Día 1 en Tinder

 Yo y mi aplicación.

Yo y mi aplicación.

Svieta y yo nos íbamos a divorciar. No sé si es por la mudanza, como la otra vez, pero decidimos que nuestras diferencias eran irreconciliables. El divorcio era un hecho. Cada uno dormía en una habitación diferente.
Era de noche.
Yo estaba bajo un montón de mantas.
Pensé: quiero volver a casarme y cuanto antes. Es un privilegio vivir junto a otra persona. En los 7 años que llevo junto a Svieta, he sido un hombre 100% fiel. Me ha encantado ser así. No tener secretos en la cabeza, no tener muertos en el armario. Me ha encantado vivir junto a otra persona dándome por completo, retroalimentándonos, apoyándonos, mejorando como personas y profesionales a la vez. Intentando ser la mejor versión de mí mismo.
—No voy a casarme enseguida —me dije— pero de aquí a dos años voy a intentar estar empezando a planear mi boda con una nueva mujer maravillosa.
Dos años.
Dentro de dos años tendré 45 años.
¿No será demasiado tarde para conseguir una relación estable?
Pero sobre todo real.
Quiero querer y que me quieran, de forma real.
¿Será posible eso o eso del amor es sólo para la gente joven y estúpida?
Tiene que haber alguien ahí fuera.
El problema es encontrar a esa persona.
Pienso.
Menuda pereza preguntar a los amigos si conocen a alguien para mí, vestirme e ir cada noche a bares y a discotecas, entrar a mujeres, entrar a las equivocadas, a las que han salido no para ligar y que me miren como un depredador sexual o un pervertido. Menuda pereza estar acechando por Facebook quien está soltera y quién no. Menuda pereza quedar con alguien que sigue mi blog desde hace años, sabe todo de mí y yo nada de ella.
Navegando por Facebook, encuentro una publicación de un amigo. Dice que se ha abierto un perfil en Tinder. Llevo años escuchando hablar de Tinder, sé por encima lo que es: una aplicación para ligar pero nunca me he abierto una cuenta allí, no sé verdaderamente como funciona.
Estoy solo.
No quiero estarlo.
Me abro una cuenta. Veo que hay que subir fotos. Subo estas 5 fotos.

Las miro. ¿Le pareceré atractivo a alguien? ¿Qué tengo que ofrecer a una mujer que busca pareja? Creo que podría hacer feliz a cualquier mujer del mundo pero no sé si soy feo, si las mujeres me darán una oportunidad para conocerlas.
Hay un apartado en el que se ha de escribir una descripción. Trato de ser sincero:

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Tinder me pide que elija la edad de mi futura esposa. Yo tengo 43 años. Elijo de 35 a 47 años. Quizás si pongo 50 me saldrán mujeres de 60 años. En un principio pienso poner desde 22 años pero no quiero ser un subnormal patético en busca de una nueva juventud. Me gusta la madurez, me gustan las mujeres hechas, me gusta mucho el físico de las cuarentonas. Lo que sucede a continuación, me parece una pasada. Aparece en mi móvil miles de fotos de mujeres que viven cerca de mí. Si desplazo la foto a la derecha, es que me gustan y le mandan un aviso a la chica. Si desplazo la foto a la izquierda, mando a la chica al limbo. Lo mismo hacen conmigo y mis fotos. La mayoría de fotos que veo no me gustan. Paso de las mujeres que sólo ponen fotos sugerentes, en bikini o ropa interior y con caras de “quiero follarte”. Si se ofrecen así es porque, imagino, no tienen nada dentro. Me gustan más las mujeres que ponen fotos de como son en un día normal de sus vidas. Me doy cuenta que huyo de las que salen en traje de fiesta y bebiendo. No me gusta nada salir a las discotecas. Ir a una discoteca sería como ir a una sala de torturas. Ya tuve suficiente de discotecas cuando era joven y las abría y las cerraba. Me gustaría una compañera hogareña, que tuviera mundo interior. Si pudiera ser que no estuviera loca, que no tuviera problemas económicos, que no tuviera que “salvarla” de nada. Me gustaría una vida pacífica junto a una persona a la que yo le sumara y ella me sumara. Por supuesto, si un día hay problemas allí estaría yo, al igual que nunca fallé a Svieta. De sobra sé que la vida es un cúmulo de problemas a los que irse enfrentando cada día. Sólo digo que me gustaría comenzar con cuanto menos problemas posibles. Me gustaría empezar una relación normal. También hay un montón de mujeres que, por culpa del tabaco y del alcohol, están demasiado arrugadas y aparentan más edad de la que dicen tener. Tampoco me gustan las gordas. Siento mi sinceridad. Si me gustarán las gordas yo estaría gordo,comería de todo sin control, no haría algo de deporte cada día. Para mí estar gordo es una falta de respeto a la vida, a la salud. No quiero estar con una persona que toma mala decisiones. Me gustan las chicas que son activas.

