Tengo que ser mejor
 Esta foto, de 2009, es la más vergonzosa que me he sacado en mi vida. Jamás me volveré/volveréis a ver así.

Esta foto, de 2009, es la más vergonzosa que me he sacado en mi vida. Jamás me volveré/volveréis a ver así.

Por mi divorcio, por mi soledad, me entran ganas de volver a los porros, al alcohol: para evadirme de todas mis inseguridades, miedos y pesadillas. Llevo 7 años sin la compañía de esos amigos terribles. De vez en cuando he tenido que beber algo de alcohol, para no “quedar mal” en reuniones de amigos, familiares o de negocios. Porque la gente se pasa la vida autoengañándose:

—“La “maría” es buena, un poquito de alcohol no es malo, todo lo contrario, mira que te paso un link de un periódico que lo demuestra, cómete este donut que no pasa nada por Dios, no seas tonto y disfruta, que pareces tonto”.

Sí que pasa. Miro fotos y escritos de mi pasado. El alcohol, los porros, el azúcar, no me dejaban pensar con claridad. Me hacían peor persona y profesional. Mis habilidades, mi inteligencia, mi físico estaban mermados. Iba por la vida con el 20% de mi potencia. Como si fuera un Seat en lugar de un Ferrari. Para colmo, ayudaban a que yo pensara de forma alineada: que entrara en el innecesario juego del materialismo y del consumismo. Ser parte del rebaño de ovejas. Hacer y comprar cosas que no necesito. Trabajar en cosas que no quiero.

En 7 años sin probar ni el alcohol y ni los porros me convertí en escritor de verdad. Publiqué nueve libros. Aprendí a ganarme la vida en una profesión de la que casi nadie consigue vivir. Autoeditándome, aún más difícil. 10.000 libros vendidos en papel y sin pertenecer a ningún grupo editorial o plataforma digital. Sólo por medio de un blog y apoyándome en el boca a boca. No tengo jefes. Me levanto a la hora que me da la gana. Todo esto lo conseguí gracias a la fuente de energía más grande que existe para mí y que supongo que existe en el universo: el amor verdadero. Tuve una compañera durante 7 años. Gracias al dinero que ganaba con mi profesión y el apoyo de mis lectores la pude mantener el tiempo que necesitó para que ella sola sacara su propia pasión de su interior y pudiera vivir de ella. Ahora tampoco tiene jefes y se levanta a la hora que le da la gana. Ella también dejó los porros y el alcohol. No puede ser casualidad. Fumar, beber te lastra. Te hace pensar peor. Bajar la cabeza ante una vida que te estrangula y de la que no sabes salir. No floreces hasta donde puedes florecer. La gente se autoengaña: va por ahí con sobrepeso (sobrepeso de “no tengo complejos, me veo bien, lo importante es ser feliz y sentirse bien consigo mismo, no seas superficial”… autoexcusas de drogadictos), con colesterol taponando sus venas, muriéndose, siendo peores cuerpos y mentes. Sí. Muchos de los dueños de esos cuerpos han triunfado más que yo. ¡Mucho más de lo que yo triunfaré nunca! Pero ellos podrían ser mucho más felices de lo que son ahora, triunfar mucho más, si no se metieran veneno en su interior. No se sentirían tan mal cuando se mirarán al espejo sabiendo que morirán antes de tiempo: dejando a sus seres queridos sin ellos: a su amor, a sus hijos, a sus nietos. Abandonando este mundo dónde podrían vivir divirtiéndose sin límites: viajando más, riendo más, haciendo el amor más. En mejor compañía.

Ahora estoy divorciándome. Es duro pero ni mi pareja ni yo somos de los que nos gusta vivir en mentiras, en el conformismo, en relaciones tóxicas. Ambos queremos mejorar, ser felices, vivir en paz, seguir creciendo en diferentes campos. En eso también hay que ser sano. No encerrarte en un ataúd. En una vida que te limita y hace daño.

El alcohol y los porros sirven para evadirse: huir de mí mismo. Te olvidas, sales de tu cuerpo, ríes, dices tonterías, duermes. Pero cuando despiertas, los problemas siguen aquí y te duele la cabeza muchísimo. Estás débil para escalar una montaña. Te quedas encerrado en casa. Mi divorcio quiere deprimirme pero yo me resisto. Así que busco una alternativa para evadirme. El deporte: gimnasio y fútbol. En el gimnasio me mato levantando hierros. En el fútbol me mato corriendo tras todos los balones.

 Aquí está vuestro nuevo CR7.

Aquí está vuestro nuevo CR7.

en el gimnasio

Cada día camino unas tres horas. Llego a la oficina en la que estoy viviendo sin fuerzas para pensar ni trabajar en nada. Así me dejaban los porros. Pero a la mañana siguiente, cuando me levanto, la cabeza me funciona a mil. Estoy sano. Y cuando me miro al espejo ya no veo al eterno gordito acomplejado con papada, tetas y la mente enferma. Cada vez me veo mucho mejor. La venda que evitaba viera la realidad, el humo que nublaba mis pensamientos están desapareciendo. Me estoy empezando a gustar de verdad físicamente. Eso ayuda a no desanimarme. Eso ayuda a levantarme de la cama. Aún no estoy trabajando bien, me cuesta concentrarme por el dolor que siento, las emociones me sobrepasan, pero sé que el día que consiga superar mi tristeza estaré dentro de un cuerpo sano, una mente honesta y todo será más fácil.

