Entiendo idioma gato

Son las doce de la noche.

Dr. Amor está en su baño. Allí tiene el cajón de la arena. Le escucho escarbar en ella...  esta es la parte negativa de tener gato. Dejo de escribir de inmediato, me levanto, entro en su baño:

—Estaba escribiendo, ¿sabes? —le echo en cara.

Recojo sus excrementos con la pala. Siempre que lo hago Dr. Amor se queda atónito, mirándome:

—¿Por qué recoges eso, tío? —me dice— ¿No ves que yo la oculté bajo la tierra? ¿Estás enfermo o algo? DEJA ESO AHÍ, TÍO. DEJA ESO AHÍ...  Pero, pero... ¡Te la llevas! ¡Te la llevas!

Tiro los excrementos al w.c, limpio el suelo utilizando una fregona y un detergente que huele a naranja, abro la ventana para que se ventile.
Dr. Amor pega un salto. Alcanza la ventana. Desaparece a través de ella.
—¡¿Qué?!  —gimo, desconcertado.

arena gato.jpg

Salgo corriendo de la casa. No lo veo.
Lo llamo, busco por debajo de cada coche.
Sin rastro.

—¿Ha visto usted un gato naranja? —le pregunto a un anciano con el que me cruzo.

El anciano me mira, tratando de entenderme. Tras unos segundos, contesta:

—Naranjas los sábados, en el mercado —me explica— A esta hora no hay nada abierto.

Le miro, trato de entenderlo... ¿De qué me habla? ...¡Ah! Ha entendido que quiero naranjas. No tengo tiempo para explicarme. A cada segundo que pasa mi gato está mas lejos:

—Gracias —le digo al anciano.

Sigo buscando al gato.

Pienso.

Debería de haberme explicado... ¿Naranjas las 12 de la noche? ¿Qué se cree? ¿Que soy un yonki de las naranjas?... Dios... Voy a pillar una fama super extraña en el pueblo. Primero lo del gorro ruso. Ahora, que salgo de madrugada en bata y zapatillas buscando como un loco un 24 horas  para comprar naranjas.

—"Sí, sí. Ayer vi al nuevo vecino. Me preguntó, a las 12 de la noche, si había visto una naranja".

—"¿Una naranja? ¿Sólo una?".

—"Sí. Se le veía muy preocupado".

—"Éxtasis. Sin duda se mete pastillitas alucinógenas".

Busco a Dr. Amor. No lo encuentro. Me pongo muy nervioso.

—...gato, con lo que te quiero —pienso— Pero te entiendo... no naciste para no tener vida. Para dejar pasarla durmiendo, al lado de una chimenea. Estás lleno de energía. Eres joven. Tienes un destino ahí fuera, esperándote. Y yo te quise capturar, egoístamente, queriendo fueras mi peluche. Mi juguete. Secuestrado.

 Así pasa los días.

Así pasa los días.

Comienza a nevar.
Regreso a casa, triste.
No puedo escribir.
Me falta un trocito de mi persona.

—”Ojalá no te encuentres con un gato malo” —pienso.

Dr. Amor es incapaz de defenderse. Cuando vivíamos en Asturias vimos como era atacado por otros gatos. Dr. Amor siempre se quedaba inmóvil... se meaba encima. Literal. Incluso una vez se cagó de miedo.

Pienso que le persigue un perro. Cuando Anais le persigue por casa Dr. Amor lo único que hace es quedarse quieto, se rinde en el acto. Anais por supuesto no le hace nada, pero por aquí hay perros de caza. Ellos sí que le harían algo. Le morderían la cabeza.

Me voy a la cama.
No puedo dormir.
"Le morderían la cabeza".

—Eres un trocito de mí —pienso— Espero estés bien, gato. Pero es tu vida.
—¿Qué te pasa? —me pregunta mi esposa.
—El gato. Se ha escapado.
—¿Cómo?
—Mi error. Dejé la ventana abierta del baño. Como desde que llegamos nunca intentó salir de casa, no pensé que fuera hacerlo de repente.
—No te preocupes. Volverá.
—¿Cómo estás tan segura? ¿Sabes que está nevando? ¡Se va a morir de frío!

