Reacciones tristes a “Sigue, como si estuvieras viva”
El guapísimo autor y su novena novela.

El guapísimo autor y su novena novela.

Aunque la segunda parte de este post es más importante que la primera, egocéntricamente voy a empezar contandoos que estoy muy feliz y fuerte. No estaba así desde el año 2011, cuando publiqué en papel mi primera novela y me sentía capaz de cualquier cosa que me propusiera. ¡He vuelto a escribir y a publicar! He vuelto a recibir vuestra energía, la increíble energía que recibía cuando escribía algo que os gustaba mucho. Vuestra energía me hace sentir invencible y eterno. Se me nota en la mirada, en la sonrisa que adorna mi boca y nunca se va. Incluso, en mi forma de caminar. Un amigo de Gijón, el otro día me dijo:

—Pareces otro.

Me conoció antes de volver a escribir. Me conoció hundido, sin alma. Escribir para mí lo era TODO. Ser escritor, y poder vivir de ello, era lo que me otorgaba la documentación necesaria para seguir vivo. Lo que me excusaba para ocupar el mismo espacio en la Tierra que vosotros. Respirar vuestro oxígeno. Comer vuestra comida. Mi “sombra”, de la que hablo en “Sigue, como si estuvieras viva”, me había comido la cabeza, había conseguido quitármelo todo. Para colmo me empeñé en comenzar nuevas relaciones sintiéndome sin alma. Si ya ser escritor es un “empleo” incomprendido por los subhumanos que piensan que “escribir no es trabajar”, no sé si podéis imaginar cómo ha sido decir que soy escritor sin estar escribiendo, bloqueado, y sin vender libros. ¿Cómo parecer válido, laboralmente, para las parejas que he tenido y su entorno racista y clasista, que pensaban que yo era un “argentino” que quería vivir del cuento? Cómo pedir a la mierda que confiara en mí cuando ni yo mismo confiaba ya en mí.

¡Las sombras se dieron un festín conmigo!

Pero, en esos 4 días febriles, por Anáis, pillé una recortada y fui habitación por habitación, matando sombras a bocajarro.

Hice una matanza.

Ahora, vuelvo a ganar dinero escribiendo. Ahora, he vuelto a escribir algo que vale la pena.

Mi vida vuelve a tener sentido.

No sé si me clasificaré para la final del concurso… ¡lo deseo con todo mi corazón! Por sólo unos pocos días más, que yo consiga eso, está en vuestra mano. Éxclusivamente. Si me compráis todos la novela en digital por 2,99 (recordad que no hace falta ya tener un Kindle para leer un ebook, se puede lee online al segundo de comprarlo) o en papel, pasaré a la final seguro pues las grandes ventas siempre mandan. Ahora mismo, soy la quinta novela más vendida del concurso, la segunda mejor valorada por los lectores y la número 1 en ventas en la maravillosa categoría “Ficción metafísica y visionario”. Toma ya. He conseguido eso con una novela que escribí en 4 días.

Podéis comprarla, pinchando aquí. Muchísimas gracias.

Bueno. Tras contaros lo bien que me siento y pediros por favor vuestro apoyo, voy a contaros algo bastante triste e importante. Al final de la novela puse mi email por si algún lector quería contarme algo o había detectado alguna errata. Bien. No paro de recibir emails así de tristes:

En rojo he tapado cosas para que su sombra no la identifique (por si lee mi blog)

En rojo he tapado cosas para que su sombra no la identifique (por si lee mi blog)

He mirado el Facebook de esa persona y tiene el potencial de ser una gran artista. Mi consejo para todas las personas que viven bajo el yugo de sus “sombras” es que os alejéis de ellas, pacificamente pero fríamente como robots, cuanto antes, para siempre.

No tengáis miedo. Alejáos de vuestra “sombra” cueste lo que cueste.

Dentro de cada uno de vosotros tenéis lo necesario para salir adelante. No lo dudéis. Es imposible que con vuestro arte interior o con ese proyecto que no para de rondaros por la cabeza, os vaya mal en la vida.

Repito: es totalmente imposible.

Lo repito otra vez por si estás tan tonto/a como lo estaba yo: es totalmente imposible que te vaya mal. Da igual que tú no confíes en ti mismo. Que te hayan convencido que eres una mierda. No lo eres. Tienes algo dentro de ti que es inmenso. Algo por explotar que es acojonante.

¡No, Peter Pan! ¡Aléjate de Wendy! ¡Mucho mejor sin sombra!

¡No, Peter Pan! ¡Aléjate de Wendy! ¡Mucho mejor sin sombra!

Por supuesto, no esperes que al día siguiente de dejarlo todo y comenzar a trabajar en tu sueño te vaya bien. Te va a ir fatal. Vas a estar solo. Vas a pasar hambre. Frío. Te van a entrar ganas de suicidarte, quizas. Vas a ver una cara en el espejo de gilipollas, enorme, cuando te mires al espejo.

Pero pasa de todos esos pensamientos. Tú sigue. Empeñado. Empeñada. Lo que te ocurre es que estuviste mucho tiempo bajo el yugo de tu sombra. Aunque ella no esté, sigues recordando sus palabras. Te prometo que, un día, te levantarás de la cama y su voz ya no estará. Habrá otra voz. Tu voz. La voz que te quiere. La voz que te va a decir por dónde ir. La voz que cuidará de ti.

