Sólo soy un autor

Este soy yo. No soy un criminal ni un loco. Sólo soy un autor.

Este soy yo. No soy un criminal ni un loco. Sólo soy un autor.

Mucha gente, cuando pilla un libro mío por primera vez y comienza a leerlo, se les revuelve el estómago, se enfadan, me escriben un email o comentario, insultándome. Las chicas que conozco por primera vez por Tinder, cuando me preguntan a qué me dedico y les digo que soy escritor, piden (entusiasmadas) ver mis libros, entran en esta página, ojean mis libros y, enseguida, me eliminan, asustadas, para siempre.

Es normal.

Vivimos en un mundo cada vez más inculto. Aunque, por otro lado, también cada vez más espiritual, solidario, antimachista, vegano, etc. La sociedad no acepta los abusos, la parte repugnante de algunos “machos” y, casi todos mis libros, son un retrato fiel, levantan acta, de ese mundo que hoy se rechaza con firmeza. Un mundo que no he inventado yo, que también me causa horror a mí. Un mundo que también he sufrido en mis propias carnes, en mi infancia, a pesar de haber nacido hombre.

Celebro todos los movimientos feministas que nos han hecho pensar a los hombres, reparar en nuestros errores. Ojalá la violencia desaparezca, la paz reine en la Tierra y que todos los que estamos leyendo estas palabras, lo veamos.

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Pero yo no soy un violador ni un machista por escribir algunos de los libros que he escrito. Tampoco lo son los lectores y las lectoras que los leen. Soy un escritor que está dedicando su vida a crear obras inmortales (ejem, quizás me haya venido muy arriba) que reflejen el tiempo que le ha tocado vivir. Busco entretener, hacer reflexionar y reír. Las personas que me leen, son lectores que buscan pasar un buen rato, evadirse… Aquí no hay ningún monstruo salvo el inculto que trata de censurar y acabar con la libertad creativa. Por favor, no caigáis en el error de confundir a Sigmundo, conmigo. Es como creer que Henry Cavil es Superman realmente porque lo veis volar en las películas.


Los libros protagonizados por Sigmundo son protagonizados por un alter ego. Caricaturizo partes de mi vida, otras las escribo tal cual sucedieron (desgraciadamente), otras me las invento. Pero jamás he violado, robado o matado. Ilustro esos libros con fotos fakes, creadas por mí con Photoshop. Otras fotos, son reales. Cuando una mujer ha salido fotografiada en las páginas de mis libros, ha sido, siempre, siempre, porque ella me lo ha permitido: por amor al arte o porque a ella le hacía ilusión ser parte de un libro de Sigmundo, sin que nadie pudiera reconocerla. Sólo una vez contraté a una modelo suramericana, a quien pagué, generosamente, a cambio de que se sacara unas fotos no pornográficas: me refiero a unas en la que sale, desnuda, envuelta en una bandera española. Quería recrear la asquerosidad del racismo que existe en España (y que cada vez vemos más, incluso alentada por partidos políticos legales). La modelo ofreció hacerlo gratis. Yo insistí en pagarle para no sentirme tan mal por lo que a mí me daba asco pedirle (y a ella le daba igual).

Tampoco digo que sea un santo. He sido, muchas veces, un canalla. Pero como cualquier chico o chica del mundo. Sin pasarse. ¿Por qué he incluido fotos pornográficas dentro de los libros de Sigmundo? Porque deseé recrear los diarios sexuales de un tipo que está muy mal de la cabeza. Y para aumentar la sensación, cara al lector, de “esto que estoy leyendo es real”.

Sigmundo es capaz de lo mejor y de lo peor de un ser humano. Es mi personaje más celebrado y casi puedo decir que llevo viviendo de él y de sus cuatro libros (algunas veces mejor, otras veces peor) desde que el periódico “20minutos.es” me premió su primer libro: “Diarios secretos de sexo y libertad” (690 páginas) en el año 2005. No hay día que no venda un libro de la saga de Sigmundo. Por cierto, el premio que me dio 20 Minutos (3.000 euros) lo doné a una asociación que cuida de niñas violadas en Colombia. Soy el único autor, en los 13 años que lleva celebrándose el concurso que donó el premio. Y eso que, muchos de los que posteriormente ganaron el premio, eran personas ejemplares, creadores de textos bonitos, humanos, solidarios… e hipócritas.

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Una cosa son las historias que se escriben y otras, las acciones que decidimos protagonizar en la vida.

Mi primer libro “Doña Úrsula no duerme por las noches” era una novela bonita, romántica, escrita a lo Gabriel García Márquez que colgué en internet pero que nadie leía nunca. Sin embargo, empecé a escribir de forma directa, violenta, bestia, los libros que protagoniza Sigmundo. Empezaron a llegarme los lectores de cien en cien, de mil en mil, algunos premios y la mini fama de la que disfruto aún en la actualidad.

Con este escrito, no quiero disculparme por mi obra. Amo mis libros. He pasado años pensándolos, imaginándolos, componiéndolos. Presumo de que son los libros más bestias que se escriben en la actualidad. Sólo yo tengo los huevos para llevarlos a cabo. ¿Por qué? Porque además de que se me va un poco la pinza, estoy concienciado con la literatura, soy huérfano, no tengo familia ni nadie a quien avergonzar. Cuando estuve casado, mi exmujer me alentaba a escribirlos. No sólo no me arrepiento de haberlos escrito sino que, si no existieran, volvería a escribirlos palabra por palabra.

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Con este escrito, lo que pretendo es aclarar que estoy de parte de las mujeres que buscan un cambio social y de comportamiento, por parte de los hombres, super necesario: que señalan a los depredadores sexuales con movimientos como #metoo y que salen a la calle a gritar, cansadas, hartas de la falta de respeto de, quiero creer, una minoría de hombres que han sido educados por gente que nunca debió ser padre y/o madre.

Al igual que todos, también lloro y me llevo las manos al corazón, cuando una mujer es violada y asesinada en un callejón, por un cerdo-enfermo. También me llevo las manos al corazón cuando releo algunos pasajes de los libros de Sigmundo. Esas historias las he sacado de la realidad, son cosas que han hecho otros. No yo. Son un reflejo de la vida, esa es mi misión como escritor. Si yo fuera el autor de todas las acciones de Sigmundo habría estado en la cárcel o denunciado alguna vez. Sospechoso, al menos. Nunca ha sido así.

Eso por un lado.

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Por otro, también estoy de parte de los creadores valientes, que no dan su brazo a torcer ante la ignorancia e incultura de unos pocos o la censura de las editoriales que buscan publicar sólo a lo “políticamente correcto”, ni tienen miedo al “qué van a pensar de mí”. Aplaudo a los quijotes que les da igual no poder comer, un día o dos, vender libros en la calle o no tener la vejez asegurada, por el amor a sacar, de su interior, la idea genial que creen tener, plasmarla en un libro, pintura o canción. Aplaudo a los lectores y lectoras valientes que no temen enfrentarse a lecturas diferentes que les lleven a ver paisajes y mentes con las que no están nada de acuerdo. Aplaudo a la gente que, sanamente, son capaces de reírse de cualquier cosa, sin pretender dañar a nadie. Porque es literatura. El libro lo abre o cierra la persona que desea hacerlo. El libro nunca grita ni obliga a nadie que lo lea.

El día que el arte sea controlado por “esos pocos” que tratan de acabar con la libertad artística y de expresión, será uno de los días más tristes de la historia de la humanidad: el día que todos seremos esclavos.

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