¡Encantado de hacerme viejo! 4 motivos:
 Yo a mis 44 años.

Yo a mis 44 años.

Conozco a mucha gente muy estúpida que tiene pánico a hacerse viejo. Se trata de pobre gente limitada. ¡Envejecer es la mejor parte de la vida! Os voy a dar las 4 razones principales:

1.-Cada año estás económicamente mejor que el anterior. A no ser que seas un subhumano o sufras un revés económico tras una mala inversión, multa, accidente o lo que sea (los reveses no son para siempre, se superan) cada año que pasa tienes más dinero o sabes ganarlo mejor que el año anterior. Cada año eres un poco más especialista en tu trabajo. En el sistema capitalista en el que vivimos, si te concentras, es fácil que cada año que pase consigas multiplicar tu salario aunque sea por 2. Es facilísimo tener un nivel de vida alto en 4 ó 5 años (sobre todo si eres trabajador en cuenta propia). No es magia. Es el capitalismo. Y el capitalismo funciona a no ser que seas un flojo o un vago que quiera vivir de las pagas o del cuento.

A mí el dinero no me quita el sueño. Gracias a Dios nací escritor: soy feliz con muy, muy poco. Lo que me la pone dura es escribir. Y cada año que pasa sobre mis huesos significa que tengo una novela más escrita. Así que veo el pasar de los años como “más novelas escritas”, asunto que me llena de felicidad. Eso no quita que un día de estos, una de mis novelas se haga mundialmente famosa (es inevitable) y me vaya a vivir a un yate.

2.-Los jóvenes son tus esclavos. Todos esos veinteañeros a los que envidias por tener pieles sin arrugas pueden ser tus esclavos. En potencia. No todos pero sí un 98% matarían a cambio de que les dieras un trabajo bien pagado. O que les enseñaras a ser como tú. Incluso se enamorarían de ti: de tu inteligencia, de tu arte, de tu cuenta bancaria, de tu madurez. Puedes tener a miles de jovencitos y jovencitas amándote en tu cama. Media humanidad te pertenece porque eres el mejor/ la mejor. Todo el mundo se enamora de algo y tú tienes  más cosas que nunca para que se enamoren de ti. Y que conste que a mí no me gustan las jovencitas porque las veo como retrasadas mentales. A mí me gustan las mujeres hechas y derechas. Inteligentes, con vida, pasta, hechas a si mismas. Fuertes.

3.-La muerte es tu amiga. A medida que te vas aproximando a ella, al momento en el que se cumple tu tiempo en la vida, te vas desprendiendo de todos esos pensamientos y comportamientos estúpidos y destructivos con los que te han adoctrinado y estropeado gran parte de tu vida. Dejas de pasar por el aro. Comprendes cuándo te han timado. Que el tiempo en la Tierra es tuyo, no de una empresa que te paga una limosna o de un matrimonio que te hace infeliz. Cada día que pasa eres más libre, más independiente y haces aún más lo que te da la gana. El mundo es de los viejos. Cuanto más viejo mejor...

4-... porque un día ya no necesitas NADA. Salvo estar calentito, en la cama, tomando una papilla de verduras, con una sonrisa en tu cara... por no necesitar ya no necesitas ni ir al baño... tienes pañales y una filipina jovencita que te los cambia y te limpia a cada rato, encantada por lo que le pagas, mientras calentito por tu propio pis piensas... ¡Que me quiten lo bailado!

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 Otras vez yo a mis 44 años (ahora de lado).

Otras vez yo a mis 44 años (ahora de lado).

Diario imaginario del padre del caranchoa
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Lunes, 34 de febrero de 2023

No soporto a mi hijo. Menudo gandul. Me dice que hoy no va a la escuela, que ha quedado con un amigo para hacer videos. Que ya gana más que los 800 euros que gano yo al mes. Ese niñato no sabe lo que es trabajar ni lo que cuesta ganarse el pan con el sudor de la frente… ¿En qué me equivoqué? ¿En qué?

Lunes, 35 de febrero, por la tarde.