Veo que hay un montón de chicas que piden en sus descripciones que si no soy deportista o me gusta el fútbol, no las elija. Les hago caso. Hago un poco de deporte cada día, pero no soy deportista, desde luego. Mi musculatura no es la de un deportista. Decido meterme en un gimnasio, para poder elegir a esas chicas en el futuro. Aunque va último en la clasificación, me gusta ver los partidos de mi equipo, la UD Las Palmas, una vez a la semana, 90 minutos. Si hay algo importante que hacer puedo pasar de ver el partido sin problemas. Pero vamos, que cuando es al revés, y mi pareja ha querido ver o hacer algo a cierta hora, siempre hemos planeado el día, con mucho gusto, para que el otro pueda hacer lo que quiera y ser feliz.  No sé porqué tendría que dejar de ver los partidos de la UD, una vez a la semana. Si a mi pareja le gustara seguir cualquier cosa, yo la alentaría. También hay muchas que avisan que buscan algo serio, que no vayamos a saco. Sin problemas con eso. No quiero quedar con ninguna hasta que Svieta y yo dejemos de vivir juntos. Y tampoco busco  chats sexuales. Busco tener conversaciones profundas para ir deduciendo cómo son.
Me eligen un montón de mujeres. No lo esperaba.
Me pongo super contento.
Algunas son muy, muy interesantes e increíbles.
¡Estoy en el mercado y no soy un producto de segunda calidad!
Chateo con la que más me gusta de todas.
No voy a chatear con un montón de chicas a la vez.
Tiene 43 años, es catalana, de Barcelona.
Morena, alta. Hombros y sonrisa bonita.
Trabaja en algo de arte.
Hablamos profundamente.
Ella también busca pareja estable, no sexo de un día.
Me cuenta que tiene los ovarios viejos, que los médicos ya le dijeron que no podía tener hijos. Deseaba tener hijos con mucha intensidad. Le digo que lo siento mucho. Me pregunta que si yo deseo tener hijos. Le digo que me da igual. Que si vienen, son bienvenidos y sé que me harían increíblemente feliz, pero si no vienen, lo consideraré una bendición porque desde luego que voy a vivir más despreocupado toda mi vida.
Al rato me dice que podríamos quedar. Yo le digo que por ahora no puedo, que me gustaría conocerla más primero.  Es muy pronto para mí.
No me veo duchándome, vistiéndome, poniéndome guapo para otra persona que no sea Svieta.
De pronto, me siento muy mal por estar hablando con esa chica de Barcelona. Es la primera vez en 7 años que hablo con una mujer estando soltero. Me siento triste. Le digo que me voy a dormir, que buenas noches, que hablamos otro día si quiere.
Me siguen llegando solicitudes de mujeres.
¿Qué se supone que debo hacer? ¿Chatear con todas? ¿Quedar con una cada día? Me sentiría como Alfredo Landa en esas películas de los 70 en los que perseguía suecas. O Sigmundo en los Diarios Secretos.
Ya no quiero ser Sigmundo.
Demasiado para el primer día.
Cierro la aplicación.

Rafael Fernández (Rey del Cosmos)