Los rompecadenas contra los locos.

Me resultó y me resulta muy duro empezar otra vida cuando la vida que dejé atrás la podía soportar gracias a mi fortaleza mental, cuando la vida de tanta gente casada era igual o incluso peor que la mía.

Estos cuatro meses (salvo cuando me han estado follando) he pasado mucho tiempo solo. Me ha servido, entre otras cosas, para distanciarme de la gente, incluso de mí mismo, ver mi propia vida desde lejos, como si yo fuera otra persona. He estado paseando por las calles, solo, observandoos mientras lloraba, pensando mucho. La conclusión que os ofrezco hoy no es nada del otro mundo ni me van a dar el Nobel del “Más listo del mundo”, no obstante... este es mi blog y publico lo que me da la gana.

He visto dos tipos de personas:

1.- La gente encadenada o los locos: es la gente que está encadenada a una vida que no les gusta. Hacen y se comportan como les enseñaron sus padres, la televisión o su grupo de amigos en el pueblo. Nunca rompieron las cadenas. Nunca se atrevieron a pensar qué es lo que les gustaría ser o cómo vivir: casados o solteros, sobre un árbol o en una cueva, trabajando o ganduleando. Muchos tienen un gran poder adquisitivo, coches preciosos pero ay sus miradas. Ay, sus vidas y sus acciones... qué pena: repletas de mentiras e hipocresías. Han desarrollado un cáncer que no les va a matar, pero sí que está matando su tiempo en la Tierra, su día a día. Se irán de la Tierra sin sentir el amor, la felicidad y la realización personal. Sólo habrán visto el envoltorio de todo eso. Esta gente suele presentar un lamentable aspecto físico o son un poco psicópatas en plan mal.

2.- Los rompecadenas o ilusos. No han tenido vidas perfectas. Han sufrido abortos, les han humillado, les han pegado codazos jugando al fútbol, las han violado, se han arruinado, les han destrozado la infancia, etc. Pero no se quedaron en esos momentos o milésimas de segundos de sus vidas, revolcándose en el “por qué a mí”. Se cagaron sobre los que le hicieron mal y siguieron su camino. Descubrieron, a base de golpes, que un trauma deja de ser un trauma cuando te pasa algo peor que empequeñece y ridiculiza el trauma anterior. Esta gente sigue sonriendo a pesar de todo. Las ves o los conoces y no puedes pensar, ni por un sólo segundo, que han pasado por todo eso. Brillan. Hay veces que están más apagados, que tienen mala cara. Pero una y otra vez renace su alegría, su paz, su confianza por los demás, su ilusión porque la magia exista o por pasar una tarde en la playa con ahora sí, el chico o la chica de su vida (que no, tampoco va a ser pero ellos lo desean tanto que se equivocan una y otra vez). Algunos son ricos, otros son pobres. Unos tienen hijos, otros no. No obstante, cada vez que les encadenan a algo, lo que sea, que les hace daño, rompen las cadenas, valientes y no temen empezar, solos, en el mismo basurero de siempre: el cementerio del planeta Tierra. Toman una pala, cavan: buscando entre tanta tumba alguien o algo que sea como ellos: que les devuelva la esperanza primero, luego la alegría y, por fin, la paz y el amor que buscaban. Cavan mientras los locos les gritan que están locos, que dejen de cavar.

Nunca les va mal: sólo cuando están encadenados.

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)