¡Le han pegado una hostia bien dada a mi hijo! Por lo visto estaba gastándole una broma a un repartidor, que se ha mosqueado, y le ha dado la hostia que debería de haberle dado yo hace tiempo! El vídeo se ha hecho viral y ahora toda España se ríe de él. Por un lado me da un poco de penilla mi hijo pero por otro lado… ¡Qué risas! No me canso de decirle: “¡Te lo dije! ¡Te lo dije!”

Miércoles, 37 de febrero de 2023

Estoy acojonado. Por lo visto puede caerle una buena multa a mi hijo. Y como es menor de edad, lo que no pague él lo tendré que pagar yo.

Jueves, 38 de febrero de 2023

Han llamado a mi hijo los de una marca de gafas. Le han ofrecido un millón de euros a cambio de su cuenta del YouTube, que tiene 500.000 seguidores. ¡Olé mi hijo! ¡De esta me retira!

Viernes, 39 de enero de 2023

Hoy ha salido la sentencia. Mi hijo tiene que darle 500.000 euros al repartidor que le pegó la hostia del millón que ganó gracias a la marca de las gafas. Se los ha dado y después, ambos se han ido a un bar de esos, de mujeres alegres con lucecitas, a celebrar el gran éxito. Todos hemos ganado. Todos estábamos destinados a vivir como desgraciados. Ahora, gracias al circo que se formó, viviremos de manera desahogada. Parece que la vida es asombrosamente mágica si te lanzas, sin pensar, a hacer lo te gusta, sea insultar repartidores de paquetes o sea abrir un partido político populista, prometiendo pagas de por vida para todos, vistiendo ropa de hipermercado y terminar comprándote un chalet con piscina de 600.000 euros. Parece que el Rey del Cosmos no para de premiar al que hace lo que le da la gana con insistencia. Por muy estúpido que parezca sobre el papel y por mucho que, la gente seria e inteligente, se ría de ellos.

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Sucede
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Hay un momento, en la vida de cada persona, en el que sucede.
Normalmente ocurre en la noche en la que decidimos traicionar a nuestros sueños de juventud. Esa noche en la que nos vamos a la cama con la decisión tomada: decididos a estudiar una carrera universitaria que ni nos va ni nos viene o tomar ese puesto de trabajo tan respetable, aconsejados por papá. La noche en la que renunciamos a convertirnos en las estrellas de rock que estábamos seguros que íbamos a llegar a ser.
En cuanto duermes, sucede.
Te desdoblas.

te desdoblas

En la cama queda acostado el futuro cadáver que hoy eres. Sigue dormido.
Frente a la cama, mirando el cadáver,  despidiéndose, el joven que serás: la estrella de rock que te prometiste ser.
Él se va al planeta donde nadie envejece: donde los sueños se cumplen.
Tú te quedas en la cama hasta que despiertas en la mañana.
Te levantas.
Crees que no ha pasado nada.
Pero tu vida ha pasado.
Y comienza la condena de hacerse viejo.
Cada día, cada minuto, cada segundo.
Y un cáncer, que se arrastra hacia tí: como un zombi sin piernas, lento. Aún a miles de kilómetros de distancia. Pero que te devorará entero.

A veces, en tu día libre, tomas la guitarra y cantas en el salón de tu casa.
Pero ya no disfrutas.
Ya no es lo mismo.
Ahora es un recuerdo.
Desafinas. Quizás porque cantas sentado sobre el sofá que elegiste aquella tarde de gritos, en Ikea, junto a una pareja a la que no amas. Esa chica que una noche también renunció a sus sueños y que te espera en una cama, pudriéndose, descomponiéndose.

Algunas noches, desde la realidad donde se cumplen los sueños imposibles, una joven estrella de rock te observa, horrorizado. Habla señalándote con un dedo:
—“Ese pobre viejo amargado pude ser yo”.
En el planeta de los sueños imposibles: todos cantan, todos tienen éxito, nadie envejece.
Todos tienen quince años.
Mientras tú te pudres entre la tierra. Sobre ese maldito sofá de Ikea.

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