Quizás ya es hora de dejar pensar tanto.
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Anoche, tras publicar el post, estuve hablando, vía chat y teléfono, con la chica de Francia hasta que se nos cerraron los ojos. Cuando nos dijimos adiós por quinta vez, me dijo:

—Oye. Que también puedes venir a verme a París. Libro el finde.

—Eso me gustaría mucho. Pero hasta febrero, que empiezo a trabajar en un proyecto impresionante, voy a ir muy justo de pasta (actualmente sólo tengo 260 euros en la cuenta).

—Te he mandado mi planning del mes al WhatsApp.

Lo miro. Ella trabaja de enfermera.

—Ven tú si quieres. Vivo solo.

—¿Hay aeropuerto en Valencia?

—Sí.

—Lo voy a pillar a lo loco. Pero me vienes a buscar y me llevas al aeropuerto aunque no te guste en persona… ¿Prometido?

—Eres una leyenda. Prometido.

—Y quiero que, en el aeropuerto, me recibas con un papelito en el que ponga mi nombre.

—¡Ja, ja, ja! ¡Ok!

20 minutos después, la chica me manda una captura de pantalla en la que salen los billetes que acaba de comprar. Se ha gastado 280 euros por pasar un día juntos. Flipo de ilusión. Nadie puede decir que no se ha marcado un gesto precioso. Me vienen a la cabeza un montón de frases hechas. Ya sabéis, la gente juzga y juzga todo lo que nos pasa. Tenemos una contestación hecha por la sociedad casposa y castrante, que va directa a nuestra cabeza, para todo lo que nos ocurra en la vida. Para que no tengamos que pensar por nosotros mismos:

1.-Tomar decisiones apresuradas es malo. Lo mejor es quedarse en casa una semana o un mes pensando antes de actuar. Reflexionar, reflexionar y reflexionar. Como decía Rajoy: “no hacer nada también es hacer algo”. Rajoy, el presidente español que menos tiempo ha pasado en el cargo.

2.-Si una persona toma decisiones apresuradas: está mal de la cabeza o es una persona desesperada. No hay que hacer caso al corazón. Hay que crear asambleas de familiares y de amigas antes de dar un solo paso hacia delante. Y luego, reflexionar, reflexionar, reflexionar.

No pienso igual. Creo que, quien dice eso, es gente cobarde, que tiene miedo a vivir. No quiero gente cobarde en mi vida. La de veces que he fantaseado con que una chica, tras conocerme, se entregue a mí al 100% desde el principio. Que todo sea fácil y natural, como está siendo con esta mujer. He conocido chicas, por el Tinder, que viven en Valencia y me descartan cuando les cuento por chat que vivo a una hora de ellas, en un pueblo:

—Es demasiado lejos —me dicen.

No importa. Siempre pienso que si una hora de distancia es una barrera demasiado grande para ellas, no son las chicas que quiero como compañeras de vida. La vida, ya por sí sola, se encargará de presentarnos grandes problemas que superar. Y, nosotros, buscaremos grandes metas a las que llegar para realizarnos como seres humanos, para no quedarnos en subhumanos. Si tiras la toalla por una hora de distancia, me imagino cómo te cagarás ante cualquier reto que se nos presente en la vida. Me imagino qué vida anodina voy a tener contigo. Y esta chica viene desde Francia. No me asusta que sea impulsiva ni que tenga 14 años menos que yo. Sé que no es una desesperada sexual porque allí, en Francia, tiene un amante (que tiene mujer e hijos). Seguro que viene bien follada. Esta mujer me quiere conocer. Pues es un gran honor y yo también me voy a entregar a ella al 100% a ver qué pasa. Y si, cuando nos vemos, no nos gustamos nada, estoy seguro que pasaremos un día maravilloso paseando y charlando, profundamente, por Valencia.

—¿Por qué has comprado el billete? —le pregunto.

—Me prometí que, en este 2019, iba a hacer las cosas que me apetecían. Sin pensar. Además, el amante que tengo está casado. Yo estoy super enamorada de él. Y… ¿sabes? En todo el tiempo que hemos estado hablando, tú y yo, no he pensando ni un segundo en él o en lo mal que le va a sentar que no esté a su disposición este fin de semana. Creo que es una gran señal.

Francia. Francia me lleva llamando desde hace 6 meses. Primero, vendí el proyecto de “Doctor Mente” a una productora francesa (proyecto que, por cierto, está parado por mi culpa, por no terminar la novela) cuando nadie lo quiso en España. A partir de entonces, por el azar, empiezo a pasar cada vez más tiempo cerca de los Pirineos y a conocer a mucha gente nueva que me invita a Francia. Ahora, si esta chica y yo nos fuéramos a vivir juntos (es muy pronto, pero pongamos que es una de las posibilidades que hay en el bombo) me iría a vivir a Francia… ¿Me está llamando Francia o son imaginaciones mías?

Tomo dos frenadoles. Me voy a la cama. No abro los ojos hasta las 16:00 de hoy. Me siento bien.

Tras 4 días con fiebre y tiritando, me peso. He perdido 4 kilos. De puta madre. Hoy es el último día que me permito estar enfermo. Hace sol. Saco todas las bolsitas de mierda de Anais que fui apilando en una de las terrazas. Pego un manguerazo al suelo de la terraza. Me tiemblan las piernas. Estoy flojo. Mi estado físico es lamentable. Huelo muy mal. Saco a Anais de casa. Compro una barra de pan. La panadera, que me atiende, pensará que soy un mendigo.

—No, no, señora —me entran ganas de decirle— Soy un gran escritor. Tengo ese don. Pero no estoy dando la cara.

—Quizás ya es hora, Rafa —sueño que me dice la panadera.

Regreso a mi ático. Lo limpio de arriba abajo. Meto la ropa que llevo puesta en la lavadora, con doble de jabón. Me doy un baño de espuma y agua muy caliente. Me siento a escribir “Doctor Mente”, mañana regreso al gimnasio. Tengo que sacar los antibióticos de mí. Ponerme fuerte. Necesito ofrecer grandes erecciones al posible amor de mi vida. Voy a creer en ella. Voy a creer en lo que la vida me ofrece.

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No me ha ido bien tratando de ser el bueno de la película.
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Quiero volver a enamorarme. Quiero volver a casarme. Las fantasías de estar soltero molaban en mi cabeza, pero no en la realidad. He estado pensando: los “Diarios secretos de sexo y libertad” los escribí mientras vivía con una novia en Fuerteventura. Los otros ocho libros los escribí estando casado. Cuando estoy solo, no escribo novelas. Sólo este blog. Creo que lo escribo para conseguir novia, para llamar la atención.

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Me escribe un amigo por el Messenger.

—¡Ey guaperas, que tal te va! Acabo de leer tu blog. ¿De verdad que rompisteis por culpa de los padres de tu chica!?