Quizás no vivas en una casa tan grande como antes. Quizás ya no tengas un colchón de pasta en el banco. Quizás todos tus amigos y familiares se alejen de ti o no paren de repetirte que estás loco. Quizás tu ex invente mentiras sobre ti y te haga quedar como una puerca o un loco delante de un montón de gente, injustamente.

Hazme caso: aléjate de las sombras. Aléjate de todo aquel ser que te grite, que te falte al respeto, que te diga cosas como “no es posible”, “sé realista”, “se van a reír de ti”, “eres fea”, “no lo vas a conseguir”, “prepárate más”, “busca un empleo estable primero”, “no eres tan bueno como crees”, “estás loco”, “no sabes vestirte”, “sólo yo importo, no tú”, “hablas mal”, “eres idiota”, “nadie te va a comprar nada”…

Hazme caso, por favor. Aunque no confies en ti misma, hazlo. Lánzate.

Hay una ley cósmica. En serio: “el que lo hace, lo consigue”. Tú, métele tiempo y energía a tu proyecto. Lánzalo cuanto antes, ya lo irás modificando sobre la marcha. Cuanto antes lances tu proyecto al áire, antes vas a vivir de él. No esperes triunfar en el segundo uno (aunque quizás pase). Tú, aprieta el culo y empieza a caminar, a gritar, a crear. Con TODA LA CARA DURA DEL MUNDO. Sin verguenza. Lo vergonzoso es que te quedes al lado de alguien que te grita, te ningunea, te pega, te anula. Lo vergonzoso es que te pudras en un empleo que no te gusta. Que cuides de tu cadaver. Roba, miente, mendiga. Pero no te alejes de tu proyecto.

Métete esto en la cabeza: no estás obligada a ser la número 1 en lo que haces.

Puedes ser la número 10.456. Si consigues llegar a ser ese número: serás millonaria.

Y si eres la 10.000.345 vivirás de puta madre de tu trabajo.

Y si eres la número 500 millones que peor hace ese trabajo… aún te dará para vivir e irte de vacaciones a Canarias de vez en cuando.

Lo que no te tienes que quedar nunca, NUNCA, es al lado de tu sombra.

La buena vida es realización personal, amar, follar, reír, vivir el arte y la playa.

No quedarse en casa viendo la tele. Al lado de tu sombra. Siendo vestida por ella. Reprimida. Ninguneado.

Hay un sitio para que empieces. Estoy seguro. Quizás una habitación en casa de tus padres. O de una prima. O quizás tienes algo de dinero para estar un año y pico por tu cuenta. Un lugar para empezar, un lugar tranquilo donde empezar a hacer lo que te gusta y no parar.

No tienes límites. No los tienes. Aunque tú creas que sí. Puedes progresar todo lo que te apetezca. Sólo tienes que echarle horas. Deja de hablar y de planear. Siéntate. Haz. Piensa mientras no paras de hacer cosas, de crear contenido, de tratar de venderlo. Agótate cada día. Explótate. Vete a dormir sólo cuando se te cierren los ojos de cansancio. De que ya no puedes más. Come menos. Trabaja más.

No. No eres “demasiado” mayor. Sólo cuando mueres es demasiado tarde. Para cada edad hay un éxito. Cada edad tiene su belleza, su público, su éxito.

Te prometo que todo se va a ir arreglando, poco a poco. Irás llegando a tu lugar, a tu paraíso. Aparecerán las personas que amen tu cuerpo, correctamente. Y que cuiden y ansien tu corazón. Aparecerán tus lectores, tus clientes, tus patrocinadores. Empezarás a florecer. Y, cuando más florezcas, más amor, más dinero, mas energía buena podrás devolver al mundo.

Os lo jura un tipo, que no es tan brillante como vosotros, y que ha pasado por todo eso. Que también se sentía viejo e inútil.

Al que aún le toca progresar mucho.

Lo váis a ver.


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¿Se la chupas a tu “sombra” y no te das cuenta? ¿Eres esclavo de una sombra que te llama gordo y desprecia? ¡Que se la chupe su tía!

¿Se la chupas a tu “sombra” y no te das cuenta? ¿Eres esclavo de una sombra que te llama gordo y desprecia? ¡Que se la chupe su tía!

Rafael Fernández (Rey del Cosmos)
Así me van las cosas
Te quiero, enanita. Te siento a mi lado cada día.

Te quiero, enanita. Te siento a mi lado cada día.

No puedo quejarme en nada, la verdad. Una buena amiga me contó que los perros, cuando sienten que les ha llegado la hora (a no ser que sea por un accidente), no marchan al cielo hasta que saben que sus amos estarán, sin ellos, bien. Creo que mi amiga tiene razón. Estoy fuerte, feliz. Eso no quiere decir que no eche de menos, y muchísimo, a Anaís Nin. Cada día, lloro dos o tres veces, durante un minuto o dos. A traición, me atacan sus recuerdos. Paseo por el Mercadona, veo una sandía y lloro. Anáis flipaba con la sandía. Me da un ataque de lágrimas, dejo que salgan todas, la gente me mira raro y, al poco, me controlo. Sobre todo la echo de menos cuando la abrazaba a la hora de dormir. Escuchar su corazón, oler su pelo, me daba paz. También la echo muchísimo de menos cuando escribo. Ya no está a mi lado. Sólo el tubo de ensayo, con un poco de su pelaje en su interior. Lo he puesto al lado de mi iMac. Me parece un milagro poder seguir viendo ese poquito de ella, cada día.