Mi cabeza me obliga pensar. Releo textos de mis diarios, del pasado. Veo fotos. Me doy cuenta que llevo décadas viviendo en círculos. Autoboicoteándome. Mucha gente con mucho menos talento que yo han triunfado a lo bestia, bastante más de lo que yo lo he hecho. Yo no he triunfado tanto no por las “manos negras”. No porque ellos tengan padrinos y yo no. La culpa es solo mía. He progresado un montón pero podría haber progresado mucho más. Si no lo he hecho es porque no me lo permitía. Los porros, el alcohol, el azúcar me paraba. Evitaba que pensara y planeara con claridad, que mi cabeza sanara, que me diera cuenta de mis propios errores, que creara mejor. Autolimitado por la familia de la que vengo. No querer ser más que ellos. Viviendo en una autolamentación perpetua en lugar de estar bombardeando, día y noche, a mis objetivos con trabajos geniales. Autolimitado por el miedo al éxito, a intentarlo de verdad. Ha sido quitarme los porros, el azúcar, el alcohol y un plan de vida en el que era infeliz y lo he visto claro. Mi cabeza está cada vez mejor. Detecto mis fallos, mis errores, mis malas acciones. Sé lo que me conviene. No voy a dejar que yo me pare nunca más. No voy a volver a meterme en nada que sea malo para mí. Voy a ganar una pequeña guerra cada día. Cada día. Hasta que gane la batalla final. Si una guerra la pierdo, me levanto rápido y voy a ganar otra guerra antes de que termine el día. Voy a empezar a cambiar desde hoy. Voy a ser mejor persona y más profesional que nunca. Voy a vivir como deseo vivir: riendo, sin problemas. Realmente es muy fácil. Sólo voy a rodearme de gente que tenga la cabeza sana, sin limitaciones. No voy a meterme veneno. Voy a hacer deporte. Voy a trabajar como un chino pero sin un dictador detrás. Todo esto lo voy a hacer a partir de ahora mismo. Voy a dejar de comportarme como un enfermo, como un vegetal que no puede levantarse de la cama. Voy a dejar de tener comportamientos que dañen a mi conciencia. Voy a sanar. Voy a disfrutar de esta vida antes de que sea tarde. Bueno: realmente nunca es tarde pero voy a aprovechar el tiempo porque la Tierra es un lugar alucinante para divertirse.

Vente conmigo.

 Renaciendo en la oficina. Solito.

Renaciendo en la oficina. Solito.

Rafael Fernández (Rey del Cosmos)
El día que me salieron vaginas en mis axilas
vaginas en los brazos.jpg

Me desperté así una mañana. En cada uno de mis sobacos tenía una grieta que me sonaba a algo que me gustaba comer. Pero no podía creerlo. Espantado, fui al médico de la seguridad social.

—No. No es una grieta —me dijo con gran sorpresa—. Es una raja.

—¿Una raja? —repuse, asustado.

—No. No es una raja. Es una vagina —aseguró el médico.

—¡Eso no es posible!

—Así es. No es una vagina. Son dos vaginas.

Allí estaban las dos rajitas, rodeadas de los pelos de mi sobaco. El médico estaba emocionado:

—Lo que le ha sucedido a usted es algo inaudito —afirmó—. Es la primera vez que ocurre en la historia.

—¿Pero ahora qué soy? —le pregunté— ¿Hombre o mujer?

—Hombre... Dos a uno, ¿no? Yo diría que usted es ahora más mujer que hombre. Ya que usted tiene dos vaginas y un sólo pene… ¿O tiene dos?

Comencé a llorar:

—No… ¡Sólo uno!… Ahora no podré volver a casa sola por la noche.

—Lo siento.

Sin mi permiso, el médico avisa a los medios de comunicación.  Les vende fotos de mis vaginas y de mi rostro. Salgo en las portadas de los periódicos de todo el mundo. Los titulares, clickbaits, rezan:

“NO TE CREERÁS LO QUE LE SALIÓ A ESTE HOMBRE EN LAS AXILAS”.

“POSIBLE EPIDEMIA MUNDIAL DE VAGINAS BAJOS LOS BRAZOS”

“EL MACHISMO TRATA DE APROPIARSE DE LAS VAGINAS”

Trato de extirparme las vaginas. Las feminazis no me lo permiten. Dicen que oprimo a la mujer que llevo en mi interior. Y que ahora debo llamarme Rafaela.

—¡Pero yo me siento hombre! –les grito- ¡Me siguen gustando las mujeres!

—Usted tiene a una lesbiana en su interior. Estese orgulloso de eso. Podemos extirparle la polla si quiere para que no tenga conflictos mentales y ella florezca.