—Sí.

—Hay que joderse… en pleno siglo XXI. De hecho, mi suegra no me acepta porque mi chica se dejó “20 polvos” en su casa y la suegra lo leyó. Dice que tengo amigos depravados.

—Joer, lo siento… Aunque por otro lado mejor: así no tienes que ir a su casa a almorzar los domingos por compromiso.

—¡Ja, ja, ja! Al final voy, pero no me acepta y se nota. Mi novia pasa del tema, es muy abierta

—Mi ex era muy hija de papá, eso me parecía bonito. La conocí porque me escribió para felicitarme por los “Diarios secretos de sexo y libertad”, incluso está escribiendo un libro por el estilo. El asunto cambió cuando su madrastra (que cada tarde se engancha a “Sálvame” con la excusa de que lo hace para estudiar el comportamiento humano) entró en mi blog, ojeó mis libros y comenzó a lavarle la cabeza al padre de ella, que es un completo repipi calzonazos que nunca se atrevió a reunirse conmigo cara a cara para conocerme. Empezaron a torturarla cuando menos se lo esperaba. Un día no le decían nada; otro la humillaban diciendo que qué educación le habían dado, que si no le daba vergüenza estar con alguien que escribía esos libros. A menudo, venía de casa de sus padres llorando. Todos los problemas que teníamos provenían de casa de sus padres. Nosotros éramos felices y teníamos un montón de planes preciosos. A los dos meses, una noche, mi ex empezó a hablarme con palabras que no eran suyas. Fue como si le hubieran lavado la cabeza. Me horroricé, me asusté bastante. Si llevaba dos meses contándome una cosa, de pronto, esa noche, era otra que jamás me había dicho. Fue como si tu novia se hubiera convertido de pronto en terraplanista. Supongo que ella no pudo más con la situación y eligió quedarse con su familia. Bueno: así es la vida. Que te dejen siempre tiene algo bonito: la vida te vuelve a meter en el reparto de una película superloca en la que nunca sabes qué va a pasar.

—Mi chica se enfrenta y se cabrea con su madre. Menudo carácter tiene, jaja

—Tu novia tiene personalidad. Al principio estaba supercabreado con los padres de mi ex por habernos estropeado una historia que hubiera terminado genial. Ya, no. Comprendí que ella hizo su elección y que cada uno tiene sus límites. Yo tampoco soy la persona más abierta del mundo para poder juzgar. También soy ridículo cuando me creo más que alguien o escribo un texto en plan bestia o me río de los subhumanos. Soy exactamente como ellos pero de un mundo opuesto. Así que supongo me merezco todo lo que me ha pasado.

Al rato, el karma decide compensar. Por el Messenger me escribe una chica guapísima. Me manda una foto muy sexy.

Le pregunto que si puede enseñarme las tetas, me dice que sí. Me manda otra foto. Luego le pido una de su culo. me la manda. Me masturbo. Cuando termino, hablamos por teléfono. Es simpática. Podría funcionar. Vive en Francia, por trabajo. Nos caemos bien. Me cuenta que viene a Madrid el 20 de febrero:

Es ella. Me dio permiso para subir la foto. Nunca subo la foto de nadie sin permiso.

Es ella. Me dio permiso para subir la foto. Nunca subo la foto de nadie sin permiso.

—¿Nos podemos ver allí? —le pregunto.

—Sí. Si quieres podemos quedarnos juntos los 3 días que voy a ir. Pero te aviso que es a una fiesta y que habrá alcohol y drogas.

—¿Tres días de fiesta?

—Sí.

—¿Qué drogas?

—Imagino que habrá un pollo por ahí.

Me da vergüenza decirle que no sé a qué se refiere con lo de un pollo. Yo he criado pollos en Asturias pero me juego la cabeza a que no se refiere a eso. Lo miro en Google. Pollo = coca. No soy de drogas. Llevo ocho años sin fumar un porro. Sólo bebo alcohol cuando no tengo otro remedio. Pienso que allí voy a ser como el personaje de Houllebecq en el libro “Lanzarote”. Pero no sé. No sé. Soy un actor de reparto, otra vez, en una superproducción muy loca. Quizás me tenga que dejar llevar por la vida como me dijeron en aquella cabaña mágica. Quizás tenga que hacer lo que me diga el director de la película: dejarme llevar por las exigencias del guión, en lugar de estar frenándome a todo. Quizás tenga que dejar de pensar tanto y divertirme más. No me ha ido del todo bien pensando, tratando de ser el bueno de la película. Portándome como un caballero con las mujeres.

El personaje que clavo es el del tonto.

Estoy un poco cansado.

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¿Cómo pasar de una trans sin hacerle y hacerte daño?
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Llevo una semana y unos pocos días sin hablar con nadie, cara a cara. Estoy empezando a volverme loco. El azar de la vida me trajo a vivir a un pueblo en el que no conozco a nadie, no tengo ni un amigo acá, tampoco familia. De pronto, una chica me contacta por Messenger. Me pregunta sobre un anuncio que puse en el Facebook para que me cuidaran de mi perra por unos días, ya que hace tiempo me fui de viaje. Le digo que eso fue hace mucho, que ya no estoy buscando a nadie pero nos enganchamos a hablar. Nos caemos bien, me ilusiona que viva cerca de mí, hablamos y hablamos por chat, comenzamos a flirtear, hasta que llega el momento de la fatídica pregunta:

—¿A qué te dedicas?

—Soy escritor.

—¿Y qué escribes?

Normalmente, cuando las mujeres ven mis libros, dejan de hablar conmigo. Aún así no tengo nada malo que ocultar, sé que la mujer de mis sueños no me dejará por mi obra, y le paso el link a mis libros. Le llama la atención uno.

“El comedor de coños”. Yo no tengo de eso.

Me río. Le digo:

—Eres muy gracioso. Y he dicho gracioso. Con “o”.

—Soy chica, Rafael. Chica trans. Puedes seguir llamándome graciosa.

Me quedo muerto. He metido la pata hasta el fondo. Pensé que me estaba vacilando. Vi sus fotos, ni lo sospeché. Es guapísima. La he insultado. Le he dicho que es un hombre cuando es una mujer. Pero no quería decir eso.

—Te pido disculpas —le digo— No quería…

—Ni te rayes. Lo mismo con 16 me ponía a llorar. Ahora, nah. Es lo bueno de tener el corazón hecho pedazos: que las balas entran y salen.

—Te juro que no pretendí ofenderte. Es que hablar por chat es un jaleo a veces. No sabía si estabas de coña o de qué hablabas. Pero en ningún momento sospeché que…

—No me pongo triste. Siempre me río. De hecho, tenía a un par de guardias civiles, guapísimos, detrás de mí hasta que se enteraron.

—Eres increíble. Y muy, muy guapa.