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Cuando salgo a la calle —siempre, siempre— busco perros a los que acariciar y darles un beso en la cabeza. No regreso a casa hasta que acaricio a uno o dos. Y si no me los cruzo, voy hasta el parque de al lado de casa, que siempre hay bastantes, sueltos, jugando. Los perros están hechos de amor. Los dueños flipan conmigo: alguno seguro que creerá que me va la zoofilia. Desde aquí quiero comunicar a todos los vecinos de mi barrio que no, que estén tranquilos y pedir, por favor, que desconvoquen urgentemente la reunión que andan organizando para entrar a mi casa por la noche y ajusticiarme.

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Por Facebook me preguntan porque no tengo otro perro, ya. Sí, lo tendré más adelante. El jueves pasado renové mi pasaporte, miré y lo tenía caducado. Mi plan para este año y el siguiente es viajar fuera de España todo lo que pueda. En cuanto me recobre económicamente pillaré una mochila y vuelos a América, África y Asia. En los casi 16 años que vivió Anáis, casi no viajé. No me gustaba nada alejarme de ella. Pero dentro de mí late el corazón de un gran aventurero. Ya no tengo que cuidar de nadie. Bueno, al alquilar el piso en el que ahora vivo, heredé un cactus. Que jodan al puto cactus. Lo he puesto fuera de la ventana de mi dormitorio, le he comprado a un amiguito con dos cabezas para que charle con él y adiós. Eso todo lo que pienso hacer por ese cactus.

Cactus: menos mal que en Asturias llueve a menudo, si no estarías perdido.

Cactus: menos mal que en Asturias llueve a menudo, si no estarías perdido.

Anáis se fue porque sabía que yo ya estaba bien, que iba a poder soportar su marcha. Después de todo, en este año y pico que llevo divorciado, con todas las desgracias que he vivido, me he fortalecido un montón. Me siento indestructible. He aprendido a estar solo, por fin. Anáis vio cómo disfruto estando en casa, tranquilito, escuchando música, leyendo, cocinando, escribiendo. Vio como digo que no a un montón de chicas: ya no necesito pasar la noche con cualquiera. He encontrado mi equilibrio, me siento, por fin, super estable y super fuerte para conseguir lo que me propongo: volver a vivir de la literatura tras un año y pico en el que he estado (reconozco esto muy avergonzado) viviendo de mis mejores amigos.

Esta semana, gracias a las ventas de “Sigue, como si estuvieras viva”, me han llegado unos 400 euros. También se han reactivado un poco las ventas de mis ocho míticas novelas anteriores. En una semana mi trabajo creativo, en total, ha hecho 600 euros. Es un comienzo: este es el primer mes que no voy a tener que pedirle dinero a nadie.

Me he vuelto a encerrar en casa para escribir. Ayer hice esta compra en el Alimerka para cocinar lo menos posible y no tirar de la comida basura, como cuando escribí la novela de la sombra que me hinché a pizza del itailiano de debajo de mi casa, comida del chino y pille 2 kilos y medio que ahora ando tratando de quitarme.

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A medio día o antes de que caiga el sol, doy un largo paseo por la arena de la playa de San Lorenzo. Echo de menos el andar feliz de Anáis a mi lado. Mirarla a los ojos y verla feliz, sonriéndome. Pero, llamadme loco, aún la siento a mi lado. Creo que tengo una perrita fantasma.

Sobre el concurso:

¿Cómo voy? Ahora mismo, en destacados, estoy el puesto número 4. Por comentarios, estoy en el puesto número 12. Quedan 5 días para clasificarme o no, para la final. Si compras la novela antes del día 20 y dejas una buena valoración de la novela en Amazon, me ayudarías un mogollón a que el jurado tuviera en cuenta mi trabajo para la final. El día 1 de octubre saldrán los 5 finalistas. Sería maravilloso ser uno de ellos: me ayudarías a pillar un atajo enorme que me condujera de vuelta a vivir de la escritura. Pincha aquí para comprar la novela. GRACIAS.

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)
Así escribí mi nueva novela (making of de "Sigue, como si estuvieras viva")
Estaba roto. Arruinado. Triste. Hundido. Me miraba en el espejo y no veía brillo en mis ojos: estaba muerto en vida. Mi sombra había ganado la partida.

Estaba roto. Arruinado. Triste. Hundido. Me miraba en el espejo y no veía brillo en mis ojos: estaba muerto en vida. Mi sombra había ganado la partida.

1

Decidí no salir de casa. En 4 días iba a despreocuparme de todo lo que no fuera escribir y cuidar de Anáis Nin. Hice una compra en el supermercado para 4 días: un montón de comida hecha. No iba a hacer nada que no fuera escribir y escuchar de fondo, “Radio Clásica” y “Radio 3”. Nada más. Ni siquiera ducharme o lavar los platos. Desconecté el wifi. Mi plan: escribir una novela corta en 4 días. Una novela que estuviera orgulloso de publicar: que no me hiciera perder lectores cuando la leyeran.

¿Por qué 4 días? Porque en 4 días terminaba el plazo para presentarse al concurso indie de Amazon 2019. Me gusta mucho el premio: de verdad que no por el dinero (5.000$), sino por la posibilidad que dan de convertir la novela ganadora en una serie o en una película. Los que me conocéis bien sabéis que uno de mis sueños es convertirme en guionista en Hollywood. Ganar un oscar al mejor guión. Algún día.