—¡No! ¡Mi polla es lo único que tengo!

Regreso a casa. Sólo mi perra me da cariño. Pierdo todos mis trabajos: los guiones que escribo son tildados ahora como “demasiado femeninos” por mis jefes. Mis amantes me abandonan. Les doy asco.

Me llama por teléfono mi casera. Si no pago el alquiler, me echa. Es entonces cuando empiezo a recibir emails de depravados. Me ofrecen mucho dinero si me dejo desvirgar mis sobacos a la vez que soy grabado en video. No tengo otra opción. Es eso o vivir en la calle, comiendo basura.

Llegan los hombres a mi casa. Son gordos, feos. Con caras de cerdos. Me acuesto en la cama. Cada uno se pone a un lado de la cama. Se las sacan. Pollas grandes y musculosas. Erectas. Me las meten, sin compasión, por los sobacos. Yo grito de dolor. Estoy siendo desvirgado doblemente. Ellos gozan. Gritan de placer. Empiezan a moverse. Grito, aterrorizado a las cámaras que me graban:

—¡NO SOY UNA MUJER! ¡NO SOY UNA MUJER! ¡NO ESTOY DISFRUTANDO!

Se corren dentro de mis sobacos, riendo. Me pagan. Se van. Quedo llorando mientras un líquido blanco cae desde mis sobacos, acariciando mi piel.

Me han hecho mujer.

Odio a los hombres.

Sin poderlo evitar, pillo todo el dinero que he ganado y me lo gasto en zapatos y en ropa de Mango.

Ahora… ahora… ¡me siento mejor!

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)
Antes de conocerte en mi cama
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Antes de conocerte prefería dormir cada noche en el sofá, como si me hubiera expulsado para siempre, del lecho marital, una esposa enfadada; como si cada noche empezara la libertad ansiada del casado que se siente infeliz.

Después de conocerte, mi cama, me recuerda tu ausencia y a esos momentos inesperados que echamos sobre ella cuando querías reestrenar, en gran fiesta de reapertura, el gran agujero de tu cuerpo con un tipo cualquiera que te tratara bien: tras tantos años de maltrato de tu ex marido.

Yo iba por la calle sin saber que tenía boletos para acostarme contigo hasta que me enteré del premio, sentado, escuchando la radio en un bar, tomando un café con hielo. Acepté el premio a regañadientes porque sabía que venía con impuestos.

Hoy pongo la cama de canto, la apoyo contra la pared. Mañana la voy a regalar en el barrio de gitanos que hay justo detrás de mi casa. Ellos sabrán a quien vender mi cama maldita. Su nuevo propietario sabrá cómo exorcizarla. Porque tanto te retorciste en mi cama con los ojos cerrados, permitiendo que los placeres te recorrieran de lado a lado, que dejaste en ella la totalidad de tu olor corporal. Ven a buscarlo cuando te apetezca. Sobre todo porque la cama, en venganza a su dueño por tanto tiempo que prefirió el sofá que a ella, me suelta tu olor poco a poco, como si fuera un difusor: me arroja tu olor justo cuando menos te pienso: lo recibo de improvisto, a traición, como una cuchillada mortal en el costado de mi estómago.

Pero siempre me recupero.

Siempre me he recuperado.

Ya he estado antes en esta guerra aunque siempre la sienta como la primera. Las cosas buenas de la vida hay que sentirlas siempre como si fueran la primera vez, con la misma ilusión que un niño. La mente hace ese esfuerzo porque sabe lo bien que sienta que nos engañe y nos haga olvidar cuantas veces sentimos lo mismo.

Reconozco:

1.- Que jamás tuve bolsa de huesos y pensamientos más bella que tú debajo de mis sábanas. Aún siendo cierto también que, esas sábanas, las conseguí hace poco tiempo.

2.-Cuando todo tu olor desaparezca de esas sábanas para siempre, sentiré una tristeza inmensa: será entonces cuando de verdad te hayas ido para siempre de mi solitaria vida.

3.-Que ojalá un día dejes de regresar con tu exmarido y de estar en peligro de muerte.

No voy a reconocerte nada más. Los gritos de placer con los que anunciabas tus orgasmos a mi oreja los he guardado dentro de un tarro de cristal, para que no sigan asustando a mis vecinos, que son mayores y se acuestan temprano. Los gritos de mi corazón casi ni los oyen, no te preocupes.

La buena noticia es que mi lavamanos está transmutando en humana. Cada vez que me crece pelo en el pubis lo voy dejando, reunido, alrededor de su desagüe. Ese será el agujero por donde se la meta cuando terminé de transformarla en mi mujer perfecta:

desague con pelos.jpg

Cuando eso suceda, en una noche de brujería negra, el lavamanos reconvertido en mujer, se acostará a mi lado en el sofá, sin hacer ruido, desnudo, bajo las sábanas sin tu olor, y ya todo será por fin perfecto: hasta el final de nuestros días.

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Rafael Fernández (Rey del Cosmos)