A partir de ahí la conversación se va enfriando cada vez más. Y a medida que se apaga, comienzo a sentirme muy, muy triste por ella. Por la tristeza, mis defensas bajan, me invade de sopetón la gripe que lleva días queriendo anularme. No quiero seguir hablando con ella porque tiene polla en lugar de coño. Sólo por eso. Es injusto. Es demasiado duro. Pero estábamos flirteando, no hablando sobre política. No quiero seguir flirteando. Puedo amar a una mujer con tetas pequeñas o inexistentes. Pero no con polla. Imagino que si sigo hablando con ella, sólo por hablar, la voy a entusiasmar y la hostia va a ser mayor. Y si dejo de hablar con ella, también le voy a hacer daño. Es una mujer, no tengo duda de ello, pero nunca me he sentido atraído sexualmente por los hombres. Amo, adoro, soy super fan del cuerpo de la mujer. Ella no lo tiene, pero es una mujer. Es como si un dios maligno le hubiera gastado una broma superpesada. Simpática, amable, inteligente. ¿Qué hago? Me pongo en su lugar. Ser una mujer dentro de un cuerpo de un hombre. En principio, saber que por mi gran belleza podría tener a cualquiera pero, en cuanto se enteren de que tengo polla, supongo que más del 50% se alejarían. Recuerdo uno de los viajes que hice en Blablacar últimamente. Me tocó viajar con un chico bisexual veinte años más joven que yo, de izquierdas, radical. Parecía la reencarnación hecha carne de una de esas cuentas cañeras del Twitter. Él seguiría hablando con ella y que pasara lo que tuviera que pasar. Quizás las nuevas generaciones disfruten más, tengan menos problemas mentales, hagan sufrir menos a los transexuales. Todo esto del perroflautismo, de la izquierda liberal, de la igualdad, de los movimientos LGBT, toda esa educación que nos quieren dar y que la derecha rechaza, cobra todo el sentido del mundo cuando te encuentras en esta situación y te das cuenta de lo limitado que estás, del daño que haces, injustamente, a otro ser humano. Me doy cuenta de que los hombres casposos, dinosaurios, como yo hemos sido mal educados y formados. Que hay que enamorarse de la persona, no del cuerpo. Que me falta mucha libertad sexual en la cabeza. Pero no puedo. Lo siento. No puedo quedar a probar algo que no me atrae en absoluto. No me parece ni un poquito. Sé que soy yo el que se lo pierde.

La conversación muere. Ella me deja de hablar.

Me meto en la cama, bajo la colcha. Llevo tres días muy, muy triste por el posible daño que le he hecho. Aunque ella ya esté acostumbrada. He sido una bala más. Aunque ella sepa que esto le va a pasar otras mil veces. Sin embargo, al igual que yo sé que algún día encontraré a una mujer que no me rechace por mi obra, ella encontrará a un hombre que no la rechace por haber nacido en el cuerpo de un hombre. Al igual que yo juzgo, con dureza, a quien me rechaza por mi obra, ella tiene todo el derecho del mundo a llamarme gilipollas y retrógrado, cuando sólo busca amar y que la amen.

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Soluciones a los casos de la semana que termina.
El Rey del Cosmos, enfermo.

El Rey del Cosmos, enfermo.

Anoche caí enfermo. Mucha fiebre, mucha soledad. Hoy por la mañana, hubo un momento, en el que fui al baño, tras no haber dormido casi nada en toda la noche, que volví a tener un ataque de pánico-ansiedad tras dos meses controlándolos. Sin embargo, me repuse enseguida. Sólo tuve que pensar que ya no era la persona débil que los sufría, que he sacado de mi vida todo lo tóxico, que podía controlarlo y de hecho lo hice al segundo. Aún así me puse un poco triste por sentirlo de nuevo. Veo que no puedo bajar la guardia. Que mi cabeza sigue atenta para joderme… si yo cedo y lo permito. En este 2019 nada va a poder contra mí. No me voy a venir abajo por unos segundos malos cuando he tenido dos meses y 11 días perfectos.

Paso a comentaros las “soluciones” a algunos casos que os conté la semana que está a punto de terminar:

1.-Marta se ha ido de casa. Esta mañana, mientras su marido no estaba en el hogar, se marchó. Por ahora no ha sido capaz de contarle a su familia ni a la familia de su marido la dimensión del enorme problema. Lo que él le ha hecho a ella delante de sus hijos. Temo que, al no hacer esto, su familia o la familia de él no la apoyen todo lo que ella va a necesitar. Todos necesitamos que nos ayuden, de vez en cuando. Solos, podemos contra cualquier cosa pero, que nos ayuden, a veces nos ahorra mucho tiempo de sufrimiento. Su marido está seguro de que ella volverá. Ojalá esta historia tenga un final feliz.

2.-Mi vecino tonto se ha venido abajo. Se quejó de mi perra, sólo ante mí, para tratar de “manipularme”. Ese día me dijo que, si yo quería, él cuidaría de mi perra cuando yo me fuera para que mí me naciera decirle que yo cuidaría de sus perros cada vez que él saliera de casa. Sus perros aúllan y ladran demasiado cuando él se ausenta. Todos los vecinos se le quejan. Le he dicho que le ayudaré pero que podría habérmelo dicho directamente y nos podríamos haber ahorrado el capítulo de la cucaracha.

Empieza la nueva semana. Hoy me he permitido el lujazo de pasar el día en la cama, con Anais y una caja de frenadoles. Viendo películas antiguas. Lo hemos pasado bastante bien.

Eché muchísimo de menos tener a alguien que me cuidara, que me trajera la sopa de pollo, desde la cocina, que me hice, que me diera un besito en la frente para ver cómo me iba la fiebre. Hasta que me di cuenta que esa persona llegará, es imposible que un tío tan bueno, guapo y brillante como yo pase mucho tiempo solo. Llevo nada más que una semana solo. Mientras tanto, me tengo a mí: no puedo darme un besito en la frente pero puedo masturbarme con fuerza y salvajemente. Aún tengo las piernas fuertes para ir a por la sopa caliente sin ayuda de nadie. Celébralo, Rafa.

Mañana tengo que levantarme pronto para dedicar y enviar 12 novelas. He vendido más novelas de Sigmundo este finde que en todo el mes de diciembre. Eso es una gran noticia para mí. Estoy seguro que, si sigo actualizando, volveré a vivir de mis libros otra vez.

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Ayudadla con amor y un consejo.
No es Marta. Pero está igual de buena.

No es Marta. Pero está igual de buena.

1

Siempre que quedo con una chica guapa, pienso igual:

—“Es demasiado guapa para mí”.

Luego, ella me acepta entre sus piernas, y veo que todo está en mi mente. Que mi complejo de inseguridad me hace pensar en esas cosas. Y yo caigo. Da igual cuántas modelos me haya follado. Siempre pienso que cualquier chica guapa es “demasiado” para mí. Siempre pienso que hay gato encerrado.