Para colmo, para presentarse al concurso, sólo pedían un mínimo de 25 páginas.

—Puedo escribir una novela corta y decente de 25 páginas. Estoy seguro —me dije—. Una novela que sea una divertida e imaginativa película digna de verse.

Las bases permitían hacer una pequeña “trampa”. Había que subir, al concurso, el primer borrador dentro del plazo. Luego, y hasta el final del concurso, se podían seguir subiendo correcciones y actualizaciones. Así que tenía 4 días para subir el primer borrador de la novela. Después, una semana para dejarla perfecta con ayuda de mis correctores y amigos: Mario, Bruno, Luismi y M.

—¿Y si pierdes, Rafa? —me decía mi sombra— ¡Qué vergüenza! Tus lectores dejarán de leerte, tus enemigos se reirán de ti.

—No te escucho. Voy a escribir —repuse a mi sombra.

—No lo hagas. Mejor escribe con tiempo. Relájate. Este plan es una locura.

—Eso llevo haciendo todo este tiempo y no termino nada. Eres capaz de cualquier cosa para que no escriba. En el proceso, siempre consigues que deje de creer en mí, me distraes, me entristeces, me haces tirarme en la cama, me metes miedo con mi economía, me enseñas recuerdos tristes, me traes chicas preciosas a la cama, me enamoras, me desenamoras, me quitas las ganas de vivir, me enfermas a Anáis… no. Ella no se va a ir de este mundo viéndome controlada por ti. Soy escritor. Eso me daba la felicidad y me lo has quitado por completo. Todo me iba bien hasta que dejé de escribir. Te vas a enterar. Voy a ganar ese concurso y encima me voy a reír en tu cara de ti.

—Ahí concursa mucha gente buena. En Amazon, sobretodo, tiene éxito la novela rosa. Tu literatura, Rafa, es sucia. Oscura. Muy de adultos. No tienes la más mínima probabilidad de ganar en 4 días ante escritores que se han dejado el alma escribiendo durante un año.

—No te escucho. Soy un gran escritor. Punto.

Decidí escribir una novela sobre mi sombra. Desvelar al mundo con lo que he vivido durante todo este tiempo. La novela corta que iba a escribir, serviría para que otras personas detectaran y derrotaran a su sombra… ¿Lo conseguiría? ¿La terminaría?

Estaba seguro que no.

Es imposible. Voy a intentarlo —me dije.

2

Mi teclado luminoso.

Mi teclado luminoso.

Todo este tiempo odié mi teclado. Luminoso. Lo compré porque, el original, se me perdió en la mudanza. No estoy nada bien de pasta, así que compré este compatible en la tienda del barrio por 15 euros. El original de Apple vale 100. Durante todo este tiempo, cuando me iba a poner a escribir una novela, mi sombra me decía:

—No puedes escribir con ese teclado, por Dios. Hace ruido. Te daña la vista. Es de gamer. ¡Qué pesadilla! ¡Eres pobre! ¡Eres pobre! ¡No puedes comprar un teclado decente! ¡Ja, ja, ja! ¡A tus 45 años y estás arruinado! ¡No tienes nada! ¡No tienes nada!

Esta vez no la escuché. Me puse a escribir. No quería que Anáis muriera viéndome ridículo, horrorizado, vencido por un ridículo teclado con luces. Si lo razonaba, era superestúpido. He abandonado trabajos muy bien pagados que me habrían dado una vida supercómoda. He roto relaciones con chicas increíbles porque no me dejaban dedicarme a escribir. Por escribir he pasado frío y hambre. Y, ahora, no escribía porque mi teclado era luminoso.

—Sombra hija de puta, menuda mierdas me has metido en la caza y yo sin darme cuenta —le dije esta vez—. Quizás no gane ese concurso. Pero te juro que voy a terminar esta novela. Y voy a recuperarme económicamente. Cuando lo haga, te juro que nunca, nunca, voy a comprar otro teclado. Con este, voy a escribir mil novelas. Y, cuando se me rompa, compraré otro exactamente igual.

3

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¡Hora de empezar a escribir! La novela la protagonizaría Sigmundo, mi alter ego y protagonista de 4 novelas. “Sigmundo contra su sombra”, decidí que ese sería el título. Utilizando a Sigmundo, vendería más ejemplares. Pero recordé a una chica del Tinder con la que estuve enrollado un par de semanas. Era fotógrafa, artista. Me recomendó que lo próximo que escribiera no tratara sobre mí. Que saliera de mí.

—Pero un escritor ha de escribir sobre lo que conoce bien. Si no, falla –repuse.

—Estás demasiado absorbido por ti mismo. Sal de ti —me recomendó.

Recordé a otra chica del Tinder. Una astróloga que me echó el tarot. Me dijo que yo no triunfaba en la literatura, a lo bestia, por mi oscuridad. Porque todo lo que escribía era muy sucio y duro.

—Tienes una luz preciosa dentro de ti —me dijo—. Escribe con ella.

Mi sombra tenía razón cuando señaló que en Amazon España triunfa sobre todo la novela rosa. Decidí hacer un poco de caso a la fotógrafa, a la chica del tarot y hasta utilizar los miedos con los que mi sombra intentaba que siguiera bloqueado. Esta vez, yo no sería el protagonista de esta novela. Sería una chica. El nombre me vino enseguida a la cabeza. Natalia. Y habría un romance.

