¿Por qué soy fiel?

 Fiel en Ikea.

Fiel en Ikea.

El día de los enamorados me lo pasé en Mordor (Ikea). Jugaba en Champions el Real Madrid contra el PSG, mi esposa ni se enteró. Ella necesitaba comprar una mesa para poder hacer su trabajo y eso se convirtió en mi prioridad del día. Creo ser merecedor ya del carnet de esposo ideal. Hace muchos años, en una discoteca, me dieron el premio al ombligo más bonito. Ahora busco ser una buena persona. Un “señor”, estable, buena gente, profesional, con la cabeza bien amueblada, maduro, fiel, responsable, amable, tranquilo. Durante muchos años pensé que así sería la persona que me gustaría tener a mi lado. Luego decidí convertirme yo en esa persona para no tenerla solo al lado, sino dentro de mí y que mi vida me fuera mucho mejor.

—¿Te has fijado en las piernakas que tiene la dependienta? —me pregunta Svieta.
Nos acaba de atender una dependiente. Joven. Guapa.
—No. ¿Por qué te has fijado en sus piernas?
—¿Tú no miras a las personas con las que hablas?
—Yo sólo miro la cabeza de las mujeres.
Pienso.
Desde que me casé, poco a poco, me he ido reprimiendo. Amo el físico de las mujeres. Me encanta verlas o imaginarlas desnudas: como a todo el mundo que esté sano y bien comido. De vez en cuando veo vídeos alegres y me pego un homenaje, a solas en mi despacho. Pero un día pensé que no estaba bien que, cuando una chica estuviera delante de mí, en la vida real, le mirara los pechos, la boca, el coño, todo lo que miraba antes desde que tenía oportunidad. Me gustaría, pero:

1.-Si hago eso, pienso que la mujer que tengo enfrente va a pensar que no respeto a mi mujer. Que soy un salido que va por ahí buscando pillar lo que surja.

2.-Da igual cuánto me esforzaba para que la chica no me pillara mirando el lugar en el que me gustaría hundir la cabeza. Siempre me pillaban. Antes de casarme me daba igual que me pillaran. Hasta me gustaba. Siempre preferí se me viera como un tipo dispuesto a tirar para delante, hasta el fondo y el final, que se me tomara como un “amigo” o un ser asexual.

3.-Como ahora no busco acostarme con nadie más que con mi esposa, mirar a alguna de las partes íntimas de otra mujer, lo consideraría de “huelebragas”, de poco hombre. ¿Para que mirar si no hay ninguna posibilidad de que vaya a disfrutar de nada?

4.-Jamás te juzgaría si eres una persona infiel. Cada uno que haga lo mejor para su cabeza. Hay una filosofía de vida que es “vive el momento y haz lo que tu cuerpo necesite” que comprendo perfectamente. Por mi parte, no soy infiel porque creo que me haría daño (mi padre era infiel a mi madre y vi el daño que le/nos supuso) y porque creo que dañaría a la autoestima de mi mujer. Una de mis misiones en la vida es que mi mujer florezca. Si a mi lado camina una mujer marchita, considero que es mi culpa y que soy una persona de quinta categoría. Creo que cualquier persona, si se empeña, puede conseguir que su pareja florezca.

A pesar de que trato de ser una persona elegante, meto la pata constantemente. Para muestra la conversación que tuve con otra dependienta: la chica que me preparó el perrito caliente obligatorio que me comí a la salida, tras pagar en las cajas registradoras. Como disculpa, declaro que yo estaba muy, muy cansado de recorrer Ikea y hablé con el automático, sin filtrar:

—¿Desea un perrito de 50 céntimos o uno de 1 euro, con todo? —preguntó.
—Tiremos la casa por la ventana. Con todo —contesté.
—¿Desea una caja de bombones? —dice la chica, señalando una romántica caja en forma de corazón y a mi esposa.
—No. Ya lo hicimos antes de venir aquí.

La chica y Svieta se rieron mucho. Yo me puse rojo. Bueno, sólo un poquito.

 Svieta en su mesa para amasar pan.

Svieta en su mesa para amasar pan.

Rafael Fernández (Rey del Cosmos)