¡Svieta, ganadora del concurso Blogueros Cocineros 2017 de Canal Cocina!

 Svieta es el sol.

Svieta es el sol.

Svieta, tras todo el día trabajando en la edición de un nuevo video, por fin está en la cama. Ahora está dejando el tiempo pasar, leyendo cosas con su iPad, esperando para cerrar los ojos. Hemos trasladado la cama de matrimonio al lado de la chimenea, en el salón. Preferimos gastar madera que electricidad, preferimos pagarle la madera a un agricultor que a un pez gordo de la eléctrica. Además no hay forma más bella de dormir que mirando arder los troncos.

 Aquí dormimos.

Aquí dormimos.

Yo sigo corrigiendo la nueva entrega de Doctor Mente, en la mesa del salón. El gato ronronea en mis rodillas. Anais, nuestra perra, ronca viejita en el sofá. Todo está bien en nuestro hogar. No nos sobra ni nos falta de nada.
—¡Joder! —dice mi esposa desde la cama.
La miro. Su tono de voz es diferente. Sé que está con el iPad, habrá leído alguna noticia extraña en algún periódico. No. Svieta me dice, enseñándome su iPad.
—¿Esto es verdad?
Miro su iPad. Es un email. Le comunican que es la ganadora del concurso Blogueros Cocineros 2017 de Canal Cocina, el premio más prestigioso de cocina que se da en la red.
—¿Pero no decías que no habías pasado de la primera fase? —le pregunto.
Recuerdo una tarde que llegué de pasear a la perra y Svieta me dijo con semblante triste que no había pasado a la siguiente fase.
—Eso creía. La verdad es que subí el vídeo al concurso y no hice nada más. No pedí ni a mis subscriptores que me votaran. Pensé que me habían descalificado porque habían hecho un corte por votos del público y no me vi...  pero por lo visto he ganado el premio del jurado... ¿no será alguien que se está riendo de mí?
Miramos el remitente del email. No es nadie riéndose de ella. Le escriben desde el canal oficial de Canal Cocina.
¡Bailamos!
¡Me río de ella!
—¡Perdiste el concurso dentro de tu cabeza y lo ganaste en la realidad! ¡Ja, ja, ja!
¡Celebramos!
¡Nos abrazamos!
¡SVIETA HA GANADO!
Cierro los ojos.
A mi memoria viene una fotografía. Mi fotografía preferida de Svieta:

 Svieta trabajando.

Svieta trabajando.

Se la saqué en Paredes, Asturias, mientras ella trabajaba. Hacía poco me habían pagado un trabajo de guión muy, muy bien e invertí parte del dinero en comprarle un iMac. Svieta llevaba mucho tiempo trabajando duramente en un blog de cocina y este no le daba casi dinero. Así que quería probar subiendo videos al YouTube. Por allí se decía que pagaban más. Svieta necesitaba un ordenador propio con el que editar pues yo siempre estaba escribiendo con el mío. Me hubiera gustado compartirlo pero no podía dejar de escribir, por aquel entonces vivíamos sólo de mis letras.
Se lo compré, le enseñé a utilizar el Fina Cut, Svieta era incansable. Día y noche trabajando en los vídeos. Nunca antes se había puesto ante la cámara. Era tímida. Le costaba. Se ponía a ver vídeos de cómo hablar a la cámara. Día y noche amasando, perfeccionándose. Pum, pum, pum. Todas las mañanas golpes en la mesa, la harina golpeando la mesa. Abrió su canal en YouTube. Al principio no ganaba mucho, pero no se desanimó. Logró un video viral, luego otro. Otro. Quien la veía la adoraba, se enamoraba de ella, de su voz, de sus manos, de su buen hacer, de sus panes y dulces hechos con cariño. En un año logró que su canal de cocina superara los 90.000 seguidores. En un año logró un sueldo.

Habíamos dejado Madrid justo para eso. Para que ella se encontrara. Ella siempre había soñado con ser su propia jefa. Conseguir vivir de un trabajo que le gustara y que pudiera hacer desde cualquier lugar del mundo. Fue valiente. Muy valiente. Dejó su trabajo seguro en una papelería de Serrano. Un trabajo muy bien pagado, con pagas extra. Nos fuimos a vivir a Asturias. Vivimos pobremente durante tres años. Pero ninguno de los dos se bajó del sueño: ser nuestros propios jefes, vivir de nuestras pasiones. Yo de escribir, ella de cocinar. Sabíamos que había que pagar el precio. Metimos toda nuestra energía en nosotros. Su abuela, en los Cárpatos Ucranianos, fue quien le trasladó la pasión por la panificación. Su forma de decir “os quiero” era preparando ricos bollos dulces o panes maravillosos.
Svieta golpeando.
En honor al espíritu de su abuela.
¡Pum, pum, pum!
Día y noche.
Luchando por su sueño.
Amasando.
Mejorando.
Creciendo.
Profesionalizándose.
¡Ganando!
¡Ganando!

¡Viva!
¡Muchas felicidades, corazón!
¡Muchas gracias, Canal Cocina!

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)