Eugenia II (Asturias) - Los alucinantes, Diarios, El comedor

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Fíjate si soy vaga que voy a aprovechar que encontré este correo para responder en él con las últimas críticas que me faltaban. Al igual que las anteriores, te agradecería que las publiques en tu web bajo mi seudónimo de El Punto Giu.
Bueno, Rafa, aquí te van las otras críticas que tenía pendientes. ¡Aviso a lectores: posible spoiler de las obras mencionadas!
Tras haber leído "El peor amigo del mundo" y "20 polvos: edición especial" adquirí (¡qué fina soy hablando, redios!) el resto de libros que tienes publicados, y me comentaste a título privado que considerabas "Los alucinantes viajes en el tiempo de los EE.UU." tu peor obra cuando te expliqué que estaba teniendo problemas para meterla en el carrito de la compra virtual. Una vez conseguí hacerme con todas, dado que a mí me gusta mucho la ciencia ficción, me picó la curiosidad y empecé por aquí. La verdad es que me pareció una historia muy amena. Me la leí en un periquete. Tal vez no pase a la historia de la literatura, qué se yo, pero la cuestión es que tiene que gustar a tus lectores, y a mí me gustó. Me van este tipo de desvaríos con toques de humor. Mi parte favorita fue la que hacía referencia a George Bush hijo, cómo no. Cabría esperar que se comportara así.
Después pasé a "El comedor de coños" puesto que mi obra tuya favorita era en ese momento "20 polvos" y tenía ganas de saber más de Sigmundo en su faceta cabroncete. Me gusta mucho esa dinámica que sigues a la hora de hablar de experiencias con reflexiones cuasi filosóficas (fina no, ¡soy finísima!).
Entonces me encontré con que tenía que decidirme después entre continuar con el peazo tocho de "Diarios secretos de sexo y libertad" o la extensión más llevadera de "Un bebé". Como tengo la mala costumbre de devorar la literatura que me gusta en poco tiempo me decanté por "Un bebé". Me parecía más viable terminármelo en una noche o dos a lo sumo que la otra posibilidad, y mis ojos ya empezaban a resentirse por el esfuerzo nocturno. Por un lado me recordó bastante a la historia de Sigmundo, un hombre bueno en esencia que termina por el mal camino al no saber resistirse a la tentación. Sin embargo agradecí mucho la mezcla de personajes con sus propias historias para recordar que era algo diferente. Sigmundo me encanta, pero me gusta aún más ver que un mismo autor escribe historias diferentes. Entonces la historia se rompió radicalmente y pasó a tener una trama mucho más tétrica y retorcida, la parte del bebé de marras. ¡Qué hijoputa el niño! A lo largo de todo el libro, a ratos me dejaba mal cuerpo por culpa de lo que se contaba. Por suerte no me importa sentirme así al leer porque eso significa que la historia está bien hecha, transmite. De todo, me quedo con el mensaje final de que este mundo es una puta mierda y está en nuestras propias manos cambiar las cosas, nada de encomendarse a Dios. Si no era ese el mensaje pues nada, fue lo que quise ver.
Ya por último, hice bien en dejar para el final "Diarios secretos de sexo y libertad". Coincidió que lo hice por extensión, y, gracias a eso, pude rematar tal y como se deben hacer las cosas: lo mejor para el postre. Ha desbancado a "20 polvos" como mi obra favorita de todo cuanto has escrito. Aquí se ve claramente la evolución de Sigmundo, y además las notas de humor de las que muchas veces haces gala me parecen mejores. Le vi una pequeñísima pega y es que repites un extracto, aunque eso me sirvió para ver que lo que haces es tomar una base y le terminas de dar forma a la hora de integrarla en el libro, no es que cogieras algo y lo repitieras palabra por palabra. En ambos casos variabas un poco la forma de plasmarlo, por tanto tienes un don para escribir sobre la marcha (me temo que yo soy de releer y pulir, releer y pulir, releer y pulir...). Aprovecha ese don, que no mucha gente puede escribir así de bien sin necesitar después cientos de retoques. El que vale, vale, y tú vales.
Justo leyendo esta obra, tuve una epifanía: Sigmundo es la representación de la sociedad. Todos queremos ser buenos, pero es más fácil y cómodo dejarse llevar y aprovecharse de las ventajas de ser malo (el placer). Tiene mérito que Sigmundo sea capaz de proponerse ser bueno y buscar la forma de conseguirlo, aunque no siempre le salga bien la jugada. Estamos rodeados de personas que sólo quieren ser buenas de boquilla y nunca hacen nada para cambiar.
Enhorabuena por tus obras, Rafa. En cierto modo eres demasiado burro escribiendo para parecer que tu estilo podría gustarme, pero así es. Por norma general, prefiero que los artistas eviten darle ideas a los desalmados, aunque también admiro a quien no tiene miedo al qué dirán y escribe lo que necesita escribir independientemente de si es bien recibido o no. Además, tú enganchas, sobre todo en lo que respecta a la aventuras y desventuras de Sigmundo. Lo has hecho lo suficientemente bueno para que no lo odiemos, y encima se expone de ejemplo no de como se debe ser, sino de como se es. Lo dicho, tod@s aspiramos a ser maravillosos, pero las aventuras y desventuras de Sigmundo son nuestro espejo real. Sigmundo no es un santo, la mayoría de los hombres no lo son, la mayoría de las mujeres no lo son. Sólo yo me salvo (deberían crear una nueva religión y adorarme). En cualquier caso, Sigmundo es un valiente que da la cara sin hipocresías