Estoy enamorado

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Quizás es imposible estar mal en la vida. A no ser que yo me empeñe en estar mal. A no ser que me obligue, a mí mismo, a permanecer en un charco de mierda o en un limbo donde nunca pasa nada, mirando como el resto de la gente disfruta.

Como en una buena película, creo que una de las cosas que más me gustan de la vida es no saber qué va a pasar. Que la vida me atropelle con una gran sorpresa (mi divorcio, por ejemplo) y caiga al suelo: herido de muerte. Y yo, le demuestre a la vida, que puedo levantarme y, aunque sí que le tengo miedo, no pienso dejar que me paralice o me joda más tiempo del necesario.

A cada esfuerzo que he hecho, a cada paso que he dado en la dirección correcta (renacer, mejorar), parece que la vida me ha entregado un pequeño regalo. Como si fuera un juego de fases.

A la vida le gusta que trabaje, que reflexione sobre mis errores, que me cuide, que me esfuerce, que no me rinda aunque no tenga una sola posibilidad de conseguirlo ni nadie crea en mí. Ni siquiera yo mismo. La vida ama que me enfrente a los abusadores. Le encanta que me lance al amor sin paracaídas. Una y otra vez.

¿Por qué llevo tanto tiempo creyendo que soy menos de lo que soy? ¿Cuántas cosas he dejado de hacer por sentirme demasiado poco cuando realmente tengo todo al alcance de mi mano? ¿Por qué nos escondemos tras un trabajo que no nos gusta, una relación que nos hace infelices, unas excusas que realmente podríamos barrer para siempre con la mano? ¿Por que he llenado mi mente y mi tiempo de cosas que debía hacer pero no me hacían feliz?

¿Y si la vida fuera más simple? ¿Y si la vida fuera un patio de recreo y yo me empeñara en no salir nunca de clase de religión?

¡Estoy enamorado y, maldita sea, soy correspondido! Yo, que pensé que estaba muerto. Yo que pensé que era un viejo. Yo que pensé que no podría volver jamás a sentir las cosas que sienten los colegiales en las escuelas, con esos corazones nuevos, puros, que nunca antes han sido usados en el amor: como motores recién salidos del concesionario. Cuando me cruzaba con jóvenes por la calle, pensaba:

—“Quién pudiera ser joven otra vez”.

Ahora lo soy.

Otra vez.

La gente dice que si vives reprimido, triste, te da cáncer. Pues si eso me estaba pasando, estoy seguro que ahora remite y estoy sanando.

Ella me besa y pienso:

—Está fingiendo. No quiere besarme realmente.

Hacemos el amor, disfruta acogiéndome en su interior y pienso:

—¿Quién le está pagando para que haga esto? ¡Es imposible que yo pueda originar esto! ¡Soy viejo! ¡Soy feo! ¡Soy tonto!

Aún no me creo que tenga derecho a volver a disfrutar en la vida.

¿Pero cómo se iba a terminar la vida si estoy con vida?

Sólo tuve que lanzarme a la vida. Todas las cosas que pensaba jamás volvería a sentir, que eran para otros, estaban ahí fuera, esperándome. Nunca se acabaron. Yo les di la espalda. Yo me metí dentro de una habitación y me negué a salir. El único culpable de joder mi propia vida fui yo mismo. Pensaba que no había más oxígeno para mí en la Tierra cuando está por todas partes, a todas horas, listo para meterse en mi nariz a no ser que me meta debajo del agua: ahogándome.

Es lo que hacía.

¿Es demasiado pronto para volver a enamorarse?

No creo.

Lo que mi divorcio me ha enseñado es que quizás, no hay relación que dure para siempre... ¿Y qué? ¿Cuándo he dejado de ir a ver una película que me encanta porque dure sólo dos horas? ¿Cuándo he dejado de comer mi plato preferido aunque sepa que se va a terminar en cuanto lo termine? ¿Qué problema hay que las relaciones no sean para siempre? ¿Acaso mi corazón no se ha regenerado esta vez como la piel de Lobezno? ¿No vuelve a ser el corazón de un colegial enamorado por primera vez? ¿Qué problema hay si vuelvo a tener ese corazón de niño, que vuelve a amar por primera vez, a los 50, 60, 70 ó 100 años? ¿Por qué me ha de dar miedo vivir sin miedo?... Estuve casado 8 años. 6 fueron maravillosos. Dos, malos. Creo que es un buen trato. Volvería a firmarlo.

¿Y si esta vez el amor dura para siempre?

Yo no soy de esas personas que les gusta ir por ahí oliendo culos. Lo hice durante mucho tiempo, conocéis mi vida. No me gustó. A mí me va la fidelidad. Entregarme completamente a una persona. Ser compañero.

No de cualquier ser vulgar.

Tiene que ser especial.

Creo que la encontré. Es muy especial.

Ella vive lejos. Así que pasamos la noche juntos: escribiendo, viendo la tele. Nos vemos todo el rato por el Skype. Cuando colgamos por Skype, nos llamamos por teléfono. Luego mensajitos de wassaps. Luego audios. Luego llamadas telefónicas y otra vez Skype.

Cuando no estamos conectados, nos duele el pecho.

Creo que está de puta madre volver a tener 18 años.

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)