En esta ocasión, tristemente, fue así.

2

Cuando Marta, sin haberla conocido jamás en persona, comenzó a mandarme fotos desnuda y videos masturbándose, pensé:

—Es demasiado guapa para mí.

Marta es demasiado guapa y demasiado joven para mí.

Yo estaba acostumbrado a verla paseando por el Facebook. Con sus hijos, con su marido perfecto. Siempre en bellos restaurantes, haciendo yoga en playas paradisiacas y posturas imposibles, siempre vestidos con ropa cara. Su vida, en Facebook, era maravilloso. Yo deseaba ser como ellos. No algún día, sí en otra vida: porque ya sé que en esta vida estoy destinado a estar solo (aunque acompañado ocasionalmente).

3

Marta y yo, a escondidas de su esposo, comenzamos a hablar cada vez más. Ella, para aliviar el dolor que le causa su marido: es alcoholico (sé que en otros posts dije que era ludópata, mentí: por ocultar un poco su identidad, ahora necesito contar la verdad para que entendáis mejor su problema).

—Todo el dinero que trae a casa, se lo da su padre —me dice Marta—. Bueno, su padre me lo ingresa a mí porque si no él se lo gasta. Todo el dinero que él gana en la oficina se lo gasta en alcohol y sus vicios.

Marta me dice un día que está enamorada de mí.

Yo, estoy solo. Muy solo.

Vivo en un ático de dos plantas, de casi 200 metros cuadrados y tres terrazas. Me sobra espacio por todos lados. Realmente, vivo en una habitación. Pillé una casa tan grande para que mi perra tuviera una terraza donde tomar el sol… y porque me gusta vivir en casas grandes.

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Pienso: una mujer tan bella como ella caminando por mi casa. Con un par de niños, preciosos, que me comería a besos, con los que amaría jugar y hacer reír… ¿No es demasiada suerte para mí?

Cada vez que me siento solo, suena el wassap.

Siempre es Marta. Es la única que me escribe. Me envía una foto desnuda o unas cuantas palabras cariñosas.

Yo, se lo agradezco muchísimo.

4

Marta se abre cada vez más. Pasamos las madrugadas hablando. En secreto. Nos contamos todo.

—Un día le quité las llaves del coche, para que no se fuera al bar a beber —confiesa—. Me pegó un puñetazo que me tiró al suelo. Comenzó a estrangularme. Estaba segura de que iba a morir. No tuve otra que entregarle las llaves. Lo peor no fue el daño que hizo. Sino que mis hijos lo presenciaron todo. A la mañana siguiente, me prometió que dejaría la bebida. Me prometió que nunca más iba a volver a beber.

—¿No lo denunciaste?

—No. Sólo me ha pegado esa vez. Si lo volviera a hacer, sí. Por una vez, no quiero que metan al padre de mis hijos en la cárcel. Qué vergüenza. Lo que hice fue comenzar a engañarle. Al día siguiente, con los moretones, con los signos de violencia en mi cuello, me acosté con uno. Y luego con otro.

—Está enfermo. Debería de ingresar en una clínica o algo.

—Él dice que no hace falta. Que lo puede dejar cuando quiere…

—¿Lo ha hecho?

—Una vez sí, dos meses. Pero siempre recae.

—¿Cuánto tiempo lleva con el problema?

—Más de dos años. Nos pasamos los días discutiendo, enfadados.

—¿Se lo has dicho a su familia?

—Sí. Pero dicen que no exagere. Que sólo bebe un par de copas de vez en cuando, como todo el mundo en España… que sí, que le gusta la fiesta. Pero que es buen padre y nunca ha faltado a nada.

—¿Les contaste lo que te hizo?

—No. Me da pena. Mi familia no volvería a hablar con él. Él se avergonzaría demasiado delante de sus padres. Esto sólo te lo he contado a ti.

5

Dejé de masturbarme con las fotos y videos de Marta. Es una víctima. Ella realmente no quería sexo conmigo. Ni que nos casáramos, como me hacía soñar. Lo que quería era ayuda. Ella ya tiene a su hombre perfecto, al padre de sus hijos. Sólo que se le ha estropeado. Si se había acercado a mí era porque habría leído mis libros, pensaría —como todo el mundo— que soy un hijo de puta cabrón follador. Que soy Sigmundo. Busca que la use para así “vengarse” otra vez de su marido. No me puedo follar a una chica con moretones en la cara y signos de violencia en el cuello. Por muy buena que esté. Por mucho que yo mire para otro lado o se le hayan borrado los moretones.

6

—¡Hola guapo!, ¿qué tal? —me escribe Marta hoy por wassap— Oh, qué raro, te escribo a las 1:11…

Al rato me vuelve a escribir.

—Oye, es que me acordé que el video que te mandé ayer, masturbándome, duraba 1:11… también. Desde que hablo contigo me pasa mucho eso. Me encuentro con ese número por todas partes… ¡Y hoy es 11 del 1! He estado buscando por el Google y me ha salido esto:

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Cuando lo leo, no puedo más. Le digo que:

1.-Que respete su tiempo en la vida. Por ella y por sus hijos. Que habrá escuchado un montón de veces que el “presente” es un regalo. Si lo ha escuchado tantas veces es porque es una gran verdad. Eso de estar siempre esperando un futuro mejor, que el próximo año va a ser mejor, todo eso es una de las mayores mentiras que nos podemos decir a nosotros mismos. Sacrificar tu presente por la esperanza de vivir en un futuro mejor, es una mierda. Porque el “ahora”, casi sin darse cuenta uno, de pronto se convierte en “años”: los años que lleva tu marido bebiendo. Los años que llevas esperando a que eso cambie, tragándote sus mentiras.

2.-Cuando tu marido se marche a trabajar, pilla a los niños, lo que necesites y vete a casa de tu madre.

3.-Nada más entrar por la puerta cuéntale a tu madre, lo que tu marido te hizo. Después, llama a los padres de tu marido, explícales lo equivocado que están: que su hijo no bebe sólo un par de copas, sino que es un alcoholico que pega a su esposa delante de sus hijos, que estén en su casa cuando él llegue y le cuenten que su esposa se ha ido con los niños, el porqué y que no volverá hasta que él vaya a una clínica de desintoxicación. Y que tú estarás ahí para apoyarle.

4.-Si no lo haces, tus hijos van a seguir mamando el terror en el hogar. Puede ser que alguno tome, cuando sea mayor, la forma de ser del padre. Los niños forman su personalidad en los primeros 7 años de su vida.

5.-Si no haces esto: tú eres cómplice del daño que él hará a vuestros hijos. Y una víctima de lo que él te hará a ti.

6.-Habla todo esto con un profesional.