Por la mañana, en cuanto se hace de día, salgo a buscarlo.
No está por ningún lado.

—¿Y si lo han atropellado? —pienso.

Por aquí no pasan tantos coches como en el chalet en el que vivíamos en Alcanar. Por allí pasaban cada 10 segundos, a 120 kilómetros por hora. Por aquí cada 20 minutos, a 60 kilómetros por hora. Si allí sobrevivió a la carretera, aquí debe de ser pan comido.

Regreso a casa.

—¿Lo has encontrado? —me pregunta mi esposa.
—No. Si no puedo cuidar de un gato, ¿Cómo espero poder cuidar de un bebé si un día lo tenemos?
—Los bebés no pegan, de pronto, saltos de varios metros para escaparse por las ventanas —me explica mi esposa— No seas tan duro contigo mismo.

gato durmiendo.jpg

Entro en el Facebook. Me salen fotos de gatos: gatos haciendo cosas graciosas. Me doy cuenta que ya no tengo gato. Me doy cuenta que la humanidad se divide entre los afortunados que tienen gatos y lo que no tienen gatos.

Oigo un maullido.
Salgo corriendo de casa.
¡Ahí está!
Dr. Amor.
Vuelve a maullar.
Entonces comprendo a Han Solo y Chewbacca. También al mapache de “Guardianes de la Galaxia” y “Yo soy Groot”
Esos personajes sólo dicen una palabra y “sus dueños/amigos” los comprenden perfectamente.
Está basado en la realidad.
No es ficción.
Es lo que me está pasando a mí ahora mismo.
¡Entiendo gato!
Dr. Amor sólo ha dicho “miau” pero yo le he entendido perfectamente:

—¡Dios mío, Rafa! Olí a una gatita y, tío, no pude hacer otra cosa que perseguirla. ¡Madre mía con los instintos de la madre naturaleza! Somos títeres del destino, como escribió Shakespeare. O llámame acosador si quieres ¡Que me aspen las feministas! Pero la gatita quería rabo y yo se lo di... Perdí mi virginidad con ella... Sin embargo, no fue tan bonito como siempre soñé. Tras usarme, me dejó... ¡Y empezó a nevar! "¡Llévame a tu casa, nena, que no sé dónde está la mía!""¡Ahí te quedas eyaculador precoz!", me dijo. "¿Eyaculador precoz? ¿Sabes que fue mi primera vez? ¿Te crees que uno nace sabiendo?" "¡Jamás lo hubiera hecho contigo si no fuera por mis instintos!", "¡Eso! ¡Echale la culpa a Dios!". ¡Tío! ¡Yo no había visto la nieve en mi vida y de pronto la tenía toda encima! Hacía un frío que me moría, así que me escondí dentro de un desagüe. Eso explica el olor que traigo. Quería salir del desagüe, pero entre la nieve y los ruidos raros no pude hacerlo hasta ahora... ¡Menuda juerga! ¿Me dejas pasar, por favor? ¿Hay algo para comer? Rafa... ¿qué tal una de esas latitas que sacas a saber de dónde? ¿Has encendido ya la chimenea? ¡Me voy a pasar 48 horas durmiendo delante de ella! ¿Qué tal por casa? ¿Y Svieta? ¿Todo bien? ¿Has escrito algo que valga la pena? ¿Me acaricias un rato?

 Al día siguiente vino a por más. Aquí la véis provocando.

Al día siguiente vino a por más. Aquí la véis provocando.

 Abrí la ventana, ella se escondió debajo de nuestro coche. Lo tenía todo planeado.

Abrí la ventana, ella se escondió debajo de nuestro coche. Lo tenía todo planeado.

 Y alli fue nuestro campeón, para cumplir por segunda vez. De mala gana. Pero fue. "Es que no la amo, Rafa", me dijo, "Pero es que no tengo a nadie más y no quiero que se me pase el arroz".

Y alli fue nuestro campeón, para cumplir por segunda vez. De mala gana. Pero fue. "Es que no la amo, Rafa", me dijo, "Pero es que no tengo a nadie más y no quiero que se me pase el arroz".

Rafael Fernández (Rey del Cosmos)