—No puedes escribir como una chica o sobre una chica porque no eres una chica —me dijo mi sombra.

—No lo haré —repuse—. La narradora de la novela serás tú, hija de puta. A ti sí que te conozco bien. Llevas un año y tres meses dándome el coñazo.

Mi novela trataría sobre algo que conozco demasiado bien: el bloqueo creativo, lo complicado que es realizarse personalmente en esta sociedad: lo que te hace agachar la cabeza y convertirte en un subhumano. El más allá que está acá pero que no vemos: las energías intangibles. En mi cabeza, la sombra me dijo que el resultado sería un híbrido entre “El alquimista” de Coelho y una novela rosa con un pirata musculoso, en la portada, que enamorado besa a una chica que acaba de secuestrar y que terminará siendo la feliz madre de sus hijos. ¡Horrible! No. Escribiría una historia oscura, muy mía, pero con mi luz. Y sin Sigmundo.

Escribí.

Escribía 6 horas, dormía 2 y volvía a ponerme a escribir.

Todo fluía.

Aunque me costaba un huevo dar a cada tecla.

Por supuesto mi sombra hacía de todo para que no escribiera. No paraba de repetirme que lo que estaba escribiendo era una mierda, que no valía la pena. Que comiera. Que estaba muy cansado. Que me iba a pasar algo. Que renunciara a mi proyecto suicida. Que era por mi bien. Que me buscara un trabajo de verdad.

Me daba igual.

El plan era: escribir durante 4 días.

Y eso iba a hacer.

Además, los personajes de la novela tenían vida. No eran de cartón. Eso era indudable.

Había vida en mi novela.

No era una farsa.

Eso es lo más difícil.

Incluso, una vez que encendí el móvil, vi en Tinder un mensaje. Era de una tía que está buenísima. Quería quedar conmigo, tras mucho tiempo dándome largas.

Le dije que no. Que estaba trabajando.

Pobrecita. Estoy seguro que mi sombra la había manipulado para que ella me propusiera eso. Mi sombra empezaba a desesperarse. Incluso, ese mensaje del Tinder, me inspiró un episodio de la novela.

4

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A los dos días no podía más. Me fui a dormir, no tenía fuerzas para levantarme de la cama. Dormí 12 horas seguidas. Al despertar, quería seguir en la cama. Inmóvil. Inútil. Sin hacer nada. Viendo mis días pasar. Empezar a pudrirme otra vez:

—Has ganado, sombra —dije—. Lo que estoy escribiendo es pura mierda. Demasiado apresurado. No tengo fuerzas. No me da tiempo. Es imposible que gane. No puedo terminarla. Además, si la subiera al concurso, tendría que vender mil ejemplares en 10 días para que el pre-jurado de Amazon se fijara en mi novela. Hay más de 2.000 novelas presentadas. Es completamente imposible que lo consiga. Mis lectores me han abandonado. Si antes, este blog tenía 16.000 visitas diarias, ahora sólo tiene 200 ó 300.

Decidí dejar otra novela más a medias. Y ya serían 3.

Otro fracaso.

Mi sombra había ganado.

Ahora es cuando vais a pensar que estoy loco. Justo en el momento en el que renuncié vino una voz a mi cabeza. Sonó alta y clara. Era una voz de mujer. Dijo:

—“Rafa. Levanta. Alguien tiene que asombrar al mundo”.

No sé quien dijo eso. ¿Mi madre muerta? ¿Anáis? ¿Mi ángel de la guarda? ¿Mi cabeza sufriendo una paranoia y segregando un delirio de grandeza para que siguiera adelante y no me rindiera?

¡Os juro que escuché la voz perfectamente! Y me inyectó tanta fuerza que me levanté de la cama como un cohete. Me puse a escribir con más fuerzas que antes. No. Lo que estaba escribiendo era bueno. Mierda de la buena. Era genial. Y necesario. Seguro que ayudaría a alguien.

Dos días más tarde, me senté a escribir el borrador del último capítulo de la novela. Bastaban 25 páginas, pero escribí 72. Puse la cámara. Decidí grabar ese momento. ¡Por fin terminaría otra novela! El fin de mi bloqueo de escritor:

Comencé a llorar de felicidad. La terminé. Había recuperado mi poder. ¡Volvía a ser escritor! Volvía a tener brillo en los ojos. Volvía a estar vivo. Y Anáis Nin seguía a mi lado.

—Por si no lo sabes, Anaís —le dije con voz dulce—. Vuelvo a ser escritor.

Me miró como diciendo:

—Nunca dudé de ti. Sabía que lo ibas a volver a conseguir.

Tres días después, murió.

Lee, pinchando aquí, 44 páginas gratis de mi nueva novela.

¡Compra mi nueva novela y ayúdame a ganar el concurso! Ahora depende de ti solo, que pase a la final o no.

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)
Anáis Nin ha muerto
Anáis en 2011.

Anáis en 2011.

Voy a intentar que este post sea lo menos lacrimógeno posible. Pero es imposible que siga publicando por aquí sin comunicaros esto, obviarlo ante tanto lector que ha sido testigo de la gran relación que los dos mantuvimos durante década y media. Da igual lo que me pasara: Anáis siempre estaba ahí. Escribir sobre ella, también ayudará a que sobrepase el duelo.