7

Ya no he vuelto a saber nada más de Marta. Ojalá esté recapacitando. Ojalá, los lectores de mi blog, en los comentarios, le den mejores consejos que el que le di yo, que al fin y al cabo no soy nadie. Se lo conté a un buen amigo por teléfono y me dijo:

—Lo normal es que no vuelvas a saber de ella. No por haberte metido en su vida y haberle dicho lo que tiene que hacer. Sino porque conocerte es peligroso. Haces que la gente dude de sus dogmas y se enfrenten, cara a cara, a sus demonios. Mejor no conocerte, mejor tranquilitos en sus casas, con su falsa seguridad y su falsa realidad.

Puede ser que mi amigo tenga razón. He puesto aquí lo que me dijo porque soy un poco egocéntrico.

Me he quedado, como mínimo, sin un polvo. Como máximo, quizás sin el amor de mi vida. Nada, si lo comparo con que unos niños nazcan sanos. Junto a una madre… viva. Y, quizás, junto a un buen padre que sólo necesita un toque de atención por parte de sus seres queridos (además de ayuda profesional).

Ojalá que esos niños tengan lo que yo no tuve.

Ánimo, Marta. Sé el héroe de tu vida. Rompe la cadena mental que te une a la desgracia.

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En absoluto.
Fotografía de  Marietta . Y, a continuación, lo que imagino para no sentirme solo cuando despierto por las mañanas:

Fotografía de Marietta. Y, a continuación, lo que imagino para no sentirme solo cuando despierto por las mañanas:

Cada noche sucede la magia. Por eso se hace oscuro. Porque el universo necesita de toda su energía para poder encender la lámpara de la magia.

Cierro los ojos. Duermo pensando en mi exnovia. Mi exnovia, duerme pensando en mí. Ambos estamos separados por unos cuantos cientos de kilómetros. Sin embargo, ahí estamos, abrazados en mi y en su cama. Queriéndonos. ¡El abrazo se siente tan bien!

Dejamos de pensar el uno y en el otro: nuestro amor no es posible. Quedo solo en la cama hasta que Ana, la chica que hace unos días besé en un parque, piensa en mí y yo en ella. Nos abrazamos en nuestras camas, sopesando si debemos volver a vernos o nos olvidamos. Ella es muy joven para mí, yo soy muy lejano para ella. Sin embargo… ¡el abrazo se siente tan bien!

Nos dejamos de pensar, la cama vuelve a hacerse fría.

Me tocan en el hombro, me doy la vuelta, descubro a Marta. Es tímida, está desnuda. Le digo que está loca por haber venido hasta aquí así, con el frío que hace, me dice que le encanta estar desnuda, la abrigo con mis mantas, nos abrazamos. Me cuenta cosas sobre su triste infancia, momentos que nunca nadie debería vivir, me cuenta que, ahora, su marido le pega. Nos abrazamos mientras lloramos y nos consolamos, mientras también le confieso cosas horribles que me pasaron a mí cuando era niño. Hasta que su marido, en la lejanía, le grita, la llama. Marta me dice que se tiene que ir, no sea que él nos descubra y no tenga ningún lugar al que escapar. Me apena que se vaya… ¡el abrazo se sentía tan bien!

Quedo solo hasta que decido ir a casa de mi ex esposa. Esta noche duerme sola, con el gato. La miro con amor, pensando en todo lo que pudo ser y no fue. Le va bien, no me necesita, me ha olvidado: sonrío; justo cuando voy a marcharme, ella se incorpora: pronuncia mi nombre con dulzura, me llama a su cama; dormimos abrazados, como antes, cuando todo iba bien y el mejor momento del día era cuando nos abrazábamos: cuando los abrazos se sentían tan bien.

Apagan la lámpara de la magia.

Llega el día. Olvido.

Abro los ojos. Estoy solo en mi cama. Me maldigo.

Pero no entiendo porqué no me siento solo ni olvidado.

En absoluto.

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Mi vecino es tonto.
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El otro día estaba hablando con una amiga en un parque. Me contaba que, además de artista, es terapeuta y que queda frecuentemente con chicos del Tinder:

—Y veo lo mal que están los tíos. Pero muy, muy mal —me dice.

—Lo mismo pienso de las chicas —repliqué.

—No sé. Nosotros estamos más trabajadas.

—Quizás estáis un poquito mejor que nosotros, pero no mucho más.

Intento ir por la vida en “modo feliz” y “sin hacer daño”. Cuando vi que me tocaba divorciarme y que iba a volver a estar soltero me prometí a mí mismo no mentir para follar. Odio cuando las chicas lloran. Odio saber que he hecho daño a alguien sólo por meterla. En los 8 meses que llevo “soltero” no he mentido ni una vez. Antes de estar casado, hace casi 8 años, sí que era capaz de prometer cualquier cosa por follar. Ahora me es imposible. Cada palabra que sale de mi boca es verdad. Mentir es de gente pequeña, yo soy un gigante. La gente que miente es gente que está escondida tras un montón de mierda. Yo camino entre la mierda (la gente, la sociedad, etc), pero no soy una mierda.

La amiga me enseñó unos cuadros que había hecho. Los tenía en la galería de fotos de su iPhone. Me gustaron mucho: fue la gota que rebosó el vaso:

—¿Me dejas besarte? —le pregunté.

—Sí —contestó.

Le pillé la boca, le di un beso con toda mi alma. Me gusta besar a lo bestia, sin contenerme. Ella respondió a mi beso igual que yo. “Besamos igual”, pensé. No la estaba utilizando. La estaba besando porque me pareció una gran artista, una mujer muy bonita y yo necesitaba cariño. Cuando terminamos de besarnos me dijo:

—Pensaba que era un beso en la mejilla.

—Lo siento. ¿Por qué no te quitaste? —pensé, sopesando lo cerca que había estado de cometer una especie de “agresión sexual” y salir en los periódicos sin pretenderlo ni por un segundo.

—Me gustó.

Seguimos besándonos un par de horas. No le pedí más que besos aunque por supuesto algo entre mis piernas creció y se puso pesado. No le pedí follar, tampoco sé si ella hubiera querido, supongo que no, pero me parecía demasiado pronto, mi última novia me había dejado hace dos días: luego ella quiso volver: la mandé a la porra. Hay gente que está esperando que todo vaya bien para empezar una relación. Yo creo que las cosas nunca van “bien” para empezar una relación o lo que sea. Creo que la vida hay que agarrarla por los cuernos, subirse en su lomo y tratar de llevarla, más o menos, a donde uno desea ( y sabiendo que nunca lo vas a conseguir del todo). Si esperas al día que las estrellas estén en posición, puede ser que tu cabello ya sea demasiado blanco, que ya no te queden fuerzas ni para sonreír. Creo que una relación se hace fuerte justo cuando aparecen los problemas. Es muy fácil compartir tiempo cuando todo está bien. Pero si huyes cuando aparecen los problemas, no eres mi chica porque eres una cobarde. Superar problemas une más que una buena follada.

