirá cuando sea factible que pueda escribirlo. O moriré intentándolo.

Desde que decidí abrir mi pequeña autoeditorial, a mediados del año 2011 he escrito 9 libros, tres guiones de películas y ahora estoy terminando mi primera obra de teatro. También hay que sumar más de 1.000 posts.

Sobre las 5 de la mañana limpio la cocina y el primer piso de la casa en la que vivimos. Limpio a esa hora para que mi esposa, cuando se levante, desayune de forma agradable. Sobre las 5 de la mañana ya llevo 5 horas escribiendo. Descanso limpiando. No sé porqué pero me es agradable limpiar la casa. Me relaja.

 Nuestra cocina.

Nuestra cocina.

A las 6 de la mañana desayunamos juntos, luego, me voy a dar un largo paseo con mi perra Anais: un paseo de cerca de una hora.

 Anais y yo: un equipo inseparable.

Anais y yo: un equipo inseparable.

Desayuno siempre un café con leche con una pieza de pan o lo que haya preparado mi esposa para su canal de cocina. Por ejemplo, estas semanas estuvo trabajando en busca de la receta perfecta de cruasanes y vaya si la consiguió:

A la vuelta, en casa, escribo un post para este nuevo blog que he empezado hace poco o me distraigo leyendo las noticias o vuestros estados en las redes sociales.

A las 8 me toca dedicar libros. Ayer sólo vendí un libro: un ejemplar de mi novela más gamberra e inapropiada: “20 Polvos- Edición Especial”, libro que hasta me da bastante vergüenza enviar por su contenido. Aquí puedes echarle un ojo, 66 páginas gratis. Porque no voy a dejar de venderlo, me costó más de un año escribirlo. Si fuera famoso, el movimiento feminista actual se me echaría encima (y con razón) y lo retirarían de las tiendas. Gracias a Dios, no soy famoso, puedo mantener el perfil bajo y crear y publicar lo que me parezca.

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Algunos lectores me cuentan, en emails, cosas para que escriba en la dedicatoria. Este, por ejemplo, es para un regalo:

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Tomo la bici.

 Mi bicicleta.

Mi bicicleta.

Correos lo tengo a unos 19 minutos desde mi casa. Aunque yo hago el recorrido en unos 24 minutos porque me pesa el culo y es un paseo agradable (a no ser que llueva o haga viento). Por el camino, veo un montón de conejos, la carretera suele ser muy tranquila.

 Es el recorrido que hago cada mañana. Por si a alguien le apetece atropellarme.

Es el recorrido que hago cada mañana. Por si a alguien le apetece atropellarme.

Me gusta llegar a Correos sobre las 8:30-9:00. Así mi libro sale en el primer reparto de la mañana. Lo mando por Correo certificado, para que no se pierda.

Lidiar con los funcionarios de Correos es otra pequeña parte de mi trabajo. Cada vez son peores pero no por su culpa. Antes eran profesionales que llevaban toda la vida trabajando en la misma ventanilla y sabían hacer su trabajo al dedillo. Ahora, son personas con contratos de 1 ó 3 meses. Tengo que estar muy pendiente del proceso de envío: si no, teclean mal la dirección, se les olvida darme el acuse de recibo, meter mis datos de tarjeta... en todas las oficinas es siempre lo mismo. Todas trabajan igual de bien y de mal. No soy un tiquismiquis con ellos. Los comprendo porque tampoco soy perfecto. Cuando los corrijo, trato de hacerlo con voz débil, para que no se me ofendan que los hay muy locos. Tengo que estar atento porque si el libro no llega al lector, es un marrón para mí: el lector desconfía y no vuelve a comprarme un libro o tengo que volver a pagar los 5 euros del envío. No me sobran los lectores.

Sobre todo lo paso mal con los de Correos cuando saco un libro nuevo y tengo que enviar 500 libros de golpe a mis lectores:

Me alimento de lo que vendo. Una parte de lo que gano por libro me lo gasto siempre en el supermercado. Ayer, por ejemplo, compré tres ensaladas California, de esas que venden preparadas en el Mercadona. En casa nos hemos hecho adicto a ellas. También compro algo de fruta y algún capricho para Anais.

 En esta foto tengo pinta de violador.

En esta foto tengo pinta de violador.

Y regreso a casa. Allí me ducharé y me iré a dormir unas 7 horas. Luego, otra vez a pasear a Anais y a escribir... en busca de la gloria literaria.