Anáis en 2006

Anáis en 2006

Anáis Nin murió ayer a los 15 años y 9 meses de edad, sobre las 6 de la madrugada. Hace poco más de un mes, pegó un intenso bajonazo de salud. Hasta entonces, no había día que no nos hiciéramos, caminando, 2 ó 3 kilómetros. Rebosaba fuerza, vitalidad y salud. Mirad como estaba en junio. Tan bien estaba que os juro que no pasaba ni un día sin que alguien no nos detuviera por la calle —porque Anais era demasiado guapa, irradiaba amor y buen rollo— y me preguntaran, mientras la acariciaban, cuántos meses tenía el cachorro. Se quedaban atónitos al escuchar que era una perra anciana. Llegó agosto. Alguien se chivó. La Muerte se dio cuenta que la estábamos burlando, Anáis no envejecía, tomó cartas en el asunto. De pronto, caminar 20 metros nos llevaba unos 10 minutos. Fuímos al veterinario. Veredicto: cáncer, un soplo enorme en el corazón, pancreatitis, también estaba casi ciega, sorda… me preguntaron si quería dormirla, dije que no. Estaba débil, anciana, pero seguíamos disfrutando de hacernos compañía. Dormía todo el día. Pero seguía comiendo, buscando caricias, mirándome para saber si estaba bien, la veía floja pero estable. Quizás alguien recuerde que, hace unos 5 años, también, estuvo muy enferma; la veterinaria de aquella época, también, propuso dormirla. Dije que no. Anáis se recuperó. Incluso sus ataques epilépticos empezaron a desaparecer. Fue asombroso. Esperaba con todo mi corazón que esta vez ocurriera lo mismo. Esperaba que viviera un año más.

—Quiero de eso…

—Quiero de eso…

Anoche, a eso de las 3 de la mañana, tuvo un colapso importante. Ella, que nunca fue de quejarse por una enfermedad, empezó a gritar de dolor. Primero, cada dos horas, luego cada hora. Estaba entre vómitos y orines, en el pasillo, no podía levantarse. La limpié, me la llevé a la cama, la abracé esperando se hicieran pronto las 10 de la mañana para llevarla al veterinario. Pero el dolor se le hizo más frecuente, más intenso. Me miraba pidiéndome clemencia, que la dejara ir. La lengua se le quedaba colgando. Los ojos se le iban para arriba. Con dolor de mi corazón, sabiendo qué me iban a aconsejar, la tomé en brazos y la llevé a otro veterinario que estaba de urgencia y del que me habían hablado muy bien.

Aquí fue. El veterinario que la ayudó a irse, nos trató super bien.

Aquí fue. El veterinario que la ayudó a irse, nos trató super bien.

Nada más llegar, tras estudiarla, me confirmaron que había llegado la hora de que nos despidiéramos. Mientras le inyectaban, no paré de darle mil besos, de decirle las frases que le gustaba escuchar: “eres muy buena, sí, eres muy buena, te quiero muchísimo”,acariciándola. No dejé de mirarle a los ojos con amor infinito. Ella tampoco apartó su mirada de la mía. Murió muy, muy tranquila. En paz.

Ya, sin vida, rompí a llorar. Me fui a la playa, caminé sin rumbo un buen rato. Me daba miedo regresar a casa. Porque ella siempre estaba allí, esperándome. Nunca abrí la puerta de ninguna casa en la que viví sin que ella me recibiera moviendo el rabo, o sin que ella estuviera a mi lado, tras dar un paseo. Han sido casi 16 años en los que jamás le faltó de nada, incluso tuvo comida cuando yo no. Vivió conmigo en Fuerteventura, Madrid, Valencia, Tarragona, Asturias. Darle una buena vida, haberla amado tanto, me consuela. Porque ahora sólo tengo buenos recuerdos de ella. Nunca se me fue la mano, nunca dejé de amarla. La quise mucho más que a muchas novias que tuve.

—Le pasa cualquier cosa y la llevas al veterinario —me decía una de mis exs—. En cambio, tú jamás vas al médico y pasas de comprarte medicinas.

Anáis se convirtió en el único y último miembro de mi familia. Dejé de viajar al extranjero y de conocer mil sitios, de tener vivencias o de follar por quedarme a su lado, en casa. Nunca me importó. Amaba estar a su lado. Era mi lugar correcto. Hoy, que estoy aquí sentado, es la primera vez que escribo, en 16 años sin tenerla echada a mis pies. Entre párrafo y párrafo siempre la miraba. Me encantaba verla dormir. Por la noche, su respiración y débiles ronquidos me proporcionaban la agradable música que necesitaba para dormir. Me arrepiento mucho de no haberla grabado roncando. Pensé que tenía tiempo. Voy a echar mucho de menos esos sonidos.

1.- Estuvo allí cuando le pedí a la vida, en aquel fin de año, que me convirtiera en escritor… ¿Os acordáis?

2.- Estuvo allí dando vida a mis primeros videos, aquellos que editaba en el Window Media Marker en 2006 y que grababa con una cámara de esas de cuatro pixeles que vendían antes:

3.- Me vio ganar premios literarios, conseguir miles de lectores, incluso ella protagonizó su propia serie de tv:

4.- Estuvo allí cuando llegó a casa el primer libro que escribí:

5.-Me vio vivir en un chalet de 400 m2 con piscina, gracias a mi talento en la escritura, firmando en Sant Jordi:

En 2018 me acompañó en la oscuridad: pasó conmigo este último año en el que me bloqueé como escritor tras dejar a mi ex esposa. Anáis Nin evitó que me suicidara: si me tiraba por la terraza del ático en el que vivía por aquel entonces… ¿quién la cuidaría?

