Vivir con el libro de instrucciones

superarse o conformarse.jpg

No sé si tú también estás hecho un lío. Si vives, dentro de tu cabeza, lo que yo vivo. Si cada día pasas muchas horas pensando si estás haciendo lo correcto con el tiempo que te queda de vida.

—Si piensas que quizás no estás haciendo lo correcto —me dice una voz de mi interior— es porque no estás haciendo lo correcto. Si no, no lo estarías pensando.

—Es justo a lo que me refiero —contesto a esa voz— me estás diciendo una frase hecha: una frase que he escuchado mil veces a lo largo de mi vida. En películas, en la calle, en memes románticos de internet... Es como si nos hubieran dado un libro de instrucciones para vivir esta vida y todos tuviéramos que tragárnoslo tal cual.

—Estás loco —replica.

Y la voz se calla. Porque esa voz sólo sabe hablar con frases hechas o insultándome, para que me duela o para quitarme seguridad: ya sea mientras escribo un nuevo texto o novela o en mi día a día, cuando abro la boca.

No soy una persona feliz. Parece que es la mayor vergüenza reconocerlo. A mí me da igual. No sé cuando empezó pero sonrío poco a lo largo del día. Sólo algunos vídeos de las redes sociales, algunos especiales de humor, consiguen hacerme reír. Por cierto, hoy han subido un nuevo especial de Rick Gervais a Netflix: estoy deseando que llegue la noche para verlo.

Creo que hago todas las cosas correctamente: trabajo, amo, cuido, pago mis facturas, hablo con educación, soy empático, me comporto como un caballero. Hago todas las cosas que se supone que debo hacer, según el libro de instrucciones. Pero no me dan la felicidad. Me he lanzado a la vida de adulto sin miedo: para ver cómo es, para demostrarme que soy capaz. Me he superado, he evolucionado, sin duda ahora soy mejor persona y le caigo mejor a todo el mundo.

Menos a mí.

Quizás tengo que reflexionar sobre si estoy viviendo en una frase hecha. Si me falta valor para vivir una vida adulta (lo que entendemos como vida adulta según el libro de instrucciones) o si la vida adulta, tal como nos la cuentan allí, es una trampa para hacernos infelices o que el sistema se aproveche de nosotros.

El otro día me tragué este documental, que me recomendó una lectora:

No conocía a Sergi Torres. Al principio me pareció un flipado: no soportaba su pose de gurú, eterna media sonrisa, manera de hablar y de mirar hacia el infinito... pero, en algún momento del vídeo, contó algo así como que no había que tener expectativas en la vida. Que tener expectativas nos hacía daño. Mejor no era esperar nada nunca de nada ni de nadie. Esa reflexión, tal como está presentada en el documental, me sorprendió mucho: durante meses pensé que era cierta. Incluso pensé que ese era el motivo de mi infelicidad. Tener expectativas. Dejé de ver a Sergi como un flipado y empecé a pensar que él era un iluminado.

Esta mañana, tras desayunar y dar un paseo a Anais, llegué a la conclusión de que Sergi Torres está equivocado en eso. "No esperar nada de la vida, dejar que esta te sorprenda, aceptarla” me parece otra frase hecha del libro de instrucciones que nos han dado a todos, que nos han hecho memorizar pero que no sirve si no para decepcionarse.

Creo que una de las cosas buenas que tiene la vida, es que es lógica. Si sembramos un naranjo, el naranjo siempre nos dará naranjas. Nunca peras. O tornillos, de pronto. Sería terrible para un agricultor que vive de vender naranjas que no supiera lo que va a nacer de su naranjo cada temporada.

Creo que en las relaciones humanas, debería de ser igual: si alguien da amor, comprensión, trabajo, profesionalidad, atención, debería de recibir lo mismo. Si no, esa persona está bajando la cabeza, rindiéndose, aceptando cualquier cosa: las sobras. Si acepta eso, que todo esté por debajo de sus expectativas, dar más de lo que recibe, está permitiendo que la vida le maltrate y apague su sonrisa.

Dejar un comentario