El pecador decorativo

Muy cerca de nuestro nuevo hogar hay un gran pinar. Como soy un gran amante de disfrutar del calor del fuego en casa, aprendí que una de las mejores cosas que existen para empezar el fuego (aún más que las pastillas que se venden en los supermercados) es la hoja del pino seca, la acícula, más conocida como pinocha.

Cada día, mientras Anais corre, recojo una bolsa de pinocha del suelo, además de alguna piña o trozo de madera seco. He desarrollado una fantasía mientras lo hago: los trozos de madera que recojo son personas. Pedófilos, asesinos, violadores... El Rey del Cosmos los castiga, cuando mueren, convirtiéndolos en árboles, ramas, piñas, seres de madera. Esas personas despiertan en ese estado, inmóviles. Tienen décadas, e incluso siglos para pensar en el daño que hicieron. En arrepentirse. En darse cuenta en que estropearon su momento, y el de sus víctimas, en este paraíso que es la Tierra.

Cuando me ven, cada día con la bolsa, se desesperan. Mueren de ganas de que les agarré, los meta en la bolsa que conduce a mi chimenea. Porque, al arder, cumplen el ciclo de su castigo. Regresan al Cosmos, purificados, listos para regresar a la Tierra: reencarnados como personas en busca de, ahora sí, ser felices y dar felicidad.

Os escribo esta flipada justo hoy porque encontré esto en el pinar:

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No me fijé en la forma que tenía cuando lo metí en la bolsa. Pero sí al ir a ponerlo en la cesta de la leña:

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Lo subí a la habitación en la que escribo, lo puse al lado de mis 9 libros... ¿ahora sí que veis lo que es?

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Ved la cabeza, los brazos, la columna vertebral.. le faltan las piernas. Es un pecador. Arrastrándose. Suplicando. Busca que lo meta en el fuego... No. Aún deben pasar unos años más. Aún no ha llegado su momento. Me hará compañía mientras escribo. Me contará cosas de su repugnante vida. Lo escribiré en libros. Será testigo del día a día de un hogar feliz. Eso le ayudará. Aprenderá. No arderá, hasta el día que yo muera.

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)