Tengo 44 años, voy a aprovechar cada segundo de mi vida. Entre ser feliz o no serlo, siempre voy a decidir serlo. Parece simple, pero mucha gente hace justo lo contrario.

Por ejemplo, mi vecino. Mi vecino es un chico de más o menos mi edad. Tiene un negocio en la zona, dirige una franquicia de comida rápida. Tiene bastante sobrepeso. Nada más mudarme, toqué en su puerta, simpático. Nada más abrir la puerta, ya vi en sus ojos que tenía problemas con su vida. No por su sobrepeso, sino por algo que no sé qué es (aún). Está limitado, no la disfruta. Tiene juventud, un buen trabajo, vive en un ático dúplex… ¿qué le pasa? ¿por qué está siempre encerrado en su ático? ¿por qué no hace fiestas?… Tiene dos perros, eso me alegró. Así no tendría problemas con Anais, mi perra. Es inevitable que, alguna vez ladre o lo que sea.

Sus perros sí que ladran bastante. Ahora mismo están ladrando, ya que él se ha ido a trabajar. Siempre que se va a trabajar, ladran y ladran. No pasa nada. Vivo en un ático de dos plantas con un montón de habitaciones. Cierro la ventana (además hace frío), cierro alguna puerta, pongo una alegre lista musical del Spotyfy y sigo escribiendo con una sonrisa. Los vecinos se han quejado de los ladridos de sus perros varias veces. En cambio, de Anais Nin, no se me han quejado nunca. Anais, cuando nos mudamos, estaba nerviosa y ladraba mucho cuando me iba de casa. Pero se le pasó enseguida.

Cuando me encuentro con mi vecino, jamás me quejo de los ladridos de sus perros. Y eso que soy el principal perjudicado por cercanía. Es más, le miento como un bellaco para darle un respiro:

—Nunca los oigo. Son unos angelitos.

Pues ayer va, y el subnormal, me toca en casa y se queja de que el otro día Anais ladró un rato (a saber si es verdad). Le miré sin saber cómo reaccionar. O sea, ningún vecino se queja de Anais y el que menos debería quejarse del edificio (y del mundo), le dice eso al único vecino que no se queja de sus putos perros y que encima trata de que no se sienta mal y sea un poco feliz.

Esa misma noche, fui a su local de comida rápida. Pedí una hamburguesa. Metí una cucaracha dentro y le puse una reclamación.

Yo voy en “modo feliz” por la vida. Sin “hacer daño”.

Pero cuando me encuentro con un tonto, me pongo en “modo justiciero” y le doy con un palo en la cabeza.

Para que se entere bien que es tonto.

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Suelo ir a entrenar a eso de las 15:00 horas al gym porque a esa hora no hay nadie en el vestuario, que tiene una acústica de la hostia, y puedo cantar y bailar canciones sin que nadie me interrumpa.

Suelo ir a entrenar a eso de las 15:00 horas al gym porque a esa hora no hay nadie en el vestuario, que tiene una acústica de la hostia, y puedo cantar y bailar canciones sin que nadie me interrumpa.

Sobre mi economía
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Recientemente, recibí varios ataques anímicos por parte de una familia perversa y clasista, a causa de la baja economía por la que pasé estos últimos meses. Sólo espero que esa familia nunca pase por un aprieto económico como el que yo pasé para que nadie los haga sentir tan mal como ellos me hicieron sentir a mí.

Soy escritor; normalmente eso va asociado a no tener ni un euro. No es mi caso aunque tampoco presumo (por ahora) de ser millonario o de ganar tanto dinero como un ginecólogo de más de 60 años pero sí gano más que un auxiliar de enfermería de 50. Es verdad que, al principio, cuando no sabía escribir bien, o cuando mantuve a mi ex esposa durante años, ayudándola a sacar adelante su proyecto (que le va divinamente) o en algún momento puntual, las pasé realmente canutas. Pero ya desde hacía años que aprendí a vivir de lo mío, tengo una gran red de clientes, lectores y de amigos que han evitado que nunca me haya faltado trabajo. Cuando uno se convierte en un escritor de puta madre, le va bien. Del mismo modo que si te conviertes en un gran cirujano o fontanero. Por fortuna, ser escritor no es como ser futbolista, que se te acaban los días de gloria a los 40 años, sino que a mayor que te haces, mejor eres escribiendo, más obras acumulas y, por lo tanto, más dinero ganas. Lo único: tienes que trabajar. Inventarte tu propio trabajo cada día y reinventarte cada 3 meses. Para un funcionario, vivir así debe ser una pesadilla. Pero los autónomos tenemos la mente funcionando día y noche. Y me gusta mucho no vivir como un subhumano.

2018 fue un año de mierda para mí. Decidí divorciarme. Caí en el victimismo, en la tristeza (nunca en la depresión) . Estuve 11 meses sin trabajar, como un gandul, viviendo de mis ahorros, el apoyo de un gran amigo y de las ventas de mis libros que, a pesar de que no actualizaba casi este blog, me proporcionaban unos 400-600 euros cada mes. Sé que hice muy mal por caer en el victimismo y es algo que no me perdonaré en la vida, por mi culpa perdí un año de trabajo de mi vida. Rafa… muy, muy mal. Fuiste un verdadero gilipollas.

Cuando me quedaban 2.000 euros en la cuenta, enciendo el iMac para ponerme a trabajar al fin, terminar mi nuevo libro y El Rey del Cosmos me castiga… va y me rompe el iMac.

—¿Ahora quieres crear? —me preguntó El Rey del Cosmos— ¡Pues ahora no puedes! ¡Ni maquetar, ni hacer videos! ¡A la puta mierda te vas! ¡Te quedas sin brazos creativos! ¡11 meses tuviste el iMac apagado, imbécil! ¡Aprende que el tiempo no regresa!

Tuve que elegir: comprarme otro iMac para volver a empezar a trabajar (la reparación era muy cara y no aseguraba su funcionamiento por un mes más) o ahorrar ese último dinero que me quedaba para pasar los próximos dos meses de manera más honrosa. Me compré el iMac sin dudar

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¿Sabéis? Una de las formas en que conseguí acabar con mis problemas de ansiedad/pánico fue al darme cuenta que, si yo tuviera que elegir a una persona entre todas las que hay en el mundo, para que fuera mi salvador, mi acompañante, para pasar una mala época a su lado… me elegiría a mí. He estado metido en mil líos, he sido un niño sin padres en el dormitorio de un pedófilo, he salido de las más bajas cotas de la mierda hasta donde estoy en la actualidad: con un alma preciosa, un corazón heroico, justiciero y puro. Sigo siendo cariñoso, dulce, sensible. No han podido acabar con mi sonrisa. No he parado de ayudar a la gente que me rodea. Soy el mejor hombre que he conocido en mi vida. Vivo en el cuerpo de un superhéroe.