Y, esta última semana, presenció mi renacimiento como escritor. Pero de eso no diré nada en este post porque no quiero que parezca que utilizo a Anáis para publicitar/vender mi último trabajo. Sólo diré que, cuando vio que ya estaba al 100% bien, decidió irse, dejar de cuidar de mí.

En Gijón he vuelto a escribir, soy querido y amado. Tengo grandes amigos: Pedro, Jonny, etc

Ella estaba cansada, vieja, con dolores.

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Era su momento de cambiar de plano sin mirar atrás.

Hasta siempre, Anáis Nin. Fuiste maravillosa, siempre te querré.

Y mil gracias a todos los que la cuidasteis y la mimasteis en vida. Cada vez que lo hicisteis, también me mimasteis y cuidasteis a mí. Os estaré agradecido, siempre.

¿Sabéis? Aún está conmigo. Ahora tengo una perrita fantasma.


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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)
¿Qué harías tú?
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¿Me aconsejas, por favor? A ver: tras casi dos años, por fin tengo material terminado: una novela corta que, está mal que yo lo diga... creo que es muy, muy buena. He creado un mundo que se os va a quedar dentro de la cabeza para siempre.

Tengo dos opciones:

1.-Presentarla al concurso para el que la creé. Me veo con opciones de ganarlo si consigo que destaque. He escrito esta novela pensando en el público de ese concurso aunque, cuando la leáis, vais a leer entre líneas a lo que me he enfrentado estos meses en los que he estado bloqueado y triste. Es una novela super personal, un acto de fe, muestra la locura a la que apuesto mi vida. Presentarla al concurso supone ganar CERO euros AHORA a no ser que gane, cosa que no sabría hasta el mes de noviembre. Mi economía actual es muy, muy triste :D Pero si gano me daría una publicidad increíble, un buen dinero y sería adaptada al cine.

2.-Sacarla en mi editorial ya, en 15 días la tendría en casa. En papel, libre, como las 8 anteriores. Normalmente vendo 200 ejemplares de golpe, el primer mes. Eso supone casi 2.000 euros limpios, de beneficio. Mi economía volvería a estar bien y ya tendría dinero de sobra para seguir creando, escribiendo tranquilo y sacar en septiembre la novela infantil que dejé a medias y Doctor Mente. Volvería a sentirme escritor y a ser independiente. Por culpa de mi bloqueo, llevo mucho tiempo sin ser independiente.

¿Me ayudas a decidir? Entre hoy y mañana he de tomar la decisión.

GRACIAS.

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)
Tú puedes escribir una obra maestra en 5 días.
Hoy, escribiendo.

Hoy, escribiendo.

Este post es muy breve. Lo escribo y lo hago público para meterme más presión aún. Como sabéis llevo un año y dos meses destrozado por mi divorcio y la salud de Anáis Nin. Un año y medio que no termino ninguna novela de las que empiezo. Bloqueado. Nunca antes me había pasado. Antes era un grifo: lo abría y salían mis magníficas y pervertidas novelas. Ahora, lo abro y sólo salen llantos. Y ni una letra.

Pues bien, estoy harto de mí mismo, de estar en la ruina, de no poder trabajar en lo mío, de no sentirme escritor... ¡Con lo orgulloso que estaba yo de decirlo en voz alta! Ahora soy un payaso y me doy asco. Mi última novela la publiqué en febrero de 2017.

Hace 72 horas me dije:

—Eres el puto eZcritor. En 7 años publicaste 8 novelas, escribiste dos guiones de largometrajes, escribiste más de 2.000 posts además de no sé cuantos artículos para revistas. Has ganado premios y has trabajado con grandes directores del cine español. Tú puedes escribir una obra maestra en 5 días. Sólo te hace falta 5 días para que dejes de ser un escritor bloqueado. Para que cambies tu vida. Tú eres un escritor de corazón. No un cantamañanas. Y en eso te estás convirtiendo.

Entré en internet. Busqué un concurso literario de novela corta para que me sirviera de zanahoria. Y dije:

—Allá voy.

Ayer terminé la primera versión. 80 páginas. Hoy terminé la segunda. Aún me sobran 2 días. Escribo 3 horas y duermo una, tomo café, escribo tres horas, duermo una… ¿la terminaré? Estoy orgulloso del mundo que he creado y de mis nuevos personajes.

Portada de mi novena novela.

Portada de mi novena novela.

Si la termino, estará on line dentro de 3 días, concursando.

Os aviso (si no me da un derrame cerebral o me acobardo como una nenaza y vuelvo a bloquearme).

Llevo 72 horas sin ducharme.

Llevo 72 horas sin ducharme.

El ayuwoki
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Tengo poco tiempo para escribir esto: he conseguido escapar de mi ayuwoki sólo por unos minutos.