Y luego está que “mamá naturaleza te lo da”, como dice la canción… o quizás mi difunta madre no para de ayudarme desde el Cielo. Cuando peor estoy, siempre me llegan encargos, como este que me hizo el gran Ramón (maquetar su libro, encargarme de la imprenta y hacerle un par de videos promocionales).

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Por cierto. Tengo que confesar algo. Cuando veía que me estaba quedando sin dinero, me hice un curriculum. Lo presenté en un montón de lugares de subhumanos… ¡No me llamó absolutamente nadie! De verdad que hubiera trabajado “hasta” en un supermercado (¡hubiera matado por trabajar en el Mercadona!). Donde fuera. Por mil euros o por menos. Mi capacidad creativa estaba bajo cero. No podía escribir. Bloqueado. Me hubiera apoyado en cualquier tipo de trabajo para poder retomar el vuelo. Pero tras tantos años repudiando a los subhumanos, estos no quisieron (lógicamente) echarme una mano.

Ahora no hace falta. Mi inmenso talento y red de contactos (para eso sirve trabajarse las redes sociales cada día) han hecho que actualmente todo me vuelva a ir bien económicamente. Con mi dinero volveré a ayudar a la gente que lo necesita y a hacer magia en mi vida.

Así que un mensaje para esa familia clasista que me juzgó: QUE OS JODAN.

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Marta y yo
No es ella pero se parece.

No es ella pero se parece.

Marta es una lectora de Tarragona. Me compró varios libros cuando yo vivía allí. Ahora que ya no estoy casado, todas las lectoras que antes no me decían nada me tiran la caña.

Yo sólo quiero amar, volverme a casar, pero parece que no voy a disfrutar de ese cielo sin pasar primero por el purgatorio del pajero, y luego, por el purgatorio del folleteo. Espero, algún día, encontrar a una mujer pacífica, que no tenga problemas con lo que escribo, con buen corazón, que me ame de verdad y, si es posible, que esté muy buena.

Marta está casada; tiene un par de hijos a pesar de sus veintiséis años. Bueno, supongo que es normal. Cuanto más buena estás, más te follan. La naturaleza pone sus trampas.

Su marido tiene un problema. Es ludópata. Lucha contra su adicción pero no es suficiente fuerte. Ella, asustada por las cosas que él hace con la economía familiar, lo abandona tres o cuatro veces al año, se va con sus hijos a casa de su abuela. Entonces, él le promete que va a cambiar. Y parece que sí pero no. Vuelve a recaer.

Marta dice que, tarde o temprano, va a dejarlo.

Cada noche, ella me manda fotos y videos en los que sale desnuda. Quiere que le mande una foto de mi polla pero a mí me da cosa. Mantenemos chats en los que siempre terminamos masturbándonos. A mis 44 años, pienso cómo le puedo gustar tanto a una chica de 26 que está así de buena. A veces fantaseo con tomar un blablacar, ir a Tarragona, rescatarla de su marido, convertirme en su esposo y padre de sus hijos. Tengo amor de sobra para dar. Ella me dice que, quizás, eso termine pasando. Pero, por otro lado, sabemos de sobra que sólo somos un alivio para nuestro día a día. Una fantasía. Espero que su marido sane y sean felices los cuatro.

A menudo se lo folla pensando en mí. Hija de puta…

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—¿Sabes? —me chatea—. Hoy en la biblioteca hablaba con una amiga que es muy feminista. Hablábamos de por qué me gusta leer libros como los tuyos y me ponía tan, tan cachonda, cuando soy feminista. Que por qué me gusta consumir porno y encima del duro. Suelo ver mujeres “forzadas”.

—¿Y qué les contestaste? —pregunté.

—Me gusta imaginar que me violan y, sin embargo, en la realidad, como alguien me toque un pelo sin mi permiso, se lleva una hostia que bueno… Por eso siempre creí que tenía algo mal en la cabeza, algo que era producto del patriarcado.

—Sólo son fantasías. No veo nada malo.

—Mi amiga y yo no llegamos a ninguna conclusión. Simplemente que la sexualidad hay que vivirla libremente sin hacer daño a nadie y que bastante oprimidas estamos. Ella también se masturba con esos vídeos.

—Mis libros no van contra las mujeres. Van contra todo: hombres, mujeres, niños, blancos, negros, chinos, Alá, Dios, etc. Sólo es literatura que busca hacer pensar, reír, entretener o enfadar.

—Sí. Pero es que, a veces, vivimos en contradicciones. Por ejemplo, el feminismo defiende que la pornografía de ese tipo debería eliminarse para evitar que se genere ese tipo de fantasía que luego muchos quieren realizar. Sin embargo, yo, que soy super feminista, la consumo a tope. Y tus libros… la de veces que me apetece cogerlos y tirarlos por la ventana. Decir “no me los vuelvo a leer nunca más”. Pero me ponen muy, muy cachonda.

—No creo que se pueda evitar que la gente piense o tenga fantasías con lo que le salga de la nariz. No creo que se evite nada por prohibir. Es como cuando en EE.UU se prohibieron los cómics porque algunos pensaban que volvían agresivos y locos a los niños… o creer que si alguien ve “El silencio de los corderos” le va a apetecer ponerse a zamparse a la gente. Creo que el único modo de evitar que el machismo o la violencia aparezca dentro de un ser humano es educándolo correctamente desde niño. Estoy seguro que tus dos hijos, gracias a la educación que les das, no serán ni violadores ni machistas cuándo sean mayores. Serán grandes hombres.

—Eso espero. Lo que digo es que no entiendo cómo siendo feminista eso de imaginar que me violen es lo que más me pone en el mundo. Me encanta ver vídeos de “violaciones”. Es raro.

—Nunca te voy a violar, Marta. Lo siento.

—¡Ja, ja, ja! ¿Noooo? ¡Por favor! ¿Pactada?

—No, no. Todo lo que quieras menos eso.

—¿Ni jugando?

—No. Me da muy mal rollo. Lo siento. Es de lo peor que puedo pensar: jugar a ser un monstruo de esos que salen en las noticias.

—Pero no lo serías en este caso. Yo te lo permitiría.

—No. Eso no me excita nada. No empalmaría.

—He llegado a pensar que, quizás, haya más público femenino del que se piensa consumiendo esos videos. En las encuestas, muchas mujeres reconocen que son una fantasía para ellas. Pero luego no lo concebirían en la realidad.

—Estoy cien por cien seguro que habrá muchas más mujeres que vean esos vídeos… ¡Tu amiga y tú no vais a ser los únicos bichos raros del mundo! Todo el mundo es más o menos igual.

—¡Ja, ja, ja!

—No quiero jugar a eso pero me hace gracia que veas esos vídeos. Yo no los veo. Lo que suelo buscar son videos de “morena a 4 patas”. Es lo que más me pone.

—Quiero enviarte algo.

El Instagram me notifica que Marta ha abierto su cámara. Me manda una foto. Es ella. A cuatro patas.

—Morena a 4 patas.

—Bendita seas, Marta. Puedo pasar así todo el invierno.

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Mi novia me dejó
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La primera vez que no derramo ni una lágrima. Sólo sufrí un dolor, como si hubiera perdido de pronto 400 euros. Estaba preparadísimo, lo veía venir desde hace semanas. Cuando me fui de su casa de Navarra, para regresar a mi hogar en Valencia, algo me hizo pedirle, con una excusa, las llaves que le di cuando me vino a ver: para que volviera sin avisar cuando le apeteciera. Yo le había prometido que jamás iba a dejarla. Nunca me hubiera bajado del barco, hubiera luchado con todos los problemas que venían desde casa de sus padres (su padre es juez, su madre trabaja en una joyería), aguantando insultos e injustas descalificaciones por el contenido de los libros que he escrito, mi humor en mi Facebook y mi baja economía actual. A sus padres yo no les gustaba, llevan 2 meses echando mierda, haciéndola llorar: ella, desesperada, tratando de hacerles ver que había mil diferencias entre Sigmundo, mi personaje en mis libros, y servidor. A la legua, en mi última visita, ya veía que sus padres habían ganado la partida. Ella eligió (jamás se lo pedí, todo lo contrario: siempre le pedí que no se alejara de ellos).

En fin, me mandó un wassap con su decisión, le di las gracias por los momentos vividos y enseñanzas, me disculpé por si en algún momento le había molestado (sin pretenderlo) y le dije adiós. La verdad es que me quedé bastante frío. Quizás mañana o pasado me entre el bajón pero no creo: aunque, hoy, de vez en cuando, he sentido unos pinchazos en el corazón, he seguido trabajando como si no los sintiera, con bastante buen ánimo. La situación no ha podido conmigo… no porque yo sea un psicópata o un follador en serie (que para nada). No me afecta mucho porque, como escribí en este post, vi que el camino que ella y su familia pretendían que yo siguiera, no era un camino que condujera a la felicidad (más bien lo contrario). No me ha afectado tanto porque, mi conciencia está reluciente: siempre la quise, la traté lo mejor que pude. No me ha afectado porque llevo todo el 2018 sufriendo: ya no tengo espacio en mi disco duro para más dramas.

Llevo actualizando el blog, sin faltar un solo día, desde el 31 (antes me daba miedo actualizar por si escribía algo que molestara a esa familia), estoy trabajando a toda vela en Doctor Mente y en un proyecto que tengo con un amigo. Me levanto de la cama cada mañana con energía. Algunos días me entran ganas de quedarme quiero, ahogarme en el charco de la tristeza. Pero en el 2018 aprendí que eso no debe hacerse. Que cuando un pensamiento negativo o tóxico llega a mi mente, no he de darle alojamiento, comida, mimos y cama. Eso conduce a convertirse en alguien inútil y amargado. Alguien con quien nadie quiere estar o comprarle un libro. Este año 2019 voy a actuar, no voy a dejarme vencer por el dragón de la tristeza.

Y creo que el 2019, o el Rey del Cosmos, me está premiando.

Primer miedo:

Ayer, a las 8 de la mañana, hacía menos dos grados en Requena. Antes, por los ataques de ansiedad/pánico que sufría y que mi enferma cabeza había conectado con el frío (creo que ya aprendí a superarlos, pronto haré un video que espero que ayude a los que sufren esto) me hubiera quedado en la cama, asustado. Sin embargo, me levanté, salí a la calle, tomé el bus a Valencia. Había quedado con un escritor para hacerle una entrevista. Dije sí a la vida, no al miedo. Por supuesto no me dio ningún ataque de ansiedad/pánico de camino a la parada del bus y eso que, como canario que soy, nunca me había enfrentado a un frío tan grande. He aprendido a superar esa mierda.

Primer (posible) premio:

El primer premio lo recibí en ese mismo bus. Me llegó un wassap de mi mejor cliente para un posible trabajo. La última vez que me contrató esta persona me pagó muchísimo dinero. Es muy generoso. Si llego a un trato con él, mi economía resurgirá.

Segundo miedo:

Tras grabar la entrevista al escritor, había quedado con una lectora de mi Facebook. Me había escrito hace unas semanas, pero como yo estaba con novia no le había dicho nada de quedar. Ayer le dije que si le apetecía tomar una cerveza sobre las 12:15, tuve la suerte de que me dijera que sí. Sin embargo, en el bus, me entraron ganas de anular la cita con un wassap. La prejuzgué: que no me iba a gustar, que ella o yo lo iba a pasar fatal, que iba a ser otra más que me iba juzgaría por los libros que escribo. Me boicoteé: pensé que sería más de caballero quedarse en casa encerrado, sin ver el sol, castigado. ¿Por qué quedarme en casa sufriendo por alguien que no me valora cuando puedo reír y darle otra oportunidad a la vida? Le dije sí a la vida. No al miedo, al aburrimiento y a la soledad. Tengo que respetar mi tiempo en la vida.

Segundo premio:

A la hora nos estábamos besando, en el jardín botánico de Valencia, como monos borrachos. Con pasión, sin estar enamorados, pero con muchísimo cariño, sinceridad y felicidad. Con flores en la piel, mientras nos espiaban las palomas. Nos reíamos de todos nuestros problemas, no me juzgó, no parábamos de imaginar historias sobre las cosas que nos rodeaban. Ella me iluminó el día. De pronto, todo lo que me había estado atormentando, me importaba un pito. Es asqueroso sentirse juzgado por gente, que no te conoce de nada, cuando no has hecho nada malo. Es asqueroso ver cómo hacen daño a quien quieres, utilizándote a ti. Es asqueroso ver que no puedes hacer nada por evitarlo. Pero de pronto, yo estaba donde tenía que estar. Había salido de esa mierda. No me faltaba absolutamente de nada. No era culpable de nada. Porque la vida está aquí: para mí, para ti, para quien la quiera disfrutar.

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¡¡¡ATENCIÓN!!!

Esta espectacular señorita disfruta de mis libros y usted... pues no... porque usted es un rata: https://elreydelcosmos.com/tienda/

Y por supuesto no fue con esta lectora con quien quedé en Valencia. Esta maravillosa mujer que me ha ayudado a publicitar mis libros, está casada… ¡lo siento, amig@s!

Y por supuesto no fue con esta lectora con quien quedé en Valencia. Esta maravillosa mujer que me ha ayudado a publicitar mis libros, está casada… ¡lo siento, amig@s!