Todos los seres humanos somos increíblemente creativos y bondadosos. Si estás leyendo esto necesito que sepas que, aunque crees que vives en el planeta Tierra, no es así. Vives en un planeta réplica de la Tierra. Tú, al igual que yo, al igual que todas las personas que te rodean, fuiste secuestrado de la verdadera Tierra. ¿Por qué? Por ser increíble. Brillas. En bruto, latente, posees el talento de Miguel Ángel, Beethoven o de cualquier otro genio digno de ser admirado hasta el infinito. Eres capaz de crear las más bellas canciones, pintar los cuadros más asombrosos, bailar con la misma fragilidad que un rayo de luna. Los ayuwokis te vieron en un parque, jugando, cuando tenías entre 3 ó 5 años, mientras tus padres te cuidaban con cariño. A esa edad, los ayuwokis ya pueden percibir tu talento, tu brillo, tu fuerza, tu amor, tu poder. Te secuestraron. Con crueldad. Por la noche. En la cama en la que dormías dejaron un pequeño cerdo muerto. Degollado. Con el vientre abierto como una puerta. Eso fue lo que encontraron tus padres, en tu cama, por la mañana.

En el verdadero planeta Tierra, tus padres aún lloran tu pérdida.

Los ayuwokis nos odian. No pueden aguantar que haya gente como nosotros. Así que han hecho todo lo posible para pudrirnos. Te han traído a este planeta, han suplantado a la gente de la que te rodeabas. Tu padre, si pudieras arrancarle la cara, es un ayuwoki. Tu madre, si pudieras bucear en su alma, es un ayuwoki. Tu jefe, es un ayuwoki. Intentan por todos los medios, aunque a veces no lo consiguen, que no te relaciones jamás con un ser humano de verdad. Únicamente con seres putrefactos: ayuwokis. Han creado este campo de concentración, en este planeta réplica de la Tierra, para conseguir pudrirte, anularte: conseguir que seas tan malvado, retorcido y mediocre como ellos. Te han guiado y educado, desde hace décadas, para que te pudras trabajando en un puesto de trabajo repugnante que no te permita desarrollar, o lo mínimo posible, el brillo, el arte, la magia que posees en tu interior. Un puesto de trabajo que te lleve a la cárcel o que te apague, que te limite, como un vegetal que sólo puede disfrutar de la playa desde detrás de la ventana de la habitación del hospital en la que vive, postrado sobre una cama, inmovil. Los ayuwokis se han disfrazado de tus parejas ideales: sólo para joderte, capturarte con palabras de amor y comportamientos tóxicos, dañarte, machacarte, hundirte: quitarte las ganas de vivir. VOLVERTE LOCO. Son capaces de cualquier cosa para conseguir que no te dediques al arte, que seas buena persona. Incluso, se hacen pasar por tus hijos: nacen de tu interior. Los ayuwokis pasan 9 meses dentro de ti, gestándose para convertirse en tu ancla y en tu castrador a través de un amor que nunca te será correspondido.

Ese bebé que te mira, con esos ojitos, es un ayuwoki, posiblemente.

Otras veces, los ayuwokis no conviven contigo. Simplemente te visitan cada noche, mientras duermes. Velan tu sueño durante las ocho horas que, indefenso, descansas. Invisibles, se sientan en el borde de tu cama, ponen sus manos en tu cabeza y te transmiten todas las inseguridades, miedos, vergüenzas y mierdas que pasas repitiéndote en mantra cada día, durante todo el año. Toda esa mierda con la que no te permites empezar un nuevo proyecto, hacer un antes y después en tu vida. A veces, no ponen sus manos en tu cabeza. Te meten su larga lengua por la boca, hasta tu estómago. O te dan la vuelta y te penetran por el culo: mientras ríen. Los ayuwokis también son los que te ayudan a comer mal, no hacer ejercicio y dañar tu salud. Te quieren en el peor estado mental y físico posible.

Michael Jackson también fue secuestrado del verdadero planeta Tierra (ese lugar, ese cielo en donde todos son artistas y buenas personas, ese paraíso al que nunca regresaremos). Fue traído a este planeta réplica para tratar de apagar su magia. No lo consiguieron por mucho que lo intentaron y dañaron: con golpes y mentiras. Michael Jackson fue más fuerte: fue el gran fracaso de los ayuwokis. Brilló como el sol a pesar de ellos. Nos iluminó por décadas a pesar del gran esfuerzo que hicieron por anularlo. Michael Jackson fue el enemigo número 1 de los ayuwokis. No tuvieron otro remedio. No encontraron otra forma. Era invencible con vida. Los ayuwokis lo mataron a través de las drogas y, aún años después, siguen desprestigiándolo con cuentos sobre pedofilia. No soportan la magia que hizo. Al matarlo, para celebrarlo, los ayuwokis adquirieron su rostro. Relativamente. Ahora, las caras de cada ayuwoki, son caricaturas esperpénticas de Michael Jackson. Hace años, los ayuwokis tuvieron el rostro de Sócrates, a quien consiguieron que se envenenara, o de Oscar Wilde, al que consiguieron meter en la cárcel por amar a gente de su propio sexo, cárcel en la que lograron enfermara para siempre. O el rostro de Jesucristo, ese hippie, ese filósofo amoroso que predicaba, descalzo, sobre el amor. Cada vez que crucifican a una buena persona, cada vez que apagan el brillo de un genio absoluto, sus caras adquieren la caricatura de su rostro, para celebrarlo, como un trofeo: hasta que consiguen matar a otro genio.

Pronto tendrán tu cara: la de un genio del que nunca nadie supo nada.

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